Niña saliendo de Guinea
Cambiábamos de país, como de zapatos
Bertold Brecht
Tengo ocho años.
Nací en Guinea, como mis padres.
Me quedé dormida esperando el avión
y nunca más los volví a ver.
Íbamos rumbo a Nueva York
sin pasar por Tierra-Firme,
sin cruzar el Tapón del Darién,
sin caminar sobre las aguas del Río Bravo.
Me quedé dormida y, cuando desperté, ya mis padres no estaban.
Vi luces de neón y recorrí todas las salidas del aeropuerto.
Tuve hambre por la mañana en la puerta 7.
Tuve hambre por la tarde en la puerta D36.
Tuve hambre por la noche en la puerta C22.
Tenía hambre y sed.
Al lado, vendían quesos bien envueltos con jamón del diablo.
Comí dos.
Al otro lado, había una tienda donde vendían
tennisy jacquets perfumados.
Sin darme cuenta, reposé en los asientos muchas horas.
Dormí como un lirón.
Me quedé dormida… sin saberlo.
Me despertó un señor vestido de uniforme:
“–¿Dónde están mi papá y mi mamá?
Pensé que usted vendría a darme noticias suyas”.
“–¿Dónde están papá y mamá?”, le volví a preguntar,
casi rendida.
Tengo ocho años y nací en Guinea.