Nos escriben…
«Estimado CER: Las nuevas urgencias de nuestras vidas hacen que por periodos nos alejemos de problemáticas propias de nuestros tiempos o de nuestros gustos y apetencias. En mi caso hubo un tiempo maravilloso de aguas y soles recurrentes que invitaban a la siembra, a la expansión del animo y al florecimiento tanto del pensamiento como del sentimiento. Arrebatadamente pienso que fueron aquellos años de inicio de la revista que fundaste en nuestro medio y que sigues cultivando con esmerada paciencia e inteligencia. Fueron los días de esa década heredera de aquella en la que solíamos salir de pesca de noche por cañadas y quebradas, salíamos con las muchachas de los pueblos cogidos de la mano «a lunadas» cantando a coro, nos quedábamos largos ratos en los caminos con pereza de llegar a la casa, «fondeando». Pero también los días que estuvimos contigo en la siembra de ALEPH: Tiempos inenarrables aquellos, de Luis Eduardo y Luciano Mora-Osejo – ¡sombras tutelares!-, Pepe Castrillón, Guillermo Navarro, Rubén Sierra, Santiago Moreno, Alvaro Gutiérrez A, Antonio Gallego y no podría faltar el recuerdo del inefable maestro Guillermo Botero, para citar algunos nombres de ese extenso elenco de acompañantes. Tiempos de cuentos, poemas, ensayos, vueltas al folclor y relatos fragmentados de esas vidas apenas inauguradas. Los años nos han vuelto «históricos», en el sentido de indagar sobre el origen de nuestros males sociales. Ninguna de las desgracias colombianas se quedó en nuestro espíritu como «Palabra de Dios» o con vigencia naturalística, como decir, una especie o familia dentro de las taxonomías de la fauna o la flora, Entramos en una etapa en donde los epifenómenos escondían irreverentemente sus raíces. Nos tocó sorprendernos con muchos analistas de nuestra darwiniana vida social y decir paladinamente que de eso no conocíamos y discrepar del «Deje asï» de reciente moda. William Ospina en columna reciente hace una bella y brillante descripción de nuestros males. Si bien nos hubiera gustado otro ordenamiento de su mapa conceptual no deja de alertarnos sobre la falencia sistemática de nuestra dirigencia, su voluntarismo atávico, sus modales y su profundo egoísmo, a tal punto que se perfila desde el punto de vista psicosocial como padre-patriarcal-maltratador, perdiendo su perfil amoroso en las sinuosidades de lo tanático. (Las convulsiones de Colombia, Cromos, junio 2 de 2007). Esa dirigencia/padre del país extravió sus pasos desde los orígenes mismos de la república al dedicarse de manera prioritaria a la salvaguardia de sus intereses particulares olvidando los comunes a punto de haber desposeído a sus hijos (los pobres) sin buscar ni alcanzar el bien general por no haber promovido los cambios y reformas necesarios para el desarrollo y la paz del conglomerado social. Ese egoísmo enconchado, tradicional, repetitivo, según Ospina, explica la tragedia que nos ahoga.
«Pero conviene advertir que el pueblo no forma parte de la rebatiña. El pueblo vive agobiado por sus angustias cotidianas y no acaba de entender cuáles son las cosas que están en juego en este incesante ir y venir de prohombres que se acusan recíprocamente, que van de la cárcel al parlamento y del parlamento a la cárcel, que hacen genuflexiones ante los grandes poderes del mundo y son sinembargo tratados con desprecio por ellos. No es que la gente humilde no tenga nada que perder con estos escándalos, es que ya lo perdió casi todo, y en las últimas décadas miles de pobres fueron asesinados por gentes riquísimas, armadas hasta los dientes, con el pretexto de que eran sediciosos, cuando en realidad no eran más que los propietarios de las tierras que los nuevos ricos necesitaban para sus grandes proyectos económicos y políticos».
De esa época casi bucólica de los años setenta nos hemos hecho históricos en el sentido que hemos buscado ardorosamente las causas, los móviles, los agentes, los acuerdos y los resultados. Talvez no tengamos el ensamblaje final y total. Quedarán muchos cabos sueltos por un tiempo pues hasta en esto han sido tacaños los últimos cincuenta años de Colombia. La verdad se suministra con gotero pues la dirigencia opina que «los otros», en este caso las inmensas mayorías, no son capaces de recibirla sin que se rompa el tejido social y se la lleve a la locura. De lo que sí estamos ciertos es que por aquí ha pasado un sismo tremendo. Que la fractura de nuestra sociedad es altísima. Que apenas se vislumbra en el horizonte el «J´accusse». Caballero Argaez enfatizaba hace poco: «Los colombianos seguramente piensan que la ‘crisis’ política actual es una más entre las muchas que han vivido en los últimos tiempos. No hay tal. La de ahora es la peor de todas. La política colombiana llegó a un estado de putrefacción absoluta.No de otra manera puede calificarse lo que está sucediendo. Cuando los medios de comunicación se refieren a los «congresistas que resultaron elegidos con votos manchados de sangre» es porque algo muy grave ocurrió. Es cierto que en el pasado hubo asesinatos de líderes políticos, violencia política, dinero del narcotráfico infiltrado en las campañas. Pero no se sabía que las organizaciones criminales controlaran los procesos electorales y políticos. ¿Cómo es posible que los partidos y los movimientos se hubieren prestado para tales fines? «Ya es vox populi que algo muy grave sucedió en Colombia ante nuestros ojos por debajo de nuestra sensibilidad ciudadana. Los medios y los políticos del extranjero exigen razones, explicaciones, causas y no se creen la media de nuestro adormecimiento nacional mediático de lo que se dice ser la verdad. Los senadores demócratas usamericanos han reaccionado. «Duras críticas del precandidato Barak Obama y otros siete senadores de E.U» encabezó el diario «El Tiempo» (junio 9/2007) El grupo de legisladores catalogó la actual situación de Colombia como «la crisis política más seria en años». En la misiva los senadores se declaran sumamente preocupados por la «infiltración de terroristas y narcotraficantes» en importantes instituciones del estado». Para W. Ospina – con un optimismo que compartimos – “Toda una época de Colombia está llegando a su fin. Es por eso que la sociedad se sacude, como presa de convulsiones, y no sabe hacia dónde mirar, aterrada ante la enormidad de sus propios problemas y la casi ilimitada complejidad de las soluciones.Ya nadie ignora que el Estado colombiano fue tradicionalmente inferior a sus deberes históricos. Eso hasta el Presidente de la República nos lo recuerda a menudo. Pero lo fue porque no representaba a la sociedad en su conjunto sino solo los intereses de unos sectores influyentes, egoístas y de muy escasa visión en términos históricos. Gente que ante los grandes desafíos, cuando se necesitaban pactos generosos y alta filosofía, solo sabía recurrir a soluciones violentas, como en la Guerra de los mil días o en la Violencia de los años cincuenta”. En esta dirección, Carlos-Enrique, hemos caminado gran parte de ese ya largo camino desde los días iniciales de la fundación por parte tuya de la revista ALEPH. Por esta razón te remito unas reflexiones talvez un tanto deshilvanadas sobre la polarización social que aqueja a nuestra sociedad que podrían ser eventualmente de interés para sus lectores. Creo que esta es la mejor forma de celebrar la presencia de ALEPH es las letras colombianas y de América Latina y sobre todo una manera concreta de expresarte, así sea fuera de tiempo, mis felicitaciones por ese inmenso esfuerzo amoroso, tuyo, por Colombia. Un fuerte abrazo, Oscar Robledo-Hoyos”, Manizales, 10 de junio de 2007.
“Muchas gracias CER por enviarme la edición en línea del número 141 de Aleph, que me dió la oportunidad de leer tus dos artículos. Me gustó muchísimo tu entrevista a Holdengräber, que es el tema del artículo “El libro en el debate por el conocimiento”. Esa entrevista me hizo recordar la que le hiciste una vez a Emma Reyes ( No. 110 de Aleph ), la cual me hizo descubrir a esa interesantísima colombiana. En ambas entrevistas muestras una gran maestría en hacer buenas preguntas que le permitan al lector conocer bien el trabajo y la personalidad del entrevistado, para lo cual no basta con ir bien preparado sobre el tema a tratar sino, además, hay que saber dialogar. Sinceramente te felicito! Creo que entrevistar es como el arte del diálogo inteligente para despertar interés en el público y ese arte lo ejerces muy bien, sobre todo cuando viene acompañado por una buena foto de Livia. Sobre Holdengräber ya tú me habías enviado antes el artículo sobre él de “El País” de Madrid, al cual haces alusión en la entrevista, y creo que al contestarte te hice un comentario sobre esa idea de él, que comparto plenamente, que el buen profesor es el que despierta en sus alumnos el interés por aprender. Ojalá tuviéramos en Colombia una buena red nacional de bibliotecas públicas con un programa de educación pública dirigido por gente como Holdengräber! Y Para mí es triste pensar que Mompós, mi pueblo, a pesar de ser clasificada por la Unesco como ciudad del patrimonio mundial, no tenga ni siquiera una buena biblioteca pública./ Leí también con gran interés tu artículo sobre el libro “El olvido que seremos” de Héctor Abad-Faciolince. Ese libro lo hace pensar a uno en la intolerancia que ha reinado tanto en nuestro país y ha sido en gran parte el germen de la violencia que aún estamos viviendo en Colombia./ Uno de estos días te llamaré por teléfono para que charlemos un poco. Mientras tanto saludos para Livia y para ti un fuerte abrazo, José Nieto” (Montreal, 1 de julio de 2007)
“Queridos CER y Livia: El esfuerzo realizado por ustedes dos, que culminó con la hermosa publicación de la Revista Aleph Nº 141, dedicada al eminente profesor Jaromír Uzdil, es un logro maravilloso. FELICITACIONES a los colaboradores que enviaron trabajos, por cierto, de gran altura literaria, para esta ocasión. Especiales FELICITACIONES también para la profesora Rita Gardellini Cabido, de Argentina, quien envió los poemas de sus alumnos, niños y niñas poetas de 8 a 10 años. Nada podría encajar mejor en este homenaje que ese caleidoscopio poético de la niñez, fiel reflejo del talento y la cruda realidad, tampoco ajena a los niños. Están ahí plasmados sus tempranosamores y sussueños./ Reciban ustedes, receptores de ideas del mundo, nuestro agradecimiento emocionado y permanente. Abrazos y larga vida llena de salud, les desean: Anielka Gelemur y Guillermo Rendón G.” (Manizales, 14 de julio de 2007)
“Gracias CER por compartirme la web de la Revista, la cual no disfrutaba desde hace aproximadamente 10 años. La web está muy bien concebida, clara y fácil de navegar por todos los números y artículos que están disponibles. De esta manera quedo nuevamente matrículado como asiduo lector de esta importante joya de la cultura./ ¡Gracias!… Y felicitaciones por esos 40 maravillososaños de aporte al arte y la cultura./ ¡Éxitos, muchos éxitos! Américo Peláez-Cerchar.” (Kissimmee, Florida, USA, 29 de julio de 2007)
«Estimado CER: Las nuevas urgencias de nuestras vidas hacen que por periodos nos alejemos de problemáticas propias de nuestros tiempos o de nuestros gustos y apetencias. En mi caso hubo un tiempo maravilloso de aguas y soles recurrentes que invitaban a la siembra, a la expansión del animo y al florecimiento tanto del pensamiento como del sentimiento. Arrebatadamente pienso que fueron aquellos años de inicio de la revista que fundaste en nuestro medio y que sigues cultivando con esmerada paciencia e inteligencia. Fueron los días de esa década heredera de aquella en la que solíamos salir de pesca de noche por cañadas y quebradas, salíamos con las muchachas de los pueblos cogidos de la mano «a lunadas» cantando a coro, nos quedábamos largos ratos en los caminos con pereza de llegar a la casa, «fondeando». Pero también los días que estuvimos contigo en la siembra de ALEPH: Tiempos inenarrables aquellos, de Luis Eduardo y Luciano Mora-Osejo – ¡sombras tutelares!-, Pepe Castrillón, Guillermo Navarro, Rubén Sierra, Santiago Moreno, Alvaro Gutiérrez A, Antonio Gallego y no podría faltar el recuerdo del inefable maestro Guillermo Botero, para citar algunos nombres de ese extenso elenco de acompañantes. Tiempos de cuentos, poemas, ensayos, vueltas al folclor y relatos fragmentados de esas vidas apenas inauguradas. Los años nos han vuelto «históricos», en el sentido de indagar sobre el origen de nuestros males sociales. Ninguna de las desgracias colombianas se quedó en nuestro espíritu como «Palabra de Dios» o con vigencia naturalística, como decir, una especie o familia dentro de las taxonomías de la fauna o la flora, Entramos en una etapa en donde los epifenómenos escondían irreverentemente sus raíces. Nos tocó sorprendernos con muchos analistas de nuestra darwiniana vida social y decir paladinamente que de eso no conocíamos y discrepar del «Deje asï» de reciente moda. William Ospina en columna reciente hace una bella y brillante descripción de nuestros males. Si bien nos hubiera gustado otro ordenamiento de su mapa conceptual no deja de alertarnos sobre la falencia sistemática de nuestra dirigencia, su voluntarismo atávico, sus modales y su profundo egoísmo, a tal punto que se perfila desde el punto de vista psicosocial como padre-patriarcal-maltratador, perdiendo su perfil amoroso en las sinuosidades de lo tanático. (Las convulsiones de Colombia, Cromos, junio 2 de 2007). Esa dirigencia/padre del país extravió sus pasos desde los orígenes mismos de la república al dedicarse de manera prioritaria a la salvaguardia de sus intereses particulares olvidando los comunes a punto de haber desposeído a sus hijos (los pobres) sin buscar ni alcanzar el bien general por no haber promovido los cambios y reformas necesarios para el desarrollo y la paz del conglomerado social. Ese egoísmo enconchado, tradicional, repetitivo, según Ospina, explica la tragedia que nos ahoga.
«Pero conviene advertir que el pueblo no forma parte de la rebatiña. El pueblo vive agobiado por sus angustias cotidianas y no acaba de entender cuáles son las cosas que están en juego en este incesante ir y venir de prohombres que se acusan recíprocamente, que van de la cárcel al parlamento y del parlamento a la cárcel, que hacen genuflexiones ante los grandes poderes del mundo y son sinembargo tratados con desprecio por ellos. No es que la gente humilde no tenga nada que perder con estos escándalos, es que ya lo perdió casi todo, y en las últimas décadas miles de pobres fueron asesinados por gentes riquísimas, armadas hasta los dientes, con el pretexto de que eran sediciosos, cuando en realidad no eran más que los propietarios de las tierras que los nuevos ricos necesitaban para sus grandes proyectos económicos y políticos».
De esa época casi bucólica de los años setenta nos hemos hecho históricos en el sentido que hemos buscado ardorosamente las causas, los móviles, los agentes, los acuerdos y los resultados. Talvez no tengamos el ensamblaje final y total. Quedarán muchos cabos sueltos por un tiempo pues hasta en esto han sido tacaños los últimos cincuenta años de Colombia. La verdad se suministra con gotero pues la dirigencia opina que «los otros», en este caso las inmensas mayorías, no son capaces de recibirla sin que se rompa el tejido social y se la lleve a la locura. De lo que sí estamos ciertos es que por aquí ha pasado un sismo tremendo. Que la fractura de nuestra sociedad es altísima. Que apenas se vislumbra en el horizonte el «J´accusse». Caballero Argaez enfatizaba hace poco: «Los colombianos seguramente piensan que la ‘crisis’ política actual es una más entre las muchas que han vivido en los últimos tiempos. No hay tal. La de ahora es la peor de todas. La política colombiana llegó a un estado de putrefacción absoluta.No de otra manera puede calificarse lo que está sucediendo. Cuando los medios de comunicación se refieren a los «congresistas que resultaron elegidos con votos manchados de sangre» es porque algo muy grave ocurrió. Es cierto que en el pasado hubo asesinatos de líderes políticos, violencia política, dinero del narcotráfico infiltrado en las campañas. Pero no se sabía que las organizaciones criminales controlaran los procesos electorales y políticos. ¿Cómo es posible que los partidos y los movimientos se hubieren prestado para tales fines? «Ya es vox populi que algo muy grave sucedió en Colombia ante nuestros ojos por debajo de nuestra sensibilidad ciudadana. Los medios y los políticos del extranjero exigen razones, explicaciones, causas y no se creen la media de nuestro adormecimiento nacional mediático de lo que se dice ser la verdad. Los senadores demócratas usamericanos han reaccionado. «Duras críticas del precandidato Barak Obama y otros siete senadores de E.U» encabezó el diario «El Tiempo» (junio 9/2007) El grupo de legisladores catalogó la actual situación de Colombia como «la crisis política más seria en años». En la misiva los senadores se declaran sumamente preocupados por la «infiltración de terroristas y narcotraficantes» en importantes instituciones del estado». Para W. Ospina – con un optimismo que compartimos – “Toda una época de Colombia está llegando a su fin. Es por eso que la sociedad se sacude, como presa de convulsiones, y no sabe hacia dónde mirar, aterrada ante la enormidad de sus propios problemas y la casi ilimitada complejidad de las soluciones.Ya nadie ignora que el Estado colombiano fue tradicionalmente inferior a sus deberes históricos. Eso hasta el Presidente de la República nos lo recuerda a menudo. Pero lo fue porque no representaba a la sociedad en su conjunto sino solo los intereses de unos sectores influyentes, egoístas y de muy escasa visión en términos históricos. Gente que ante los grandes desafíos, cuando se necesitaban pactos generosos y alta filosofía, solo sabía recurrir a soluciones violentas, como en la Guerra de los mil días o en la Violencia de los años cincuenta”. En esta dirección, Carlos-Enrique, hemos caminado gran parte de ese ya largo camino desde los días iniciales de la fundación por parte tuya de la revista ALEPH. Por esta razón te remito unas reflexiones talvez un tanto deshilvanadas sobre la polarización social que aqueja a nuestra sociedad que podrían ser eventualmente de interés para sus lectores. Creo que esta es la mejor forma de celebrar la presencia de ALEPH es las letras colombianas y de América Latina y sobre todo una manera concreta de expresarte, así sea fuera de tiempo, mis felicitaciones por ese inmenso esfuerzo amoroso, tuyo, por Colombia. Un fuerte abrazo, Oscar Robledo-Hoyos”, Manizales, 10 de junio de 2007.
“Muchas gracias CER por enviarme la edición en línea del número 141 de Aleph, que me dió la oportunidad de leer tus dos artículos. Me gustó muchísimo tu entrevista a Holdengräber, que es el tema del artículo “El libro en el debate por el conocimiento”. Esa entrevista me hizo recordar la que le hiciste una vez a Emma Reyes ( No. 110 de Aleph ), la cual me hizo descubrir a esa interesantísima colombiana. En ambas entrevistas muestras una gran maestría en hacer buenas preguntas que le permitan al lector conocer bien el trabajo y la personalidad del entrevistado, para lo cual no basta con ir bien preparado sobre el tema a tratar sino, además, hay que saber dialogar. Sinceramente te felicito! Creo que entrevistar es como el arte del diálogo inteligente para despertar interés en el público y ese arte lo ejerces muy bien, sobre todo cuando viene acompañado por una buena foto de Livia. Sobre Holdengräber ya tú me habías enviado antes el artículo sobre él de “El País” de Madrid, al cual haces alusión en la entrevista, y creo que al contestarte te hice un comentario sobre esa idea de él, que comparto plenamente, que el buen profesor es el que despierta en sus alumnos el interés por aprender. Ojalá tuviéramos en Colombia una buena red nacional de bibliotecas públicas con un programa de educación pública dirigido por gente como Holdengräber! Y Para mí es triste pensar que Mompós, mi pueblo, a pesar de ser clasificada por la Unesco como ciudad del patrimonio mundial, no tenga ni siquiera una buena biblioteca pública./ Leí también con gran interés tu artículo sobre el libro “El olvido que seremos” de Héctor Abad-Faciolince. Ese libro lo hace pensar a uno en la intolerancia que ha reinado tanto en nuestro país y ha sido en gran parte el germen de la violencia que aún estamos viviendo en Colombia./ Uno de estos días te llamaré por teléfono para que charlemos un poco. Mientras tanto saludos para Livia y para ti un fuerte abrazo, José Nieto” (Montreal, 1 de julio de 2007)
“Queridos CER y Livia: El esfuerzo realizado por ustedes dos, que culminó con la hermosa publicación de la Revista Aleph Nº 141, dedicada al eminente profesor Jaromír Uzdil, es un logro maravilloso. FELICITACIONES a los colaboradores que enviaron trabajos, por cierto, de gran altura literaria, para esta ocasión. Especiales FELICITACIONES también para la profesora Rita Gardellini Cabido, de Argentina, quien envió los poemas de sus alumnos, niños y niñas poetas de 8 a 10 años. Nada podría encajar mejor en este homenaje que ese caleidoscopio poético de la niñez, fiel reflejo del talento y la cruda realidad, tampoco ajena a los niños. Están ahí plasmados sus tempranosamores y sussueños./ Reciban ustedes, receptores de ideas del mundo, nuestro agradecimiento emocionado y permanente. Abrazos y larga vida llena de salud, les desean: Anielka Gelemur y Guillermo Rendón G.” (Manizales, 14 de julio de 2007)
“Gracias CER por compartirme la web de la Revista, la cual no disfrutaba desde hace aproximadamente 10 años. La web está muy bien concebida, clara y fácil de navegar por todos los números y artículos que están disponibles. De esta manera quedo nuevamente matrículado como asiduo lector de esta importante joya de la cultura./ ¡Gracias!… Y felicitaciones por esos 40 maravillososaños de aporte al arte y la cultura./ ¡Éxitos, muchos éxitos! Américo Peláez-Cerchar.” (Kissimmee, Florida, USA, 29 de julio de 2007)