Nos escriben…
Felicitaciones, querido CER, por todos estos años de trabajo en favor de la cultura colombiana, a ti, a Mario Rivero y al amigo de siempre, Milciades, viva muestra de unos valores que deben servirnos de ejemplo: la constancia, el amor a la palabra, la generosidad, la vida como desinteresado servicio a los otros. Y es bueno recordar este altruismo utópico de los maestros, ahora que la cultura está atrapada en las garras del mercado. Conviene recordar estas hermosas empresas, las que de verdad perduran en nuestra memoria y rendirles nuestro agradecido homenaje./ Un saludo fraterno, Consuelo Triviño-Anzola [desde Madrid, 25.IV.06]
Estimado CER: Liduska y yo leímos el artículo de El País que nos mandaste [ser refiere a: «El final de la autoría», de John Updike: suplemento «Babelia», de «El País», Madrid, 16.IX.06]. De libros ella sabe mucho más que yo. Así que lo comentamos juntos. Para mí un libro «real» es insustituible, tocarlo, ver sus imágenes,llevarlo a cualquier parte y leerlo en cualquier lugar que nos encontremos, es algo para lo que nunca se podrá encontrar una alternativa mejor. Sinembargo, tu mismo eres un admirador del internet y hay que reconocer que probablemente la única posibilidad de dar existencia a una Biblioteca Universal, es a través de la electrónica. En cualquier parte del mundo basta que llegue la influencia de los satélites y aunque no se disponga de ninguna biblioteca, un curioso lector podrá encontrar casi todo lo que desee.
Es una realidad triste, porque no podrá tener la sensación física de tener el libro entre sus manos, un libro que llega a convertirse en un amigo a quien a veces quisiéramos manifestarle nuestro aprecio y sobre todo nuestro agradecimiento. Entiendo a los sacerdotes en las misas cuando besan el Evangelio antes de cerrarlo. Creo que todos hemos pensado en besar algún libro… Personalmente detesto las «pantallitas», pero ya no me imagino la vida sin el internet.
Liduska, me dice por ejemplo, como algo negativo de los fantásticos correos electrónicos: Si fueran cartas manuscritas, un investigador posterior tendría documentos invaluables para reconstruir las ideas de una persona, como sucedió en los siglos anteriores, pero ahora desaparecerá para siempre mucho de eso al apretar un botoncito que dice «suprimir». Y los investigadores del futuro creerán enloquecer al buscar información. Además, me dice Liduska, hay una gran preocupación para conservar los acervos electrónicos, porque una vez guardados los millones de libros en un formato durarán un máximo de 10 años.
Pasar la información al nuevo lenguaje costará una fortuna y no es seguro que siempre se disponga de lo necesario para hacer ese esfuerzo técnico. Pero la parte positiva es que nos decimos cosas en cuestión de minutos sin importar lo alejados que nos encontremos y sobre todo, prácticamente con un costo nulo. Creo que es uno de los precios que se tienen que pagar por la modernidad.
Por mi parte seguiré buscando libros que sigan la tecnología de Gutenberg. No puedo creer que haya algo mejor./ Saludos, HumbertoGardea-Villegas. [Ciudad de México, 16 de septiembre de 2006]
Felicitaciones, querido CER, por todos estos años de trabajo en favor de la cultura colombiana, a ti, a Mario Rivero y al amigo de siempre, Milciades, viva muestra de unos valores que deben servirnos de ejemplo: la constancia, el amor a la palabra, la generosidad, la vida como desinteresado servicio a los otros. Y es bueno recordar este altruismo utópico de los maestros, ahora que la cultura está atrapada en las garras del mercado. Conviene recordar estas hermosas empresas, las que de verdad perduran en nuestra memoria y rendirles nuestro agradecido homenaje./ Un saludo fraterno, Consuelo Triviño-Anzola [desde Madrid, 25.IV.06]
Estimado CER: Liduska y yo leímos el artículo de El País que nos mandaste [ser refiere a: «El final de la autoría», de John Updike: suplemento «Babelia», de «El País», Madrid, 16.IX.06]. De libros ella sabe mucho más que yo. Así que lo comentamos juntos. Para mí un libro «real» es insustituible, tocarlo, ver sus imágenes,llevarlo a cualquier parte y leerlo en cualquier lugar que nos encontremos, es algo para lo que nunca se podrá encontrar una alternativa mejor. Sinembargo, tu mismo eres un admirador del internet y hay que reconocer que probablemente la única posibilidad de dar existencia a una Biblioteca Universal, es a través de la electrónica. En cualquier parte del mundo basta que llegue la influencia de los satélites y aunque no se disponga de ninguna biblioteca, un curioso lector podrá encontrar casi todo lo que desee.
Es una realidad triste, porque no podrá tener la sensación física de tener el libro entre sus manos, un libro que llega a convertirse en un amigo a quien a veces quisiéramos manifestarle nuestro aprecio y sobre todo nuestro agradecimiento. Entiendo a los sacerdotes en las misas cuando besan el Evangelio antes de cerrarlo. Creo que todos hemos pensado en besar algún libro… Personalmente detesto las «pantallitas», pero ya no me imagino la vida sin el internet.
Liduska, me dice por ejemplo, como algo negativo de los fantásticos correos electrónicos: Si fueran cartas manuscritas, un investigador posterior tendría documentos invaluables para reconstruir las ideas de una persona, como sucedió en los siglos anteriores, pero ahora desaparecerá para siempre mucho de eso al apretar un botoncito que dice «suprimir». Y los investigadores del futuro creerán enloquecer al buscar información. Además, me dice Liduska, hay una gran preocupación para conservar los acervos electrónicos, porque una vez guardados los millones de libros en un formato durarán un máximo de 10 años.
Pasar la información al nuevo lenguaje costará una fortuna y no es seguro que siempre se disponga de lo necesario para hacer ese esfuerzo técnico. Pero la parte positiva es que nos decimos cosas en cuestión de minutos sin importar lo alejados que nos encontremos y sobre todo, prácticamente con un costo nulo. Creo que es uno de los precios que se tienen que pagar por la modernidad.
Por mi parte seguiré buscando libros que sigan la tecnología de Gutenberg. No puedo creer que haya algo mejor./ Saludos, HumbertoGardea-Villegas. [Ciudad de México, 16 de septiembre de 2006]