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La orden de la cucharita – Entrevista con Amos Oz –

Traducción del inglés: Lia Master

Tomada de: «Cómo curar un fanático», libro de ensayos de Amos Oz (Editado por Princeton University Press. Una entrevista con Amos Oz, septiembre, 2005). La entrevista la llevó a cabo, a través del teléfono, Brigitta van Rheinberg, de Princeton University Press.

BvR: Los ensayos que forman la base de este libro fueron entregados en forma de conferencia en el 2002. Muchas cosas han cambiado desde entonces: la muerte de Arafat, el nuevo líder palestino Abu Mazen y, más recientemente, la retirada de Sharon de Gaza. ¿Usted cree que las cosas se están moviendo en una dirección positiva?

Oz: Pienso que Israel ha dado un paso en la dirección correcta con la retirada de civiles y del ejército de Gaza. Yo habría hecho eso mismo como primer paso en el contexto de un reasentamiento comprensivo de los palestinos. Habría tratado de alcanzar un acuerdo total acerca de todos los asuntos en disputa y luego habría implementado la retirada, empezando con Gaza. Pero incluso la forma como Sharon llevó a cabo la salida de Gaza es un paso en la dirección correcta.

BvR: ¿Entonces es un primer paso para resolver lo que usted ha llamado, esencialmente, «un conflicto de propiedad horizontal»?

Oz: Es un paso y vamos a tomarlo en justa proporción. Tenemos un largo camino que recorrer y, como dice el proverbio árabe, «es imposible aplaudir con una sola mano». Inténtelo y podrá comprobar que es imposible. Va a ser necesario ver alguna reciprocidad palestina en el área de la domesticación de sus fanáticos, al menos dar los primeros pasos en el control de la violencia.

BvR: En ese contexto, ¿cree que las oportunidades para la paz han mejorado con el liderazgo de Abu Mazen?

Oz: Lo que está produciendo Abu Mazen es un nuevo lenguaje, y ese nuevo lenguaje es en verdad muy importante. Su idioma es mucho menos violento y conflictivo que el de su predecesor. Es un lenguaje secular y es un lenguaje orientado hacia la paz.

BvR: ¿Cree usted que Abu Mazen va a tener en última instancia la fuerza para imponer su visión? ¿Los palestinos lo van a seguir?

Oz: Esa es la gran pregunta y me gustaría tener la respuesta. Yo estoy tan ansioso como usted, y tal vez incluso más, por conocer la respuesta a esa pregunta: ¿Tiene él en realidad la fuerza o, en otras palabras, cuál es la opinión pública de los palestinos? De acuerdo con encuestas de opinión pública en Palestina, semana tras semana hay una mayoría de cerca del 60 por ciento a favor de un compromiso pragmático con Israel. Y se puede encontrar la imagen en el espejo de esa respuesta en el lado israelí. Y, en ambos lados, una semana tras otra, las encuestas de opinión pública también muestran que cerca del 60 por ciento, más menos, está a favor de una solución que contemple dos estados y un compromiso pragmático. Yo veo esto como una mejora enorme. Cuando yo empecé mi actividad con el Movimiento de Paz Israelí defendiendo la solución de dos estados hace cerca de sesenta años -¡el Tiempo vuela! ¡La guerra de Vietnam estaba aún rugiendo!-, quienes apoyaban la solución de dos estados en Israel y en Palestina podían celebrar su asamblea nacional anual dentro de una cabina de teléfono público. Éste es un paso gigantesco hacia adelante.

BvR: Entonces todo esto es realmente muy alentador, si sólo se miran los números.

Oz: Sí, pero incluso así como estamos de animados, y animamos a otros, no deben permitirnos nunca subestimar la fuerza de los fanáticos y su determinación de descarrilar cualquier compromiso pragmático entre Israel y Palestina.

Y sé muy bien que los fanáticos de ambos lados se están haciendo el juego mutuamente.

BvR: Hablando de fanáticos y de su poderosa habilidad para descarrilar cualquier opción de compromiso, ¿qué piensa acerca de la actual guerra en Irak y el papel que ésta desempeña para el conflicto entre Israel y Palestina?

Oz: Si entiendo correctamente, la política y la filosofía de la actual administración estadounidense no son para nada conservadoras. Estas personas me parecen reformadores del mundo, no conservadores. Ellos desean instaurar la democracia en Irak y tal vez en todo el mundo a punta de fusil. Y esto es, creo yo, poco realista. No es que yo menosprecie el uso de las armas. No soy uno de esos que proponen «Haz el amor, no la guerra». Nunca lo he sido. En relación a los palestinos, mi posición siempre ha sido más bien la de «Haz la paz, no el amor». Después de todo, el opuesto de guerra no es amor: el opuesto de guerra es paz. Y aún así, para instaurar la democracia se necesita fortalecer el crecimiento y la evolución de la sociedad civil. Sin una sociedad civil no puede haber democracia. La sociedad civil no puede evolucionar a punta de fusil y no puede evolucionar en el transcurso de una noche. Ni tampoco puede evolucionar sin una especie de Plan Marshall. La desesperación y la falta de esperanza son los peores enemigos de la sociedad civil y, por lo tanto, de la democracia.

BvR: Es interesante que usted mencione el Plan Marshall. ¿Ve usted a los americanos desempeñando en Oriente Medio un papel semejante al que con tanto éxito desempeñaron en Europa después de la Segunda Guerra Mundial?

Oz: Yo quisiera que la actual administración estadounidense, tal vez la totalidad de la sociedad estadounidense, hubieran estudiado más cuidadosamente su propia historia. Veo el Plan Marshall no sólo como un movimiento único y el más generoso en la historia, sino también como la mejor inversión que haya hecho alguien a lo largo de toda la historia. Fue el Plan Marshall el que ganó la Guerra Fría. No fueron las armas de rayos o las guerras de las estrellas, sino el Plan Marshall. Pienso que el comunismo fue derrotado por medio del Plan Marshall, aunque su derrocamiento tomó treinta o cuarenta años más para materializarse. Fue Harry Truman, no Ronald Reagan, quien ganó la guerra a través del Plan Marshall. ¿Pero cuál era la esencia del Plan Marshall? Significó que Estados Unidos ayudó a reconstruir la sociedad civil -una sociedad arruinada-preservándola de la pobreza y la desesperación. Creo que algo similar tiene que implementarse en las zonas más pobres del mundo hoy en día. No sólo por parte de los Estados Unidos: Europa también debe tomar parte. Japón, que anteriormente estuvo en el extremo receptor del equivalente al Plan Marshall, debe ser uno de los patrocinadores. En menor medida, incluso Israel debe tomar parte, de manera simbólica.

BvR: Partiendo de lo que usted acaba de decir sobre el Plan Marshall y dado que las conferencias fueron originalmente dictadas para públicos europeos, ¿hay algo que usted quisiera comunicarle de manera específica a un público estadounidense?

Oz: Bueno, acabo de entregarle mi modesto mensaje. Relean su propia historia y reconsideren el Plan Marshall. La guerra en Irak y la guerra contra el terrorismo y la guerra en Afganistán le van a costar a los Estados Unidos casi tanto como el Plan Marshall. Ahora, yo no estoy sugiriendo que los Estados Unidos deberían empezar a girar cheques. En el Medio Oriente, la escritura de cheques animaría la corrupción y los cheques terminarían muy pronto en cuentas bancarias en Suiza. Lo que se necesita es trabajar en el terreno: por ejemplo, la construcción de casas para cientos de miles de refugiados palestinos que han estado pudriéndose en campos durante casi sesenta años. Y no me estoy adentrando en la menos urgente cuestión de quién carga con la culpa por el sufrimiento de los refugiados palestinos. Lo que subyace en el fondo del asunto, es que la culpa debe ser compartida entre Israel y el mundo árabe. Pero es un lujo discutir la división de la culpa. Ayudar a los refugiados es urgente, mucho más urgente que el asunto de la disputa por los lugares sagrados. Los refugiados necesitan cien mil casas y tal vez doscientos mil empleos. Estas casas tendrán que estar en el futuro Estado de Palestina, en la margen occidental del Jordán y en Gaza, no dentro de Israel; de lo contrario, habrán dos estados palestinos y ni uno solo para los israelíes. Un proyecto tal no implica la reconstrucción de todo el Tercer Mundo; no estamos hablando de África. Se trata más o menos del equivalente del esfuerzo que los Estados Unidos tendrán que invertir en la reconstrucción del estado de Louisiana. Esto es, yo creo, un asunto candente y clave. Así que aquí va mi mensaje, y va dirigido tanto a los Estados Unidos como a los europeos: En vez de señalar con el dedo, ya sea que con ese dedo se señale hacia Israel (¡Deberían avergonzarse! ¿Cómo pueden ser ustedes los desvergonzados opresores de los palestinos?), o hacia los árabes y palestinos (¿No les da vergüenza ser terroristas sanguinarios?), este estilo de directriz de corte victoriano no está funcionando. Lo que nosotros necesitamos en ambos bandos es ayuda práctica. Déjeme darle un ejemplo sencillo: todos esos molestos y opresivos retenes israelíes en los territorios ocupados. Mucho de todo esto podría haberse resuelto si los países ricos hubieran reunido los recursos y hubieran ayudado a construir un túnel -treinta millas, menos de treinta millas-entre Gaza y Cisjordania. No habría retenes, y la cuestión de la cohesión territorial palestina se podría resolver mediante una autopista de cuatro carriles y una línea férrea entre Gaza y Cisjordania, por debajo del territorio israelí. Ni siquiera estamos hablando de billones; de sumas razonables de dinero. Esto habría ayudado a resolver el problema. El dedo que señala es una pérdida de tiempo y crea resentimiento, tanto entre los israelíes como entre los palestinos.

BvR: Siendo uno de los más conocidos escritores israelíes y uno de los intelectuales más abiertos, y siendo también alguien que ha participado en dos de las guerras de su país, pero que además ha desempeñado un papel dentro del Movimiento Israelí por la Paz, ¿cómo ve su propio papel?

Oz: Me veo a mí mismo como un modesto médico rural. Es una tradición muy diferente, usted sabe. Tanto en la tradición europea como en la de los Estados Unidos, cuando se ve una injusticia, se lanza una protesta enojada contra los malos, se firma una petición entusiasta apoyando a los buenos y uno se va a dormir sintiéndose bien. Yo vengo de una tradición muy diferente. Cuando yo veo gente sangrando en las carreteras, lo último que me importa en ese instante es quién causó el accidente. Yo me pregunto qué es lo que realmente puedo hacer como individuo. Si tengo algún tipo de entrenamiento médico, voy a curar heridas. Si no lo tengo, voy a traer agua. Hago una llamada telefónica, trato de comprender. Esto es lo que mis colegas y yo en el Movimiento Israelí por la Paz hemos estado haciendo durante cuarenta y cinco años, y esto es lo que nuestros colegas en el Movimiento Palestino por la Paz han estado haciendo. Mejor que simplemente firmar peticiones (y también firmamos peticiones), mejor que organizar protestas (y sí organizamos protestas de vez en vez), lo que nosotros esencialmente tratamos de hacer es crear contacto persona-a-persona. Tratamos de sentarnos y discutir y hacer propuestas prácticas para cada cuestión en disputa. Ahora los líderes no están del todo listos para las propuestas que les traemos los de los Movimientos por la Paz israelí y palestino, pero nosotros hemos preparado un remedio efectivo para cada una de estas cuestiones -los refugiados, los asentamientos, los lugares sagrados, las fronteras, la seguridad, la economía. Estamos tratando de educar a la gente y persuadirlos de que injieran este amargo remedio que no les gusta; no se trata de un remedio placentero.

BvR: En el libro, usted se autodescribe como «un pequeño fanático con lavado del cerebro» que crecía en Jerusalén. ¿Piensa que ese ambiente polarizador que usted describe y que experimentó durante su juventud ha cambiado en ambos lados?

Oz: Hay diferentes juegos de relojes que funcionan simultáneamente. Por una parte, ahora hay más pragmatismo en ambos lados, no como resultado de nuestro trabajo, sino como resultado del duro golpe de la realidad. Ambos bandos han aprendido una amarga lección a raíz de estarse derribando el uno al otro. Ambos están sangrando y han estado sangrando por décadas. Al mismo tiempo, los fanáticos nunca se cansan y el fanatismo está ascendiendo no sólo en Oriente Medio, sino en todo el mundo. Hay un ascenso de fanatismo islámico, hay un ascenso de fanatismo judío y hay, sin lugar a dudas, un asenso del fanatismo cristiano o fundamentalismo. Para mí no hay diferencia entre la gente que vuelan clínicas que se dedican al aborto en Estados Unidos y la gente que vuela las torres del World Trade Center, excepto por la escala de sus acciones. El principio es el mismo. Así que debemos estar atentos, porque el fanatismo se está fortaleciendo incluso ahora que muchos individuos están buscando compromisos pragmáticos. Los fanáticos se están entusiasmando y están más ansiosos por destruir cualquier tipo de compromiso.

BvR: Usted ha dicho que no ve el conflicto como un choque entre civilizaciones, religiones o culturas. Usted lo ve como una lucha antigua entre fanatismo y tolerancia y como un componente siempre presente de la naturaleza humana – un gen del mal, si lo prefiere. ¿Hay alguna característica que haga de éste un conflicto único, en su opinión?

Oz: Creo que lo he expresado en el ensayo sobre los fanáticos: Éste es un conflicto entre dos ex víctimas del mismo opresor. Eso no lo hace más fácil sino más duro. Tal como sabemos a partir de la experiencia individual, a partir de la experiencia familiar -algunos de los peores conflictos se dan precisamente entre dos víctimas del mismo opresor, dos hijos del mismo progenitor violento. Se miran el uno al otro y ven la imagen del progenitor violento. Ahora bien, este ejemplo se ajusta muy bien al caso de los israelíes y los palestinos, y de los israelíes y los árabes. Y no podemos olvidar que tanto los judíos como los árabes han sido derrotados, humillados, discriminados y perseguidos y oprimidos ampliamente por la civilización europea. No podemos olvidar este punto. Los estadounidenses pueden sentir que no tienen nada que ver con la complejidad de estas relaciones entre los europeos y el Medio Oriente, y sinembargo deben conocer esa parte de la historia.

BvR: ¿Qué papel desempeña la historia de los judíos en su opinión, considerando que ésta a menudo ha sido descrita como la historia de una víctima, como una historia de sufrimiento?

Oz: En mi opinión, no se trata tanto de que los judíos hayan sido víctimas -los judíos no fueron el único pueblo oprimido en la historia, como usted bien sabe. Sería mejor decir que este conflicto es entre dos víctimas. Ambos lados han internalizado la imagen de sí mismos como víctimas, lo cual a menudo da lugar a un cierto grado de auto justificación, de neurosis y de inseguridad. Esto lo percibo tanto entre los judíos como entre los árabes. Con respecto a este punto, los judíos y los árabes son trágicamente parecidos -inseguros, permanentemente auto justificándose, con un sentimiento de ser eternamente victimizados. Como es sabido, incluso cuando el problema de Israel y Palestina sea resuelto, e Israel y Palestina estén de acuerdo en intercambiar embajadores y en establecer relaciones diplomáticas, incluso cuando este conflicto sea ya historia, todavía habrá un amargo desacuerdo acerca de cuál de los dos fue la víctima y cuál el atormentador. Y ninguna de las dos partes va a renunciar a su derecho a ser la víctima. Es parte de la comedia humana, y se puede vivir con ello. Después de todo, no tenemos que estar de acuerdo con el pasado; sólo necesitamos ponernos de acuerdo acerca del presente y el futuro.

BvR: Algunas de las medicinas que usted receta en el libro son un buen sentido del humor, la lectura de Shakespeare y de Kafka, aprender a imaginar al otro. No pude evitar preguntarme si algunas personas no considerarían todo esto como una forma bien poco realista y desesperanzadoramente idealista de ver el mundo.

Oz: El médico rural que soy receta imaginar al otro y el sentido del humor. No como un sustituto del compromiso realista, sino como una preparación necesaria. Necesitamos un compromiso; necesitamos un contrato; necesitamos una solución de propiedad horizontal; necesitamos dividir la casa en apartamentos, en un dúplex. La buena voluntad y el sentido del humor no son sustitutos de todo lo anterior, pero pueden proporcionar la atmósfera adecuada. Ahora pienso que todo esto va más allá del conflicto del Medio Oriente. Imaginar al otro, desde mi punto de vista, no es sólo un asunto de estética. Es un imperativo ético. Dentro de la familia -no sólo entre naciones o entre comunidades- imaginar al otro es un imperativo moral. Quisiera contarle un secreto (no me vaya a citar): Creo que imaginarse al otro es también un gran placer. Un placer secreto y un gran placer. Pienso que imaginar al otro nos vuelve no solamente mejores vecinos, o mejores cónyuges; también nos vuelve mejores amantes.

BvR: Y de muchas maneras, imaginar al otro es, por supuesto, el objeto mismo de la literatura.

Oz: Éste es exactamente el nexo entre mi trabajo literario y mi trabajo político. Nunca he estado en el negocio de los buenos y los malos. Sé que algunos son entre el bien y el mal, pero son menos interesantes para mí, tanto con relación a la literatura como con respecto a la vida. Yo siempre me encuentro, siendo el médico rural que soy, fascinado por el conflicto entre lo correcto y lo correcto, por los conflictos complejos y no por los simples. En el siglo veinte, muchos de los conflictos fueron muy simples. Fascismo, nazismo, y antifascismo: cualquier ser humano decente sabía dónde debía situarse, incluso cuando lo despertaban en medio de la noche. Colonialismo, descolonización, apartheid, la guerra de Vietnam: si uno era un ser humano decente, sabía dónde situarse. El conflicto del Medio Oriente no es uno de estos. Es un choque doloroso y trágico entre lo correcto y lo correcto y algunas veces entre lo incorrecto y lo incorrecto -muy a menudo entre lo incorrecto y lo incorrecto. Pero ese es precisamente el motivo por el que este conflicto me fascina, y también me fascina en mi trabajo literario. Yo nunca escribo sobre buenos y malos; escribo acerca de choques en el interior de las familias, entre gente que tiene toda la razón o que tienen la razón sólo parcialmente.

BvR: Entonces déjeme hacerle una última pregunta muy amplia y muy general. ¿Hay esperanza de curar a los fanáticos algún día?

Oz: Alguna vez, yo aseveré que todo esto no era más que un mal sueño, pero no lo es, se va a quedar aquí con nosotros. No se trata de algo que va a desaparecer de la faz de la tierra, pero podemos contenerlo. No curarlo completamente, pero sí podemos contenerlo. Y cuando hablo acerca del humor como una cura para el fanatismo, debe tomarse mi receta con un poco de sal. Sugiero que todos la tomen con un poco de sal: si no se hace así, no se tiene sentido del humor. Sí, yo pienso que el humor es un curador grandioso, pero como infundirle humor a la gente, como hacer que las personas sean capaces de reírse de sí mismas, en otras palabras, cómo hacer que se vean a sí mismas de la misma manera como otras personas las ven a ellas -bueno, a largo plazo, la lectura de novelas es una ayuda muy grande, pero no es una cura mágica. No existen muchas fórmulas mágicas para casi nada. No soy un radical, a pesar de que en algunos círculos de mi país tengo la reputación de ser un radical delirante. Pero nunca he sido radical. Soy un evolucionista. Mi vida, la privada y la pública, me ha enseñado a ser muy paciente con la medicina. Uno se enfrenta a una enfermedad y a un paciente con muchos familiares. Y algunas veces el paciente es estúpido o se niega a tomar lo que se le prescribe. El médico rural que soy, sigue hablando, intenta de nuevo, vuelve a intentar.

Vamos a concluir con mi historia de la Orden de la Cucharita. Creo que si una persona está observando una gran calamidad -digamos, un gran incendio- siempre hay tres opciones principales. La opción número uno: Correr, tan lejos y tan rápido como se pueda, y dejar que aquellos que no pueden correr se quemen. Opción número dos: Escribir una carta llena de enojo al editor de un periódico exigiéndole que las personas responsables sean despedidas y caigan en desgracia. O lo que es lo mismo, lanzar una marcha de protesta. Opción número tres: Traer un balde de agua y lanzarlo al fuego, y si no tiene un balde, traiga un vaso, y si no tiene un vaso, traiga una cucharita – todo el mundo tiene una cucharita. Y sí, yo sé que una cucharita es muy poquito y que el fuego es enorme, pero hay millones de nosotros y cada uno tiene una cucharita. Ahora quisiera establecer la Orden de la Cucharita. La gente que comparte mi actitud -no la actitud de salir corriendo, o la actitud de la carta, sino la actitud de la cucharita- me gustaría que salieran a caminar a la calle llevando una pequeña cucharita en la solapa de sus chaquetas, para que pudiéramos darnos cuenta de que estamos en el mismo movimiento, en la misma hermandad, en la misma orden, la Orden de la Cucharita. Ésta es mi filosofía en una cáscara de nuez -o en una cucharita, si usted así lo prefiere.

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Edición No. 144