NOTAS: Informe Biblioteca Nacional de Colombia; Registro de libro de Marta-Cecilia Betancur; Reseña de libro de Fernando Jiménez; Fernando Zalamea: un hombre curioso; Comentario a «Navegación de Altura»
Consuelo Gaitán informa sobre su labor en 6 años como directora de la Biblioteca Nacional de Colombia. Tengo que decir que entregamos una Biblioteca Nacional fortalecida y viva, así como 1.520 bibliotecas públicas que se han convertido en espacios imprescindibles para las comunidades que se nutren de ellas. Dejamos una biblioteca que modernizó sus procesos de catalogación, que consolidó una importante política de gestión del patrimonio bibliográfico y documental, que trabajó por optimizar sus complejos procesos de digitalización, que mostró al público impactantes exposiciones y por primera vez abrió sus puertas a los jóvenes: en especial, los grafiteros han podido manifestar de manera artística cómo ven nuestra historia y sus próceres, han encontrado espacios para hacer sus encuentros y presentaciones de cómics y fanzines.
Las bibliotecas públicas se entregan modernizadas en infraestructura tecnológica, con bibliotecarios formados en el uso de las herramientas TIC y con varias plataformas y contenidos digitales de alta calidad. Igualmente, queda el compromiso de seguir actualizando anualmente las colecciones bibliográficas y acompañando a los bibliotecarios en los espacios de lectura y talleres para las comunidades usuarias de dichas bibliotecas.
El plan ha tenido varios componentes, uno de los cuales ha sido la construcción de bibliotecas nuevas, adecuadas a las necesidades y con la calidad que merecen las poblaciones de los lugares más apartados del país. Anualmente se entregaban alrededor de 28 bibliotecas totalmente dotadas. Este año, el gobierno de Japón, que ha sido un aliado fundamental, construirá seis nuevas bibliotecas, mientras que el Ministerio de Cultura entregará cinco.
En cuanto a la conectividad, esperamos que este tema, que se había concebido tradicionalmente como una política de gobierno, siga con el compromiso del Mintic y sea coherente con lo que se está llamando ‘revolución digital’, además de que haya presencia efectiva en los territorios. Nuestras metas estuvieron en mantener entre un 85 y 90 por ciento de bibliotecas conectadas durante los últimos años.
La encuesta de lectura dejó claro que debemos abrirnos a nuevos horizontes, a diversos soportes y modos de lectura. Hay múltiples espacios, formas y medios de leer. La democratización de la lectura significa dar acceso a múltiples soportes y propiciar la producción de contenidos de calidad, pero no prescribir qué se debe y cómo se debe leer.
Al día de hoy, aún no conozco ningún documento que hable de qué pasará al respecto durante los próximos cuatro años. En el Plan Nacional de Desarrollo, en el cual trabajamos junto con la Oficina de Planeación del Ministerio de Cultura, conservamos las mismas líneas de trabajo del plan de los últimos ocho años, pero con el temor latente sobre la falta de claridad acerca de cómo se financiarían dichas líneas. Temor que se ha visto confirmado en el tema de la conectividad.
Es importante señalar que durante los últimos años, el presupuesto del Ministerio de Cultura venía creciendo, y en la administración anterior subió un 125 por ciento. Ya no se debería seguir hablando de que es un ministerio pobre, máxime que se le ha encomendado un proyecto capital para el Gobierno central, el de la economía naranja.
Por eso, es preocupante el congelamiento de una parte de sus recursos o la supresión de cargos de diversas dependencias del ministerio para la creación del viceministerio de la economía naranja, como es el caso de la coordinación de sistemas de todo el ministerio o la supresión del coordinador administrativo de la Biblioteca Nacional.
Hemos sostenido y puesto en práctica que las bibliotecas no son esos lugares silenciosos y polvorientos del pasado. Son espacios de encuentro, de intercambio de formas de ver el mundo y de interacción gracias, entre otras cosas, a sus colecciones y a la tecnología que permite acceder a contenidos de alta calidad y al papel fundamental que juegan los bibliotecarios públicos. El ejemplo más contundente fue el impacto de las 20 bibliotecas móviles que se instalaron en comunidades vecinas a las zonas de desmovilización de los excombatientes de las Farc.
En ocho meses tuvieron alrededor de 250.000 visitas, de las cuales 7.500 fueron de los propios excombatientes de las Farc. Aquí, las bibliotecas demostraron que son factores determinantes para transformaciones sociales y culturales en comunidades desintegradas por la guerra. El Centro Nacional de Consultoría hizo un estudio que arrojó resultados sorprendentes sobre el fortalecimiento del capital social en dichos territorios: donde la biblioteca hizo presencia se modificaron positivamente temas como resolución pacífica de conflictos, liderazgo y empoderamiento, expectativas hacia futuro, participación comunitaria, sentido de pertenencia y confianza en el Estado.
(Ref.: “El Tiempo”, 15.III.2019 https://m.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/consuelo-gaitan-hace-un-balance-de-su-gestion-en-la-biblioteca-nacional-de-colombia-338060)
Narración, juegos de lenguaje e identidades. Aproximaciones desde la filosofía de Ricoeur. Marta-Cecilia Betancur G., 2017. Veracruz (México), Universidad Veracruzana. 474pp. Este nuevo libro de la profesora Marta C. Betancur del Departamento de Filosofía de la Universidad de Caldas e integrante de nuestro Comité editorial, es –dicho con palabras de su autora- “un estudio sobre los problemas centrales abordados por Paul Ricoeur en la trilogía de Tiempo y narración, obra escrita entre 1980-1986. Ha sido realizado con la convicción de que dicha obra ofrece recursos invaluables para explorar e investigar diversos campos del hombre, la sociedad y la cultura, de los que cabe destacar, sobre todo, la experiencia histórica y temporal. Tiene como propósito desplegar la tesis de Ricoeur de que el ser humano no sólo se construye hermenéuticamente, en un lento proceso dialéctico, imbricado por la mediación de las diversas creaciones de la sociedad y la cultura, sino que también se comprende manera hermenéutica. El tema que nos ocupa en este caso es, en particular, el vínculo planteado por Ricoeur entre el juego de lenguaje de la narración, las obras narrativas, el discurso de la acción y la existencia temporal del hombre”. (Introducción).
Sobre este libro, su colega Pablo-Rolando Arango expresó: “¿Puede imaginarse una sociedad humana en la que no se contaran historias? Si este libro apunta en la dirección correcta, la respuesta debería ser no. Un rasgo definitorio de la experiencia humana es la narración: usamos historias en casi todos los momentos de la vida y con muchos propósitos distintos. Construimos una identidad narrando la trama de nuestra vida. La narración es un juego de lenguaje esencial en la constitución de la cultura humana./ Marta-Cecilia Betancur reconstruye el enfoque hermenéutico narrativo que propone Ricoeur. Al hacerlo revela la fecunda influencia en este pensador de algunos planteamientos centrales del Wittgenstein tardío. En particular, muestra con claridad y agudeza la estrecha relación entre las ideas de Wittgenstein sobre los juegos de lenguaje y las formas de vida y las tesis de Ricoeur acerca de la existencia temporal del ser humano, la identidad y su relación con las narraciones. Un mérito adicional de este obra es que muestra la necesidad de enfocar algunas preguntas centrales de las humanidades y de la historia desde una perspectiva distinta a la que ha dominado en la modernidad: estudiar el ser humano de una manera que refleje, sin tergiversar, el hecho elemental, pero esencial, de que somos animales profundamente lingüísticos y narrativos.”
Marta-Cecilia realizó estudios como profesional en Filosofía y Letras de la Universidad de Caldas; es magíster en Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia y doctora en Filosofía de la Universidad de Sevilla (España). Sus temas de investigación se mueven entre la antropología filosófica, hermenéutica ricoeuriana, filosofía del lenguaje de Wittgenstein y estudios culturales, campos en los cuales ha realizado varias publicaciones, de las que pueden destacarse: “Metáfora y ver como. La creación de sentido de la metáfora” e “Improntas de Ricoeur en el pensamiento contemporáneo (Editora y Col.)”. Actualmente es presidente del seminario de Identidad Cultural Latinoamericana (Sicla) y es miembro del grupo de investigación Filosofía y Cultura.
Reseña de “Los manizalados” de Fernando Jiménez (porEduardo García-Aguilar). En la novela “Manizalados” Fernando Jiménez cuenta la vida de un joven que a la edad de Cristo regresa fracasado a Manizales con una depresión alcohólica y los sueños rotos para ingresar al manicomio de San Cancio, donde en un mes vivirá en una sucesión infernal las dos tragedias mayores vividas por el país en noviembre de 1985 y además buscará esclarecer con un psiquiatra, que es sacerdote, y con una terapeuta sexy las vicisitudes de su vida en una esquizofrénica época de conflictos donde las mentes luchaban entre sacrificarse por la lucha revolucionaria o dedicarse a los mandatos del deseo.
En un muy efectivo encadenamiento de acontecimientos, el protagonista, un muchacho de clase media crecido en una familia tradicional y conservadora marcada por la impronta castrante de la madre, revisa su participación en una histórica huelga en la fábrica de texiles Única que se enfrentó al poder y fracasó, razón por la cual huye hacia Bogotá para ocultarse durante una década encabalgada entre los años 70 y 80 dedicado a la rumba y el vicio en los legendarios sitios de baile La Teja Corrida y El Goce Pagano, donde se hunde en el alcoholismo, la droga y el fracaso de su generación perdida.
Miguel de Cervantes Zuluaga quería ser escritor cuando adolescente y tenía el talento para ello, pero jugó su corazón al azar y se lo ganó la revolución, que estaba de moda entre las juventudes de la época, atraída por las diferentes sectas izquierdistas de todo pelambre, prosoviéticas, maoístas, trotskistas, albanesas, norcoreanas, guevaristas y castristas que reclutaban a jóvenes pobres u obreros o a clademedieros y niños bien para su causa, involucrándolos como carne de cañón en peligrosas aventuras armadas o en delitos que recibían los peores castigos desde la cárcel y la tortura hasta la desaparición.
De esa generación malograda en Colombia muchos fueron abatidos en combate o fusilados por sus propios compañeros de la guerrilla, otros se suicidaron o enloquecieron, y los que sobrevivieron por milagro tuvieron destinos diversos como entrar al redil siguiendo las leyes del sistema o sumirse en el vicio, la vagancia o la delincuencia.
Zuluaga se hunde, pero en el manicomio a donde lo lleva su autoritaria madre de la mano no solo descubre el misterio de la muerte del líder de la trágica huelga en la que se vio inmiscuido una década antes, sino que reencuentra poco a poco su vocación literaria, que se alterna con el delirio, porque literatura, arte y delirio van siempre de la mano. Muchas veces la demencia es conjurada por la válvula de escape de la creación, ya sea en los escenarios, como ha sido el caso de Fernando Jiménez, también conocido en las tablas como El Flaco Jiménez, o en las artes plásticas, la música o la escritura.
El protagonista tiene como contrapunto narrativo a un amigo de adolescencia, Eduardo, otro muchacho de la ciudad que escapó al destino trágico de su generación y se fue aun imberbe a vivir a París, donde se dedica a la literatura y a estudiar y desde donde incita a su amigo a olvidarse de la quimérica revolución imposible «que es un remedio peor que el mal» y a dedicarse al arte y a la vida, por medio de cartas, sarcásticos mensajes esporádicos y llamadas telefónicas donde lo cuestiona desde el otro lado del océano y lo invita a seguir sus pasos.
La estructura de la novela gira en torno al internamiento psiquiátrico del protagonista y en ese mes trágico para él y su país, hay referencias a la toma del Palacio de Justicia por el M-19 y la apocalíptica explosión del volcán del Ruiz que condujo a la destrucción de Armero con saldo de decenas de miles de muertos arrastrados y sepultados por el barro. También se cuentan los dramas de la juventud de la época atraída por los sueños revolucionarios y los deseos de cambio en un país injusto, cuyas taras llegan a su culmen en la sociedad de Manizales donde nace Miguel. Los fantasmas del pasado chocan con las rupturas explosivas de la época del rock, la droga y la libertad sexual que dinamitan de manera violenta las tradiciones y las inercias que parecían inamovibles desde los tiempos de la Colonia hispana.
El líder Bernardo, que tiene los contactos con la lejana subversión, su novia Cristina, obreros y sindicalistas turbios como Patiño, militares como Camacho, la madre, el padre y el clero omnipresente, las familias de los huelguistas y los amigos generacionales son personajes de esta obra urbana escrita con energía, lucidez y mucho sentido del humor, que describe desde distintos ángulos a la ciudad y a su gente. El morro de san Cancio y su manicomio, Chipre, la Plaza de Bolívar y su gigantesca Catedral Primada, los barrios periféricos como Cervantes y La Avanzada, las cumbres nevadas y la vegetación desbordante, los antros de vicio, desfilan en esta acelerada película de Manizales.
La novela también está irrigada por las pulsiones y contradicciones sexuales del protagonista y es una antena que capta los sucesos culturales de la época a través de ideologías, fanatismos, músicas, reflexiones psicoanalíticas y sociopolíticas, incursiones sexuales que desde afuera disuelven la autoritaria tradición conservadora de la ciudad y la transforman para siempre. Miguel al fin se reconcilia con la vida y descubre que no puede solucionar los problemas del mundo y recupera su máquina de escribir para plasmar la novela deseada y resolver los enigmas del pasado.
Esta novela no solo enriquece a la literatura colombiana de su generación, a la que pertenecen Andrés Caicedo, Sonia Truque, Eugenia Sánchez Nieto, Evelio Rosero y William Ospina, entre otros, sino que a la vez constituye un nuevo aporte a la literatura inspirada por la muy reciente ciudad de Manizales y su corto siglo y medio de historia. En 227 páginas cerradas y explosivas, Fernando Jiménez ratifica su talento y nos hace desternillar de risa en cada uno de sus episodios.
Así como García Márquez construyó su obra en la cantera de su pueblo nativo Aracataca, Fernando Jiménez hunde sus manos en el barro de su ciudad natal, Manizales, situada junto a los volcanes, para exorcizarla, cuestionarla y hacerla vivir en la ficción. Por eso “Manizalados” es una novela inteligente, ágil, veloz, muy bien escrita, que confirma la gran pericia de un autor que ya antes se ha destacado por décadas como humorista y por ser uno de los mejores contadores de cuentos de Colombia.
(Ref.: “La Patria”, 17.III.2019 http://www.lapatria.com/opinion/columnas/eduardo-garcia/los-manizalados-de-fernando-jimenez)
Fernando Zalamea-Traba: la travesía de un hombre curioso (por: Gustavo Silva-Carrero). Su capacidad para moverse entre el mundo de las ciencias naturales y las humanidades le valió ser incluido en el libro “100 mentes globales, los pensadores transdisciplinarios más atrevidos en el mundo”, y es el único colombiano en ese listado. Décima entrega de la serie, “Grandes maestros”, de la Universidad Nacional.
Después de miles de kilómetros recorridos y de centenares de ideas acumuladas por sus viajes alrededor del mundo, Alexander von Humboldt, naturalista, viajero por excelencia e intelectual alemán del siglo XIX, emprendió un proyecto descomunal: escribir un libro que registrara cómo todo lo conocido en la ciencia y la naturaleza se conecta de manera perfecta entre sí.
La obra que consumió 25 años de su vida y que no logró concluir fue titulada ‘Cosmos’. Esta es una clara muestra del carácter global del pensamiento de Humboldt, del científico que por su cercanía con Goethe y otros artistas del romanticismo, creía que la única manera para entender la naturaleza en su complejidad y unidad era observarla a través de la razón y los sentimientos. El sabio alemán quiso plasmar en su obra una intuición que lo acompañó en cada viaje y en cada investigación, a saber, que la naturaleza y todas sus manifestaciones constituyen una gran red interconectada. En ese sentido, todo depende de todo y el planeta no está, por tanto, a nuestro servicio, decía Humboldt.
El alemán de múltiples profesiones y diversos saberes, que viajó por Colombia y visitó Bogotá durante dos meses, nos demostró -aunque ya se haya olvidado su enseñanza- que la super especialización, fomentada por la educación, puede ir en contra de un pensamiento valioso y esencial que encuentra en la creatividad la verdadera conexión con el mundo. Afortunadamente, de tanto en tanto individuos con la suficiente fuerza y pasión por el conocimiento nos permiten ver la realidad en toda su dimensión.
Sin lugar a dudas, este es el caso de un matemático, filósofo y ensayista colombiano que, como todos los de su especie, son expertos en áreas supuestamente disímiles (porque la educación así nos lo ha señalado). Fernando Zalamea Traba es profesor del Departamento de Matemáticas de la Universidad Nacional: además, ha recibido numerosos reconocimientos literarios, entre los que se cuentan el Premio Internacional de Ensayo Siglo XXI (2012) o el Premio Internacional de Ensayo Jovellanos (2004).
Este matemático de profesión es, en esencia, un humanista con profunda sensibilidad artística, cultivada gracias a la influencia temprana de su madre Marta Traba, la famosa crítica de arte argentina; su padre Alberto Zalamea, escritor y periodista, y su hermano mayor Gustavo, reconocido artista plástico. Así que desde muy joven, Fernando bebió de las fuentes de la literatura y el arte, que hoy conecta permanentemente con la ciencia, la lógica y la matemática.
“Me encantan las matemáticas y las ciencias porque son esencialmente bellas, no porque sean un juego técnico. Eso es lo que he tratado de mostrar en mis libros, la pasión que despiertan. Además, me gusta la multiplicidad del mundo, no me gusta que las cosas sean de una única forma”, anota el profesor Zalamea, quien se ha embarcado en las últimas dos décadas en una labor descomunal, su proyecto es construir un pensamiento global de la realidad en donde se expresen las fundamentales relaciones que hay, por ejemplo, entre el arte y la matemática, entre la poesía y el pensamiento científico, entre la razón y la emoción. Su tarea, como a él mismo le gusta denominarla, es valerse de un pensamiento pendular que no solamente cubre todo el espectro del conocimiento que hay entre dos polos, sino que además le permite abordar una misma idea desde distintos puntos de vista. Pensar distinto es su camino favorito. Gracias a esto, Zalamea encuentra que lo más interesante de la cultura y del saber humano se halla en esa zona que emerge en medio del arte y la matemática. Es allí en donde la creatividad explota y sus reflexiones nos muestran un mundo más complejo, más conectado y, por supuesto, más real.
Recientemente, un estudio realizado por la Domus Academy de Milán, Italia, y apoyado por investigadores de la Universidad de Turín, incluyó a Fernando Zalamea en la lista de 100 mentes globales escogidas de la actualidad, los más atrevidos pensadores transdisciplinares del mundo. Para los encargados de tal estudio, Zalamea es un pensador extraordinariamente original y excitante que descubre las potenciales intersecciones entre las disciplinas. Junto a nombres como Umberto Eco, Anselm Kiefer o Thomas Piketty, Fernando Zalamea es reconocido como un pensador que trasciende los límites del conocimiento disciplinar para proponer creativamente formas de observar las verdaderas conexiones de la realidad.
Este colombiano de pensamiento universal prefiere seguir desarrollando su trabajo desde nuestro país. Y la razón de esta decisión nuevamente tiene que ver con su pensamiento pendular. Para Zalamea, trabajar desde la periferia, cerca de los bordes y alejado de los centros internacionales de investigación, es más que adecuado, pues solo desde allí puede capturar con mayor claridad las ideas contrarias y complementarias que se producen en todas las latitudes y que generalmente son opacadas por el pensamiento dominante producido en los centros de importancia internacional.
Zalamea, bogotano de 57 años, mantiene una disciplina intensa. Es un lector insaciable, con un plan exacto de lecturas y de producción y con una biblioteca generosa que no para de crecer, como un árbol que se ramifica y que lo guía por las intimas conexiones del conocimiento. Durante cinco días a la semana, sin falta, reserva horas de música y escritura. Sus ensayos, que son definitivos desde su primera redacción, son muestra de la gran capacidad que tiene para vincular y construir puentes entre diversas disciplinas y saberes. Su último libro, Prometeo liberado. La emergencia creativa en maestros de los siglos XIX y XX, aborda los procesos creativos de mentes brillantes como el poeta Novalis, el matemático Grothendieck, el músico Beethoven o el filósofo Peirce. Este último es considerado por Zalamea como el mayor maestro de su experiencia intelectual.
A su edad, la producción intelectual es vasta y profunda y en su mente ya tiene organizadas varias obras más. Una de ellas, que planea concluir en un par de años, es el primer libro de conjunto sobre el pensamiento de Alexander Grothendieck, uno de los espíritus matemáticos más prolíficos y poderosos de la historia. Adicionalmente, Zalamea también ha vislumbrado su libro total. Como el Cosmosde Humboldt, Fernando Zalamea planea escribir en la próxima década la Horosis, una obra que consolide su proyecto intelectual, un ensayo que conecte el pensamiento analítico (disciplinar) y sintético (integral) en una nueva forma abarcante de ver la realidad y la cultura. Toda su vida académica ha estado vinculado a la Universidad Nacional.
(Ref.: “El Espectador”; 25.V.2016 https://www.elespectador.com/noticias/actualidad/fernando-zalamea-traba-travesia-de-un-hombre-curioso-articulo-634306)
Comentario al poema “Navegación de Altura” de Graciela Maturo (Por: Alumna-Ingeniera Evelyn Esperanza Burbano-Argoty; de la “Cátedra Aleph”, Versión 32). Dado que es un poema no tan fácil de leer, la manera en la que yo decidí abordarlo fue leer cada estancia tantas veces como era necesario hasta que yo misma pudiera escribir en pocas palabras lo que había leído y lo que había comprendido; dicha tarea no fue sencilla en todos las estrofas, aunque pude hacerla en la mayoría.
En varias ocasiones Graciela habla del día y la noche, nos relata escenarios donde incluye a diferentes especies de aves y la manera en que éstas y su comportamiento hacen parte de estos acontecimientos, en lo encantador que es recibir el alba con el saludo de los pájaros y sentir como estos callan con la llegada del ocaso.
La luz, uno de los protagonistas de este poema, es sin duda un signo de inicio, de nuevas oportunidades; la luz del amanecer es un evento lleno de belleza, de sentimiento, de paz, de volver a empezar un nuevo día con energía, un momento en el que nos confesamos y dejamos que nuestra alma sea ella misma. Graciela dice “caminar por el mundo como si a cada instante amaneciera”.
Por otro lado, el ocaso es también otro bello acontecimiento que se inicia con el término del día, sangra una vez más el horizonte en el sacrificio de la tarde, se nos presenta un mundo lleno de colores, los acontecimientos y costumbres de vida ofrecen la oportunidad de descansar, de tener sueños donde el corazón corrige al tiempo que pasa en cada sístole y diástole en que se convierten el día y la noche.
Las diferentes formas del arte como lo son la poesía, la música, la danza, la pintura… permiten alumbrar la vida, son acciones que se promueven por nuestros sentimientos, esos que corren bajo la piel. Graciela menciona: “la música nace de mis dedos, paso de danza sobre el mundo, elegí el incendio de las palabras para alumbrar una caverna de silencio.”
Supo entonces que la eternidad se ofrece a cada instante en la comunión de la belleza, así pues, todo lo que hemos amado permanece mientras surcamos el cielo como pájaros al recorrer los diferentes caminos y ciudades llenas de rostros, yendo en contra del tiempo sin permitir que nos arrebate los recuerdos. Donde está el ojo que nos ve, la lengua que nos habla, la mano infinita que nos sostiene.