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NOTAS: Aplausos para Octavio Arbeláez; Mapas y mercados culturales; Educación y Ciencia; Biblioteca Nacional de Colombia y extensión bibliotecaria

Aplausos para Octavio Arbeláez-Tobón(por: Adriana Villegas-Botero; “La Patria”, 01.IV.2018). Esta semana hubo una pequeña polémica en Twitter porque tres arquitectos colombianos ganaron un premio en China y no fueron noticia. Uno de ellos se quejó diciendo que si hubiese llevado coca y estuviera sentenciado a muerte al menos le habrían hecho una entrevista. A raíz de su comentario le llovieron mensajes de todo tipo: desde felicitaciones hasta acusaciones de provinciano por pensar que ganar un premio al otro lado del mundo es mejor que recibirlo acá. Hubo quienes le dieron la razón, argumentando que la sociedad sí necesita referentes inspiradores para los jóvenes, y otros más le dijeron que en vez de lamentarse contara de qué se trata el premio, pues los periodistas no somos adivinos.
A riesgo de parecer muy provinciana, yo sí estoy muy feliz con otro premio que se ganó por allá en el lejano oriente un paisano nuestro: Jung Hun Lee, fundador y director general de la Semana de la Música de Seúl en Corea del Sur, anunció este lunes que el premio “a toda una vida” que entrega Red Mundial de Mercados de la Música será este año para Octavio Arbeláez Tobón, quien recibirá el galardón en octubre.
Me alegran mucho los reconocimientos que se dan en vida y me parece una feliz coincidencia que este homenaje llegue en el año en que el Festival Internacional de Teatro de Manizales celebra sus 50 años de vida próspera y provocadora, aunque hacer el festival sea cada vez más difícil.


Octavio es reconocido en Manizales por ser el alma del Festival de Teatro, pero su trabajo como gestor cultural es mucho más amplio e incluye acciones con Latinoamérica, Europa y África: desde Medellín dirige Circulart, el mercado latinoamericano de la música que fundó hace unos años; es el director del Festival Internacional de las Artes de Costa Rica, y fue creador de Mapas, el Mercado de las Artes Performativas del Atlántico Sur que tiene como sede Tenerife, en las Islas Canarias.
Digo que Octavio se ganó un premio en el lejano oriente con el ánimo de resaltar algo que considero fundamental en su trabajo cultural y que es, a mi modo de ver, el gran aporte del Festival de Teatro a Manizales: volver cercano lo que está lejano; traer a esta ciudad artes escénicas creadas en otras latitudes, inalcanzables para el ciudadano común. Es decir: ponernos en contacto con el mundo, que es lo contrario de ser provincianos.
Hoy termina el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá luego de dos semanas de programación y dos noticias asociadas a este evento me hicieron pensar en Octavio. La Revista Arcadia le dedicó un único artículo al Festival: tres páginas sobre el dramaturgo y director argentino Rafael Spregelburd, a quien consideran una de las propuestas más interesantes en esta versión del Iberoamericano. Pensé en Octavio porque Spregelburd vino por primera vez al Festival de Teatro de Manizales hace ya 20 años. Acá siempre hemos tenido la fortuna de poder ver en escena las propuestas emergentes gracias a su curaduría.
La otra noticia fue una imagen triste: el crítico Luis Fernando Afanador publicó una foto del teatro Julio Mario Santodomingo prácticamente vacío durante el estreno Symphony of Sorrowful Songs, del Ballet de la Ópera de Ljubljana, la última obra dirigida por el aclamado dramaturgo esloveno Toma¸ Pandur, quien falleció hace dos años. 
Vi la imagen y pensé que las salas del Festival de Teatro de Manizales normalmente se llenan porque los precios de la boletería lo permiten. Luego pensé que quizás en épocas de Fanny Mickey no hubiera sido posible que un espectáculo de esa naturaleza se quedara sin público en Bogotá. Difícil saberlo, pero es evidente que el Iberoamericano ha sufrido cuestionamientos y dificultades para mantenerse a flote tras la ausencia de su creadora.
Octavio, ya lo dije, es la tras escena de nuestro Festival de Teatro de Manizales. A él le agradezco la emoción por haber podido ver la belleza inolvidable de la danza de Deborah Colker y el teatro profundo de Malayerba o La Zaranda. Por tomarse la tarea de buscar año a año la plata escasa para hacer el Festival y llenarse de paciencia para explicarle a burócratas, que lo único que han visto en teatro es Suso el Paspi, por qué es importante financiar la traída de grupos internacionales y no solo programar conciertos de vallenato, despecho y reguetón que cualquier persona puede escuchar en su radio. Y encima aguantar las críticas de gente que nunca compra una boleta y sin embargo se atreve a comentar: “el Festival ya no es lo que era”.
Me gusta que homenajeen a Octavio Arbeláez Tobón en Seúl. Me gustaría también que Manizales, el sector público y privado, lo homenajeara dándole más apoyo a un Festival que se hace con las uñas, y también con amor.
[Ref
.:  http://admin.lapatria.com/opinion/columnas/adriana-villegas-botero/aplausos-para-octavio#sthash.RcEN0XKf.uxfs]

 

 

MAPAS y mercados culturales emergentes: modelos de innovación en las industrias creativas (por: Octavio Arbeláez-Tobón; Tenerife, 30.VI.2018). El proceso de transformación económica que hemos experimentado desde la década de los ochenta hasta el siglo XXI, como resultado de la aplicación de los principios del libre mercado, ha producido profundos cambios en las estructuras económicas, políticas, sociales, tecnológicas, jurídicas y culturales. Desde el punto de vista cultural, nuestros países han debido hacer frente a una serie de desafíos que los ha ido obligando a replantear los procesos de  reorganización de sus escenarios culturales 

Este nuevo contexto, caracterizado por la globalización de la economía, de las comunicaciones y de la cultura, está orientado hacia la creación de la sociedad de la información y el conocimiento en la que las industrias culturales juegan un rol fundamental. Como bien lo indica Martín Hopenhayn, lo que hace que este sector se esté convirtiendo “en el sector estratégico de la competitividad, el empleo, la construcción de consensos, el modo de hacer política y la circulación de la información y los conocimientos”

Ya en esta década  se camina hacia la identificación de un sector vivo y vibrante que protagoniza la filiación cultura/emprendimiento/innovación/creación, de la que participan activamente los países iberoamericanos, y en algunos países de Africa, que cuentan con unidades especializadas y una política de internacionalización de su oferta de bienes y servicios culturales, en todos los sectores, desde los de las industrias culturales “tradicionales” (libro, cine, artes visuales, y  audiovisual) hasta los  campos de las artes escénicas y musicales, las artes digitales y ese largo etcétera que abarca la creatividad del sector.

La irrupción de la forma mercado en los procesos de circulación de bienes y servicios asociados al teatro la música y la danza, con interesantes ejemplos y, en el caso de Tenerife, denotan una avanzada mentalidad en propuestas de intercambio y gestión de modelos avanzados para un sector necesitado de innovar sus formas de distribución, con lo que se percibe un terreno abonado para la presencia de un mercado internacional que genere nuevos espacios para la integración sur/sur, y, desde este ámbito territorial generar plataformas para el mundo.

Ahora bien, en un contexto más amplio, el mercado, en general, y este sector en particular, ha tenido como sus características relevantes el que, durante su proceso de desarrollo, los países ricos dependieron fuertemente de la protección del comercio y de los subsidios, que por lo general no observaron las leyes de patentes ni los llamados derechos de propiedad intelectual y que sólo defendieron el libre comercio cuando les reportaba ventajas económicas. Desde este punto de vista, estos países hoy impulsan al mundo en desarrollo para que adopte las políticas que ellos evitaron.

Así mismo, las políticas de los países ricos no sólo incluyeron el proteccionismo y la intervención del Estado, sino también una política de colonización y desindustrialización deliberada del Tercer Mundo, lo que sumado al factor   globalización, generó una desigualdad pronunciada.

Todo esto derivó en el monopolio en la creación y circulación de los contenidos culturales, y la posterior defensa de los mismos en los tratados internacionales, con ventajas oprobiosas, en todos los escenarios del comercio internacional (OMC; GATT; etc).

Por esto pensamos que,  en lo que concierne a la política comercial ligada a las industrias culturales, la historia y “la teoría de las ventajas competitivas” indican que el procedimiento más apropiado sería el de considerar la liberalización del comercio de manera selectiva, a medida que las industrias particulares lleguen a ser suficientemente competitivas en el mercado mundial. 

Este enfoque, ligado a los mercados culturales  emergentes de los que formamos parte,  es válido para un sector en que  los contenidos ligados a la creatividad e innovación son muy fuertes y demandados por el mercado mundial, y que están presentes  en nuestros países con altos niveles de diversidad, aun considerando las asimetrias propias de la nuestro espacio cultural iberoamericano, y de una Africa que sentimos cercana.

MAPAS, aparte de  sumarse  al fortalecimiento del sector en el marco de la política cultural pública de Tenerife, tanto desde el punto de vista presupuestal como desde la perspectiva de la consolidación de los mercados exportadores de la oferta local, se inserta en la realidad de los mercados mundiales y generará espacios para la reflexión en estos contextos.

Bienvenidos a esta II edición de MAPAS, el mercado cultural de Tenerife para el mundo.

 

 

 

“La artes de Latinoamérica viajan a África con escala en Tenerife”(por: Yhonatan Loaiza-Grisales; “El Tiempo”, 31.VII.2018). Es una estructura hipnótica, imponente, que puede verse como una inmensa ola que se recoge tras estrellarse en la orilla. En ella se resguardan varios escenarios y además hay una inmensa abertura que les permite a sus visitantes disfrutar de la vista del apacible océano antes de entrar a ver una obra de teatro, una ópera o un concierto. Es el Auditorio de Santa Cruz de Tenerife, que condensa la tradición histórica de esta isla española ubicada en el archipiélago de Canarias, más cercana a África que a España.

 

 “Siempre hemos sido un crisol de culturas, es decir, en el inconsciente colectivo de nuestra ciudadanía existe un concepto que es el de la plataforma tricontinental: somos geográficamente africanos; política, administrativa, cultural e históricamente europeos, pero emocionalmente somos latinoamericanos”, asegura José Luis Rivero, director insular de Cultura del Cabildo de Tenerife. Curiosamente, al oído colombiano las voces de sus habitantes le pueden recordar más un acento venezolano que el de un europeo.

 

Rivero recuerda que esta isla se ha posicionado como una plataforma estratégica: no solo fue conquistada por España sino que los portugueses pasaban por allí para bordear la costa africana y además los barcos de esclavos de Senegal fondeaban allí para luego continuar hacia Norteamérica.

 

Desde el año pasado, Tenerife busca plantearse como un nuevo punto neurálgico para conectar las artes escénicas de Latinoamérica, África y Europa del sur. Fue así como nació el Mercado de Artes Performativas del Atlántico Sur, Mapas, que acaba de realizar su segunda edición, con una programación artística de más de 60 presentaciones, además de eventos teóricos, académicos y una rueda de negocios. 

 

Al igual que el año pasado, el encuentro se realizó gracias a una alianza entre el cabildo de Tenerife, el grupo canario Una Hora Menos y Circulart, una iniciativa colombiana de desarrollo de músicas latinoamericanos, que cada año produce un mercado musical en Medellín.Gracias a esa estrategia, durante cinco días Santa Cruz de Tenerife brilló como ese crisol cultural que mencionaba Rivero, no solo por las presentaciones artísticas, que en un solo día podían variar de un circo marroquí a una pieza de narración de Burkina Faso a una versión portuguesa de una tragedia griega, sino por la presencia de programadores culturales de varios países. 

 

“Este año el crecimiento realmente fue muy grande en número de participantes, no esperábamos que fuera así, pensábamos que iba a ser un proceso más lento, entonces nos cogió un poco de sorpresa en el momento de la convocatoria, pero luego activamos todo”, cuenta Beatriz Quintero, gerente de Mapas y directora ejecutiva de Circulart. 

 

La programación fue diseñada por Octavio Arbeláez, director de Mapas, de Circulart y del Festival de Teatro de Manizales, quien tuvo que elegir a los participantes de entre un grupo de más de 1100 inscritos. Para el gestor cultural, ese número de interesados se logó por la confianza que genera el modelo Circulart en la comunidad artística internacional.

 

“La convocatoria fue fácil en Latinoamérica, un poquito más difícil en Canarias, y desde luego el trabajo arduo ha sido en África, es decir: darnos a conocer, que entienden el proceso y los beneficios, además de las obvias dificultades que tienen los procesos migratorios de las autoridades españolas con relación al continente africano”, explica Arbeláez.

 

Además de esos retos, Mapas también se enfrentaba a otros rompecabezas logísticos, no solo por la mezcla de teatro y música en un solo evento, sino por el hecho de tener la filosofía de un mercado cultural, que exige una dinámica diferente a otros encuentros.

 

Ahí salió a relucir la infraestructura de Santa Cruz de Tenerife, una ciudad de un poco más de 200.000 habitantes que puso a disposición dos teatros (Guimerá y Sala Granja), un museo, el centro cultural Tenerife Espacio de las Artes y su auditorio, diseñado por el arquitecto Santiago Calatrava Valls, que tiene una sala principal con capacidad para más de 1600 personas y otros tres escenarios externos. 

 

“Históricamente siempre hemos tenido un vuelco directo hacia la cultura. A nivel estatal se pelea lo que se llama el 1 por ciento cultural, es decir, que del PIB se le dedique el 1 por ciento a la cultura, y nosotros (el cabildo de Tenerife) le dedicamos el 5,6 por ciento del PIB a la actividad cultural”, asegura Rivero. 

 

Según el director insular, el eje fundamental de Mapas no es solo contarle al mundo lo que se hace en Canarias, sino que las conexiones entre África y Latinoamérica ocurran en ese sitio. “Nos sentimos parte de esa plataforma sur-sur”, añade.

 

Ahí también aparece de nuevo la historia, pues la influencia de los sonidos africanos en la música latinoamericana es innegable. En esa propuesta musical del continente negro sobresalieron artistas como Nelida Karr, de Guinea Ecuatorial, con su propuesta de fusión entre ritmos tradicionales de su país y jazz, y la cantante camerunesa Lornoar, que sorprendió con su potente voz. 

 

Las artes escénicas, por su parte, revelaron la presencia de una estrella de la escena africana, Hassane Kassi Kouyaté, actor y director de Burkina Faso, que trabajó durante más de 20 años con el legendario director británico Peter Brook. 

 

“Brook no se considera un maestro, no considera haber hecho escuela ni nada, para mí ha sido fundamentalmente una experiencia de vida, filosófica, que va más allá del teatro, en que lo más importante no ha sido el teatro, sino vivir una experiencia con Peter Brook”, asegura el artista.

 

Kassi Kouyaté dirigió en Mapas ‘Le fabuleux destin D’Amadou Hampâté Bâ’, una celebración oral de la obras y las experiencias vitales del escritor maliense Amadou Hampâté Bâ, para la que se inspiró en la tradición de los griot, una familia de narradores orales de África Occidental. La pieza tenía un sencillo pero emotivo dispositivo escénico, que rememoraba el patio de la casa de Hampâté Bâ, en la que un actor y un músico relataban sus historias. 

 

“Tú puedes contratar los servicios de un griot, que venga con un músico y te cuente la historia de un rey, de un pueblo, de tu familia o una epopeya. Hace 18 años que utilizo este método, porque me interesa mucho dar a conocer la historia de otros escritores africanos por la vía del teatro. Y hoy, mucho tiempo después, ese teatro se terminó llamando teatro documental, pero en esa época nunca se me hubiera ocurrido darle ese apellido”, añade al artista africano.

 

Además de la presencia en la organización, Colombia tuvo una presencia clave en las presentaciones artísticas y en las ruedas de negocios. En las primeras, la participación nacional se inauguró con la descarga de cumbia rebelde de Puerto Candelaria, que se presentó en la segunda jornada, en medio de una gira europea que durará alrededor de dos meses. 

 

El grupo que dirige Juancho Valencia logró conectar casi desde la primera canción con el público, pero la clave de las presentaciones en este tipo de mercados va más allá del espectador común. 

 

“Tú generas una estrategia que se construye en base a cuál es el nicho y cuáles son los caminos que querés abrir con ese concierto. Uno inicialmente quiere que le guste a todo el mundo, pero eso no es posible, entonces aprendes a no apuntarle a todas las posibilidades sino a las alianzas que quieres formar. Y tienes 30 minutos para hacerlo en el escenario”, asegura Valencia, quien añade que uno de los objetivos de esta presentación era enlazar con el mercado africano.

 

En la parte musical, también se presentó el grupo Curipira, que cautivó con su exploración de sonidos folclóricos del Atlántico y el Pacífico. En teatro, la cuota colombiana fue ‘Yo NO estoy loca’, monólogo de Teatro Petra escrito por Fabio Rubiano y protagonizado por Marcela Valencia. 

 

Petra de hecho es uno de los grupos colombianos que más gira en el exterior y Rubiano es consciente de la importancia que tiene la gestión en este tipo de procesos. “El presentarse en este tipo de cosas es una tarea que uno también tiene que hacer, a uno le puede dar pereza o angustia, o decir que no está preparado para eso, o que el oficio de uno es hacer obras y no venderlas, pero hay que aprender a hacerlo; si no queremos ser mediocres en ningún campo del teatro, tampoco podemos serlo en este”, asegura. 

 

El director y dramaturgo asegura que las obras del grupo no se están acomodando a las necesidades de los festivales, sino que el objetivo es que a los programadores les interesen tal como están. “Esa era una de las discusiones de una de las mesas redondas que tuvimos: si el carácter curatorial dependía del tamaño de las obras, de la cantidad de actores, del número de tiquetes o el tamaño de la escenografía. Y no, no depende de eso ni puede depender, y en eso creo que hemos sido muy respetados, porque obras grandes han girado con todas las condiciones”, añade.

 

También hubo una nutrida participación de artistas y programadores en las ruedas de negocios. Los Chicos del Jardín, Congregación Teatro, María Cristina Plata, Tubará, el Circuito de Jazz, el Festival de Pasto, la Fundación La Cueva, El Escondite y el propio Petra incluso contaron con apoyo del Ministerio de Cultura.

 

 “Colombia es sin duda el país que está haciendo un mayor esfuerzo institucional para que eso ocurra y eso es un referente para otros países. Hay otros que están diciendo mira la representatividad que Colombia está ganando, mira los esfuerzos que está haciendo y los réditos que eso da a los compañías y a los creadores colombianos, porque están teniendo una alta contratación”, anota Rivero.

 

La Congregación, dirigida por Johan Velandia, el año pasado hizo parte de las presentaciones artísticas con la obra ‘Camargo’. Este año, logró encontrar el terreno más abonado, así no hubiera podido poner en escena su más reciente creación, ‘El ensayo’. 

 

“Hay productores que dicen: ‘este año el festival ya está programado, pero el próximo te queremos tener’. Creo que hay otros tipos de alianzas, encuentros de dramaturgia, participar en producciones en otros países como invitado, o poder pensar en coproducciones o becas. El mercado se amplia de participar con una obra en un festival”, explica Velandia.

 

Y el crisol se amplía mucho más allá, pues Mapas construyó una cartografía llena de artistas que rescataban las músicas o las danzas tradicionales de sus regiones, pero también de aquellos que las llevaban a otros terrenos e incluso de otros que resignificaban clásicos, como Los Colochos con ‘Mendoza’, su desgarradora e ingeniosa versión local de ‘Macbeth’ que ya ha dejado huella en Colombia, o ‘La fiesta del viejo’, una entrañable visión porteña de ‘Rey Lear’. Las olas de las artes seguirán dejando sus ecos en Santa Cruz y la esperanza es que también los lleven a los escenarios de los tres continentes.

 

 

 

“Octavio, el grande…”(por: Alberto Morales; “El Mundo”, Medellín, 08.VII.2018). Sorprende -digo- que existan también Personajes con mayúscula como Octavio Arbeláez-Tobón que, decididamente, no saben quiénes son.

Sorprende que en un país como el nuestro, en donde a fuerza de vulgaridad abundan los personajillos que protagonizan los más variados incidentes apelando al nivel de sus “estudios”, los logros de sus “altos cargos”, la cantidad de dinero que ganan, la trascendencia de su “apellido” o el color de su piel, para enrostrarle a quien osa contradecirles que “usted no sabe quién soy yo”, sorprende -digo- que existan también Personajes con mayúscula como Octavio Arbeláez-Tobón que, decididamente, no saben quiénes son.

Y no digo que Octavio tenga problemas existenciales que le impidan reconocerse, no. Lo digo porque Octavio es un modesto irreductible que camina por el mundo sin una consciencia plena de su importancia y su trascendencia.

Déjeme le cuento. Se trata de un abogado con estudios de postgrado en Filosofía y Marketing Cultural que ha dedicado su existencia al tema de la cultura, analizando, estudiando, dirigiendo, haciendo lo que tal vez nadie más haya hecho por el tema y con un alcance que tal vez nadie sea capaz de igualar. Muy recién egresado de la Universidad, en función de niño prodigio, ya era decano de la Facultad de Artes de la Universidad de Caldas para, muy rápido, llegar a ser no solo el director del Festival Internacional de Teatro de Manizales, que aún hoy sigue brillando con su impronta y su gestión, sino que pasó así mismo por el Ministerio de Cultura de Colombia como director de Artes y desde entonces, sin parar, ya como consultor del PNUD en el área de cultura y nuevas tecnologías, ya recorriendo el mundo como consultor de ministerios de cultura en diferentes latitudes, ahora creando redes culturales que tienen hoy un peso específico a nivel global, o ejerciendo como director ejecutivo de Congresos de Cultura, responsabilizándose del marketing de festivales de teatro aquí y en otros países, se fue convirtiendo en una leyenda viva para los músicos emergentes del mundo ibérico, y construyendo amigos, redes, entidades, teorías, opciones culturales en los más apartados rincones del planeta.

Es un viajero de marca mayor. No conozco a nadie con tal capacidad de acumulación de millas, ni quien te explique mejor, sin ninguna pretensión, cuál es el restaurante en donde se comen las mejores tapas de España y conducirte de la mano por esa callecita que solo un puñado de iluminados conoce allá, en los recovecos de Madrid. No hay quien te hable con la propiedad que él lo hace, de minucias cotidianas de Bahía o de Río en el Brasil, o en las Islas Canarias, o en Barcelona, o en Buenos Aires.

Es un hombre culto, de lecturas sofisticadas y conocedor de nombres impensables que él lee con intuición y te menciona al desgaire y que después descubres que son escritores míticos o pensadores prodigiosos.

Buen conversador desde chiquito, pues lo veo caminando por la calles del viejo barrio de Chipre, allá en la ciudad amada, con los brazos atrás, todo filosófico, mientras explicaba algo de alguno de esos personajes que nos conmovieron en la juventud y de los que solo hablaban los grandes… ¿acaso Heidegger?

Octavio es un problema: buen hijo, buen hermano, buen papá, buen marido, buen tío, buen amigo, no hay por dónde atraparlo, porque su transparencia es también su sello.

Escribe bien. Sus ponencias siempre son impecables, asertivas, decantadas, propositivas.

En los últimos años ha empezado a recibir todo tipo de reconocimientos. No los voy a mencionar todos, destacar tal vez el Premio Glommet (La Red Mundial de mercados de la música con sede en Seúl, Corea del Sur) a la trayectoria en el campo de la gestión cultural asociada a la música, o el de la International Society for the Performing Arts, o el premio Lifetime Achievement Award, para no citar sino tres.

Por estos días se anuncia que el Congreso de Colombia lo va a condecorar con la Orden de Gran Caballero, ¡hágame el favor!

Como consecuencia de su bajo perfil, Medellín desconoce todo lo que Octavio ha hecho por la cultura de esta ciudad. Circulart es un gran ejemplo.

Pero es que Octavio no tiene interés en cacarear nada, él sigue ahí, impertérrito, como sin saber quién es él. Tal vez lo único que lo pone en trance de sentirse un privilegiado, es cuando habla de Aida y de sus hijos. El man es así…

[Ref.: http://www.elmundo.com/noticia/Octavioel-grande-/373064]

 

 

Educación y ciencia según la dirigencia colombiana (por: Ricardo Gómez-Giraldo; ex rector, Universidad de Caldas – Ref.: “El Espectador”, 27.VI.2018).  Discursos espontáneos, expresiones improvisadas y debates desde 1980 hasta 2013 le sirvieron a un investigador colombiano para entender la mentalidad de los líderes políticos en dos áreas estratégicas.

¿Son los problemas de COLCIENCIAS sólo problemas presupuestales? ¿Por qué la educación colombiana está aún lejos del nivel que admiramos en países más equitativos y avanzados? ¿La gran diferencia entre la educación básica pública y la privada, a qué se debe? ¿Qué tan prioritarias son en la agenda pública la ciencia y la equidad educativa? La investigación que hice, y de la cual aquí presento un mínimo resumen, intentó responder preguntas como esas.

En 1992, Diana Obregón, de la Universidad Nacional, presentó un estudio sobre la actitud de las élites colombianas con respecto a la ciencia, desde la Independencia hasta los 1930 y sus hallazgos fueron poco alentadores: poca valoración de la ciencia como factor de desarrollo nacional.  

Mi investigación doctoral, inspirada en aquel trabajo y en el de Merton (quien demostró la creencia generalizada en las soluciones científicas en la Inglaterra del Siglo XVII), pregunta por la mentalidad de las élites políticas y empresariales colombianas entre 1980 y 2013, con respecto a la ciencia y a la educación: lo primero por su potencial para el desarrollo económico y social sostenido y lo segundo por su potencial para generar igualdad social.

Escogí esa época por ser momento de cambios: fin del Frente Nacional, inicio de una economía abierta, nueva Constitución Política, en fin. La fuente de la investigación fueron los debates de la Asamblea Constituyente, los debates del Senado de la República sobre normas de ambos temas: Ley 30 o de Educación Superior, Ley 115 o Ley General de Educación, Ley 60 de 1993 y su contrareforma o Ley de Transferencias de 2001 y Reforma a las Regalías (2010-2012), parcialmente destinadas para Ciencia y Tecnología; también estudié 33 años de actas de la Junta Directiva nacional de la ANDI.

No investigué lo formal (las propuestas de leyes, las constancias), sino los discursos espontáneos, las expresiones improvisadas y lo no dicho durante los debates (agrupado en 1.328 citas), ya que el concepto de “mentalidad” implica tener en cuenta elementos culturales que tienen profundas raices históricas, e indagar el inconsciente con ayuda de la psicología social y las neurociencias. Última aclaración antes de los resultados: “mentalidad” es algo colectivo, no es una manera individual ni aislada de  pensar si no que pertenece a grupos poblacionales. En la Universidad de Heidelberg, por ejemplo, investigan la mentalidad de los presidentes de las compañias privadas en cinco continentes.

Los hallazgos del trabajo son diversos. Primero, se confirman las sugerencias de Mauricio García Villegas y Enrique Serrano: en Colombia hay muy poco interés, por lo menos de parte de quienes (¡oh ironía!) dirigen el Estado, por tener un Estado capaz y eficiente en ciencia y educación. En el fondo, lo que aparece es una manera de pensar propia de cuando se fundaron los primeros poblados en este rincón de América: bastante localismo y falta de ambición nacional –escondida, en parte, en un discurso elemental sobre la libertad-, y casi complacencia con la calidad educativa.

En segundo lugar, y es algo llamativo, la desigualdad educativa se ha naturalizado; a pesar de algunas reflexiones aisladas encontradas y de que algunos empresarios crearon varias fundaciones en favor de la educación, en general no se encuentra una preocupación profunda por la desigualdad educativa del país. También encontré una preocupante fractura social con respecto a la educación y la ciencia: las élites tradicionales están vinculadas principalmente a la educación privada, la izquierda prioriza la protección sindical y que la universidad pública sea espacio político, y a los barones electorales les interesa el presupuesto educativo y científico, y controlar el SENA, para sus propósitos clientelistas.

Encontré también que la ciencia no fue objeto de preocupación de las élites en las últimas dos décadas del Siglo XX algo atado no sólo a la mentalidad sino también, seguramente, al contunio escalamiento de las guerras internas. El interés del Presidente Barco por el desarrollo basado en la ciencia no tuvo eco entre empresarios y políticos (en esto contradigo un estudio del profesor Nupia de Los Andes) y la Misión de los Sabios, cuyo informe fue publicado en 1994, tristemente les pasó desapercibida. Llama la atención que el interés por la ciencia y la innovación se marca entre los empresarios sólo a partir de la mayor internacionalización de la economía, con el inicio de las negociaciones del TLC en 2003 y con la fundación del Comité Universidad Empresa Estado en Medellín, en el mismo año. Para los políticos, la ciencia siguió siendo un tema no prioritario.

Otros hallazgos demuestran el cambio progresivo de las élites colombianas: hasta la terminación del Frente Nacional había una gobernabilidad dirigida por los “Jefes Naturales” de los partidos. En el Siglo XXI ha aumentado la pluralidad entre las élites (por origen social y político), pero también el ejecutivo es más débil: la discusión de regalías para ciencia, por ejemplo, la ganó el interés de los Barones Electorales (participar en el control de los dineros), sobre unas ideas de desarrollo más ambiciosas que tuvo el gobierno Santos. Los que ahora más o menos actúan como “los guardianes del orden” son los tecnócratas: directores del DNP y Ministros de Hacienda, aunque a un costo alto para la ciencia: COLCIENCIAS, para ellos, núnca ha sido prioridad. De hecho, llama la atención el desdén que tiene la dirigencia colombiana con la institución que rige las políticas científicas.

En resumen, hay un camino intenso por recorrer para mejor valorar la ciencia y la educación como mecanismos elementales de construcción de una sociedad y una economía basadas en la innovacIón.

 

 

156 veredas del post-Acuerdo se han beneficiado con servicios de extensión bibliotecaria(por: Red Nacional de Bibliotecas Públicas, BNC; 20.VI.2018)

Cerca de 400 talleres de promoción de lectura y escritura, creación de contenidos locales y apropiación de TIC realizados en diferentes zonas rurales de 13 departamento; un centenar de cineforos a los que han asistido niños, jóvenes y adultos campesinos, y 97 lectores voluntarios formados, hacen parte del balance del proyecto «Bibliotecas Públicas por las veredas y los caminos de la paz».

Esta iniciativa cultural adelantada por el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia, en alianza con el Fondo Nacional del Ahorro, ha beneficiado a más de 10 mil personas, en 18 municipios del país, donde actualmente se reincorporan a la vida civil los excombatientes de las FARC.

Habitantes de inspecciones como La Unión Peneya y Mateguadua, en el municipio de La Montañita (Caquetá); veredas como Santa Fe de Ralito y Batata en Tierralta (Córdoba), y centros poblados como El Piñal en Vista Hermosa (Meta), hacen parte de los más de 10 mil beneficiarios de los 18 municipios a los que ha llegado el proyecto «Bibliotecas Públicas por las veredas y los caminos de la paz».

La iniciativa promovida por el Ministerio de Cultura, la Biblioteca Nacional de Colombia y el Fondo Nacional del Ahorro, ha desplegado un grupo de 11 bibliotecarios desde el pasado mes de  marzo, en 13 departamentos del país, con la misión de llevar servicios de extensión bibliotecaria y actividades culturales en torno al libro, el cine y las nuevas tecnologías, a territorios distantes afectados por el conflicto, y hoy protagonistas en el proceso de construcción de paz que vive el país.

El proyecto ha desarrollado, de marzo a junio de este año, un total de 370 talleres enfocados en la promoción de la lectura y la escritura, la producción de contenidos locales y la apropiación de las TIC. Además, ha permitido que habitantes de estas zonas rurales de Colombia participen en 125 cineforos; espacios de encuentro en los que las  comunidades se reúnen y establecen diálogos en torno al séptimo arte, sus relatos y formas de producción.

A la fecha, el proyecto y sus diferentes actividades, ha registrado 10.071 asistencias de niños, jóvenes y adultos de comunidades rurales, que gracias al liderazgo y gestión del grupo de bibliotecarios, se han acercado a los contenidos culturales y las nuevas tecnologías.

Consuelo Gaitán, Directora de la Biblioteca Nacional de Colombia destaca el aporte de este proyecto en las comunidades rurales del país. «Esta iniciativa –que se originó después de la intervención del Ministerio de Cultura en 20 de las 26 veredas que acogieron a los excombatientes en su proceso de reincorporación a la vida civil, con la instalación de las Bibliotecas Públicas Móviles– es muy importante para el país. El camino de la paz implica años de construcción, y para esto se han impulsado estos proyectos desde las bibliotecas, para que promuevan la reconciliación, la convivencia, la generación de confianza y el desarrollo en comunidades afectadas por el conflicto».

Helmuth Barros Peña, Presidente del Fondo Nacional del Ahorro, se mostró conmovido con el esfuerzo que ha venido haciendo el Ministerio de Cultura y este grupo de héroes, que son los Bibliotecarios Públicos de la Paz que se desplazan diariamente por los territorios con sus «maletas viajeras» cargadas de libros y tabletas.  «Encontramos en este proyecto una causa coherente y adecuada para la responsabilidad social que adelantamos, porque esta iniciativa verdaderamente busca generar unos mecanismos que recomponen a la sociedad desde la cultura. En labores como estas se está gestando la semilla de la nueva Colombia», manifestó durante la presentación del programa en la Biblioteca Pública del corregimiento de Conejo, en Fonseca, La Guajira.

20 Proyectos culturales con enfoque territorial y para la construcción de paz. Uno de los componentes más importantes del proyecto «Bibliotecas Públicas por las veredas y los caminos de la paz» es el desarrollo de 20 proyectos culturales con enfoque rural y en construcción de paz, por medio de los cuales se busca integrar a las comunidades y promover iniciativas impulsadas por los mismos habitantes de las zonas beneficiadas

Este es el caso de la Escuela de Música Vallenata de la Biblioteca Pública de Conejo, un proyecto cultural que busca fortalecer, especialmente en niños y jóvenes, el sentido de pertenencia y la apropiación de uno de los géneros musicales más tradicionales de La Guajira: el vallenato. En este espacio cerca de 30 niños y jóvenes aprenden a tocar los instrumentos musicales insignes del vallenato como el acordeón, la guitarra, la guacharaca y la caja.

Carlos Saldaña Aristizábal, instructor de acordeón de la Escuela de Música Vallenata, señaló que «esta escuela es una forma de recordar en los niños nuestras raíces musicales, nuestra cultura vallenata. Fonseca es un municipio que no es reconocido solo por la agricultura y el campesinado, sino también porque algunas de sus familias han tenido oído musical. Esto es algo que ellos llevan en la sangre. Por eso, hemos querido aprovechar este proceso de paz, que se ha venido gestando a través del Gobierno, y las oportunidades que han llegado, para impulsar a los niños para que ellos aprendan a tocar un instrumento musical, porque sabemos que si tocan un instrumento es más viable que se conduzcan por un buen camino».

Como este proyecto, actualmente se ejecutan 19 más en los municipios y en las veredas donde se reincorporan a la vida civil los excombatientes de las FARC. Se destacan iniciativas como la «Escuela de Música Así suena la paz» en Gallo, Tierralta (Córdoba);  «TIC y desarrollo humano en comunidades rurales», que se lleva en Remedios (Antioquia); «Entre los arrullos del río Arauca y los sabores del cacáhuatl», en Arauquita (Arauca); «Murales de nuestra tierra» en La Paz (Cesar); «Bibliotecaritos de la paz» en Mesetas (Meta), entre otros. 

Sembrando Lectores. «Bibliotecas Públicas por las veredas y los caminos de la paz», tiene como propósito, además, la formación de lectores voluntarios en las comunidades beneficiadas. A la fecha el proyecto ha convocado a 97 lectores voluntarios que se han formado o se encuentran en el proceso; personas de las comunidades rurales y  miembros de los Grupos de Amigos de las Bibliotecas (GAB), quienes serán los encargados de desarrollar nuevos servicios bibliotecarios y extenderlos a más veredas.

De este grupo de 97 lectores voluntarios, 38 ya han sido certificados con 50 horas de formación; lo anterior, en municipios como La Macarena, Vista Hermosa  y Mesetas (Meta), Planadas (Tolima), San José del Guaviare (Guaviare) y Tierralta (Córdoba).

«Buscamos que estos nuevos lectores desarrollen actividades de extensión bibliotecaria, movilicen las ‘maletas viajeras’ y continúen llevando los libros y el conocimiento a estos territorios, con el propósito que en esos lugares queden instaladas las capacidades para seguir promoviendo la lectura y la cultura como pilares para la construcción de un mejor país», señaló Henry García Gaviria, Coordinador del Proyecto desde la Biblioteca Nacional de Colombia.

Las Bibliotecas Públicas Móviles ‘Leer es mi cuento’. El principal aporte cultural en la implementación del Acuerdo de Paz, lo constituyó el proyecto Bibliotecas Públicas Móviles ‘Leer es mi cuento’ que, tras una inversión de dos millones de dólares, instaló 20 de estas bibliotecas en las veredas donde los excombatientes dejaron las armas y se reincorporan a la vida civil.

En 2017, las Bibliotecas Públicas Móviles beneficiaron a más de 249 mil personas, entre excombatientes y habitantes de comunidades rurales, y lograron extender sus servicios bibliotecarios a 176 veredas del país, generando un impacto significativo en el capital social de estas poblaciones.

Las Bibliotecas Públicas Móviles son una de las acciones del Plan Nacional de Lectura y Escritura ‘Leer es mi cuento’, la principal apuesta del país liderada por el Ministerio de Cultura, en conjunto con el Ministerio de Educación Nacional, y que se ha propuesto hacer de Colombia un país de lectores. Según los resultados de la Encuesta Nacional de Lectura 2017 realizada por el DANE, en las cabeceras municipales, los colombianos leen un promedio de 2,9 libros al año, incrementando la cifra de 1,9 libros leídos para 2014. Así mismo, la población lectora de libros de las cabeceras municipales leyó, en el 2017, un promedio de 5,4 libros al año, mientras que en el 2014 esta misma población leía 4,2 libros al año.

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Edición No. 186