Reflexiones sobe la obra de Adalberto Agudelo-Duque
Adentrarse con deleite y sin prevención en la obra de un escritor, excluido por la élite editorialista, pero al mismo tiempo premiado con holgura, y casi siempre, por la marginalidad cultural, es un hecho, además de curioso, extraño, insólito, hoy día. Porque navegar en aguas apacibles de nuestra literatura comercial es placentero, embriagador, cautivante; pero cuando nos sumergimos en torrentes corrientosos de un escritor poco rentable para el negocio del libro, pero con una propuesta bien estructurada y de gran calidad, el papel del navegante exige algo más que “el piloto automático” en nuestro viaje. Su escritura, prolífica, variada, con matices diversos, exige del lector una actitud alerta y creativa, pues se trata de una obra construida con múltiples perspectivas, donde la trayectoria argumentativa se arma en diferentes niveles y en dinámicas sorpresivas, nada lineales; donde, al igual que en la realidad cotidiana, los eventos se suceden no sólo secuenciales, uno tras de otro, sino que además pueden ocurrir simultáneos, sincrónicos; donde las palabras tienen la pretensión de atrapar el juego caleidoscópico de nuestra realidad, tarea nada fácil.
El escritor Adalberto Agudelo-Duque, manizaleño, nacido en 1943, decidió elegir un camino sinuoso en su escritura, alejado de las modas literarias, distante de las directrices consumistas, a leguas de la banalidad superflua de la cultura mostrona y aparente. Lo que sí hizo fue basar toda su obra, incluso “Suicidio por reflexión”, su ópera prima, en la riqueza inagotable, encantadora, avasalladora, del pueblo, del trabajador asalariado, del estudiante hambriento, del carpintero, del voceador, del vago, del borracho, del travesti arrabalero, de todas y todos los que sobreviven por el milagro de la cultura, de la solidaridad, de la caridad. Es allí de donde extrae la savia que alimentará toda su obra. Es una de las fuentes, quizá la más trascendente, en las que se sustenta toda su escritura. Encuentra allí la riqueza exuberante para construir su propio mundo literario, abigarrado, fractálico. Algunos ejemplos de esta raigambre popular en algunas de sus obras se presentan a continuación.
En “Suicidio por reflexión” se lee: Continúo mi oficio. Con más cuidado que antes despojo a las canecas de los tesoros cristalizados en cortezas que he de vender con mis hermanos a veinticinco centavos el saco”. “Por una vez más grito mi periódico con fuerza. Por fin empiezo a vender mis pasquines. Oscar Olivares, el potencial suicida de la novela, representa a Adalberto en sus años de juventud sobreviviendo en medio de incertidumbres incontables, descritas con rabia y desesperación, pero con fruición literaria, propia del autor.
En “Toque de queda”: Los vio pasar. Iban de veinte, treinta en frente. De mil en fondo. Los ojos puestos en un punto adelante con decisión y coraje. Examinó al detalle los bolsos, maletines, bolsillos y supo que los muchachos estaban repletos de piedra. Porque la vareta no pesa tanto, seguro. Ayer cuadernos, hoy piedras, mañana molotó, petardos, armas de verdad. ¿Qué pensarán los de arriba? Un chivo expiatorio y listo. A correr se dijo. Narración magistral creada por Adalberto, refiriéndose a hechos reales ocurridos en la ciudad de Manizales donde estudiantes universitarios y de colegio salen a huelga en protesta por la crisis universitaria del momento, 1976. El estudiantado oficial, el pueblo; los soldados, los policías, el pueblo una vez más.
En “Pelota de trapo”: Yo le salí primero con la barbera lista en la zurda y mi saco envolviendo el otro brazo. Pirobo, mariposo, le dije, estás antojado, y el hombre se volvió lentamente y solo vi la sombra blanca de sus ojos embozados bajo el ala del sombrero y una sonrisa siniestra que le iba desde la boca hasta la oreja derecha en una cicatriz mal cosida, asustadora. No respondió. No intentó sacar la puñaleta cuyo mango de cacho relucía por encima de la hebilla en el ancho cinturón que le sostenía los pantalones. Novela que gira alrededor del fútbol de barrio, de trabajadores de pico y pala, de historias siniestras entretejidas en torno a peleas callejeras, a infidelidades cotidianas, a gentes de carne y hueso que padecen el diario sobrevivir.
En el libro “Ensayando”, con seriedad, conocimiento, y crítica, sin pelos en la lengua, despoja del heroísmo tradicional a quienes por decenios han sustentado el liderazgo en nuestra ciudad. La Historia, que fue siempre la concubina del poder, no mira sino por los ojos de las efigies y suele cantar odas heroicas al oído de gobernantes, banqueros y prelados….La misma sociología ignora que el motor de desarrollo de los pueblos es la marginalidad o, como dicen ahora, el fenómeno de los desplazados: Roma solo fue posible por los esclavos. En nuestra región se hace el panegírico de arquetipos colonizadores como Fermín López, Antonio Acosta, José María Ocampo, “Tigreros”, pero no se menciona a José Hurtado o los hermanos Tapasco. Se destaca la obra de “Risaralda” para ocultar el valor de “La voz de la tierra”. Monseñor Nacianceno Hoyos ganó su estatua por el dudoso apostolado que consistió en perseguir intelectuales y clausurar periódicos.
En “Xie-Toc Hija del agua”, la protagonista es, además de la Lavandera, la ciudad, la religiosidad popular, las culturas y creencias mágico-religiosas del pueblo. En “Javier Carbonero”, el Gorrión Afrechero, nuestro pájaro “popular”, que lo encontramos a todas horas y por todas partes en nuestra ciudad, es elevado a las alturas del rey de los pájaros, el cual establece una identidad mágica con Javier Carbonero, niño campesino que logra liberar al hombre del fin del mundo. En el libro “Abajo en la 31”, Caramanta, el pueblo con su circo, sus calles, su cultura, y sus niños, Beto, Pedro, Juan, Viktor…son los protagonistas.
Para consolidar este aspecto esencial en la escritura de Adalberto, su pasión por lo popular, se hace referencia a un trabajo que Luz Elena Quintero-Flórez y Hernán Andrés Naranjo-Arias de la Universidad Tecnológica de Pereira hicieron de los cuentos “La noche de las barricadas” y la “Manifestación”, que hacen parte del libro “Variaciones”. En uno de sus apartes, los autores dicen: En “La noche de las barricadas” y “La manifestación” se inscriben estilos lingüísticos ocupacionales (formas de variedad lingüística) que en este caso varían entre el mundo de la calle, de las clases populares, la universidad y la pertenencia a movimientos con una tendencia de pensamiento contestatario y juvenil…. Hacen una lista de términos que el autor incluye en sus cuentos y que se refieren a palabras o expresiones populares, ejemplo de ello, los siguientes: “Le dieron en la torre: frase resemantizada, a través de la cual la torre pasa a ocupar el lugar de la cabeza, sintáctica y semánticamente. “A una Pelada de Derecho le dieron en la torre. Chácara: resemantización, pues esta palabra tiene el significado de granja y en los cuentos hace alusión a una herida o cicatriz profunda. “hubo que llevarla al hospital con una chácara que daba lástima… Oís: propio del sociolecto valluno. Culillo: palabra tomada de la oralidad y el lenguaje popular, indica miedo. “con las caimas arrugadas del culillo. Mocita: resemantización, se utiliza para referirse a la amante de alguien. “vos conoces a la mocita del negro, ese, la porra” Beibis: fonético del inglés. Utilizado para referirse a los jóvenes. “los papis preguntando por los beibis y….Cosa/coso: resemantización, se utiliza para referirse a algún hecho o asunto. “La cosa fue tesa llave. La jai: fonético del inglés; hace referencia a la clase alta High Class. “la jai estaba cansada de nuevos doctores…””.
Luego de publicar su primera novela, “Suicidio por reflexión” (la que cumple este 2017 cincuenta años de su aparición), inicia la construcción de su mundo literario, influenciado por los escritores del boom latinoamericano: Borges, Cortázar, Vargas Llosa, Carpentier, García Márquez, Rulfo, Onetti, entre los principales. De ellos va a tomar un principio fundamental en la construcción de sus historias, de sus escritos: la heterodoxia, que se convertirá en una escritura transtextual, cíclica, dominada por cajas chinas, palimpsestos, regresiones. Por supuesto, estos juegos intertextuales no son ni pueden ser un fin en sí mismo sino que son engranajes que ayudan a potenciar el sentido del texto. Empleada con maestría por Borges y por Onetti, la técnica, enriquece y le da a la obra literaria un estilo de marca mayor. Buena parte de la escritura del artista manizalita está fundamentada en esta técnica. “Toque de queda”, “De rumba corrida”, “Pelota de trapo”, son obras donde su estructura la podríamos llamar de cajas chinas. Algunos ejemplos: En “Toque de queda”, los informes del diario, lo que dice la TV, el diario de Mara, son cajas chinas que se van introduciendo en la historia, como ramales de hojas adornando el tronco principal, cuyo tema es la protesta popular, para terminar en la raíz de la historia, allí a donde se dirige todo el hilo conductor: el asesinato del joven huelguista. Con una peculiaridad: cada capítulo tiene vida propia, es parte y todo al mismo tiempo; un fractal literario que muestra una sucesión de elementos recursivos fraccionados que se repiten, indiferenciados y que pueden llegar a tener dimensión infinita. En “Pelota de trapo”, la intertextualidad, se hace casi imperceptible, pero introducida con gran maestría. La historia personal de los futbolistas, se va insertando en el tronco del árbol, de la misma forma que las canciones populares se ubican con elegancia y sonoridad en el tronco principal, las historias de tarzán, el sorpresivo cambio en la disposición de los párrafos, al pasar de una a dos columnas por página, incluso un capítulo de sólo poesía tiene cabida en el tallo estructural, que desemboca en la raíz: el fútbol, el de los amigos, el de los barriales, el de los futbolistas natos. Incluso se podría decir que la intertextualidad se generaliza en toda su obra: personajes, frases enteras, lugares comunes, pasan de un libro a otro como si estuvieran compartiendo temas comunes, contextos afines, historias similares, un mundo concebido con procesos cíclicos tendientes al infinito.
Adicional a lo anterior, se considera que otro de los aspectos que contribuye a darle consistencia a la obra literaria de Adalberto Agudelo-Duque, es el acertado y pertinente ritmo con que acompasa sus creaciones. Alcanzar un altísimo grado de sintonía entre el mensaje dicho y su cadencia, es labor nada fácil para un escritor. Cuando se llega a coincidir la frecuencia propia de la escritura con la frecuencia del ritmo con que se escribe, el fenómeno natural que se genera es una obra cuya resonancia es de excelente calidad. Este artificio lo logra el escritor caldense en casi toda su obra. Sabiendo que sus creaciones literarias no tienen la linealidad lógica esperada por el lector condicionado a ello, su lectura, a pesar de los saltos inesperados, de los meandros bordeados, de los vericuetos ocasionales, no pierde ritmo ni continuidad. El fraccionamiento que propone en sus textos permite que la musicalidad y el ritmo continúen en la misma frecuencia, sin alterar su musicalidad.
Para terminar estas cortas palabras en torno a nuestro insigne escritor, se deben tomar como un primer acercamiento a sus libros, pero al mismo tiempo como un estímulo para que los académicos y especialistas en el arte literario, locales y regionales, estudien en profundidad su exuberante y significativa obra. Es, además, un reconocimiento justo a la dedicación de más de cincuenta años al oficio de escritor, ganado con terquedad y obstinación en un medio desinteresado y apático. La publicación, divulgación y el estudio de sus libros en colegios y universidades de nuestra ciudad es tarea para emprender prontamente.