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Presentación del libro: «Aire y agua – Palabras que no pesan», de Andrés Calle-Noreña

La vida es un hilo frágil en el que vamos ensartando nuestras experiencias diarias, nuestras emociones y algunas, maravillosas epifanías.  Encuentros casuales con otras almas que nos conmueven y enriquecen. En Aire y Agua, Palabras que no Pesan, Andrés nos invita a compartir muchas de sus encuentros y experiencias de vida, cambiantes como las nubes que ilustran su libro. 

Porque Andrés también va cambiando: primero es el niño alegre que crece en la casi mítica Santa Rosa de Osos, con su ritmo campesino, sus oraciones y procesiones de Semana Santa. Luego es el joven rebelde, dispuesto a salvar al mundo y merecedor de la  furia de los Caballeros del Santo Sepulcro quienes lo definen como “uno de esos que nunca trabajan, hay que mantenerlos, son comunistas, ateos, andan con indios, fuman mariguana, se arrejuntan, usan sandalias, son barbados y llevan la contraria”. Y ahora, aquí lo tenemos, formal y encorbatado, ilustre profesor de semiótica, ética, estética, política y otras esdrújulas. 

En anécdotas mínimas y en ensayos más profundos que vale la pena leer más de una vez, Andrés nos sugiere con su don de palabrero que exploremos qué es aquello que podemos escoger y qué no nos es dado elegir para ensartar en el hilo frágil de nuestras propias vidas, qué es lo que nos toca y qué es lo que no nos llegará, a qué cosas nos apegamos, todo ello semioculto en la niebla de nuestro azar personal.

Ese azar personal que hace que, a veces, tengamos una teofanía en medio de lo cotidiano. Santa Teresa escribía que “Dios se encuentra entre los pucheros”. Que nuestros actos domésticos, pues, nuestra intimidad  no responda entonces a gestos copiados de la civilización del consumo, sino que en ellos reinventemos las costumbres, lo tradicional; que seamos creadores y contribuyamos a un mundo más habitable.

Todo lo que les pasa a los hombres le importa a Dios, dice Andrés,  y aunque Él sea un desconocido, como para los discípulos de Emaús, si nos dedicamos a hacer felices a nuestros semejantes, reflejaremos uno de los rostros innumerables de la Divinidad.

Confiemos en que al leer estas páginas de Palabras que no Pesan, cada uno pueda a su leal saber y entender identificarse con quien, sin apartar la mirada del cielo y de las formas cambiantes de las nubes que lo adornan, sabe seguir con los pies sobre esta tierra, a veces madrastra abrupta, a veces madre fecunda y dulce.

Atesoremos esas palabras, porque no se vuelven reclamos ni juicios. Palabras para los amables, para quienes siempre haya memoria y gratitud. Para quienes son siempre bienvenidos a nuestra casa y nuestra mesa, a compartir lo que tenemos. Amen, que así sea.

 

Manizales, Área Cultural BanRepública, 03 de noviembre de 2015

 

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Edición No. 175