Las lluvias del verano
para: Livia
Era un secreto y sensual movimiento
en la casta frialdad del universo,…
Thomas Mann
10.
Ciudad abigarrada por las palabras
por los sones y las tinieblas
Ciudad del conjuro y la onomatopeya
Ciudad del sueño transformado en nieblas
Ciudad del paisaje carcomido
por la soledad de astros y estrellas
sin la pausa soberbia del qué galicado
Ciudad en la colina del esperanto
a la sombra de Babilonias
con la efusión de silencios
en la esquina de la rockola
20.
Todavía cabe un sonrojo más
en el lomo de la conjetura
Todavía es posible la mano sobre el hombro
y el corazón en arrebato
Los pies sin pasos trazan especulaciones
en la arena
y del mirar sobrevive la sorpresa
de los agapantos
21.
Describí en tu cuerpo la geografía del agua
y en los labios se extendieron las sílabas
desgranadas del corazón
entre quejas y suspiros
Las horas fueron pronunciando
el sabor agridulce de acontecimientos
sin frontera
hasta saciar la sed de las miradas
y el pulso de las manos
Horas con desenlace en el sosiego
de las piedras
por escarpes de impacto
a la vista de lejanos peregrinos
Tu cuerpo enciende
la pasión del aire
26.
En la alborada
la flor destiñe el aire circundante
y se desprende del destino
a corre-vuelo
hasta dejar en aroma no reconocible
el valor de su huella
Flores las hay de toda clase
en especial las que no se nombran
ni suelen verse
tan solo en lo marginal de vidas
que disfrutan con esplendor
de la soberbia del mundo
28.
Rencuentro de voces
de lejanías
de sonidos dispares
en explanadas de la memoria
entre lloviznas o brisas
que la piel recibe en bálsamo
El cruce de manos se desteje
en las esquinas
cuando las voces mismas
entonan reclamo por ausencia
Apenas el sigilo tintura
las miradas
y al instante el acontecer cotidiano
invade las vidas de nuevo
33.
Apestante algarabía de las cosas
en los suburbios
tan echados a pasar de largo
ante las tragedias del mundo
Ensordecedora ausencia
de sosiego
en los árboles
en las flores
y en las tendidas de mano
entre cobardes
La peste recorre los caminos
de la indigencia
y deposita plegarias en las puertas
de palacios y catedrales
A la espera no estuvo nadie
y la huida ocurrió
con la caída del sol
37.
Las lluvias del verano acarician los campos
y en los cristales dejan el llamado
a la conquista de intimidad
por los capullos dejados ahí
a la deriva del calor
Lluvias que llegan y pasan
en la candidez de las calles
y entre las sórdidas miradas
de los paraguas
Avanzan de improviso
en el rocío de las amapolas
y tras irse no regresan más
44.
El silencio/ La rutina
El aire que detiene la súplica
Las ansias de la tierra
en el subsuelo de la memoria
Los recorridos tras las huellas
de otros peregrinos
El sinsabor en la acometida de los cerezos
Pasos en sigilo por sendas que ocultan
el tremor de los volcanes
Y en las calles las sombras
desasidas de los cuerpos
en la huida
que ninguna sed detiene
51.
Puente a una lágrima tendido
para recomponer el sabor del silencio
y la nostalgia del viento tibio
que reverdeció tu cara
Puente de cercanía a las caricias
en el despuntar de pasos al sigilo
que envuelve el misterio de ritmos
sin percibirse en el corazón
de nadie
Los labios se acercan con la sola mirada
entre nieblas
o con la ceniza de los volcanes
por las calles
59.
Voz entretejida de sueños
con hilos de palabras en fluir de luces
y de incógnitas
frente a la oscuridad del mundo
Voz que se empecina
en recrear ideas y metáforas
por vericuetos insospechados
de la vida Voz sin claudicar a la ilusión
en nubes de patinar en el viento
en la lluvia y el granito
Voz en medio de la desolación y el gozo
(a Graciela Maturo)
68.
El habla contiene la razón
al ensimismarse en pensadurías de lo cotidiano
y el diálogo resiste al canje de palabras
Es el tiempo de la meditación en las ideas
en las formas o figuras
en los colores
en la música
en lo evanescente de cada asunto
en la transparencia de espíritus
que subyacen en la gesta de la creación
La poesía brota por los poros de la tierra
y configura el otro lado nítido
de la esperanza
© Carlos-Enrique Ruiz