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N O T A S – Aleph 153

La literatura con sentido de independencia (por: Carlos-Enrique Ruiz). Solía decirse con extrema frecuencia que a falta de una historia teníamos la literatura, lo cual sigue siendo válido en períodos oscuros del acontecer latinoamericano. Los escritores han testimoniado la vida de la sociedad en su tiempo, con indagaciones incluso por los motivos de lo observado y con desarrollos de pensamiento con visión crítica, de enmienda en comportamientos y de planteamientos de opciones de futuro. La novela y el ensayo han sido protagónicos. La novela histórica y también la no histórica, son fuente de recurrencia para comprender situaciones y procesos de los siglos XVIII y XIX, y de la primera mitad del siglo XX. Dicientes son en el siglo pasado las novelas sobre dictadores, por ejemplo, o sobre el trágico período llamado lacónicamente como el de “La Violencia”.

Pero el género más descollante en estos campos de interpretación y de formulación de alternativas en la organización social, ha sido el ensayo, en mayor grado en llamadas generaciones, o mejor personalidades civilizadoras, esclarecedoras en Argentina, Chile, México, Uruguay, fundamentalmente, incluso con visión continental. Pero sin ir muy lejos puede asumirse el criterio del humanista Pedro Henríquez Ureña al haber mencionado algunas figuras como las significativas en la historia literaria de Latinoamérica, entre ellas Bello, Sarmiento, Montalvo, Martí, Darío y Rodó, con la adición de Manuel González Prada que hizo Rafael Gutiérrez Girardot. Y Francisco y José Luis Romero, agregamos nosotros. En el caso colombiano, aparecen Carlos Arturo Torres, Rafael Uribe-Uribe, Alejandro López, Baldomero Sanín-Cano, casos de intelectuales, con características de universalidad y rigor.
Tema que sin duda habrá de profundizar nuestro expositor de hoy, con mayor despliegue en vertientes propias de la creación literaria, circunscritas a la construcción de independencia intelectual en Colombia, desde influencias recibidas del Norte en los prolegómenos de las contiendas de comienzos del siglo XIX, para resaltar el lugar de la inclusión del otro, en la amalgama constitutiva de sangres y de las múltiples expresiones del arte que han dado origen y aliento a esta complejidad advertida por el Libertador en su discurso de Angostura y que nos estremece en los espíritus, en un mundo globalizado.
La creación literaria en la Nueva Granada fue comienzo del desciframiento del paisaje y de las relaciones del hombre con él, sin despreciar las singulares contribuciones de los Cronistas, con resultados de originalidad asombrosa . De esta forma se pudo ir conformando especie de «independencia intelectual» con las manifestaciones de hoy en los creadores más jóvenes de aceptación internacional, por la calidad de sus trabajos.
En esta quinta sesión de la Cátedra GTNT, el profesor Antonio García-Lozada, se ocupará de desentrañar el sentido de independencia a partir de la creación literaria. Nuestro invitado de hoy es docente e investigador en el departamento de lenguas modernas de la Universidad Central del Estado de Connecticut, discípulo que fue, entre otros, del ahora Premio Cervantes, el poeta mexicano José-Emilio Pacheco, y del lúcido ensayista colombiano Rafael Gutiérrez-Girardot, sobre el cual ha publicado acertados ensayos de interpretación y de divulgación de su obra. Personalidad esta [Gutiérrez-Girardot], que por aquellos azares de la vida, nos congregó a Antonio y a mí. De igual modo ha publicado penetrantes estudios sobre la vida y la obra de Carlos-Arturo Torres, intelectual tan poco recordado en las nuevas generaciones que marcó época a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. También ha publicado estudios de valía sobre la literatura latina en Estados Unidos, la literatura puertorriqueña, sobre el diario de viaje a París de Horacio Quiroga, sobre Tomás Carrasquilla y el Modernismo, sobre Jorge Isaacs, sobre José de la Luz y Caballero en la búsqueda de un pensamiento latinoamericano, y sobre escritores más contemporáneos como Cristina Peri Rossi y Ricardo Piglia. Y concluye en la actualidad investigaciones sobre las poéticas de Andrés Bello y el debate filosófico entre Latinoamérica y Europa.
La literatura no es ajena al Bicentenario; está presente con valiosos testimonios de creación en las mejores plumas de este subcontinente americano, y en las menos publicitadas obras de creadores populares, y de culturas en minoría, en lo cual Colombia no es una excepción. De ahí la importancia de haber incluido este capítulo de las letras, a cargo de experto colombiano de afortunada carrera académica, en mayor grado porque en su exposición también aludirá a los polémicos conceptos de nación e identidad, asimismo trajinados en sesiones anteriores de esta Cátedra. La literatura, sin proponérselo quizá, ha fomentado en nuestro país un sentido de autonomía y libertad en los más jóvenes, puesto a prueba en los actuales momentos con tendencias deseadas por el predominio de la legalidad, y el restablecimiento del respeto en las voces públicas, y en las relaciones cotidianas de todos, para un mayor fomento de la creatividad artística, la innovación en ciencia y tecnología, un mejor bienestar para todos, y del trabajo en la sostenida construcción de ciudadanía, con salvaguarda de las formas republicanas, legado de aquellas luchas de independencia.
(En la presentación del Prof. Dr. Antonio García-Lozada. Quinta conferencia de la Cátedra abierta “Grandes temas de nuestro tiempo – Bicentenario de la Independencia. Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales. 29 de abril de 2010)

Carta a Roberto Fernández-Retamar (por: Álvaro Castillo-Granada). Hay algo que nunca he dicho. Ni a usted ni a nadie. Siempre que he querido hacerlo me ha invadido una mezcla de pudor y vergüenza que me hacen guardar silencio. Lo supe desde el primer momento, desde cuando fui capaz de intentar un texto como creía que debía hacerlo: contando, en una mezcla amasada y caminada por el tiempo, lo que pensaba, sentía y había vivido. La clave estuvo en un poema suyo que un amigo me dio a escuchar hace ya demasiado tiempo, celebrándome un cumpleaños. Sin sospecharlo ni intuirlo, en el momento en que empezó a sonar en la grabadora el casete (no existían los CDs en esa época) con su voz leyendo el poema para su padre supe, inmediatamente, que así era como yo quería algún día escribir. Qué regalo de cumpleaños más grande, revelándome una forma y una manera. Pasó mucho tiempo antes de decidirme a hacerlo. La clave que encontré fue darme cuenta que usted cantaba contando. Así, en ese orden. Convertía experiencias privadas, íntimas, en colectivas al lograr transformar y potenciar las palabras de todos los días en algo único gracias a la autonomía de la poesía, del canto. No embellecer ni adornar. Nada de eso. Más bien resignificar la experiencia. Convertirse en un personaje, transformar una anécdota, en una perspectiva que amplía y convoca. Ese poema suyo retumba en mi cabeza siempre que emprendo la aventura de intentar escribir y contar algo. Para mí son lo mismo: escribo y cuento. No invento. No puedo hacerlo. Carezco de la imaginación para hacerlo. Más bien vivo y observo. Dejo que el tiempo se acumule en mí hasta cuando, por algún motivo, necesita desprenderse de mí para compartirse con los demás. La escritura es un acto, un pacto de comunión con los demás. Cuento inventándome un narrador, un “yo”, que espera que su experiencia desate a su vez otras experiencias hasta lograr hacer un inmenso texto colectivo, lleno de un “yo” que es un “nosotros”. Cuando un texto mío encuentra complicidad con su lector sabe que es apenas un punto de partida. Una hoja a la que seguirán otras hojas donde los recuerdos y los momentos se harán uno solo. ¿Cómo logra usted esto? Despojando la anécdota de adornos y dejándola sólo con lo esencial y universal: lo que comunica. A éste poema se le añadieron otros y otros que me ayudan cada vez que siento que cojeo, que no lo alcanzo, que así no es, que no es fácil y sin embargo no es tan difícil. Su poesía es un intento de encontrarse con el otro. Nadie que haya leído o escuchado uno de sus poemas será el mismo. Estos despertarán lo que permanece dormido, traerán de nuevo aquello que creíamos perdido. O, en el mejor de los casos, nos hará recordar aquello que decidimos olvidar y abandonar por creer que no importaba. Todo importa si se sabe lo que es y para quien es. Nunca para uno, siempre con los demás. La oralidad es otra de sus características fundamentales: la fuerza que adquieren sus poemas al ser leídos en voz alta. De esas palabras sencillas, de esa anécdota/experiencia que encierra todo un mundo, sale un hechizo, un abrazo, que hace que nos sintamos conversando con usted, con nosotros. Todo esto, Don Roberto (porque no puedo decirle de otra forma sino aquella de quien es consciente de todo lo que le debe y agradece) es algo que he querido y no he podido decirle. Su poesía me dio, me da, el rumbo a tomar cuando quiero emprender el camino de las letras en la hoja en blanco, cuando siento la necesidad imperiosa de escribir para encontrarme, conmigo y con los demás. En “Cinfín”, el texto que escribí al enterarme de la muerte de Cintio Vitier (su amigo, mi amigo, nuestro hermano) es más que evidente (o por lo menos así quiero creerlo) todo esto que le digo. Fue escrito con su ritmo, que era el único que podía condensar todo el dolor y la tristeza ante la partida de un ser tan entrañable, fundamental en mi vida. Su lección y ejemplo me acompañan. Todavía no puedo creer que la vida me haya dado la oportunidad de conocerlo y compartir con usted. Espero que el tiempo siga siendo generoso con nosotros (y con todos los que lo queremos y admiramos) para seguir compartiendo de ese don tan misterioso que es la amistad, de esa oportunidad única de sentarse a conversar sentado en un sillón mientras el viento y la luz agitan e iluminan las plantas que su hija Adelaida, “su flor más amada”, cuida con esmero. Sus libros llenan literalmente mi biblioteca, la dotan de puertas y ventanas por donde es posible salir a ver el mundo, sintiéndose parte de una aventura colectiva, sin olvidar jamás, jamás, que siempre habrá alguien que nos acompañará hasta el momento final y, llegado el caso, nos secará “el sudor de la cara”./ Gracias, Roberto Fernández Retamar. A.C-G.; (Bogotá, 31.III.2010)

Nos escriben… “Querido CER: Leí con gran interés tu artículo y me gustó mucho que hayas ilustrado la manera de pensar y de actuar de Mockus con ciertos logros alcanzados por él como rector de la Universidad Nacional y como alcalde de Bogotá./ Los logros que mencionas los entiende todo el mundo, y eso es importante en una campaña electoral. Como Rector: transformación radical del sistema de liquidación de matrículas y su remplazo por uno más equitativo. Como Alcalde: una fuerte disminución de la tasa de homicidios en Bogotá (me impresionaron los datos que das) y el racionamiento drástico del consumo de agua logrado mediante la cultura ciudadana en 1997, debido a los problemas surgidos en el Chingaza./ Una sugerencia: como tú tienes una columna en “La Patria” talvez la mención ahí de esos logros de Mockus tengan mayor impacto que en Aleph./ Quisiera ahora comentarte dos entrevistas que le hicieron recientemente a Mockus por televisión (Gossain y José-Gabriel) y en ambas se le hizo la misma pregunta : ¿Cree usted en Dios? Sinceramente me disgustó que se le hubiera hecho a Mockus esa pregunta. Yo la ví como una cascarita que le ponían los camanduleros o camanduleras para que él resbale y caiga. No sé si para satisfacerlos plenamente a ellos él contestó que era católico. Yo sé bien como es nuestro país, pero en un estado laico como el nuestro no se debería involucrar la religión en una campaña electoral./ Pensando sobre esa pregunta yo talvez habría respondido con una pregunta: ¿El Dios por el que usted pregunta es el Dios de San Francisco de Asís, el de Torquemada o el de Spinoza?/ Un gran abrazo, José I. Nieto” (Montreal, 07.V.2010)

“Estimado CER: He leído con mucho agrado la columna tuya titulada «Mimos y girasoles, por la legalidad democrática», acompañada de las primeras páginas de tu nuevo libro (que recibí el miércoles en la noche); ambos trabajos se complementan bien y en particular, los ensayos del libro son muy pertinentes en los debates hoy. En verdad encuentro esperanzadora una posición como la de Mockus en la que se fortalece el papel de la educación en la formación de autonomías y, desde ellas, la creación de un camino hacia la construcción de una comunidad política de respeto y apertura.
“Desde mi punto de vista, sólo la posibilidad de expresión pública de las diferencias puede generar una transformación de la sociedad. Esta posibilidad implica escuchar al otro, verlo como un ser con palabra y no solamente como si emitiera ruidos incomprensibles: es el drama de homosexuales, de niños, todavía de mujeres, indígenas, negritudes, etc., quienes hablan, pero no son escuchadas más que como si fuesen ruidos de fondo en una comunidad cerrada. La invitación de Mockus está pues relacionada con la apertura incesante del sistema político hacia nuevas personas, grupos, nuevas perspectivas de vida, siempre desde la responsabilidad de la conversación pública que evita las estigmatizaciones, las discriminaciones.
“Una política desde la educación para la autonomía y la consciencia moral responsable es la solución a la que tú y yo le estamos apostando, junto a muchas personas más. No es una opción volver al maniqueísmo, a la violencia física, a las soluciones que ven en el control excesivo del individuo, la forma de acabar con insurgentes.
“Tu libro [“Educación y humanismo en la vida universitaria”, Ed. Página Maestra Editores, Bogotá 2010] ha generado una buena impresión entre quienes lo han ojeado y leído en sus primeras páginas. Incluso encontré en la maestría alguien que te vio en la UN-Manizales y a quien le agrada mucho la Revista. Le recomendé visitar la página de Aleph. Creo que lo leeré esta próxima semana, junto a una maravilla que compré en una librería de viejo sobre economía civil.
“En cuanto a mí, te cuento que todo va muy bien. Los proyectos de investigación van por buen camino, estudiando fuertemente la metodología de la economía y su relación con la ética. Adicionalmente, he estado trabajando el tema de la exclusión en el marco de una teoría política basada en el lenguaje./ Un abrazo afectuoso a todos, Andrés-Felipe Sierra S.” (Bogotá, 07.V.2010)
“Magníficos tus textos, Carlos-Enrique. Es que Antanas Mockus y tú son dos humanistas de la misma talla y de la misma admirable vocación: la de formar, educar (en el sentido fuerte de ex-ducere en latín ) CONCIENTIZAR (que en español de España es CONCIENCIAR)…/ Livia y tú han tenido una trayectoria incansable al servicio de la cultura colombiana, por esto ustedes son respetables./ Abrazos para ambos, Alice Pouget de Rodríguez” (Bogotá, 07.V.2010)

Hemos recibido… Del prolífico y calificado escritor, Orlando Mejía-Rivera: “Manicomio de dioses”, cuentos breves, editados por “Cuadernos Negros Editorial”, Calarcá (Col.) 2010; “El jardín de Mendel – Bioética, genética humana y sociedad”, con el sello editorial de la Universidad de Antioquia, Medellín 2010. De la historiadora venezolana, las siguientes obras suyas: “La criolla principal – Maria-Antonia Bolívar, la hermana del Libertador” (Ed. Aguilar, Caracas 2009), “La palabra ignorada – La mujer: testigo oculto de la historia de Venezuela” (Ed. Fundación Empresas Polar, Caracas 2007); “Antonio-José de Sucre – Biografía política” (Ed. Academia Nacional de Historia, Caracas 1998); “La conjura de los mantuanos” (Ed. Academia Nacional de Historia, Caracas 2008). “Filosofía de la educación”, de Cayetano Betancur (Ed. Fondo Editorial Universidad EAFIT, colección Rescates, con estudio prologal de Marta-Elena Bravo, Medellín 2009). “Técnica y Utopía – Biografía intelectual y política de Alejandro López, 1876-1940”, de Alberto Mayor-Mora (Ed. Fondo Editorial Universidad EAFIT, Medellín 2001, 2007).

Patronato histórico de la Revista. Alfonso Carvajal-Escobar (?), Marta Traba (?), Bernardo Trejos-Arcila, Jorge Ramírez-Giraldo (?), Luciano Mora-Osejo, José-Fernando Isaza D., Rubén Sierra-Mejía, Jesús Mejía-Ossa, Guillermo Botero-Gutiérrez (?), Mirta Negreira-Lucas (?), Bernardo Ramírez (?), Livia González, Matilde Espinosa (?), Maruja Vieira, Hugo Marulanda-López (?), Antonio Gallego-Uribe (?), Santiago Moreno G., Eduardo López-Villegas, León Duque-Orrego, Pilar González-Gómez, Rodrigo Ramírez-Cardona (?), Norma Velásquez-Garcés, Valentina Marulanda, Luis-Eduardo Mora O. (?), Carmenza Isaza D., Antanas Mockus S., Guillermo Páramo-Rocha, Carlos Gaviria-Díaz, Humberto Mora O., Adela Londoño-Carvajal, Fernando Mejía-Fernández, Álvaro Gutiérrez A., Juan-Luis Mejía A., Marta-Elena Bravo de H., Ninfa Muñoz R., Amanda García M., Martha-Lucía Londoño de Maldonado, Jorge-Eduardo Salazar T., Ángela-María Botero, Jaime Pinzón A., Luz-Marina Amézquita, Guillermo Rendón G., Anielka Gelemur, Mario Spaggiari-Jaramillo (?), Jorge-Eduardo Hurtado G., Heriberto Santacruz-Ibarra, Mónica Jaramillo, Fabio Rincón C., Gonzalo Duque-Escobar, Alberto Marulanda L., Daniel-Alberto Arias T., José-Oscar Jaramillo J., Jorge Maldonado, Maria-Leonor Villada S., Maria-Elena Villegas L., Constanza Montoya R., Elsie Duque de Ramírez, Rafael Zambrano, José-Gregorio Rodríguez, Martha-Helena Barco V., Jesús Gómez L., Ángela García M., David Puerta Z., Ignacio Ramírez (?), Jorge Consuegra-Amador, Consuelo Triviño-Anzola, Alba-Inés Arias F., Lino Jaramillo O., Alejandro Dávila A.

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Edición No. 153