Cargando sitio

Revista Aleph: cuarenta años

La valoración de la edad depende de la especie. Una tortuga a los cuarenta años vive la plena juventud, en un ser humano es la mitad de su existencia, para una montaña es un instante. ¿Entonces, qué significa este cumpleaños para una revista cultural como Aleph? Pienso que una verdadera hazaña de longevidad y pasión creativa, en un país que se ha comportado y se comporta, en general, como un desierto frente a las manifestaciones independientes y genuinas de la cultura. Eso ha sido Aleph: la armadura intelectual del Quijote Carlos-Enrique Ruiz al servicio de otros, que ha recorrido, de manera infatigable, los caminos polvorientos y solitarios de los símbolos y las palabras que se han resistido a la seducción del consumismo y de lo banal. Desde su tiempo Horkheimer y Adorno supieron vislumbrar que la industria cultural de Occidente se iba a transformar en la industria del entretenimiento de las masas. En nuestros territorios la situación es todavía más grave: la cultura se ha convertido en farándula, en simulación, en mercado, en moda y superficialidad.

De allí la trascendencia de la revista Aleph. Sus páginas han permitido que numerosos intelectuales, poetas y científicos se expresen con profundidad y libertad acerca de temáticas diversas y complejas, como de libros y teorías que exigen a sus lectores. La revista ha sido un espacio donde la cultura es reflexión pluralista, alteridad ética, realidad contradictoria, transversalidad epistemológica, placer estético, imaginación literaria. Es decir, Aleph ha sido fiel al sentido de su nombre inspirado en el mítico cuento de Borges: un punto que contiene la multiplicidad de las ideas, las imágenes, las partituras musicales, las ficciones, las geografías, la biblioteca universal. Se explica así su cosmopolitismo y la variedad y calidad de sus colaboradores, de todos los rincones del mundo, donde autores reconocidos como Dámaso Alonso, Fernando Savater, Mario Benedetti, Leopoldo Zea, Isaiah Berlin, Ben-Ami Scharfstein, Danilo Cruz-Vélez, etc, han compartido sus páginas con otros jóvenes escritores, gracias a la generosidad intelectual de su director, para quien la calidad de la escritura es el único requisito para lograr ser publicado en su revista.

Además, los reportajes de Carlos-Enrique Ruiz en estos cuarenta años merecen un libro aparte que los reúna, para que los lectores de hoy puedan disfrutar de voces tan fascinantes y vigentes como las de Juan Rulfo, Miró-Quesada, Juan Friede, Enrique Grau, Gutiérrez-Girardot, entre otros. De otro lado, la revista Aleph también es una colección de pinturas originales en sus portadas, que la hacen un archivo de bellas imágenes, una pinacoteca selecta. Desde el número 134 hasta el actual 136 ya se puede leer completa en formato digital en la dirección [www.revistaaleph.com.co->www.revistaaleph.com.co]. Un último comentario: el próximo 2 de mayo la Fundación Santillana Iberoamericana le hará un merecido homenaje en Bogotá al intelectual Carlos-Enrique Ruiz y su revista Aleph, en compañía del poeta Mario Rivero y su revista de poesía Golpe de dados, y del escritor Milciades Arévalo y su revista de cuento Puesto de Combate. Los tres son dignos hijos de Don Quijote y todos les debemos el agradecimiento perenne por su labor altruista. Las tres revistas son indispensables ojos de agua pura en medio del desierto de la seudocultura de farándula y de la estrecha, dogmática y burocrática cultura oficial.

Compartir: