Poesía argentina contemporánea
Isla Tortuga
Me despierto feroz esta mañana,
con ganas de amor y desayuno de campo.
Me apodero de la ciudad
abandonada a los pájaros como un
pueblo costero después de una tormenta,
y pienso en lo que queda:
un promontorio,
un refugio áspero al que visita
un cartero con la bolsa vacía
y juega a los dados en la penumbra de la
cocina.
No espero nada del verano.
No espero nada del poema.
Hay que pintar esa puerta herrumbrada
y contarme algún cuento de cuando
los piratas eran serios, señores de palabra
seca
y corazón ablandado como una ciruela
dentro del jarro de ron.
(de “Rojo junio” )
El buzón
Detrás del vidrio el buzón se comporta como un
testigo mudo.
Jamás podrá hablar de este íntimo mensaje, escrito
en la galería dela cordura: una flor helada
(como los reproches)
creciendo en silencio hacia un enigma.
Hay un imán en el papel, un espejo,
una confianza translúcida avanzando con la tarde.
Va en busca de la noche, de su palidez de claustro
en la aventura de contar la historia:
esa guitarra que nunca toqué, la voz del coro, no la mía.
Nunca vi a nadie echar una carta en ese buzón.
Y yo podría hacer de la espera de ese gesto
la tabla de salvación, podría convertirlo en un destino.
Una rebelión más confiable
que mis golpes contra las paredes en hoteles de paso
y la promesa renovada de borrar mi nombre.
He vivido de gestos como éste,
he sido cómplice de animalitos huraños
que sólo me daban su aliento aferrados a lo real
como una ráfaga oscura.
De “El muelle”
Luis-María Sobrón
I
¡Oh! Claro día, aquel,
que sentíamos al amor agonizando,
por la certeza de vivir creyendo.
Se fugó el día de los encantamientos
cuando se inauguraba el nuevo día
sin palabras, sin memoria que nos uniera
al juego de lo que ayer fue,
paralizando el recuerdo.
Raro tiempo de los encantamientos
cuando creíamos en la verdad:
respirar la esencia del Ser,
sin falsedad ni sospecha.
En el transcurso de los itinerarios
la vida construyó la invisible coraza,
coraza que el designio abrió
con mágicos dedos,
en las irisadas aguas de mi mar-océano.
En esa inmensidad, embriagada
por la fina piel que lo cubre,
indago cada día
el lúdico crepuscular de una respuesta.
II
¡Oh!, mar
cuántas ausencias despierta
el mundo coral
donde mora tu espíritu.
Penetras
el secreto vientre del océano
cubriendo con una red de astros
la impasible vigilia.
¿Cómo encuentras la tregua
en el vacío
que la tentación conjura?
¡Oh!, mar impredecible,
guía tu inmanente nombre
a submarinos mapas,
donde el agua nocturna
es borde del ave que talla el silencio.
Oscar Portela
Fragilidad
dedicado a Sabine
Eres el Ángel. Estas aquí, encarnado.
Junto a mí. Eres mi abismo.
La frágil belleza que lo destruye
Todo. Tus manos no son Manos.
Son las Ligeras Alas que el viento
Agita sobre la tierra árida
Desposada a mí llanto.
Si lo supieras, ese saber también podría
Destruirme. Ni un instante siquiera
Podría soportarlo. Es el ámbito
Donde el abismo busca el Éter y ambos
Sellan un nuevo pacto.
Mi corazón estalla. ¿Como un mortal
Podría soportarlo? Encegueciéndose.
Pero en tinieblas veo estremecerse
Todo lo que a tu paso siente
La presencia del Ángel.
Imposible fue y será soportar la
Medida deste infinito que sopla aquí
A mi lado. Insomnio Eres Tú.
Deja que éste mortal consuma
Sus temores violáceos y vuelque sus
Cenizas en honor de tus Alas.
Miguel-Angel Federik
Niña del Desierto
‘-Si no hay para ti un lugar en el mundo,
yo te llevaré en mis ojos.’-
Cuanta materia de realidad futura -me dije- habrá en los ojos
de esta niña
que no pude ver bien, parada en la arena del desierto
o parada en el fondo naranja de la pantalla de CNN en español
al borde de la carretera que sube desde Az Zubayr a Basora,
o que baja a los infiernos de Bagdad, que ahora es un infierno,
y hago aqui unos puntos suspensivos porque una vez hubo
jardines en Bagdad
y esta niña parada entre mujeres vestidas de negro tiene la
edad de aquellos jardines
y ve pasar tropas camino de Bagdad como si viera por primera
vez otro mundo,
ya que es el otro mundo el que ahora está pasando frente a ella
parada en el resplandor dorado de las arenas de este día de la
primavera boreal,
mientras voy al mapa del diario de hoy : 23 de Marzo de 2003
para fijar exactamente,
con precisión poética y felina el sitio exacto en que la ampara la
sombra de mi dedo
que ya sabe que una vez en Bagdad hubo jardines verdes y
dorados
y leones de mosaico, celestes y dorados, protectores de templos
o de tumbas
y es imposible vivir en un desierto ignorando que los leones
verdaderos
son celestes y dorados y esta niña en el camino de Az Zubayr
a Basora,
guarda en su pupila el ojo de la aguja y ve pasar camellos
solamente
como quien hiciera de su mirada la otra puerta de la historia.
Los leones son celestes y dorados porque cuando eran celestes
y dorados
en el mundo real había leones de azafrán y de canela
y una niña real no puede vivir en un mundo de leones reales
ni con la imagen de ejércitos pasando eternamente por su mirada,
porque los leones reales nunca fueron de azafrán o de canela
sino celestes y dorados y una niña tiene la mirada de una niña
y una niña parada en el desierto es una niña parada en el desierto
cuya mirada quiero que se conserve en este poema
puesto que si esa mirada hubiese desaparecido antes de este
poema
nunca hubiese habido leones celestes y dorados
y tampoco hubiese visto nunca a esta niña de oro parada en el
desierto.
Cuanta materia de realidad -futura como toda realidadestá
mirando esta niña -me dije- porque de esos ojos cegados
por la luminosidad enemiga que cargan estos carros de guerra,
saldrán canciones, novelas o biografías que harán del mundo
este mundo
y que me gustaría leer otro domingo de mañana y en la paz de
mi provincia
-y que sinembargo ignoraré para siempre por una cuestión de
edadpero
sabiendo contra todo pronóstico o gnoseología
que los leones son celestes y dorados porque son celestes y
dorados
y no hay poder real que pueda derrotar la ultra realidad que
pasa
de tal modo en los ojos de esta niña parada en el desierto,
entre mujeres de negro de la cabeza a los pies paradas en el
desierto,
porque la poesía ha sido siempre una niña parada en el desierto
y una niña parada en el desierto es suficiente testigo de su
mirada.
Jorge Sánchez-Aguilar
“Me dejo estar sobre la tierra
porque soy el gozante.”
Manuel J. Castilla
1
estar en el mundo/ pero no para quedarse
reposando en el solo sol
y en la vida pasada por sangre
fundamento/ tierra por descubrir/
o mejor/ para acuñar la vida/ inválida de ella/
o estar en pie/ con el nombre verdadero/
o en palabra-vida entre los rehenes del día/
cuerpo de temblor
sentado sobre vivos y muertos
estar en la inminencia/ siempre está llegando/
buscada piedra/ sentado sobre ella/
haciendo hilachas el absoluto/ inválido
productor de insomnio/ o sueños
fundar/ no un desgarramiento/
sino un amor que no olvida y sufre/
encontrando el modo de suprimir los biombos/
y aún las máscaras
a Graciela Maturo
2
y allí están las orillas
a un palmo del deseo
y a veces no se excitan
los extremos del puente/
ignorando tal vez
que no existen los extremos/
sólo hay un extremo expectante
en el centro del corazón
lugar de la soledad
desde donde voló
el alma desnuda
en vida desnuda
estar en el mundo/
pero estar afuera/
sin saber que pisamos
una nueva manera de estar
que nos reclama
a Perla C. Chocron
(Del libro “Estar en el Mundo”)
César Bisso
Malinche
En la borrascosa noche de Tlaxcala
serpientes del oráculo revelan
signos que mis dioses no comprenden.
Junto al lago donde anida el dolor
relucen los pájaros de la lluvia.
Delirio de ardorosos bárbaros
vinos bermejos que auguran la muerte.
Bajo el volcán de profetas y demonios
muerdo el desabrido pan del deseo.
Menos a ti, todo hombre he castrado.
Yo, Marina de Payla,
náufraga en desérticos labios
guío tu lengua al quetzal del vientre tolteca.
Sangre que brota entre dos puñales.
No temo al retumbo de arcabuces,
a vigorosos corceles de fuego
horadando la ciudadela enmudecida.
Menos el silencio, todo he abandonado.
De ignoto saber sospecha mi destino.
Venero este relámpago del asombro
relato de otro dios sobre Tlaxcala.
Mis palabras derrumban un imperio.
Mis palabras construyen la memoria.
México, año 1.521
Evita
Señor, ¿por qué me dejaron sola,
desterrada en carne viva del amor?
Quién veló el cielo de mi cuerpo,
esta belleza rota que todos miran?
Ay, mi pueblo, ángel bienhadado.
Voz errátil, lágrima que no cesa.
Diadema venerable en la bruma.
Aguamiel de la rústica utopía.
Señor, ¿cuándo despenaron la noche?
¿Para qué gasas, talismanes, espejos,
el punzante ardor de quien urdió mi hora?
Señor, ¿por qué en ti estoy más sola?
Déjame el último resuello de sueño.
Quiero alzar este escuálido cuerpo,
suplir mi lecho de madre moribunda.
Ay, mi pueblo. Ansia y muro.
Tibia sangre de la memoria encinta.
Hoguera de corazones al desamparo.
Indulgente luz que aún me contempla.
Buenos Aires, año 1.952
Rogelio Ramos-Signes
Bosquejo de una mujer que porfía
Tu sonrisa está bien -me dice
pero algún gato encierra.
¿Qué sucede en el potrero de tus dudas?
¿Qué hay más arriba de tu último piso?
¿Qué dice tu canción cuando estás en silencio?
Insiste.
Escarba.
Cree descubrir.
Porfía.
¿Llegarás a ser más rápido que la luz?
-me pregunta-.
¿Qué dejas dentro de tu casa
cuando cierras la puerta y te quedas afuera?
¿Cuánto arroyo, cuánto río, cuánto mar
cabe en tu copa?
¿Con qué sueñas cuando estás despierto?
Y, cuando duermes ¿por qué no sueñas?
¿Qué lugares recorres luego de despedirnos?
¿Y después? ¿Y después? ¿Y más tarde?
Ella quiere desentrañar no sé qué cosa.
Pobre mujer, no quiero desilusionarla.
Ella teme que después de esto no haya nada.
Ella no sabe que debajo de mis ropas
siempre estoy desnudo.
Rosario Sola
Verano en Mendoza
Un serpentario de tormentas negras
arde en el fondo de la caja de costura.
Entonces los olivos de los oleos se abren con el aceite de
plata y la pluma descampada.
La vieja música que viene de los libros empieza.
Es el verano,
Entra en la casa a golpes de tormenta.
Alguien prepara la sartén y unta el plato manchado mientras
el granizo se derrumba.
Luego se queda inmóvil.
Inmóviles todos en la casa.
Entonces el piso se mece lentamente.
Ciénaga de terciopelo.
Movida por la mano de niña de la muerte que sabe. Ni juegos,
ni revanchas,
ni se asombra y se lleva
al hombre en pijama que mordía la tabla de lavar rodeado de
humos y tabacos sagrados cerca de la ventana.
De “El humo de los músicos”
Uno
Tragedia gótica. Una mitad de nuestros días no valen tanto
pero a veces, una hora, una luz blanca, un gusto a sal, parece
como si el pensamiento fuera una lluvia de hielo que barriera
de un golpe el caldo de humo pardo que bordea las cosas y así
hubiera querido que me escuches pensar si pudieras, pero es
tarde. Hay guerra. A veces es tan hermosa la estela que dejan
los trabajos de los hombres al paso en un puñado de centurias
que uno queda en suspenso y parece que fuera a comprender.
Entender. Un peso enorme debajo de las cejas. Pero
esa única hora pasa tibia y vacía como una mano humana
abandonada al descuido entre las medias del tiempo y la infección
del futuro.
Flota el faro que hizo taller el emperador de Roma.
Avaricia y olivo.
El horizonte sube y baja
Luces entre latines.
El piano suena y suena bailando en la marea como el
mono de Zama
(¿has oído hablar de Di Benedetto?)
el piano suena hasta que los náufragos
lo tapan con su manta.
Breas y dientes. Resaca de petróleo.
Los marineros tienen miedo y atan
la Santa Virgen al mástil rojo. Rezos en lengua gala.
Muertos a la deriva.
Lenguas hinchadas entre los incisivos.
Tragedia gótica.
“Aten los muertos” dicen que se los lleva el agua.
Menos que espuma. Marea negra.
Me extinguiré desnuda escribiendo finis terre,
Mil veces.
Una soga, una madera que flota, la baba
de la resaca del mar en la muralla.
No des leche madre que la nieve está sucia.
Todo brilla
de los dioses
la mortal gelatina
de los reyes la plata de las vísceras.
Eternamente escribo con un hueso de
Rata en la parte mojada de la arena.
De “Coruña Negra”, 2001, inédito
Santiago Sylvester
Perseverancia del halcón
TIENE nombre ilustre
y lo protege la serenidad: vuela sin inmutarse por el espanto
de esos pequeños alborotadores que resguardan huevos y
pichones:
él
con alzada majestuosa
y ojo directo
busca comida.
Por estas quebradas
pasó la historia: él
vio todo: gente a manotazos, escapando o persiguiendo:
huestes perdidas, el murmullo de muertos que se
escucha promediando enero: una partida de gauchos al acecho,
la cabalgata heroica de pobre gente
obligada al heroísmo:
y vio también el merodeo, el desplazamiento: los restos de
una civilización que ha prescrito: piedras y cantos con alguna
ceremonia:
él
vio todo desde su vuelo impertérrito: no juzga, no invoca,
no confía: tiene
hambre.
Vuela, aterra, y todas las tardes
organiza ese escándalo; desde aquí
lo veo: sabio, sin prisas, esperando
que todos nos volvamos comida: historia, huesos, animales,
persona.
(Inédito)
Daniel Muxica
El cercano volumen de la muerte
a Carlos Ruvira
“De ese cuerpo quisiera usted alejarse, quisiera volver a
los cuerpos de los demás, al suyo, volver hacia usted mismo
y a la vez es precisamente por tener que hacerlo por
lo que llora.”
Marguerite Duras
Se puede caminar la historia como una sucesión a secas,
morir de no morir,
-eras bello-,
tomar pertenencia de la noche como una trampa;
hacer de esa respiración una noche,
una voz que empuja,
-el tacto de una falange en la espalda
al borde de remoto precipicio-.
Se hacen extremo de cuerda los víveres, las palabras
que callan el secreto,
-habla otra vez-,
las preguntas, aunque los siglos se distraigan
en el olvido.
Se puede tomar pertenencia de otra noche,
burlarse durmiendo;
establecer una cita, a menudo una pausa carnívora:
hacer de lo pequeño del cuerpo cosa de uno.
La mordedura tajante
a Maricarmen Arnó
“Todo lo que abriga un sentimiento
es un misterio.”
Henrich von Kleist
No hay lugares ni espacios pues todos son tuyos
cárcel pecho palacio
lecciones de la breve oscuridad
alcantarilla provocadora en ayuda de ese río que escapa
desdeña su curso
desgarro sanguíneo por las escaleras las marquesinas
determinada operación de éxitos
excitación alta condición del pulso
acelerada impronta
entre tus piernas prieta contra mi amor
el informe de sanatorio
el crúor su propio brillo desnudo y solo
terminar ahí tiene un final
terminar ahí tiene un final
te hago tajo servido al diente superior
hago de hacer qué cosa
miradas
colores que no atrevo en los sueños
las manchas en su origen
despojada advertencia entre el goce y las arrugas
el grito
mi turno entre los sonidos
la voz
arrabal del vértigo el acercamientoel vértigo
algo ahí no va algo ahí no va
mordiscar allí donde se entra de noche
y la fuente salpica con su leche lasciva
el circo donde el tigre niño ríe de sus penas
sus imágenes (en las tetas habrás visto
al niño que se muerde a sí mismo
que no sabe ma que no sabe mar)
mamar metáforas desfondadas
tumultuosas
antes de la clausura de los párpados
decir en tu cuerpo lo que no soy
algo ahí no va algo ahí no
adentro el afuera siempre es previo
necesito una receta para este rasgón
pecho expuesto a las trompas de la cacería
menudas escenas
frescos de pared
explorar
implorar
torcaza halcones buitres
otra cetrería
ahuecar el pecho miedoso antes del acabamiento
reconocer
reconocer durar un momento con eso
brazos que no son alas
sino aspas para batir el viento desde tierra
molinos al ritmo del corazón
meter sacar
meter sacar
terminar ahí terminar ahí
me digo hago tonto qué cosa por significar la realidad
mirar por los ojos del fantasma
signar la bestia que apenas soporto
perdiéndolo todo por amor
morder molestar al universo
mi barca impersonal en tu océano
intimidades que por misterio nunca renunciaron a su cuerpo
a lo que llega rememorado
el poema
arrojar una gran frase a la balanza
amor hecho cuerpo el único arte
sin movimiento ni desplazamiento
sólo labios
y en mis pulmones el aire de tu beso
algo ahí algo ahí
el cuerpo esa extraña metáfora.
Hugo Diz
El silencio de julio no es azul
El silencio de julio no es azul,
los duraznos no son azules,
la mañanas, las peras
el olmo,
los olivares, las piedras
las encrucijadas
no son azules.
Sólo al caer la noche
Los azules de julio parecen cubrir
todas las frutas,
todos los árboles,
y todas
las luces.
La rosa blanca
Tirada sobre el lecho
fresca, suntuosa,
y en su color
toda la pureza
la rosa blanca
duerme
mientras
llega
su dueña.
La mecía la brisa
¿Nos hacía señas
o la mecía
la brisa?
Quizás sólo buscaba
que la reconocieran.
Quizás sabía
que en horas
estaría
marchita.
A través de mi ventana
Cuando el frío trabaja sobre los
cristales
las transparencias desfiguran los cuerpos
que cruzan
a través de mi ventana.
Y desfiguran rostros, pesadillas,
ojos perdidos, cielos grises…
Sólo permanece indeleble
esa arboleda bella y azul
que aún en las alturas
parpadea
como las transparencias,
cuando el frío
trabaja
sobre
los cristales.
Otro misterio, otra leyenda
¿Quién dice que el árbol
más añoso
es la leyenda del bosque?
La leyenda del bosque
es el tañido de la tierra
y los latidos
que el viento
convierte en música
cuando comienza
ciegamente
el anochecer.