La Universidad, signo estratégico de nuestro tiempo
Discurso al tomar posesión del Rectorado en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Bogotá, 24 de abril de 2006.
Puede enunciarse una hipótesis en el sentido de que el concepto de vida corresponde en buena medida a la idea que se tenga sobre ella, aún con prelación a una caracterización objetiva. Bajo esta premisa es entendible por qué Lovelock considera que la atmósfera es un ser vivo cuyo manejo deber estar regido por normas de ética ambiental más que por simples consideraciones físico-químicas. El debate bioético sobre eutanasia y aborto está permeado por un interrogante: ¿cuándo existe o deja de existir la vida humana? La respuesta a este interrogante, como la relativa al de la existencia de Dios, corresponde más a una decisión de fe que a una respuesta científica.
Razonando por analogía puede decirse que el concepto de universidad corresponde también a la idea que de ella se tenga y no a una definición taxativa. Una idea básica de qué es una universidad, que tiene aceptación general, es la de que se trata de un sitio de encuentro -real o virtual- donde se transmite y se crea conocimiento.
Sinembargo, ni la transmisión de conocimiento ni la investigación son monopolio de las instituciones de educación superior. Puede avanzarse la hipótesis de que una universidad requiere al menos de docentes, investigadores y estudiantes. Pero algunas universidades no satisfacen estos mínimos. La Universidad de Naciones Unidas no tiene estudiantes ni profesores, carece de campus, pero es un centro de investigación, a escala planetaria, sobre temas trascendentes del desarrollo y la paz.
La tradición occidental quiere que el origen de la Universidad sea la agremiación de estudiantes y maestros que se crea en Bolonia, supuestamente hacia el año 1090, y que luego se extiende a París y Oxford. Su origen gremial, autónomo en el sentido de evitar que los príncipes ejercieran su poder y orientación, la llevó a aceptar protección de los obispos como una forma de defender su autonomía. No deja de sorprender cómo cambian los tiempos.
La procedencia de los estudiantes de diferentes estados, provincias, obispados o reinos; su carácter pan-europeo, que el eurocentrismo denomina universal, le dio el nombre a la institución que antecedió en varios siglos al Estado-Nación.
El origen de la universidad medieval hay que buscarlo en los monasterios y en las escuelas catedralicias. Quienes consideran que la esencia de la universidad es la investigación se verán llevados a aceptar que los monasterios, como centros de preservación e interpretación de la cultura clásica, encajan en el concepto de “centros de investigación” y, por lo tanto, serían precursores de la Universidad.
Dos siglos antes de la creación de la Universidad de Bolonia, en la multicultural, multireligiosa y tolerante ciudad de Fes, se crea bajo la iniciativa de Fátima, la hija del califa, un centro de estudios que va más allá de las “madrazzas”, en las cuales sólo se enseñaba el Corán. Allí se estudiaba la astronomía de Al Biruna, quien, 400 años antes que Copérnico, publicó el sistema heliocéntrico como un mejor modelo del cosmos que el geocéntrico, el cual es el aceptado en Europa hasta bien entrado el Renacimiento. Si se reconoce que el conocimiento de medicina, hidráulica, aritmética imperante en el Norte de África y Andalucía, era muy superior al de la Europa de Carlomagno, y que con alta probabilidad estas artes se enseñaban en Fes, no parece existir razón válida para no darle a esta institución el calificativo de universidad, como lo señala Carlos Augusto Hernández. Al mismo tiempo, en Bagdad y en Córdoba podían encontrarse aspectos de la sabiduría de Aristóteles y de la poesía filosófica de Platón; allí podía aprenderse la matemática de Arquímedes, las claves de la música y el orden del cosmos; allí se hacía visible la inteligencia universal que Averroes leyó en Aristóteles; una inteligencia compartida por los hombres de religiones y culturas antagónicas. Estos centros son los predecesores de la teoría de tolerancia y espíritu crítico que pregonarán luego Abelardo y Lullio, humanistas antes del humanismo, defensores de la autonomía de la razón y del diálogo intercultural.[[Cultura, Artes, Humanidades. Carlos Augusto Hernández, Juliana López. Serie Calidad de la Educación Superior No. 11 ICFES 2002.]]
Es bueno recordar que los conceptos de tolerancia religiosa y cultural imperantes en la civilización islámica en el tránsito del primer milenio se fueron disolviendo como una respuesta a las guerras de agresión denominadas “Las Cruzadas”. El desconocimiento de la historia lleva a repetir errores con consecuencias perversas.
Si nos remontamos más hacia el pasado, se encuentran centros de educación superior e investigación que bien merecen el calificativo de universidades. El museo y la biblioteca de Alejandría, cuya financiación corría a cargo de los faraones de la dinastía de los Ptolomeo, parece ser uno de los primeros ejemplos de financiación “oficial”, aunque es bueno reconocer que en esa época, en forma más generalizada que en la actual, algunos gobernantes confundían los recursos del estado con los propios.
Es difícil no aceptar que la Academia de Platón se constituye como una institución precursora de la universidad europea. Hay indicios para aventurar la hipótesis de que su financiación corría a cargo de los estudiantes, personas de abolengo de la sociedad ateniense; otra parte corría tal vez directamente a cargo de Platón, descendiente de reyes y gobernantes, heredero de tierras que hoy llamaríamos de alta valorización. La academia funcionaba en los terrenos de Academus, cuyo propietario la heredó de Hiparco (quien no debe confundirse con el astrónomo del mismo nombre). En este terreno se edificó el museo, salones y habitaciones para maestros y estudiantes. ¿No rememora este concepto al de las primeras universidades europeas que creían que el internado debía ser obligatorio para permitir el intercambio de ideas y saberes?
De la Edad Media al Renacimiento
La enseñanza en la academia del medioevo se concentraba en el trivium y el cuadrivium. El primero comprendía la lógica, la gramática y la retórica, esta última muy útil para tareas como la redacción de cartas y discursos, tareas esenciales para la supervivencia del estado. El segundo comprende la aritmética, la geometría, la astronomía y la música. Es bueno recordar que todo el conocimiento matemático, hasta bien entrado el siglo XVI, es similar al que hoy tiene un buen estudiante de bachillerato: la geometría de Euclides, las cónicas de Apolonio, la aritmética de Arquímedes y de Diofanto.
El tránsito hacia la academia del Renacimiento se produce cuando los humanistas abandonan el cuadrivium y le dán énfasis a la filosofía moral y particularmente a la literatura. Este paso es liderado por Abelardo, al insistir en el análisis crítico de los textos clásicos como oposición al escolasticismo “el maestro dice”. Sacrificando un poco el rigor puede decirse que la transición refleja el reconocimiento de lo que los textos pueden describrir: realidades (historia) o mitos; la literatura aparece así como género independiente.
Es imposible no evocar la similitud con la situación actual que permite el acceso a todo tipo de información, gracias a la tecnología del Internet; lo que hace necesario desarrollar el pensamiento crítico que permita diferenciar entre información calificada, validada con metodología crítica, y los simples datos, algunos de ellos inconsistentes. Parafraseando a Morin, hay que dar el paso de los datos a la información, de ésta al conocimiento y de éste a la sabiduría. ¿No es éste uno de los objetivos básicos de la educación superior?
Hoy como ayer la Universidad debe desarrollar el pensamiento crítico y analítico, el manejo de símbolos y lenguajes elaborados, la capacidad para contextualizar y asumir la conciencia de la responsabilidad social que implica el poder que se deriva del conocimiento.[[<1>]]
En el siglo XIX se produce una profunda modificación en la concepción de la Universidad, la denominada reforma de Humbolt, la investigación como la prioridad del oficio universitario para que éste contribuya a la consolidación del estado-nación.
El dramático descenso en los costos de transferir información ha ido permeando cambios en los sistemas de enseñanza en la universidad: aparece la universidad virtual, la no presencial. Sinembargo, persistirá el método de enseñanza directa profesor-alumno, unido a las nuevas tecnologías. Quienes decretan la muerte del sistema tradicional de enseñanza tal vez no recuerdan que un método no presencial -los cursos por correspondencia-, tuvieron su época antes de la segunda guerra mundial y murieron cuando la Universidad expandió sus campus y fue posible que un porcentaje significativo de la población joven pudiera acudir a ellas.
La universidad como sitio de encuentro
La historia de la universidad muestra qué tan antiguas son las notas esenciales de esta institución y cómo se transforma en el tiempo. También muestra la diversidad de sus formas de existencia y aporta sugerencias valiosas para descubrir espacios descuidados de trabajo intelectual y de goce del encuentro con el conocimiento.
En su novela Baudolino, Umberto Eco recrea el origen de la Universidad de París. Antes de la construcción de las aulas, el intercambio de académicos y estudiantes tenía lugar en las casas de éstos o aquéllos, pero el más importante sitio de discusión y aprendizaje era la taberna. Poco a poco se va estructurando la infraestructura de aulas y la taberna va cediendo el paso al café. Esta institución -fundamental de la universidad- permitió también, en concepto de Steiner,[[George Steiner “La Idea de Europa”. Biblioteca Editorial Siruela 2005.]] configurar la idea de Europa. En sus palabras “Europa está compuesta de cafés. Éstos se extienden desde el café favorito de Pessoa en Lisboa hasta los cafés de Odessa. No hay cafés en Moscú, que es ya un suburbio de Asia… ninguno en Norteamérica… El café es un lugar de cita y la conspiración por el debate intelectual y el cotilleo… Quienes quisieran conocer a Freud, a Musil, a Carnap sabían en qué café buscarlos.” En el café la Choppe, Sartre escribe El ser y la nada, y en uno de Ginebra Lenin escribe su tratado de empirocriticismo y juega al ajedrez con Trotsky.
El campus universitario que se está consolidando en el centro histórico de Bogotá debe complementarse con los otrora llamados cafés literarios y con espacios amables en donde puedan discutirse inquietudes de filosofía y problemas de ciencias, entre estudiantes y profesores que, despojándose de su investidura y de la barrera que impone un escritorio, permitan un diálogo más constructivo.
Como las palabras crean realidades, el concepto de disciplina evoca la autoflagelación; está asociada al castigo y nombra una especie de látigo como instrumento para causar dolor. La modificación de los espacios y la forma de acercarse a los saberes -no a la disciplina- permite el tránsito hacia el placer del saber. [[Disciplinas. Carlos Augusto Hernández, Juliana López. Serie Calidad de la Educación Superior No. 4 ICFES 2002.]]
En esta forma se complementa el objetivo de la pertinencia de la enseñanza con el hedonismo, en el sentido del placer y del enviciarse por el conocimiento.[[Antanas Mockus, “Pertinencia Futuro de la Universidad Colombiana”. Bogotá 1994 – Mimeógrafo.]]
Esta idea de que, a pesar de la dificultad de algunos temas, el estudio no se opone a la felicidad es también muy antigua. El Liceo de Aristóteles era una institución dedicada a la satisfacción del deseo de saber.[[Fabio Ramírez, S.J. “Las Formas del Saber según Aristóteles”. Universidad Javeriana 2001.]]
Misión de la universidad
El avance de la globalización, o mundialización en palabras de Derrida, está modificando profundamente el objetivo de la educación superior. Marek Kwiek señala que el concepto de estado-nación como un proyecto político y cultural se está debilitando. Adicionalmente, el papel del estado, y en particular el del estado benefactor, está decreciendo y con él su instrumento ideológico -la universidad-, cuya concepción está inspirada por la de Humbolt al reformar la universidad alemana.
Este modelo de educación superior aún conserva su influencia en la universidad latinoamericana, pero el objetivo de apoyar la cultura nacional y formar personas educadas para vivir en el estado nación se va diluyendo. Hoy no es extraño encontrar voces que proclaman que el papel de la universidad debe ser el de una corporación educativa que tenga como objeto entrenar especialistas en forma rápida, barata y eficiente.[[Marek Kweik “Globalization and Higher Education” CARFAX Publishing – Higher Education in Europe” Vol. XXVI No. 1, 2001.]] Sinembargo, este objetivo ignora que el papel de la Universidad no es sólo formar profesionales para satisfacer las necesidades de la sociedad, sino fundamentalmente formar personas para que puedan vivir plenamente y en lo posible conocer el ideal de la felicidad.
Si se tiene en cuenta el cambio demográfico y la creciente productividad, no es de extrañar que en poco tiempo la vida laboral de un profesional tendrá una duración inferior a su vida como jubilado o tendrá jornadas laborales de menor duración y con alta necesidad de emplear productivamente, en el sentido de desarrollo cultural e integral, su tiempo libre.
El más noble objetivo de la Universidad es el de conducir al hombre a la Ilustración, en el sentido que Kant le da a este concepto: la superación de la “minoría de edad” que significa la incapacidad de servirse de su propio entendimiento sin la guía de otro. En palabras de Kant “¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piensa por mí, un director espiritual que remplaza mi conciencia moral… Si puedo pagar no necesito pensar, otros asumirán por mí tan fastidiosa tarea…”.
La apuesta por la calidad
La sociedad encuentra natural que, por ejemplo, las cifras del sector financiero sean ampliamente divulgadas y sujetas a estrictos controles por parte del Estado para garantizar su transparencia. Esto es apenas normal como instrumento para preservar el ahorro del ciudadano. Con mucha mayor razón la sociedad está en el derecho de exigir que los estándares de la calidad de la educación y la situación financiera de los establecimientos educativos sean divulgados. No sólo está en juego un componente importante del gasto familiar, sino el tiempo y el futuro del estudiante.
Con todo el sesgo que puedan tener los sistemas de medición de las competencias de los profesionales ECAES, este sistema obliga a las universidades a competir por la calidad de los programas ofrecidos, corregir las deficiencias y fijarse objetivos medibles. Un proceso similar de medición se dio en el país con la publicación de los resultados del ICFES. No fueron pocas las críticas y las presiones para evitar su divulgación; afortunadamente primó el criterio de libertad de información. El resultado ha sido satisfactorio: la sociedad, los directivos y docentes de los establecimientos del sector público, ante los resultados insuficientes, comprendieron, en parte por la presión de la comunidad, que para recibir el apoyo de sus reivindicaciones gremiales y obtener los necesarios aportes presupuestales debían mostrar mejores resultados. No era aceptable que la educación pública, dirigida a los sectores más vulnerables y necesitados, fuera de una calidad inferior a la que ofrecía la privada. Esta situación estaba limitando el acceso a la educación superior de amplios sectores de la población e impidiendo la movilidad social.
Dignificación de los oficios
Periódicamente se debate sobre el desequilibrio entre el número de estudiantes en carreras profesionales y en las técnicas. La proporción en el país es de 3 a 1 y contrasta esta cifra, por ejemplo, con la de Alemania y la de los países nórdicos, que es la inversa: un profesional por cada tres técnicos.
En Colombia, la proporción se mantuvo, posiblemente por el relativo bajo reconocimiento social, que no económico, del tecnólogo con relación al profesional. En algunos casos, dado que no todos los estudiantes tienen vocación hacia la investigación, la solución errada que toman algunos centros de educación superior es la de bajar el nivel de las carreras profesionales y elevar el de las tecnológicas, produciendo, al final, insatisfacción para todos.
Un esquema más apropiado consiste en fortalecer unas pocas y bien escogidas facultades profesionales -con vocación investigativa- y alrededor de ellas crear institutos tecnológicos de alto nivel académico, ofreciendo posibilidades de transferencia entre uno y otro.
Educación continuada y educación para adultos
La velocidad de los cambios tecnológicos, políticos y comerciales determina la urgencia de ir actualizando los conocimientos adquiridos en los estudios de pregrado. La eficiencia en lograrlo está ligada a una formación que permita la flexibilidad mental necesaria para adquirir a lo largo de la vida laboral nuevos conocimientos. Esto se logra reforzando la enseñanza de ciencias básicas y humanidades, en particular las clásicas. Simplificando, puede afirmarse que un objetivo fundamental de los estudios de pregrado es enseñar a aprender.
Las sociedades contemporáneas se están enfrentando al siguiente dilema: la modernización, la mundialización, unidas al aumento de la productividad, a los elevados niveles de consumo y al incremento de la esperanza de vida conducen a un crecimiento del desempleo estructural, situación diferente a la época de la revolución industrial, en la cual el rápido crecimiento de la población y los bajos niveles de consumo, crearon mercado para el creciente aumento de producción y productividad. Por otra parte, al aumentar la esperanza de vida se producen desbalances en el ahorro para cubrir pensiones y, si se trata de corregir este hecho aumentando el período laboral, se reduce el desbalance financiero pero crece el desempleo. A su vez, la modernidad crea una serie de actividades con alta capacidad de generar ingresos, lo que conduce a una población joven con ahorro suficiente para orientar su vida más hacia su desarrollo cultural y hedonista, con prelación a seguir incrementando su ahorro. Aunque en Colombia estos grupos son aún muy limitados, no son inexistentes.
Agréguese a esto la solución de algunos países de reducir la jornada laboral diaria, para mantener el empleo. Todo esto conduce a una mayor disponibilidad de tiempo libre. A medida que el ingreso permite satisfacer necesidades básicas, en no pocas ocasiones hay más trabajadores dispuestos a canjear ingresos por tiempo.
Lo anterior va creando una cada vez más numerosa población con ahorros -recordemos que el principal ahorro es la jubilación- que les permite una mayor disponibilidad de tiempo libre y con interés en estudiar lo que siempre aplazaron: literatura, historia, arte, filosofía, ciencia política, geografía, genética; en síntesis, conocer mejor su lugar en el cosmos y en la sociedad.
La Universidad, y en particular la Jorge Tadeo Lozano, asume este delicioso reto de ofrecer educación para adultos. Muchos de ellos consideran que la educación continuada para ejercer con mayor eficiencia su empleo o tareas que ya no ejecutarán ha perdido prioridad y es el momento de iniciar nuevas aventuras de conocimiento. Por ser obvio, omito mencionar que la educación continuada seguirá en la Universidad Jorge Tadeo Lozano como el eje fundamental de los estudios de postgrado, y que se irá complementando con la educación para adultos.
Construir sobre lo construido
Hace 52 años, Joaquín Molano Campuzano, Javier Pulgar Vidal y Jaime Forero Valdés fundaron la Universidad Jorge Tadeo Lozano. El objetivo era continuar la obra de la Expedición Botánica, y se escogió el nombre de un biólogo y zoólogo eminente. El anticipo al futuro se constata al analizar las primeras facultades, la Indoamericana de Recursos Naturales, que fue la primera escuela de recursos naturales en Latinoamérica, y la Facultad de Ciencias del Mar. En palabras de Javier Pulgar, Colombia tiene cuatro mares: el Atlántico, el Pacífico, el Orinoco y el Amazonas, y no miraba científicamente a ninguno de ellos. Esta visión permite entender por qué Cousteau, quien dictó un seminario en la Universidad, se mostraba entre sorprendido y admirado de una escuela de ciencias del mar situada a 2.600 metros de altura y alejada del mar en más de 500 kilómetros. Asombro que se moderó cuando se constató que su lugar no está lejos del centro de gravedad de los cuatro mares que rodean el territorio.
Otras facultades fueron el Instituto de Política Internacional, Historia y Diplomacia, Economía Estadística y Administración. Si se acepta que el siglo XXI es el de la biología y la globalización, es de admirar que 50 años atrás los fundadores le dieron prioridad al quehacer académico de hoy.
En el año de fundación de la Universidad, el grado de desarrollo de la educación superior era bien incipiente; así por ejemplo, el número total de ingenieros que ejercían solo llegaba a 1040, los bachilleres anuales no alcanzaban la cifra de 5.000. Pocos años después, a nivel mundial, se presenta un acelerado crecimiento de la población universitaria, tanto en términos absolutos como relativos, medido como proporción de jóvenes entre 17-22 años. Colombia también participa en este saludable fenómeno.[[Ricardo Chica, “El Renacimiento de la Productividad en Colombia”. Tercer Mundo Editores 1996.]]
En los últimos 30 años el cambio se sintetiza así: en 1976, 247.000 estudiantes asistían a la educación superior, cifra equivalente a 1 estudiante por cada 101 habitantes.[[Colombia Estadística 1982 DANE.]] En el año 2005, la cifra ascendió a 1.210.000 estudiantes, 1 estudiante por cada 36 habitantes, casi triplicando la cobertura, de modo que para este año la tasa llegó al 17% de la población juvenil, cifra que, si bien muestra un avance, está aún de lejos de las observadas en los países desarrollados, que superan el 40%, y que es inferior a la de países latinoamericanos de similar nivel de desarrollo.
Desde sus orígenes la Universidad ha reconocido la equidad de género. De los 150 estudiantes iniciales, 24 eran mujeres; dos años después incorporó la Universidad Femenina “La Bordadita”, año en el cual en Colombia no existía ni el voto femenino y las mujeres, de acuerdo con el Código Civil, tenían la condición de “incapaces”.
Hoy el 50% de los 10.000 estudiantes son mujeres, y parecería conveniente reclamar una acción positiva para los hombres, pues el 64 por ciento de los premios de excelencia académica y el 88 ciento del Premio Jorge Tadeo Lozano son ganados por mujeres.
La ciudad ha reconocido el liderazgo de la Universidad Jorge Tadeo Lozano en la recuperación del centro de Bogotá. Sus realizaciones en el campo de la arquitectura y el urbanismo y el trabajo en conjunto con las otras universidades del centro de la ciudad han permitido configurar un campus universitario que alberga cerca de 100.000 estudiantes. Las acciones de calles seguras han configurado espacios de movilidad en el centro que muestra estructuras sorprendentes: avenidas que separan, calles que unen, áreas que la ciudadanía se apropia, lenguajes que se modifican en escasos cientos de metros.
Es de justicia también hacer explícitos los avances que han hecho quienes me antecedieron en la Rectoría en el campo de las mejoras académicas. La acreditación de carreras y el proceso orientado a la obtención de la acreditación institucional, le permiten a la Universidad, de cara a la sociedad, presentarse como una de las mejores opciones en el campo de la calidad académica.
Valorando y reconociendo el significativo aporte en infraestructura y lo más importante en superestructura que han legado quienes me han antecedido, con la idea de construcción conjunta, iniciaré mi labor como Rector.
Compromiso con la Universidad
Hace un lustro el Consejo Directivo me honró al elegirme como uno de sus miembros. Esta feliz circunstancia me ha permitido conocer el grado de compromiso de los miembros de este Consejo con la Universidad. Es destacable su dedicación, su activa participación en la correcta marcha de la Universidad. El nivel de los debates está enriquecido por su profundo conocimiento de la realidad social, política, económica y educativa del país y del mundo. Reconociendo la diversidad de las concepciones políticas y filosóficas y asumiendo un profundo respeto por las diferencias de las ideas sobre el mundo y la sociedad, estamos identificados por el profundo amor -sí, amor- por la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Este voto de confianza me obliga, aún más, a dedicar mi labor a consolidar el proceso de excelencia académica, objetivo fijado por el Consejo como la más alta autoridad de la Universidad.