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Letras hispánicas, tradición y presente

Rafael Gutiérrez-Girardot

La ciencia literaria contemporánea prefiere asimilar su actividad a la del comentario bibliográfico publicitario y diferenciarse de él con ayuda de terminología y diagramas que describen los procedimientos literarios, dejando de lado su significación histórica, social y creadora.

Por la variedad de esas técnicas descriptivas su precisión es considerablemente menor que la de la antigua retórica, que tenía en cuenta el espectro filosófico, jurídico, social de su meta: la de iluminar el tejido del arte de convencer.

Esa retórica degeneró en el s. XVIII principalmente en una poética normativa, que esterilizó la creación poética.

A la liberación de esa normatividad por la literatura y la poesía modernas (que cabe ejemplificar con el “verso libre” de Nietzsche y los Cantos de Ezra Pound) se colgó la versión “tecnófila” de esa retórica, ya no normativa sino de terminología esotérica que ya no esteriliza (ese papel corresponde a la conversión de la literatura en mercancía de supermercado) sino ahuyenta al lector de toda literatura que no sea televisiva: la de los pasados.

Ni siquiera el más exclusivo presente, el fervorosamente miope de quienes creen que la historia se reduce a la velocidad de los progresos técnicos, es comprensible y en muchos casos, lúdicamente soportable sin recordar, y gozar, el variopinto mundo que retrataron, fustigaron y problematizaron los autores pasados.

Relegados todos ellos, los sublimes y los mediocres, al museo de una filología funeral, resucitan cuando se los lee (según Nietzsche leer es leer entre líneas) y se comprueba que un Quevedo, por ejemplo, ya había satirizado a contemporáneos suyos, que tienen los rasgos de quienes hoy nos gobiernan.

Los astros y los hombres vuelven cíclicamente como lo dijo el escéptico Borges.

Los ensayos y estudios aquí reunidos sólo pretenden invitar a ocuparse con temas y autores que suscitan el planteamiento de problemas de la literatura desde diversas perspectivas histórico-sociales: el uso de Cervantes, la figura desafiante y burlona del escritor, los entretejidos teológicos de la ironía y la burla bufonesca, la vecindad de dos pilares de la cultura occidental: filosofía y poesía, el humor de un poeta, la poesía y el desastre actual, el artista como objeto de la novela, entre otros.

Son perspectivas, cuya unidad consiste en un intento de acercarse a los textos literarios para “darles la palabra”, como reza el postulado husserliano de “a las cosas mismas”. Ningún texto literario expresa lo que le impone cualquier “teoría literaria” o ideología. Todo texto literario exige que el lector siga el camino del autor.

Es deseo de estas modestas páginas que se acerquen tímida y respetuosamente a este juicio de Alfonso Reyes sobre la crítica: “Dichoso oficio, pues, el que no niega, antes renueva y multiplica para sus adeptos los recursos y las ocasiones del deleite”.

Bonn, enero de 2005

Ref.: eltiempo.com / lecturas (3 de junio del 2005)

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Edición No. 134