La vida imaginativa
Almas evasivas, de quienes pierde la traza el sabio,
mueren cada noche, almas que ciernen con sus lenguas diurnas
el sabor vigilante del maná o de la sangre:
los crudos magos, en parte bárbaros,
extasiados por los demonios y la escarcha del desierto,
por las irregulares visiones de un dios,
sufragáneos de los verdaderos serafines. La lujuria
se retuerce, en muda salvaje y a su manera
como una virulencia natural de la tierra.
Renovadas glorias cebadas en los pobres huesos;
gracias gargantuescas afiladas por una fragancia
de mortal sudor: como si la durmiente carne
adorada por las Furias, agitada, bostezada, fuera conducida
entre el terror a la expiación y la delicia.
Como si los muertos tuvieran escrito Fin en sus frentes.