La fiesta, más allá del Carnaval – Una didáctica pública: el caso de Pasto (Col.)
Pero, atendiendo la educación, aún con los mejores presupuestos, ¿se estaría respondiendo adecuadamente al problema fundamental? Definitivamente no. El problema va más allá de la gestión, la atención y el presupuesto en el sistema educativo. El problema es de concepto, de enfoque, de filosofía, de visión política.

El conocimiento y los valores de las sociedades que conforman la población global, aparentan no tener coherencia entre el híper-desarrollo tecnológico alcanzado, con los factores elementales que requieren estas sociedades para convivir en comunidad, ya que esta práctica, su filosofía y enfoque organizacional, no han respondido a la problemática social y humana que padecen millones de congéneres que habitan los mismos espacios de quienes ostentan la responsabilidad de manejar los medios y bienes de la producción y de la administración pública bajo la égida política; por el contrario, se agranda cada día más la brecha entre los miembros de las comunidades, su convivencia y su responsabilidad con el equilibrio ambiental.
Los signos de estos tiempos, sobre los cuales parece existir una dislexia por parte de los actores responsables de cultivar y fundamentar el pensamiento contemporáneo, exigen creatividad y compromiso para estar acordes con las demandas sociales, políticas, económicas y ambientales de nuestras comunidades. Se han proscrito las herramientas naturales, como son el pensamiento creativo, la facultad intuitiva y la condición lúdica que, como sustancias naturales, tenemos todos los seres humanos. Principios en los cuales el individuo social puede desarrollar sus aptitudes y potencialidades para garantizar su vinculación al torrente social en lo productivo, lo cultural y lo afectivo. Para ser tratado con equidad e igualdad en las oportunidades que requiere su desarrollo humano.
Entonces, ante este complejo planteamiento, ¿qué tiene qué ver la fiesta? Desde esta perspectiva mucho. En ella se engendra un sin número de prácticas sociales, de experiencias y alternativas que proporcionan otros ángulos de observación para cambiar la visión, replantear paradigmas y métodos de la anacrónica educación establecida. Ésta, como lo señala Comenio: «no debe ser tediosa sino amena… todo el mundo debe disfrutarla, debe ser grata, haciendo de la escuela una verdadera diversión, un preludio de la vida» como en una fiesta. Desde luego esto, en general, no ocurre, y mucho menos en edades tempranas de la escolaridad, donde se cimientan la educación, la estructura social y la cultura.
El comportamiento social en la fiesta (aún observando los cánones de ésta, que subvierten el orden establecido) relaja las tenciones y provoca una didáctica pública que todos parecen acatar, como ritualizando una forma de vida. Hecho que se muestra en estadísticas del carnaval de Pasto, donde disminuyen las muertes por violencia, convirtiéndose en una escuela pública de convivencia que, a su vez, refleja este comportamiento en escenarios críticos a nivel nacional, como lo hacen las barras en los estadios de fútbol.
Las artes, la estética y la lúdica son consustanciales a la condición humana. Su empoderamiento y desarrollo desde edades tempranas garantiza una formación integral, capaz de crear condiciones auto-sostenibles con alto grado de satisfacción en la existencia de cada individuo, como ser social. La fiesta reúne estos factores y los potencializa al realizarse en una dinámica colectiva que le da sentido y placer a la vida. Es el escenario adecuado para reconciliarse con la vida y reencontrar el principio atávico del Homo Ludens; el que permite divertirnos mientras actuamos en los distintos roles que genera la interrelación social en el devenir de las comunidades.
El caso del Carnaval de Pasto (Colombia)
Si bien es cierto que la fiesta y el Carnaval pertenecen al ámbito de la cultura, no es menos cierto que dichas expresiones, arraigadas en el imaginario colectivo de sus comunidades, como es el caso de Pasto, rebasan lo cultural e institucional para influir en factores sociológicos y sicológicos que generan oportunidades excepcionales para la convivencia y el aprendizaje de métodos pedagógicos que proponen una didáctica pública.
En la primera década del 2000 se estableció un Plan Estratégico para estructurar el Carnaval de Pasto (2002- 2008) con miras a fortalecerlo ante el advenimiento de una era post-moderna. Se trazaron unos objetivos estratégicos, entre los que se destaca la organización estable y autónoma; el fortalecimiento de la formación y la calidad, la participación ciudadana, en la que recae la responsabilidad del juego limpio y la cultura en carnaval y la internacionalización como evento de la cultura universal.
Para el asunto que nos acompaña, gracias al compromiso de la comunidad, motivada por el espíritu colectivo, compromiso de identidad y un lenguaje lúdico, formó un masa crítica capaz de conmover a toda una comunidad, para invertir nefastas costumbres como «la hora Pastusa» en un relajado encuentro convenido a «la hora Carnaval»; el tradicional juego de «negros», trastocado en las últimas décadas por corrientes turísticas desinformadas y nuevas generaciones sin tradición, también entró en sendero de rescate junto al «juego limpio», que parecía imposible retornar a sus cauces tradicionales. De igual manera se observaron cambios en hábitos sectarios entre la comunidad de artesanos del carnaval, quienes entraron a dinamizar su conducta gregaria y a participar constructivamente en pro de la calidad. Estos son, entre otros, destacables logros de una didáctica que emerge del lenguaje del carnaval.

La experiencia vivida en el Carnaval de Pasto permite aseverar que la incidencia de los lenguajes, símbolos y conceptos de la fiesta permiten superar «hábitos y actitudes» ciudadanas que por décadas habían desdibujado valores y convenciones de la fiesta. Lo que evidencia la importancia de interrelacionar las didácticas culturales propias de las expresiones festivas, el arte y la lúdica, con la escolaridad y el establecimiento educativo, fundamento de esta propuesta.
Contexto histórico y conceptual del Carnaval de Pasto.
Emergen de los tiempos expresiones de las culturas andina, española, africana y amazónica, que convergen en la celebración del hoy conocido Carnaval de Negros y Blancos de Pasto, ciudad que se consolida como epicentro de una serie de manifestaciones multiculturales que, con igual intensidad y arraigo, hacen presencia en la casi totalidad de poblaciones andinas del departamento de Nariño.
En distintos tiempos y espacios se produjo una amalgama de etnias, costumbres y culturas, que inició con el sincretismo religioso español y la cultura ancestral andina, representada en danzas y festines, dedicadas a sus deidades para la protección agraria. Sincretismo que se evidenció en las múltiples expresiones de las fiestas patronales y agrarias.
La riqueza del folclor de las comunidades afrodescendientes, dispersas en regiones que por su ambiente facilitan el afloramiento de sus ancestros, se trasmite con sentimiento libertario en ritmos, danzas, cantos e instrumentos que llegan a fortalecer y a enriquecer las expresiones festivas y folclóricas que hoy conocemos en el carnaval de Pasto.
Como en tierra abonada, han aflorado manifestaciones festivas y rituales de lejanas latitudes que emergen por la vertiente cordillerana del sur del continente, así como de la cuenca amazónica que, con sus mitos, leyendas y saberes ancestrales, consolidan una nueva cosmovisión de la fiesta, y reflejan el espíritu abierto y festivo que caracteriza a los habitantes de esta tierra andina en sur de Colombia.
Canto a la Tierra es un evento que se realiza el 3 de enero dentro de la programación del Carnaval de Pasto desde hace unos diez años. Lo representan grandes coreografías de músicos y danzantes que entrelazan gestos, ritmos, instrumentos y atuendos propios de las culturas andinas; arrastran los imaginarios de estas vertientes culturales, recorren los laberinticos caminos que urden pueblos de montaña, y refrescan la memoria ancestral para expresar el origen a la Fiesta Campesina.
La fiesta popular campesina ha sido garante para que prevalezcan con identidad, a través de los tiempos, las expresiones culturales propias del acervo cultural que origina el carnaval. Esto ha permitido que, al fusionarse con expresiones provenientes de múltiples latitudes, se enriquezca la cultura propia y se magnifique el carnaval, llegando al esplendor, con el reconocimiento, por parte de la UNESCO, como patrimonio oral e inmaterial de la Humanidad.
La fiesta popular sirvió de acicate en la reivindicación sicosocial que requería el pueblo de Pasto por el tratamiento deshonroso que recibió durante la lucha de independencia (por defender su autonomía administrativa). La fiesta tuvo un resurgir mayor y generó un intercambio más estrecho entre su comunidad al surgir el juego de negros, como expresión lúdica. El «juego caricia» como una impronta, un tótem, «una pintica por favor» hecha con cosmético negro. ¡Era el nacimiento del juego de Negros! el 5 de enero, conductor, desde entonces, de la fiesta popular hasta 1912, cuando en un 6 de enero aparece el día de Blancos, dialéctica expresión festiva que universaliza la fraternidad sin distingo de raza, ni de clase social. Estas formas del juego festivo desbordan en 1927, con el surgimiento, con nombre de marca, el Carnaval de Negros y Blancos.
La fiesta popular. Aunque en el caso de Pasto adquiere una singular trascendencia, la fiesta popular, en general, es una expresión cultural que rebasa los tiempos y las naciones. De la más remota antigüedad se conocen múltiples manifestaciones que siempre han representado un signo de libertad, de identidad, de comunidad. Al respecto, Gloria Triana escribe: «… la mayoría de las expresiones populares del pasado que se han mantenido hasta el presente, desde luego con un sin número de transformaciones, adaptaciones y reiteraciones, deben su permanencia precisamente a la existencia de la fiesta popular colectiva, en la fiesta la comunidad no solo expresa su solidaridad y organización, sino que permite las más diversas manifestaciones: la música, la danza, la pantomima, la sátira, la poesía oral, el teatro callejero…» En un sentido más sociológico, Margarita Aristizábal anota: «… las culturas populares han existido siempre en las sociedades humanas y sus manifestaciones concretas han desempeñado un papel protagónico dentro de los movimientos sociales…, ya sea en la participación del poder político y económico, o en lo cultural, étnico, educativo y funcional»
Estos conceptos, contextualizados en el ámbito nacional, interpretan con mucha precisión el acontecer social, cultural y festivo en el escenario socio cultural de Pasto. Pero también en el orden universal. Así se puede colegir de diversos tratadistas, como Octavio Paz, quien, refiriéndose al mismo el tema, afirma: «… la fiesta es todo el advenimiento de lo insólito: caen las reglas, la economía cotidiana se contrae, el tiempo es otro tiempo, el espacio se despliega de la tierra, es otro; los personajes abandonan sus rasgos sociales y todo pasa como si fuera cierto, como en sueños».
Nuestras acciones adquieren mayor ligereza y responsabilidades singulares, nos aligeramos de nuestra carga de tiempo y razón. A través de la fiesta la sociedad se libera de las normas que se han impuesto, se burla de sus dioses, de sus principios y de sus leyes; se niega a sí misma. La fiesta es un hecho social, basada en la activa participación de los asistentes; nos libera de todos esos impulsos sin salida y de todas esas materias inflamables que guardamos en nuestro interior. Es un regreso a un estado original de indiferencia y libertad. Todo termina en alaridos y desgarraduras: el amor, el canto, la amistad.
Tales lecturas pareciesen escudriñar el Carnaval de Pasto. Bien se ha dicho que más allá del folclor y de la magnificencia de la fiesta, el carnaval es también un hecho sociológico. En él se buscan los seres y las almas, se buscan para jugar; el convite al juego es parte de la alegría, aún en el tiempo de no Carnaval. Es tal vez por eso que en Pasto se habla de carnavales y no del carnaval en singular. La aproximación al encuentro se da con la pregunta ¿vas a jugar los carnavales? así, en plural, como significando la celebración de su propio carnaval en el encuentro con el otro. El festejo como tal, como fiesta, se espera todo un año en procura del contacto, de la alegría de encontrarse para realizar una catarsis colectiva.
El juego es una de las características que identifica el Carnaval de Negros y Blancos. No cabe duda de que la lectura que hicieron los expertos de la UNESCO para incluir este Carnaval en el expediente de obras protegidas está en la reseña del juego. El juego es un fenómeno cultural y un factor de la cultura universal, trasciende la historia de los hombres, es quizás más antiguo que la humanidad. Los animales juegan, y lo hacen con actitudes y gestos ceremoniosos; observan unas «reglas» y las comparten evitando la agresión. El juego permite al ser vivo desarrollar un proceso de aprendizaje y relajación.
El arte en todas sus manifestaciones, la obra creada, las ciencias y la memoria cultural a través de mitos y leyendas y en la celebración de los ritos, entre otras manifestaciones humanas, hunden sus raíces en terrenos de la actividad lúdica .
Todo juego, es antes que nada, una actividad libre, socializante y disipadora. En todo culto autentico se canta, se baila y se juega creando vínculos fraternos y dinámica colectiva. Estos principios, que fueron contemplados como medios pedagógicos por Platón, aún siguen vigentes y han tomado vigor en nuevas escuelas del pensamiento que consideran el arte y la lúdica como métodos más didácticos y humanizantes en la formación de ciudadanos y del aprendizaje en general.
El arte y la estética en el Carnaval
La trama que se entrelaza con la urdimbre del Carnaval tiene silenciosos e invisible hilos de un tejido social que sólo aflora en los días de la fiesta grande que se celebra en la primera semana de enero. Olores, temas, alimentos y discusiones, acompañan a los actores que esconden su timidez cuando la obra está terminada.
Mientras tanto, la creación colectiva de estos artesanos se hace casi imperceptible en el fragor cotidiano de San Juan de Pasto. Como grupo se encuentran en la «tulpa» (fogón de antaño), formada sobre tres piedras, en la que a fuego lento cocinan ideas, alimentos y bebidas que permiten amenizar largas jornadas de tertulia en torno al carnaval que ya pasó y sobre el carnaval que debe volver y que ellos ya están cocinando. Son artistas de efímeras esculturas (pintadas con el anhelo de una gloria más duradera), moldeadas con papel, yeso y cola que, por arte de magia, terminan al amanecer del día del desfile magno, el 6 de enero de cada año, y así repiten esta creación alquímica de arte, cultura y tradición durante todos los años, en los que le entregan a los miles de espectadores, que observan, admiran y juzgan, la obra de un verdadero arte- sano.
La mayoría de artesanos provienen de un linaje y tradición en el oficio; algunos aprendieron a través de los talleres de maestros reconocidos en el arte; otros, los más jóvenes, proceden de la facultad de Artes. Pero todos se juntan y con ritos celebran mientras llegan a consensos que permiten que su arte cobre vida. Los temas tan diversos como los hombres que los imaginan: mitos, leyendas, fantasías, tradición, folclor; temas sobre la vida pública del país, del mundo… en fin, el tiempo en este tiempo da para todo.

En procura de una didáctica pública.
Las consideraciones expuestas en esta ponencia sobre la necesidad, importancia y urgencia para reenfocar la visión, concepto y método de la educación como fuente y estructura de la sociedad contemporánea, se vuelve más relevante en el caso de las comunidades arraigadas en esta región. La distancia entre el ser y el saber hacer de sus habitantes y su estado de desarrollo económico tiene explicación en la discordancia entre su cosmovisión y la estructura del pensamiento occidental que rige el concepto político, administrativo y de estado que rige en Colombia. Los factores ancestrales que determinan estas culturas conforman otra nación. Al respecto, el catedrático peruano Roberto Arturo, en su conferencia Saberes de vida, retoma el saber hacer andino y lo compara con el conocimiento occidental, estableciendo unas diferencias, que por sí mismas no son excluyentes, pero reclama linderos de respeto y equidad, significando la valía de las dos culturas, cada una desde su conocimiento. Las categorías conocidas en Occidente como ciencia y tecnología pueden equipararse, en parte, con las de saber y hacer de las comunidades de los Andes. «Este sistema de conocimiento desarrollado en la antigua América permitió construir en distintos espacios y tiempos complejos culturales de gran magnitud, tanto centros urbanos, pirámides y templos, con conceptos y técnicas propias, como artefactos de un sentido simbólico, estético y técnico que aún hoy continúa sorprendiéndonos; muchos de estos logros han sido considerados patrimonio de la Humanidad. Igualmente, en la relación productiva del ser humano con el medio natural, las antiguas culturas de América lograron hacer realidad el paradigma actual de un desarrollo sostenible y sustentable con equilibrio de vida y justicia social» .
Es, pues, válido seguir preguntándose, si una sociedad que tiene inmerso el arte en su saber- hacer, y valora su cultura con raíces diferentes al discurso y esquema formativo y pedagógico actual, sin mayores resultados y distanciado de su cosmogonía, ¿no debe o, no puede cambiar el actual paradigma de formación y conocimiento?
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