Perspectiva socrática de la Universidad Nacional de Colombia: testimonio de pensamiento y acción
Nec dubitamus multa esse quae et nos praeterierint; homines enim sumus et occupati officiis
«No dudamos que han sucedido muchas cosas, pero las personas estamos para ocuparnos en nuestros deberes» [1]
Plinio-el-Viejo
Gaius Plinius Secundus: Gayo Plinio Segundo, (n. año 23 y m. año 79 d.C.): Escritor, científico, naturalista y militar latino. Autor de Historia Naturalis (“Historia Natural”), especie de enciclopedia.[2]
¿Qué se pide a una nación, a una época, a la Humanidad cuando se le debe mostrar respeto y admiración? Se le exige que la educación, la sabiduría y la virtud que estén bajo su gobierno estén tan extendidas y sean tan fuertes como sea posible, que aumenten de tal forma sus valores internos que el concepto de humanidad alcance un contenido elevado y respetado.
Wilhelm von Humboldt
En la vida no hay soluciones sino fuerzas en marcha. Es preciso crearlas y vendrán las soluciones.
Antoine de Saint-Exupéry
[1] Versión al español del P. Omar Velásquez, para la ocasión.
[2] “La Historia Natural de Plinio el Viejo es una enciclopedia y ha sido tradicionalmente valorada como tal, primero por la abundantísima información que proporciona sobre su época, especialmente sobre su entorno cultural, pero también por el hecho de que estuviera dotada de un recurso decisivo para facilitar el acceso directo al texto, cuya amplitud era considerable (treinta y seis libros, es decir, treinta y seis rollos de papiro): las tablas de materias, que permitirán a los lectores encontrar aquello que buscaban con relativa facilidad dentro de la extensa obra.” (Ref.:http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:n9h67xVfYjoJ:www.ehu.eus/ojs/index.php/Veleia/article/download/2860/2478+&cd=1&hl=es-419&ct=clnk&gl=co)
Esta intervención hace parte, por generosidad de los organizadores convocantes, de la “Cátedra Patiño-Restrepo”, creada por la Universidad Nacional de Colombia en reconocimiento al Rector admirable, Dr. José-Félix Patiño (junio 1964 – oct. 1966), a quien correspondió orientar la Institución por senderos de modernidad orgánica, de contenidos y de impactante agite en la vida cultural, como heredero de la gran reforma de 1935, en cabeza del memorable presidente Alfonso López-Pumarejo. Y a quien debemos honores en esta sede regional, de Manizales, por haber salvado su existencia en crucial momento: 1964
Trataré de mostrar el impacto de aquella administración, por recordar siempre, en nuestra sede regional de Manizales y asimismo me ocuparé de enunciar unos lineamientos históricos, tratando de hallar el trazo de un cauce común, progresivo, especie de sustrato a la Universidad Nacional de hoy. Hilo conductor que referiré en Sócrates en la punta de su comienzo. Y en continuidad estarán realizaciones inocultables con regencia de personalidades de la talla de Manuel Ancízar, Gerardo Molina, José-Félix Patiño, Antanas Mockus, Guillermo Páramo, Moisés Wasserman… (por citar algunas), y las hipótesis de aventura en un destino de futuro por conquistar.
1. Simiente de Universidad
La Universidad es una institución forjada en la sociedad, para su servicio, como órgano superior de la Cultura, cúspide en la formación espiritual y ética, con vínculos cada vez más intensos entre investigación y docencia, en ejercicio cabal de la libertad en sus propios fueros, que preside la obra intelectual y moral, como creadora de verdad, de belleza y de bien, a la vez que de pensamiento crítico independiente, bajo características de creciente complejidad.
A Sócrates y a Platón se debe el sentido que la Universidad sigue invocando hoy, como posibilidad permanente de la investigación por la verdad, al incorporar el proceder dialéctico como método de conversación, hasta alcanzar la verdad –de ser alcanzable- por la vitalidad y dinámica del debate, en tanto diálogo constructivo.
Hay cualidad que conviene resaltar en la personalidad de Sócrates: su respeto y acatamiento a las normas, a las leyes, más allá de cualquier frontera pensable. Se cuenta que Critón visita en prisión a Sócrates para decirle que sobornó al carcelero con el fin de conseguir su fuga, ante lo cual Sócrates le pregunta con gracia e ironía, si es que conoce algún sitio en el mundo donde nadie se muera. Critón se derrama en justificaciones, y Sócrates replica con sereno énfasis, al hacerle ver que bajo la condición de ciudadano que prestó juramento no puede rebelarse contra la propia patria, y menos sustraerse a la justicia, con elusiones que busquen los beneficios personales. Critón no tuvo capacidad de respuesta y lloró. Ejemplo supremo, en el límite, el de Sócrates, por el respeto y acatamiento de las normas y de la ley.
Sócrates enseñó, y practicó, de continuo. La humanidad está en deuda con él. Enseñó, por ejemplo, que “la virtud no proviene del bienestar, sino el bienestar de la virtud”. También aleccionó: “Conviene no ser injusto, ni tratar mal a nadie, aunque se sufra por su culpa”. Y les pidió a los atenienses al aceptar la sentencia de beber la cicuta: “Atormentad a mis hijos cuando sean mayores, como yo os he atormentado a vosotros, si os parece que se ocupan más de la riqueza que de la virtud, y si creen ser algo, no siendo nada.”
Murió Sócrates, el mejor de los mortales, el más sabio y el más justo, exclamó Critón. Y sus enseñanzas, son ejemplo de vida, siguen gravitando en los ámbitos del pensamiento, como referente de virtuosidad en las personas, las instituciones y la sociedad. [1]
2. Idea ejercida
La Universidad debería ser continuadora, en su vida diaria, de las enseñanzas de Sócrates. Ella es institución, en formalidad, cuasi-milenaria que sigue reposando sobre tres principios fundamentales que vienen desde Bolonia en el siglo XII: 1. La libertad académica de pensamiento, de conciencia, de estudio, de investigación, de meditación y de expresión, para maestros y discípulos; 2. El respeto absoluto e incondicional de los valores intelectuales y científicos como criterio fundamental para la escogencia de los maestros, y 3. El esfuerzo de superación y provisión adecuada de los medios de estudio e investigación necesarios al progreso de la ciencia y la cultura.
Con el antecedente de la Universidad Central, creada por Francisco de Paula Santander en 1826, se establece en 1867 la Universidad Nacional de Colombia, con Manuel Ancízar su primer rector, interpretada para ese momento como segunda madre del hombre, cuna de virtudes romanas, hogar de las ciencias, de las matemáticas, de la química, de la economía y del derecho. Ancízar era un espíritu tolerante que creía y practicaba con mayor consecuencia que sus contemporáneos el libre examen y el pensamiento crítico, al decir del historiador Jaime Jaramillo-Uribe, carácter que se le imprimió a la universidad por excelencia del estado colombiano.
Manuel Ancízar (1812-1882) congregó en la Universidad a la élite científica e intelectual que disponía el país para la época. En la reforma universitaria de 1935 apareció en Colombia el concepto de universidad como complejo de investigación y docencia. Universidad que ha sido reconocida en tiempos más recientes en su ejercicio como crítica, popular, de excelencia académica, democrática y autónoma (M. Palacios, 1986) [2]
Don Agustín Nieto-Caballero (1889-1975), Ministro de Educación y Rector de la Universidad Nacional, en 1924 le adjudicó a la Universidad, y en general a la educación, el papel de “preparar… para una vida útil, intensa y expansiva”, con el llamado a “no dejarnos seducir por el practicismo [pragmatismo]”. Reclamaba también como suprema cuestión universitaria el “levantar el nivel moral y espiritual del estudiante”, por la acción fraterna de educandos y docentes, reunidos en cuerpos colegiados.
Albert Einstein advirtió en 1936 que el papel de la Universidad debe estar en el desarrollo de la capacidad general para el pensamiento y el juicio independientes… El joven debe salir de la Universidad –dice Einstein- con una mentalidad armónica y no como un especialista, y de manera central con capacidad de pensamiento crítico. [3]
La Universidad me aparece hoy como un sueño, como un delirio frente a tantos y tantos problemas por resolver, en los que ella ni siquiera tiene cabida por razón de causa, o por indebida intromisión. La Universidad apareció en la humanidad para forjar conductas, maneras de ser, responsabilidades, generar conocimientos de provecho como razón central, para que la sociedad misma respire mejor, camine, de ser posible, un tanto segura y se aventure a formular preguntas; así la Universidad no recoja frutos en lo inmediato que le satisfagan en esa inquietante vida que la mantiene en vilo buscando sentido para sus propios procederes.
Rodolfo Llinás, el gran científico de la Neurociencia, colombiano de renombre mundial, en sus trabajos para la “Misión de ciencia, educación y desarrollo” (1994), proyecto ambicioso ideado por él a comienzos de los 90, hizo llamado de urgencia hacia la productividad inteligente, la creatividad humana, la promoción de la ciencia y la tecnología en Colombia, factores que conducen al crecimiento económico, la calidad educativa y al bienestar socio-político, en un nuevo proyecto civilizador. Asimismo, Llinás pidió asumir el modelo de desarrollo y la política social para la próxima generación de colombianos, de manera más desafiante, con el propósito de combatir el atraso educativo, el pesimismo, la violencia y la pobreza. No se atendió, tampoco hoy.
La Universidad es, entonces, aquella señal siempre encendida que pregona la negativa rotunda a los dogmas, a favor de la búsqueda incesante de verdades que se nos presentan huidizas, pero por las cuales vale la pena seguir luchando con espíritu inquieto, para la mejor comprensión y para el avance más rápido con resultados que puedan llevarle a la comunidad respuestas para las vidas, y para la permanente exploración por el sentido, y por la oportunidad de goce o de felicidad, de disfrute al compartir. La Universidad, para generar y ejercer conocimientos, tiene que proponerse reunir personas de las más diversas formaciones, con criterio de inter, multi y transdisciplina.
3. La UN en Manizales
Resulta apropiado identificar la historia de nuestra sede regional UN-Manizales en cuatro períodos, con algunos énfasis: El primero comienza en 1948 con la fundación, y va hasta 1964, durante el cual existió un programa curricular, ingeniería civil. Fue período de surgimiento con el ímpetu de dirigencia regional unificada y la visión estratégica del rector magnífico, maestro Gerardo Molina, hasta el arribo a la pubertad. Período que ha sido suficientemente estudiado por la profesora Martha-Lucía Londoño de Maldonado en sus dos libros [4]. Comienza el segundo en julio de 1964, en el rectorado de José-Félix Patiño, del que nos ocuparemos en el siguiente apartado, cuando asume el decanato el ingeniero y arquitecto Alfonso Carvajal-Escobar, quien fue salvación en la existencia de la Sede, por sabia y oportuna decisión del rector Patiño.
Ese período concluye con la muerte en ejercicio del Decano Magnífico, a mediados de 1972. Ocho años florecientes, de intenso trabajo.
El tercer período va de 1972 a 1990, en el cual la Sede conservó sus características, como en especie de período de mantenimiento, sin mayor dinamismo, salvo en el interregno 1974/76, en el fugaz, intenso, agitado y polémico rectorado de Luis-Carlos Pérez, que permitió nuevo cambio en la dirección de esta Sede, con entusiasmo académico y creación, por ejemplo, del área de humanidades, hoy departamento de ciencias humanas, y la primera unidad de investigación, anterior al “Cindec”, bajo el nombre de “Centro Ludwig Boltzmann” [5] (creado por el Prof. Luciano Mora-Osejo, matemático y filósofo), y la realización de una serie de seminarios para el debate de asuntos de la vida académica, como el carácter de la docencia, la necesidad de la investigación, el papel de la matemática en los programas curriculares, etc., acogiendo el ejemplo de Carvajal-Escobar. De igual modo, en ese paréntesis se llegó a un acuerdo con el rector-humanista de la Universidad de Caldas, Dr. Guillermo Arcila-Arango, para fusionar las dos dependencias de extensión cultural, habiéndose creado la OIAC (“Oficina interuniversitaria de asuntos culturales”), de maravillosa y fugaz existencia, que cumplió actividad espléndida con apoyo de entusiastas agrupaciones de estudiantes de las dos universidades, como fue el caso del “Cine club Jorge-Iván López”.
A finales de los años ochenta se pasa de la figura de Facultad a Vicerrectorado, por disposición del Consejo Superior en Bogotá, acogiendo anhelo de años en la Sede, con la creación de dos facultades: “Ingeniería y Arquitectura”, la una, y otra, “Ciencias y Administración”, con las que se abrieron nuevas posibilidades y grandes expectativas. El primer vicerrector fue el Prof. Ing. Jorge Ramírez-Giraldo, de grata recordación.
El cuarto período va de comienzos de 1990 y continúa aún hoy, caracterizado por el ímpetu en el desarrollo en todos los órdenes, con creación de nuevos programas académicos de pre y postgrado, intensificación en la capacitación de profesores, ampliación de la planta docente con especialistas, magísteres y doctores, nuevas construcciones: “Torre de Estancias”, “Edificio de Laboratorios”, “Edificio de Postgrados”, “Auditorio UN” [6], “Biblioteca Germán Arciniegas”…, y adquisición de los antiguos predios del distrito de obras públicas número cinco, recibidos de la Nación, configurados hoy como «Campus-la-Nubia», que alberga del orden de tres mil estudiantes, en inusitado esplendor de edificaciones, con aulas, biblioteca, laboratorios, centros de investigación y de extensión, auditorios, áreas deportivas, de admirable modernidad. Nos correspondió la iniciativa y gestión para la adquisición de esos predios, con la formulación del primer plan maestro (elaborado por el Prof. Arq. Mario Barreneche-Vélez) y su puesta en funcionamiento con recursos que conseguimos en la ley de presupuesto, más una donación importante del exalumno-fundador, ingeniero civil Diógenes Pérez-Mojica (identificado con la matrícula 001, ya fallecido). Tuvimos igualmente la iniciativa y contribuimos en la gestión de la ley que ordenó el impuesto de estampilla pro-universidades Nacional de Manizales y de Caldas, con los consiguientes trámites de Ordenanza departamental y Acuerdo municipal, que han permitido captar significativos recursos aplicados al desarrollo integral. Y la historia ha seguido, con más programas académicos, nuevas y funcionales instalaciones, en los tres campus, con cerca de seis mil alumnos en la actualidad.
El proceso ha sido vertiginoso, con destacados avances en la investigación y en la extensión, con sostenidos esfuerzos en la línea del mejoramiento continuo.
4. Rebeldía estudiantil canalizada por el rector J.F. Patiño
El 28 de mayo de 2014, el diario “La Patria” de Manizales, en la sección “Hace 50 años”, reprodujo una drástica información, que entre otras dijo lo siguiente: “1964… Intervención comunista en la Universidad… Es posible el cierre de la Facultad de Ingeniería de Manizales…” [7]
Es bueno recordar que en mayo/junio de 1964 los casi doscientos estudiantes que éramos de la Escuela de Ingeniería en la Universidad Nacional de Colombia, en Manizales, nos levantamos en huelga, al conocer que en la dirección central se pensaba cerrarla y trasladarnos a terminar carrera en Medellín y Bogotá. Fue una huelga justa, cuyos alcances estuvieron comprendidos y atendidos a tiempo por el recién llegado rector, Dr. José-Félix Patiño (posesionado el 1 de junio de 1964), cuyas reformas positivas impactaron la historia institucional y la educación superior del país. [8]
Las movilizaciones no dejaron de tener visos folclóricos, por la muchachada impaciente, como la consigna del poeta Fernando Ossa, “infiltrado” en manifestación que llegaba a la Plaza de Bolívar, al gritar con repetido vozarrón: “Desayuno de víboras para el decano”. Teníamos un distinguido ingeniero que fungía como Decano de las cinco de la tarde, para esa minúscula institución, en agonía.
Fueron acontecimientos que no ocasionaron ni muertos ni heridos, ni de manera alguna la manifestación explícita, ni implícita, de la “insurrección”. El tiempo ha corroborado la validez y oportunidad de ese movimiento estudiantil, con el único asidero en salvar la presencia en Manizales y la región de la Universidad Nacional de Colombia (la primera en abrir puertas en el centro-occidente del país), lo cual se consiguió por la oportuna intervención del Rector Patiño-Restrepo, quien atendió delegación de estudiantes y dio la señal: levanten el paro, ingresen a clases y en pocos días se hará cambio en la dirección de la Sede. Dicho y hecho. Como los estudiantes pedíamos que se designara Decano al ingeniero de la Escuela de Minas UN de Medellín y arquitecto de París, Alfonso Carvajal-Escobar [9], humanista, profesional de meritoria trayectoria y dirigente cívico, defensor del ferrocarril y del cable aéreo, el Rector lo nombró sin dudar un instante.
Carvajal-Escobar se posesionó el 8 de julio de 1964 como Decano de la Facultad de Ingeniería, que era el nombre de nuestra sede. Y ejerce a cabalidad sus funciones en dedicación exclusiva, por espacio de ocho años, sin reservas de tiempo para emprender la más sorprendente tarea de refundar la institución, con creación de nuevas carreras, en concordancia con las necesidades de la región y en entendimiento con empresarios y la dirigencia de reconocimiento ciudadano, además de la expansión física. Y con apoyo pleno del Rectorado y del Consejo Superior en Bogotá. Creó el programa de Administración de Empresas, con ofertas diurna y nocturna, siendo el único nocturno de la UN. Establece una carrera intermedia, la única que ha existido, en Topografía y Agrimensura, que tuvo solo dos promociones. Luego vinieron las ingenierías Química, Eléctrica e Industrial, y Arquitectura. Rescató las abandonadas instalaciones de “El Cable”, devenidas patrimonio de la UN y de la Nación.
Se creó un rico y sostenido clima cultural, con el establecimiento del llamado con ambición “Departamento de Extensión Cultural”, bajo la entusiasta y comprometida tutoría de Marta Traba, desde la sede central. Se hicieron ciclos de conferencias; surgen el primer cine-club, con proyecciones de 8 y 16 mm, la coral universitaria y el grupo de teatro; se llevan a cabo audiciones musicales, publicaciones de periódicos en mimeógrafo; trajimos la Orquesta Sinfónica de Colombia… Nace la Revista Aleph en 1966 (con 172 ediciones al presente, 49 años de existencia). La biblioteca cobra especial significado, con dotación continua. La cafetería, sitio de diálogo cotidiano de alumnos con el Decano. Los estudiantes con entusiasmo y sintonía rodeamos al maestro Carvajal-Escobar, incluso en iniciativas sociales como fueron la de hacer labor con acciones comunales en barrios populares: Buenos Aires, Galán y El Topacio, entre otros. En el primero abrimos vía de acceso a pico y pala, en el segundo hicimos labores para canalizar aguas negras que corrían por cunetas y levantamientos topográficos, y en el tercero proyectamos la casa de cultura. Además diseñamos redes de acueducto y alcantarillado para naciente barrio en terrenos de “Villa Julia”. Sin ninguna tarea proselitista, y sin mediar motivación económica. Misión humanitaria imbuida por el altruismo, tan perdidas hoy.
Lista larga de recordar de los estudiantes de aquellos tiempos, movilizados con solidaridad y sentido de afianzar en la región a la universidad por excelencia del Estado colombiano, la UN. Gratitud y recuerdo imperecederos al “Decano Magnífico”, Alfonso Carvajal-Escobar. Y al rector José-Félix Patiño, quien marcó, con rápida y sabia decisión, el nuevo rumbo, concretado en esa prodigiosa refundación.
5. Marta Traba, liderazgo cultural de UN
La expresión “cultura” se ha restringido a formas de difusión en áreas distintas a los contenidos de los planes de estudio, y son ellas las que deberían integrar la atmósfera favorable, estimulante, para el desempeño cabal de las funciones primarias de la universidad. De manera genérica y clásica, diríamos: el arte y el humanismo. Hay un ejemplo singular de hacer memoria, cuando Marta Traba (1923–1983) fue directora de Cultura en la Universidad Nacional de Colombia, nombrada por el rector Patiño, en los años 1966 y 1967 (mis dos últimos años de estudiante de ingeniería civil), con inteligencia, y actividad febril. Experiencia que ella sistematizó en ponencia presentada en México en 1972, en la “2ª Conferencia Latinoamericana de difusión cultural y extensión universitaria” [10], con elementos dignos de considerarse hoy para revisar lo que se hace en esos campos, en ocasiones con disparos al vacío. Además, para aclimatar la manera comprensiva de abordar las actitudes cambiantes de los jóvenes, de acuerdo con las circunstancias históricas. Y para intentar comprender las predilecciones de ellos, merecedoras de estimular y de promover en los ámbitos institucionales, con eco en la sociedad.
Marta Traba desarrolla, con soberbia capacidad de análisis y recursos teóricos de admirar, su tesis al considerar que las formas tradicionales de comunicación cultural están en plena quiebra entre los estudiantes, como receptores. Tesis que puede estimarse también válida para estos tiempos. Para ella lo más importante es aceptar que se dan nuevos patrones de belleza, estilo y gusto, en virtud de las cambiantes circunstancias y épocas, con desafíos para asumir a plenitud el pluralismo y diseñar actividades concordantes con esa situación. Asimismo, es necesario también aceptar que los jóvenes disponen de apreciación diferente con métodos distintos.
Relata un contraste de actitudes, en aquellos años sesenta. Gran número de estudiantes protestaron en una ocasión frente al Museo de Arte Moderno contra una exposición de esculturas, por considerarlas “exclusivistas, aristocráticas e ilegibles para el pueblo”. Pero en general los mismos estudiantes estuvieron al día siguiente en el Teatro Colón, lelos y asombrados, en la presentación de unas tragedias griegas, con actuación del grupo de teatro “Piraikon” de Atenas, en lengua que ellos desconocían. Contraste de actitud que Marta Traba estimó de oportunidad para preguntarse el por qué de esa actuación de grupo humano y qué motivos ocultos determinan conductas contrastadas como la vivida por ella, cuando regentaba los destinos culturales de la UN.
En su manera de examinar aquella aplicación, identifica que se da entre los estudiantes una preferencia por lo sensorial, por encima de lo racional, con disolución de estructuras culturales tradicionales. Con penetrante sentido asimila que esa situación se da por cambio de cierto tipo de atención ante un estímulo cultural, pero sin que sea fundamental en la actitud. Cuestión de tomar en cuenta por los planificadores culturales quienes suelen estar a tremenda distancia de las necesidades y preferencias de los estudiantes. Se necesita, entonces, disponer de condición serena, reflexiva y abierta, acerca de las diferencias para elaborar planes y programas que comprometan a los jóvenes de la Universidad.
Para adoptar un talante de esa naturaleza se requiere asumir una total capacidad de servicio, con disposición para investigar lo que ha venido ocurriendo, en el entendido que hay unos “valores culturales” en crisis. Una conciencia crítica, es decir, una mente dispuesta al libre examen, podrá abrir espacios para ese diálogo con fines de reinterpretar el contexto y de formular planes y programas acordes con las actitudes sensibles de la juventud. No todo está perdido, ni más faltaba… Es posible intervenir en la reconducción del camino, y la Universidad debe ser el foco atrayente y multiplicador, con ciencia, arte y humanismo aliados en la ineludible tarea de formar generaciones vibrantes por el conocimiento, la creación y la solidaridad social. [11]
La Universidad, en especial la Universidad Nacional de Colombia como emblemática del Estado, no puede estar al margen de esas oportunidades. En ella debe concentrarse lo más escogido de la intelectualidad, como sector pensante y crítico, portador del humanismo.
6. Poiêsis: clima deseado
Platón en «El Banquete» establece la idea de poiêsis como aquel proceder que permite el paso del no ser al ser, es decir, la creación, y a los actores de ese acontecimiento los denomina poiêtai, es decir, creadores, los poetas. Creación que procede con materiales al alcance: la palabra, entre ellos, para el poeta de la palabra, y otros para el pintor, para el escultor, para el arquitecto, para el músico, para el ingeniero, para el danzante, para el médico, para el científico, para los ejercitantes en general de profesiones y disciplinas. Todos involucrados en la condición de poiêtai, de caber en sus desempeños dosis justa de creatividad, el despliegue de imaginación, el ser recursivos para estudiar y resolver problemas.
Habrá un ingrediente ineludible para sortear el clima de trabajo en la Universidad, que será la poiêsis (ποíησις), con aquel sentido griego de inventar, hacer, producir, fabricar, componer, en la base de lo institucional, para salvaguardar el propio destino, y su sentido. Creación, creatividad, capacidad en las personas y en los colectivos humanos para ingeniar y sortear, para mantener vivo el acicate en descubrir y concretar, en la forma de memoria, los desarrollos que se van logrando. El esquematismo y las formalidades burocráticas reducen aquella opción a la rutina, y a la pereza por entablar cada día nuevos desafíos, con preguntas, con cuestionamientos a lo meramente dado por establecido.
Para redondear este panorama, comparto una mirada que escribió William Ospina para la edición número 143 de la revista Aleph (2007), al recordar conversación suya de 1981 con el filósofo Danilo Cruz-Vélez, en la cual se puso en evidencia una diferencia sustantiva entre las sociedades argentina y colombiana, con el conocimiento que en la primera la cultura tiene [preguntaríamos hoy: ¿tuvo?] un dominio por encima de la política, mientras que en la segunda es al contrario: la política avasalla la cultura, y sustrae a representantes significativos de ella para los ajetreos de la política burda y la burocracia. En esa situación se quiere ver un motivo de por qué estamos como estamos, que Ospina actualiza con estas palabras: “… en Colombia, donde creyeron más en la política que en la cultura, somos rehenes de todas las violencias y el Estado a veces parece querer devorarse a sí mismo. Ya no es el tono de Marcel Proust sino un dialecto de energúmenos lo que enardece y aplaca alternativamente a la sociedad.”
7. Ámbito de Humanismo
Es indispensable a todas luces mover ideas y emprender procesos, de continuo, con capacidad reflexiva, en controversia, hacia la construcción de acuerdos para salvar lo que la Universidad ha sido en un milenio de existencia, con nuestra UN de próximos 150 años desde la primera refundación (la segunda fue cuando López-Pumarejo), y seguir por el sendero que la sociedad le ha tendido, con el fin de mirarse en ella y recibir aliento con visión integral del desarrollo.
El retorno al humanismo como eje de la vida espiritual de la Universidad, heredera de tradiciones, con gusto por la razón y la contemplación, será posibilidad de rescate en el destino de institución imprescindible para una región, un país y el mundo.
En su ensayo «El espíritu nuevo y las universidades», de 1926, nuestro Baldomero Sanín-Cano (1861-1957) se atrevió a incorporar la idea de “universidad libre”, en el sentido de entender que su porvenir es el porvenir de la inteligencia, como tercera opción en el dualismo de la clasificación tradicional que distingue universidad clásica (Oxford, por ejemplo) de universidad técnica o profesional (la alemana, por caso).
Baldomero le apuesta a esta modalidad de universidad libre, dotada de profesores con capacidad de satisfacer la curiosidad intelectual de cuantos quieran acercarse, de museos y laboratorios dirigidos por personal idóneo, actualizados a diario en los adelantos de la ciencia, con bibliotecas que congreguen colecciones científicas y del humanismo para exaltar el «instinto del conocimiento» y estimular el nexo entre la ciencia y la vida, para ennoblecer y hacer menos odiosas las faenas de la cotidianidad.[12]
La concepción de universidad libre, está unida a los compromisos o deberes de profesores y estudiantes en la búsqueda apasionada del conocimiento, con el placer de ir en gradualidad alcanzando metas, con resultados que satisfagan necesidades sociales, o de compromisos de la inteligencia y la sensibilidad, sin la imposición de modelos; más bien con la provisionalidad de ellos.
No se puede olvidar que la Universidad es el ámbito más apropiado para medirle el pulso a los acontecimientos del mundo real, para hacerle seguimiento a las crisis, comprometida en ellas, con la esperanza que en la reflexión pueda encontrarse salida con un nuevo humanismo, involucrado como autocrítica en la técnica, y como examen otra vez del ser que caracteriza la condición humana, con la busca de su sentido, o en reelaboración de su papel en el mundo. Problema que con agudeza estudió nuestro filósofo mayor, Danilo Cruz-Vélez, quien nos ha hecho ver que en épocas de crisis caduca el sistema de referencias del mundo en el que actuamos, pareciendo flotar en el aire sin creencias ni convicciones. Apreciación que se actualiza en conferencias sobre el Otro impartidas en Viena (2004) por el Heródoto moderno, Ryszard Kapuściński (1932-2007), quien favorece apreciación análoga de ser este, en la época actual, un mundo desprovisto de puntos de referencia, que conduce a las personas a sentirse perdidas, dando lugar a surgimiento aterrador de sectas, nacionalismos y xenofobias [13].
Pero si el desarrollo de la técnica ha puesto en peligro el conjunto de la vida en el planeta, con la amenaza creciente de armas nucleares y la destrucción antrópica del medio natural, surge la urgencia en abrir paso al examen desde la técnica en la reconducción de su destino, con un nuevo humanismo, de ética renovada, que comprometa a los seres pensantes en la salvaguarda de mejores opciones para la naturaleza biodiversa y variopinta. Y esa posibilidad de acometer el estudio de la esencia de la técnica, debe estar en manos de grupo humano selecto congregado en la Universidad.
8. Universo metafórico de ‘el estudiante de la mesa redonda’
La poiêsis es instrumento de echar mano, porque está en el alma, en la esencia de la Universidad. No de otra manera subsiste ella, en condiciones de preservar mentalidad abierta, en sintonía con la historia, con los temas candentes de cada época, y con premisa de crear y desarrollar, en medio de dudas, hasta de quebrantos, pero con gradual avance. En el mismo sentido de poiêsis está el compromiso de hoy por la innovación, con la oportunidad –como lo advirtió el profesor Moisés Wasserman- de llegar a ser innovador quien entrena su mente para imaginar lo que aún no existe.[14] Por consiguiente, la Universidad debe adecuar sus sistemas pedagógicos y de investigación para entrenar a las nuevas generaciones, con sentido de salto adelante, en procesos incesantes de reforma, con la responsabilidad de la poiêsis, el arte en su quehacer, la herramienta más favorable para crear e innovar.
Desde su origen, en Bolonia, con sus tres principios esenciales que vuelvo a referir: libertad académica, respeto absoluto, y esfuerzo de superación, la Universidad tuvo esa pretensión: formar para el mejoramiento de los seres humanos con orientación hacia los más altos ideales.
Germán Arciniegas (1900-1999), artífice y oficiante de la metáfora del estudiante de la mesa redonda, en su informe de 1933 sobre la Universidad colombiana, planteó que no es posible tener universidad si no existe un ambiente de Cultura, «si no hay grupos formados de amigos del saber que hayan hecho de esta amistad la disciplina de su vida.»
La idea de «universidad libre» planteada por Sanín-Cano concuerda con la de Arciniegas y del filósofo italiano-argentino Rodolfo Mondolfo (1877-1976), quien considera que las universidades públicas, en una sociedad democrática, deben preocuparse por formar «ciudadanos independientes y responsables, moral e intelectualmente,… dirigidas en su actuación únicamente por la preocupación del bien social y por el anhelo del progreso cultural…»
Con este referente, y al calor también de los estímulos de Marta Traba, escribí editorial en la edición número uno de la “Revista Aleph”, siendo estudiante universitario, en 1966, que reproduzco a continuación, en aparte fundamental:
… La Universidad es… la asociación de educadores y educandos, unidos bajo el interés común de conocer el mundo y, ante todo, de adquirir a través de la Cultura una imagen de su propia condición, de su propio valer… /… Si antes la Educación era el síntoma de las circunstancias en que se encontraba la sociedad, hoy la tendencia ha de ser la Universidad como fuente inagotable de transformación…/… Se debe entender la Universidad como centro de avances científicos y de perfeccionamientos humanísticos…[15]
Y en estas utopías continúo, confiado en el mejor destino de nuestra patria, con la Universidad comprometida socialmente, en sintonía con las grandes ambiciones espirituales de la Humanidad. En mi propio actuar ha estado presente la metáfora del estudiante de la mesa redonda, por el compartir de libre examen, al amparo de la única esperanza de sembrar ánimo frente a los retos agudos de cada día.
El hilo conductor, creo, está marcado por Sócrates – Bolonia – Humboldt [16]…, con el acento hispánico en la Institución Libre de Enseñanza (España; segunda mitad del s. XIX) – El Ateneo de la Juventud (México; 1910) – Córdoba 1918 (Argentina) – López-Pumarejo (1935, Colombia) – Gerardo Molina (1948) – José-Félix Patiño (1964) – Antanas y Páramo (en la década de los 90)… Ahí está el espíritu vivificador de la Universidad en nuestro tiempo, en especial el de la Universidad Nacional de Colombia.
Una forma simbólica, y por qué no también práctica de rescatar la vida intensa de Universidad podrá ser acudiendo a la sugestiva interpretación de Jorge-Luis Borges, cuando aludió a la existencia de un universo sin espacio, por ejemplo uno hecho de conciencias, de almas, de música y de palabras, a quien le resultaba imposible concebir un universo sin tiempo y eterno.
He ahí el más claro llamado a la esfera o estadio de trabajo que puede ser la Universidad, un sitio privilegiado donde se perciban aún los dardos del universo y de la sociedad, pero que en ella se aliente ese conjunto integrado por conciencias, almas, música y palabras.
De esta concepción pudiera salir el mejor ejercicio de ella, alumbrando el tortuoso camino de la sociedad, que la reclama comprometida y actuante.
Gracias. Y gracias en ramillete, de nuevo, desde el corazón y el alma, al Dr. José-Félix Patiño, a quien se debe, con su firme decisión en momento crucial, el que la sede regional UN-Manizales exista hoy, y estemos aquí, laboriosos, acompañándonos.
[1] Un texto de fácil acceso para estudiar la defensa de Sócrates es: “Diálogos”, de Platón, que incluye la “Apología de Sócrates”; colección “Los grandes pensadores”, Ed. Sarpe, Madrid 1983. Y en complemento: A.F. Taylor, “El pensamiento de Sócrates”, colección “Breviarios”, Ed. Fondo de Cultura Económica, México 1985 (4ª. edición).
[2] El pensador Rafael Uribe-Uribe proclamó que la UN “debería ser siempre nacional, moderna, actual y evolutiva, experimental y unificadora.”
[3] Con base en su disertación en Albany, Nueva York, el 15 de octubre de 1936. Cfr.: Albert Einstein, “Mis ideas y opiniones”, Antoni Bosch, editor; Barcelona 1981 (3ª. impresión); p. 56
[4] Martha-Lucía Londoño de Maldonado: “Encrucijada de itinerarios posibles – Surgimiento de la universidad en Caldas” (Ed. Universidad Nacional de Colombia, Manizales 1996); “1948 – 1972 ¡Camino abierto! – La Universidad Nacional de Colombia en Manizales, pionera regional”, 2 volúmenes [Ed. UN-Manizales, 1998 (vol. 1) y 2004 (vol. 2)]
[5] En memoria del físico austríaco Ludwig-Eduard Boltzmann (1844-1906), con aportes, en especial, en la mecánica estadística y en la teoría cinética de los gases, campos de anticipo a la teoría Cuántica. Autor de la reconocida “Constante de Boltzmann”, base de la Termodinámica, y de la ecuación matemática de la entropía (S = k.logW)
[6] Con gestión y entrega definitiva de los predios, antes en comodato, que comparten también el laboratorio abierto de modelos hidráulicos y el museo de la ciencia, por parte del MEN, en momento de mi desempeño como Ministro encargado de esa cartera.
[7] En un párrafo de ese registro se dice: “Una contraofensiva a la Operación Cívico-Militar de Marquetalia son los actuales movimientos de agitación universitaria. Y están coordinados por el comunismo. En Manizales se ha descubierto la clave. La denunciamos para que el gobierno tome las medidas que crea conveniente y para que no siga en actitud contemplativa ante los acontecimientos.”
[8] J.F. Patiño estableció el diálogo en la UN “como una política encaminada a colocar al estudiante en contacto reflexivo con los problemas y valores de su país y a establecer el diálogo para la libertad de análisis… fundamentada en sólido sentido de responsabilidad y de respeto…” (CSU, Acta No. 36, 10 de noviembre de 1964)
[9] Por sugerencia del ingeniero civil, exalumno de una de las primeras promociones, Efraín Romero-Alarcón, ya fallecido.
[10] Contenida en el libro “Marta Traba en facsímil”, de la colección: “Apuntes maestros”; Ed. Rectorado, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá 2014. Edición que estuvo a cargo del Prof. Dr. Fernando Zalamea. ISBN 978-958-775-014-0; pp. 53-66. Fernando Zalamea califica a Marta Traba, en el “Postfacio” (pp. 138-139), como “figura imprescindible del acervo cultural de nuestra Alma Mater [la UN]”, y lo termina con las siguientes palabras: “Confiemos en que su ejemplo de trabajo y superación nos provea una mejor orientación, en momentos en donde la burocracia académica tiende a perder sus luces y a olvidar la altura de sus Maestros.”
[11] Interesante tomar en cuenta dos apreciaciones de valiosos intelectuales nuestros, académicos de alta formación, con voz pública, quienes opinan en los siguientes términos: “… sigo pensando que las universidades deben convertirse, urgentemente, en espacios de resistencia cultural. Es allí donde puede producirse otro tipo de subjetividad, crítica, pensante y analítica.” Fernando Cruz-Kronfly (En entrevista de Fabio Martínez, 2014, difundida por NTC, 0.3.2015) – “Los países que prosperan son aquellos que asignan sus recursos a educar toda su población en las ciencias y las humanidades, que combinadas permiten innovar en todos los sectores de la economía.” Salomón Kalmanovitz (En columna de “El Espectador”, 04.I.2015)
[12] En: «Indagaciones e imágenes», Ed. Colombia, No.22, Bogotá 1926
[13] Cfr.: R. Kapuściński. Encuentro con el Otro. Ed. Anagrama, Barcelona 2007; pp. 29-71
[14] Moisés Wasserman. Conferencia en los 140 años de la Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, 19 de septiembre de 2007. Agencia de Noticias UN
[15] Carlos-Enrique Ruiz. ¿Qué es eso… de Universidad? Revista Aleph No.1, Ed. Universidad Nacional de Colombia, Manizales, octubre de 1966; pp. 4-5
[16] Wilhelm von Humboldt (1767-1835) habló de “altos planteles científicos” como eufemismo de Universidad, y les adjudicó tres objetivos o metas: ser la cúspide, en especie de cultura moral, destinados a elaborar la ciencia en el sentido más profundo, y a entregarla como insumo en la formación espiritual y moral, no de manera intencional, pero sí de manera adecuada. Cfr.: Rudolph P. Atcon. “La Universidad Alemana – Su transformación estructural” (“ECO, Revista de la Cultura de Occidente”, Bogotá 1966)