La Universidad Nacional en los contextos emergentes
Palabras en la posesión como Rector de la Universidad Nacional de Colombia; Bogotá, Ministerio de Educación Nacional, 2 de mayo de 2006
Es la primera oportunidad que tengo para agradecer públicamente al Consejo Superior Universitario por la confianza que ha depositado en mí. Es un honor inmenso. No puedo imaginar uno mayor, así como no puedo tampoco imaginar, para mí, una mayor responsabilidad. Estén seguros de que no ahorraré esfuerzos para que la Universidad Nacional de Colombia continúe siendo grande y exitosa.
Nos espera un reto fenomenal. La realidad mundial cambia muy rápidamente y así deben cambiar también los instrumentos y las estrategias para ser exitosos en los contextos emergentes. Nuevos problemas requieren de nuevos instrumentos para su solución. Pero eso no es motivo de aprensión. Ha sido desde siempre la tarea de la Universidad y ella no va a dejar de hacerla porque sea muy grande. Por el contrario, en cuanto mayor el reto más fuerte el estímulo para quienes tienen que abordarlo.
Me comprometo ante ustedes a trabajar con todas mis capacidades por:
· Una Universidad moderna que tenga una fuerte y amplia interacción con la sociedad colombiana y que genere un gran impacto en su desarrollo.
· Una Universidad volcada al mundo pero construida sobre proyectos regionales; porque no concibo mejor proyecto nacional que aquel que integra los proyectos de sus regiones.
· Una Universidad competitiva nacional e internacionalmente, con indicadores de calidad comparables con los de las mejores universidades de América Latina y con muy altos niveles de eficiencia en el cumplimiento de su misión.
· Una Universidad con la investigación y la creación artística como ejes de la educación que imparte. Investigación que juegue un papel distinto pero fundamental en cada nivel. Que genere espíritu crítico, rigor y liderazgo en nuestros profesionales y alta capacidad investigativa e innovadora en nuestros posgraduados. Que sea la fuente de aquellos líderes que necesitamos, y que imaginan y construyen lo hasta ahora inimaginable. Ciencia y arte que entreguen como aporte adicional a la sociedad colombiana conocimientos y percepciones profundos sobre el hombre, sobre la sociedad misma y sobre la naturaleza. Conocimientos que produzcan cambios y bienestar para todos.
· Una Universidad fiel a su misión central la formación de excelentes profesionales y excelentes posgraduados.
· Una Universidad que cuente con los mejores instrumentos para cumplir esa misión. Instrumentos que son una docencia de calidad, moderna, novedosa y recursiva, una investigación de frontera y relevante, y una extensión de impacto, que se constituya en un verdadero laboratorio social donde los estudiantes midan el potencial de sus conocimientos.
Una visión ambiciosa pero posible. Nos acercaremos a ella continuando labores ya iniciadas, recogiendo iniciativas de varias administraciones anteriores, y emprendiendo nuevos programas. Pienso que en el futuro inmediato las tareas son claras:
· Hay que lograr un mecanismo para el mejoramiento académico continuo en la calidad de los programas y en el uso eficiente de recursos. En esto se enmarca la Reforma Académica y la autoevaluación permanente.
· Debemos interactuar estrechamente con todo el sistema Nacional de Educación (no sólo educación superior, hay que reconsiderar nuestro papel en la educación básica, media y tecnológica). Igualmente hay que participar en el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, donde debemos ser institución líder y jalonadora del progreso.
· Es indispensable mejorar la comunicación interna y la convivencia en la diversidad. Afianzar una democracia académica real y posible. Estos factores son decisivos para la generación de un compromiso colectivo con la modernización de la Universidad.
· Debemos avanzar en la construcción de un sistema de bienestar general, de una administración y unos campus amables con estudiantes, profesores y trabajadores.
· Hay que ser competitivos en la adquisición de nuevos recursos. Debemos abrirnos a estamentos diferentes, de la sociedad colombiana y del mundo, a través de proyectos de investigación y de extensión.
· Debemos emprender la construcción de proyectos regionales en las sedes (incluida la de Bogotá).
· Es imperativo modernizar la administración; construir sistemas que sin perder en transparencia sean ágiles y apoyen las actividades misionales para que estas sean competitivas.
· Hay que continuar los esfuerzos para modernizar la infraestructura docente y la investigativa.
· Debemos esforzarnos en la modernización y actualización de todos los recursos de información, de comunicación y de difusión del conocimiento.
No son tareas fáciles, pero tenemos en la Universidad un enorme potencial humano que podrá emprenderlas con éxito. Es cierto que la Universidad es compleja y que hay intereses y puntos de vista muy diversos, a veces contradictorios. Tendremos que encontrar una vía para aprovechar esa diversidad en forma constructiva. Para que ella sea un motor y no un freno. Es importante no sólo para la Universidad Nacional sino para toda la Nación. Se dice con frecuencia que la Universidad es fiel reflejo del País, y que sus conflictos surgen y se derivan de los mismos conflictos del País. Tal vez sea verdad, pero no creo que nuestro destino sea el de ser un espejo, o el de ser un fiel registrador y relator de hechos para uso de futuros historiadores. Pienso que, por el contrario, la Universidad Nacional debe ser un referente para la sociedad. Debe mostrarle cómo se resuelven positivamente los conflictos y ofrecerle opciones nuevas e imaginativas para salir de los problemas. Debe generar en todos la esperanza y la convicción de que es posible superar las adversidades, y de que eso se hace sumando fuerzas, no neutralizándolas.
Hoy por la mañana fui jurado de una tesis doctoral. El Honorable Consejo postergó esta ceremonia para que yo pudiera cumplir con ese compromiso académico adquirido hace tiempo. Otro jurado fue el representante profesoral ante el Consejo Superior Universitario. Departimos en una interesante sesión. Durante tres horas estuvimos pensando y hablando sobre temas de bioquímica. Yo olvidé otras cosas, estoy seguro que él también. Es muy evidente que los dos somos profesores comprometidos con esta Universidad y ese hecho nos caracteriza más que cualquier otro asunto incidental. Quiero ver esta situación, que se dio hoy mismo, por casualidad, como un buen augurio para la construcción conjunta que emprendemos.
No quiero terminar estas breves palabras sin una reflexión de carácter personal. Mi abuelo fue un inmigrante, que llegó hace unos 80 años de lo que hoy es Ucrania. Intelectual obligado por la vida a ejercer otros oficios, feminista convencido, envió a sus hijas desde Cartagena de Indias a estudiar a la Universidad Nacional en Bogotá a finales de los años 30. Mi mamá se graduó en la Escuela de Bacteriología de la Facultad de Medicina y mi tía en el Conservatorio Nacional. Mi padre, joven médico graduado de la Universidad de Toulouse, también emigró a Colombia muy poco antes de la invasión de Francia por los Nazis. Crecí en una familia de modestos recursos pero con un respeto reverencial por el conocimiento científico, la creación literaria y artística y la Academia. También yo estudié mi pregrado en esta Universidad, y mi hijo, hoy en Harvard haciendo un postdoctorado, se graduó aquí mismo de Químico. Tengo pues una deuda profunda con el País y con la Universidad. Asumir este compromiso y hacer el juramento que estoy haciendo, es para mí una forma de pagarla.
