Noticia desde el Norte de Suecia
Se inicia mi aventura polar, llegar a más de 60 grados de latitud norte, en Suecia, el país de las tres coronas, con mucha expectativa lógicamente. No se cruza el círculo polar tan frecuentemente como cruzar la tienda de la esquina.
El tren nos lleva a Lapland, región acogedora, con grandes depósitos de minerales, que nos marcan el inicio de todo cuanto llegaremos a descubrir.
Los días continúan y me permiten aprender, entre otras cosas, cómo descender esas blancas colinas con equipo apropiado y con mayor destreza cada vez. Interesante experiencia. Las noches nos traen además un espectáculo nunca antes visto, inicialmente las luces artificiales de la ciudad encandilan nuestros ojos; escapar de la civilización y acercarse al bosque ayuda a cumplir con nuestro objetivo. Nuestros ojos se adaptan entonces a la oscuridad de la noche, nos encontramos con un cielo estrellado pero diferente, algo nunca antes visto, como si aquello que dio origen al universo estuviera jugando con ese inmenso papel negro con puntos blancos, usando un pincel con tinta de un color único, tan único como el acontecimiento mismo. Figuras de un azul verdoso acompañan las estrellas en este juego estelar, nuestros ojos se deleitan con figuras que no se repiten y que cada minuto son diferentes, las famosas aureolas boreales, inmensas, únicas, se encuentran frente a nuestros ojos. Acompañado de mi cámara, intento captar este inolvidable momento. El frío de la noche y los dedos doliendo de mala manera no impiden hacerlo. El espectáculo estelar es algo imposible de describir, un acercamiento al infinito, a ese infinito que veo ante mis ojos.