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Conferencia al recibir la exaltación de «Miembro Honorario de la Academia Antioqueña de Historia»

Muchas reflexiones suscita el aniversario de una institución que cumplió 116 años de vida, cuya misión principal es estudiar y divulgar la historia y la historiografía de Antioquia, así como su relación con las historias nacional, latinoamericana y universal. Sorprende que el establecimiento de la Academia Antioqueña de Historia precede en el ámbito nacional al surgimiento de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y en el regional al de la Sociedad Antioqueña de Ingenieros y Arquitectos.

Pero sorprende más que un mes antes de su constitución ocurriera la separación de Panamá, el acontecimiento más trascendental de la política exterior del país, y que un año antes terminara la guerra de los Mil Días, la más terrible de nuestras muchas confrontaciones civiles durante la república. Debemos encomiar a aquellos fundadores de la Academia que, en medio de las consecuencias de un país devastado y disminuido en su territorio, deciden que la crisis exige una respuesta inmediata, y por ello se agrupan en una entidad destinada a “contribuir por medio de la Historia que nos es común a la conservación de la unidad nacional, que ha sufrido rudo quebranto…”, tal como dice el Acta de Instalación de aquel 3 de diciembre. Anotemos que la mención con respecto a la unidad nacional tiene en la actualidad urgente pertinencia, ante la necesidad de acuerdos generales sobre principios y reglas que propicien la convivencia y la discusión sobre el futuro del país.

Poco después, hacia principios de 1905 aparece el Repertorio Histórico, la publicación oficial de la Academia que hoy llega a 193 ediciones, y en cuyo número 2 del mes de febrero de dicho año encuentro unos hechos de interés. A raíz de una polémica que se agitó en los primeros años de vida de la institución, el en ese entonces presidente de la Academia y parte central del debate, don Tulio Ospina, señaló en un luminoso pasaje que el estudio de los hechos históricos requiere investigación seria con fundamentos científicos, actitud crítica y el necesario empleo de los archivos. Para el efecto, critica un libro histórico que no contiene citas y que establece hipótesis histórica sin mencionar los documentos en que se funda. Vemos aquí un claro antecedente conceptual de la llamada Nueva Historia de Colombia que muchas décadas después vendría a sustituir entre nosotros las versiones oficiales y superficiales del pasado. Para mí es un descubrimiento, pues don Tulio Ospina fue el principal artífice en la creación y desarrollo inicial de la Escuela de Minas, mi alma mater.

Gracias a los buenos amigos que tengo en esta Academia, en los últimos años he venido familiarizándome con las actividades de la institución, muy en especial con respecto a significativas publicaciones pulcramente editadas. El informe presentado por la junta directiva sobre el período 2018-2019 incluye lo realizado en materia de foros conmemorativos, conferencias, conversatorios y publicaciones, todo lo cual denota un dinamismo difícil de encontrar en entidades similares, para lo cual ha sido importante el liderazgo de su presidente, don Orestes Zuluaga Salazar.

Hoy más que nunca es transcendental el estudio de la historia, a pesar de esa desafortunada afirmación de Francis Fukuyama sobre el fin de la historia y de las luchas ideológicas, pues consideraba él que ante el colapso del comunismo había triunfado en el mundo la democracia liberal. Al contrario, considero que, mientras existan seres humanos, habrá historia, historia siempre nueva pues ésta nunca se repite. Debemos estudiar el pasado para tener claves que nos ayuden a entender el presente y nos faciliten la elaboración de escenarios de futuro. Escribe el gran historiador David McCullough que la historia es una guía para navegar en tiempos de peligro, y que ella expresa quiénes somos y por qué lo somos de cierta manera. En otras palabras, yo diría que somos lo que hemos llegado a ser.

Reitero la necesidad actual de estudiar la historia ya que debemos tratar de esclarecer de dónde provienen el malestar y la protesta que recorren el mundo,  al igual que su frecuente concurrencia de violencia y caos, tendencias ambas que acaban de ocurrir durante recientes días en nuestro país.

Al tener en cuenta los antecedentes y comentarios mencionados, fui sorprendido cuando se empezó a considerar la posibilidad de vincularme a esta antigua Academia. Mi respuesta inmediata fue un lugar común: no creo que califique porque no tengo título de historiador. La respuesta que recibí entraña una lección: no nos interesa el título, sino una obra.

Tanto mi familia como yo mismo recibimos con profundo agradecimiento la decisión de la asamblea ordinaria que me permite hoy posesionarme como Miembro Honorario de la Academia; espero poner a su servicio los pocos méritos y capacidades que pueda tener al respecto.

Aprovecho el momento para referirme a un tema que puede ser de interés para la Academia. Durante mis estudios sobre Alexander von Humboldt y Francisco José de Caldas, así como con respecto al contexto histórico de los años previos a nuestra independencia de España, he encontrado repetidamente la figura de don José Celestino Mutis. Español por nacimiento y formación, se volvió neogranadino por adopción, pues pasó entre nosotros 47 de sus 76 años de vida. Considero que su muy notable influencia científica y cultural en la Nueva Granada exige mayores estudios. En efecto, comenta el historiador Renán Silva sobre los textos escritos por Mutis:

Ignorados en su exigencia de análisis y jamás evaluados en el marco estratégico de las luchas en que se produjeron, aún seguimos hoy sin poder distinguir con claridad el papel de esos textos en la transformación del espacio cultural de la segunda mitad del siglo XVIII en la sociedad neogranadina. Como seguimos también sin saber qué pueden hoy decir a nuestro presente, si es que aún algo pueden decirnos.” (Silva, 2005, p. 51).

Así mismo, el académico Luis Carlos Arboleda, al referirse a la traducción parcial y fragmentaria que Mutis realizara de los Philosophiæ Naturalis Principia Mathematica, los famosos Principios, de Newton, afirma:

Al mismo tiempo, el manuscrito nos invita a rescatar la personalidad de Mutis de una cierta historia del pasado periclitado en la que no se hace más que repetir elogios y lugares comunes, y restituirle el papel activo que desempeñó en la formación de la cultura científica colombiana. (Arboleda, 1987, p. 142).

Por mi parte, traigo a cuento tres recientes y bellos libros de la Universidad Pontificia Javeriana que se refieren sucesivamente a Mutis como newtoniano, como médico y como académico. En este mismo recinto me ocupé de dos sorpresas que nos revela un libro, ambas desconocidas por muchos españoles, según pude comprobarlo en una visita a España en 2018. Se trata del libro escrito por Edward O. Wilson, uno de los principales científicos de nuestro tiempo, y el zoólogo español José María Gómez Durán con el título El reino de las hormigas. José Celestino Mutis y la alborada de la historia natural en el Nuevo Mundo (Wilson y Gómez-Durán, 2010). El libro revela y detalla por primera vez otra gran pasión de Mutis: el estudio del comportamiento y la clasificación de las hormigas, una disciplina conocida hoy con la palabra mirmecología y por lo cual puede él considerarse como pionero de la entomología en el Nuevo Mundo. Además, en razón de la amplitud de sus logros científicos y educativos, indica el libro que Mutis puede considerarse como el más importante de los pioneros que sentaron las bases de la botánica tropical de América.

Termino reiterando mi sincera gratitud a la Academia por una distinción que mucho aprecio y me honra, a la vez que expresando mi agradecimiento a quienes hoy nos acompañan y me han escuchado en esta tarde.

Sede de la Academia Antioqueña de Historia. Medellín, 3 de diciembre de 2019

 

Referencias

 

Silva, R. (2005). La Ilustración en el virreinato de la Nueva Granada. Estudios de historia social. Medellín: La Carreta Editores E.U.

Arboleda, L. C. (1987). Sobre una traducción inédita de los Principia al castellano hecha por Mutis en la Nueva Granada circa 1770. En Ideas y valores, Nos. 74-75. Recuperado el 24 de agosto de 2019 de http://www.bdigital.unal.edu.co/22317/1/18905-61594-1-PB.pdf

Wilson, E. O. y Gómez-Durán, J. M. (2010). Kingdom of Ants. José Celestino Mutis and the Dawn of Natural History in the New World. Baltimore: The Johns Hopkins University Press.

 

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Edición No. 192