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Rubén Sierra y el pensamiento colombiano

Con alta educación y conocimientos universales en la cultura, Rubén Sierra- Mejía (1937-2020), Profesor Emérito y Honorario de la UN, en un momento avanzado de su vida académica resuelve crear un seminario en la Universidad Nacional de Colombia para examinar momentos de nuestra historia, con el fin de esclarecer las ideas o el pensamiento que les dieron soporte, con publicaciónde volúmenes que recogieran las diversas interpretaciones de profesores convocados por él. Sin la menor duda, se asumió con sentido innovador, el trabajo de Jaime Jaramillo-Uribe sobre el pensamiento colombiano en el siglo XIX. 

La filosofía y la crisis

Así, en 1999 se sintonizan varios filósofos, de diversas partes del país y llevan a cabo por convocatoria de la “Sociedad colombiana de Filosofía” el simposio “La filosofía y la crisis”, con publicación del libro de memorias en el 2002 bajo el título: “La filosofía y la crisis colombiana”, con aportes de Magdalena Holguín, Ángela Uribe, Rodolfo Arango, Leonardo Tovar, Francisco Cortés,Luis-Eduardo Hoyos, Freddy Salazar, Juan José Botero, Alfredo Gómez- Müller, Aquiles Arrieta yRubén Sierra.

Fueron aportes en el pensar la situación colombiana manifiesta en violencia, injusticia e irracionalidad en las conductas públicas y sociales, con diversidad de enfoques, en busca de conseguir claridad en conceptos tales como el pensamiento crítico, la justicia social, la violencia, la convivencia,… con maneras personales de cada uno de los ponentes al ocuparse de la naturaleza y alcance de la crisis colombiana. No para sembrar pesimismo sino paracomprender aspectos de la situación, sin dogmatismo alguno. En el prefacio del libro se traza como lema: “Pensar es salir a campo abierto y asumir el desafío del por qué y del para qué.”

El mismo profesor Sierra en entrevista concedida a la Revista Semana (2003) dijo, con optimismo: “Creo, por ejemplo, que va a venir una generación educada en doctrinas antineoliberales, que ya se cocinan en las universidades americanas y europeas, una generación relevará en el poder a la actual, y que las cosas cambiarán en un tiempo no muy lejano.”

Sierra se ocupó de “Arte y testimonio” para examinar con hondura los conceptos informativo,documental y testimonial en la obra de arte, con referencia a Arnold Gehlen. Revisa, con fina observación obras como “El fusilamiento de Maximiliano de México” (1868), de Édourd Manet; “El caballero de la mano al pecho” del Greco; “El hombre del sombrero de paja” de Paul Cézanne. Y en sus consideraciones relaciona a Alejandro Obregón en su “Bolívar”, de la Quinta de San Pedro Alejandrino, ajena de los estereotipos para alcanzar una obra expresionista en rigor. Asimismo refiere “La muerte de Pablo Escobar” de Fernando Botero, para señalar el origen no causal de esasrepresentaciones, a diferencia de la fotografía.

De igual modo hace el parangón con la literatura, en similitudes de acontecimientos de diversas épocas. Refiere la “Madame Bovary” de Flaubert inspirada en acontecimientos de la vida francesa. También alude a “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García-Márquez, a “La virgen de los sicarios” de Fernando Vallejo, donde se narran situaciones dolorosas y dramáticas en lo social. Sierra pasa por mirar las maneras como en la fotografía se asoma el arte, aún en testimonios que registran las cámaras, como en el caso de los reporteros gráficos, siempre a la caza de lo efímero y espontáneo para la noticia.

Sierra vuelve a la pintura y alude a la “Masacre de mejor esquina” de Fernando Botero, relacionada con la violencia desatada en Colombia en 1948 con el asesinato de Jorge-Eliécer Gaitán. Esa obra le sirve también para apreciar la obra de arte independiente del hecho que representa, sin ser ajeno a este. En su capacidad de pensamiento distingue entre lo que significa la referencia al hecho y la representación del mismo.

En cuanto a la fotografía alude a “El saqueo de la ilusión” de Sady González, con historial gráfico del 9 de abril de 1948, también al “Payaso después de la actuación” de Leo Matiz, el “Homenaje a Picasso” de Carlos Caicedo, con el momento de una corrida de toros y la fotografía “Basilicata” de Henri Cartier- Bresson. Estima que si se trata de buscar información o testimonios acerca de ellas, esa no dirá nada, puesto que lo alcanzado son niveles estéticos, su fuerza expresiva.

Al mencionar las expresiones “documento” y “testimonio”, precisa su intención al considerar comotestimonio las intenciones que tuvo el artista para lograr su obra. Cita el caso del “Guernica” de Picasso (1937) con palabras de este, quizá para justificar la obra como rechazo al bombardeo nazi que destruyó el pueblo vasco: “Siempre he creído, y lo sigo creyendo todavía, que los artistas que viven y trabajan los valores espirituales no pueden, ni deben, permanecer indiferentes al conflicto en que están en juego los más altos valores de la humanidad y de la civilización.”

Sierra se detiene en analizar dos obras separadas por trescientos años: “Los desastres de la guerra” de Rubens (1637/38) y el “Guernica” de Picasso, de 1937. Ambas obras referidas a escenarios bélicos. La de Rubens se asemeja a una descripción literaria, en cambio la de Picasso dispone de imágenes para la libre interpretación del observador.

Termina el ensayo con la consideración de cinco obras colombianas relacionadas con situaciones de la vida nacional: “Violencia” de Alejandro Obregón, “Sin título” de Fernando Botero, “Cadáver” de Juan Cárdenas, la serie “Dolores” de Beatriz González y “Palacio de Justicia” de Gustavo Zalamea. Las describe y caracteriza para encontrar que ellas están unidas por el tema de la violencia, cada unacon sus singularidades plásticas en la expresión. A su vez, recuerda las novelas, también colombianas, con igual tema: “El cristo de espaldas” de Eduardo Caballero-Calderón, “La mala hora” de Gabriel García-Márquez, “La virgen de los sicarios” de Fernando Vallejo y “Rosario Tijeras” de Jorge Franco. No son obras de historia, pero si registran creativamente acontecimientos de una “atmósfera opresiva de una época de crímenes e injusticia, de exterminio y extorsión.” Obras en la cuales el lector tendrá “un acceso poético para penetrar en ese mundo depesadillas.”

Complementa la parte final con alusión al “modernismo” en la literatura y en la plástica, recordando los comienzos con Rubén Darío en el movimiento poético del siglo XIX, pero el autor prefiere referirse más bien al tema con la expresión “mentalidad moderna”, con sustento en las actitudes de Baudelaire y Manet que reaccionaron en oposición al arte de su época, para no quedar solo referido al movimiento literario. Para concluir expresando: “El arte, entonces, en la época del modernismo, ha tenido la tarea de sacar a luz lo reprimido, lo vergonzante, lo sórdido. O en otras palabras, llegó a ser una manera de hacer ver lo que no se quiere ver.”

Se trata de un ensayo con muestra de la capacidad del autor en discernir sobre el arte, en los nexos de la plástica y la literatura, tomando en consideración autores y obras que señala con criterio selectivo, para los fines de plantear y dilucidar problemas en esas relaciones.

Miguel-Antonio Caro y la cultura de su época

Con la experiencia anterior, del simposio en 1999 sobre “La filosofía y la crisis”, la Universidad Nacional de Colombia decide establecer la “Cátedra de pensamiento colombiano” en la forma deseminarios. Así, en el 2002 se publicó un volumen con las memorias del primer seminario en la cátedra que estuvo dedicado al estudio crítico de Miguel-Antonio Caro, en sus características múltiples que marcaron la historia política e intelectual del país en más de un siglo. El seminariotuvo trabajo interdisciplinario con la cobertura de áreas temáticas en la obra de Caro, tan vasta, con implicaciones en filosofía, religión, constitucionalismo, economía, teoría literaria, etc. Participaron en él Leonardo Tovar, Alfredo Gómez-Müller, Lisímaco Parra, Rodolfo Arango, Adolfo-LeónGómez, Salomón Kalmanovitz, Sergio Echeverri, David Jiménez, Marco Palacios, Beatriz González,Fernando Cubides, Clara-Helena Sánchez y Diana Obregón. El editor del volumen, autor del prólogo y del primer ensayo fue justamente Rubén Sierra, en el cual se omiten los aportesde Caro como latinista y como gramático.

El primer ensayo es del Editor, el cual reseñamos en este apartado, intitulado: “Miguel-AntonioCaro: religión, moral y autoridad”. Rubén se ocupa de exponer el perfil intelectual o mental de Caro, al caracterizarlo sin la menor duda como un hombre de pensamiento, de asombrosa inteligencia, conindiscutible liderazgo intelectual. De entrada lo identifica como dogmático y oscurantista en su pensamiento, en alianza con el clero católico, con resultados de una cultura cerrada y autoritaria.Advierte, sinembargo, que Caro no escatimaba la falacia, incluso de manera sutil, para reforzar suenorme capacidad de persuasión, ni tampoco tuvo escrúpulo alguno para intentar avasallar a quienesse encontraban en campo contrario de su ideología, religión y posición partidaria, e incluso fue diestro en el uso de la ironía contra sus contrincantes.

Caro tuvo la convicción, con férreo espíritu dogmático, de ser la iglesia católica la autoridad suprema en todos los campos del pensamiento: teológico, filosófico, político, científico. Posición que estableció como fundamento de la Constitución de 1886. Llegó incluso a negar la mayoría de edad del ciudadano para hacer uso de la razón, con autonomía, con base en su estima de ser elracionalismo una filosofía espuria proveniente del protestantismo. Declaró inválido el conocimiento de Descartes por la pretensión de este de apoyarse en el conocimiento científico originario de la razón humana. Caro aseveró que “la filosofía es una planta que nace y crece en el terreno de la religión”, y que sus problemas tienen el doble carácter de religioso y científico, con la filosofía comomediadora entre ambos. Calificó al siglo XVIII como “ignorante y presuntuoso que adoró a la razónencarnándola en una meretriz.” Sierra destaca que la crítica de Caro al racionalismo fue pertinazy acerba al igual que la dirigida a las filosofías empiristas, con su aseveración de no ser posibleacceder a la verdad con la sola razón.

Por otra parte Caro considera que la autoridad viene de Dios, sin que sea posible independizar elpoder civil de la religión; toda autoridad debe sumisión a la Iglesia católica. Tuvo refuerzo en sus posiciones dogmáticas en el documento “Syllabus” promulgado en 1864 por el papa Pío IX, condenatorio de conceptos de la modernidad como el panteísmo, el naturalismo, el racionalismo, el no sometimiento de la inteligencia al magisterio de la Iglesia y condena la moral laica y la libertad de culto, sin posibilidad alguna de transigir con el progreso, con el liberalismo y con la civilización moderna. Sierra desprende dos consecuencias inherentes a la actitud de Caro que afectan la actividad política: la Iglesia debe reprender a los gobiernos cuando se aparten de sus mandatos, y el clero debey puede intervenir en política.

El objetivo último de Caro, como pensador y como político, estuvo en educar al ciudadano en la fecristiana en un Estado católico, por su convicción profunda que Colombia era un país católico. Asimismo, Caro tuvo la creencia de los problemas morales ser solo asunto de la religión. En esalínea, estableció que los problemas de la educación y de la ciencia pertenecen al campo religioso.

La herencia de Miguel-Antonio Caro, con su influyente magisterio ideológico, fue una cultura cerrada, negada a las aperturas de los pasos modernizadores dados en Europa, lo cual sujetó al país por el más prolongado espacio de nuestra historia.

Sierra valora los conocimiento profundos de Caro en lengua y literatura españolas, con promociónde sus estudios científicos, pero todo eso lo convirtió en una ideología, con sugerencia de cerrar fronteras lingüísticas en la cultura hispanoamericana, con especie de subordinación a España.Promover el pensamiento moderno europeo era para Caro el peor de los males.

En sus afanes de acabar con el liberalismo ateo, calificó las reformas educativas de Francisco de Paula Santander como de golpe mortal al carácter de la nacionalidad colombiana.

Termina el ensayo con la siguiente síntesis: “En los propósitos políticos y culturales de Caro estaba el de restaurar la sociedad y la cultura española que se había implantado en América a partir dela Conquista, de restaurar la cultura colonial con sus costumbres, su religiosidad y sus maneras literarias y de pensamiento. Continuar además con la conquista que había quedado interrumpida conla independencia política de España: es decir, continuar con la tarea de catequizar al indígena en la religión católica y aculturizarlo en los modelos de la civilización hispánica. Religión católica y lengua española, los dos pilares de la Constitución de 1886, no solo tenían, entonces, el pretexto de dar unidad a la Nación, sino además el propósito ideológico de un programa restaurador.”

El radicalismo colombiano del siglo XIX

El seminario siguiente, en la modalidad creada y liderada por el profesor Rubén Sierra-Mejía, estuvo dedicado al estudio crítico de “El radicalismo colombiano del siglo XIX”, con la consiguiente publicación de las memorias en el 2006. Nutrida participación de especialistas académicos, en temasconvergentes y complementarios. Se congregaron quince personalidades académicas, reunidas en elvolumen con calificados ensayos sobre temas históricos, analizados con soportes documentales, que permiten comprender período importante de nuestra historia. Ensayos de la autoría de LauraQuintana, Iván González, Salomón Kalmanovitz, Leonardo Tovar, Eduardo Posada, Myriam Jimeno,Fernando Cubides, Luis-javier Ortiz, Beatriz González, David Jiménez, Carolina Alzate, José-David Cortés, Clara-Helena Sánchez y Víctor-Alberto Quinche.

Rubén escribe la Introducción y el capítulo “José-María Samper: la decepción del radicalismo”. En la Introducción señala el período radical (1863-1886) como uno de los de mayor interés para los estudiosos de nuestra historia, en virtud del agite en las ideas, y los programas políticos, sociales y culturales emprendidos por los gobernantes, con las consiguientes controversias en los analistas.

Llamativo que Sierra se ocupe, con riguroso estudio histórico, de la personalidad intelectual ypolítica de José-María Samper (1828-1888), periodista y profesor universitario, autor de libros rigurosos, para examinar las razones de su evolución sorprendente, con salto de sus comienzos en elliberalismo de los radicales al partido conservador. Pero se ocupa de él por la significación que tuvoen el siglo XIX con consecuencias de recordar. Señala el contraste en ese cambio marcado con su obra “Ciencia de la legislación”, de la madurez, donde expone su concepción liberal del Estado y su último libro “Derecho público”, con manifestación clara de su adhesión al partido conservador y la renuncia a varias ideas fundamentales del liberalismo de aquella época, en especial a la concepción federal, propia de una república democrática.

Sierra apuntala que a pesar de ese cambio en Samper, en su vida pública de escritor en temas políticos y sociales, quedan vestigios del ideario liberal en su obra final. Reivindicó la necesidad dedisponer de gobierno y oposición, con la potestad de las minorías ejercer control político, así como las mayorías se ejercen por medio de actos de gobierno. En el debate en el “Consejo Nacional deDelegatarios”, con la participación de Miguel-Antonio Caro, Samper planteó lo inconveniente de la participación del clero en apoyo de candidatos electorales. Afirmó que el partido conservador en elgobierno no podía desempeñarse de manera razonable y conveniente sin la oposición liberal en las cámaras. Y consagró la expresión: “el gobierno que no tiene oposición se corrompe”, con acertados fundamentos.

José-María Samper fue escéptico sobre el sufragio universal, en virtud de sus observaciones en las conductas de los partidos y gobiernos colombianos, en mayor grado al conocer en Francia la manera como Napoleón III convocaba plebiscitos para legitimar con el sufragio la imposición de sudespotismo.

Las crisis colombianas. Reflexiones filosóficas

El seminario siguiente, a la manera de segundo Coloquio (2004; el primero fue en el 2001) bajo la misma dirección del profesor Rubén Sierra-Mejía, estuvo dedicado a “La crisis colombiana.Reflexiones filosóficas”, y las respectivas memorias se publicaron en volumen el 2008. Al igual que los anteriores contó con una nómina excepcional de expositores, con ensayos de rigor. ParticiparonAlfredo Gómez-Müller, Adolfo Chaparro, Adolfo-León Gómez, Luis-Eduardo Hoyos, Ciro Roldán, Francisco Cortés, Daniel Bonilla, Freddy Salazar, Juan-José Botero, Mauricio Rengifo y LeonardoTovar. Rubén tuvo a cargo la conferencia de apertura.

En la disertación introductoria, Sierra esbozó los vínculos de la filosofía con los problemas denuestro tiempo, con énfasis en la manera rigurosa de abordarlos, desde perspectivas distintas, sin laintención de confluir en soluciones a la crisis. Se trata de campos abiertos colindantes, o en colaboración con otras disciplinas, lo que es frecuente en el trabajo filosófico. Consideró importante que esas intervenciones arrojaban luz, dando claridad en conceptos sobre la naturaleza y el alcance de la crisis, por lo cual se declaró optimista. Crisis no solo con características internas sino articuladas con situaciones en un mundo globalizado.

Considera que estamos en una última fase del desarrollo capitalista que califica de “autófago”, además de “superfluo”, al utilizar expresión de Gregor Gysi. Dice de sus manifestaciones encifras que unas veces suben y otras bajan, en todas las pantallas, produciendo, de manera alternativa, euforia y pánico. Se trata, dice, de un capitalismo que se desentiende de las condicionessociales “en que engorda”, con la obligación de crecer, pero con crecimiento de la miseria en todos los países incluidos los ricos, a su vez facilitadores de su desarrollo.

En esas reflexiones sobre la crisis no deja de haber riesgos y obstáculos que dificultan lospronósticos de algún grado de acierto. Y en “tiempos oscuros” se corre el riesgo de exagerar con el pensamiento las consecuencias esperables de la crisis, con pérdida en ocasiones de la sindéresis tan necesaria. En estas consideraciones, Sierra expresa: “… el pensamiento que se construye a propósito tiende a oscilar entre la ansiedad y la nostalgia, entre la búsqueda afanosa de una salida a la situación de penuria moral y el convencimiento dogmático de que la solución solo puede ofrecerla la recuperación de unos valores y unos ideales de organización social que han perdido su vigencia. Esazozobra se encuentra en todas las esferas intelectuales y en todas las regiones políticas.”

Rubén llama la atención del peligro en el afloramiento de corrientes fundamentalistas que acaparenla inconformidad y ofrezcan alternativas conservadoras de solución, apelando al pasado y enunciando la necesidad de recuperar valores, con surgimiento del horroroso maniqueísmo al dividir al mundo y a las gentes en buenos y malos. Tendencias de esta naturaleza obstaculizan elpensamiento creador, capaz de indicar opciones de coexistencia y felicidad. Lo que le lleva a plantear la necesidad de resistir, enfrentar, esos conceptos redentores con los que en general buscan ocultar la realidad dramática. A su vez plantea la convicción de ser las épocas de crisis propicias para el surgimiento de verdaderas obras de arte y de pensamiento. Pone dos ejemplos al respecto: la“Política” de Aristóteles (384-322 a.C) resultado de su reflexión al ser derrotada Atenas por Esparta en la “Guerra del Peloponeso”. Y el otro, la obra de John Locke (1632-1704), “Ensayo sobre elgobierno civil”, como aporte de meditación ante la “revolución gloriosa de Inglaterra”. Obras que no se quedaron en los relatos casuísticos sino que trascendieron a la universalidad.

En estas consideraciones, Rubén también se refiere al problema del lenguaje, en general tan rígidoque utilizan los filósofos, y llama la atención por desplegar especie de “lenguaje público” de accesoamplio para mejor divulgación de conocimientos y apreciaciones, incluso para que la gente puedaapropiarse de la terminología técnica, científica y de pensamiento, sin perder el rigor. Trata el tema de la democracia en relación con la opinión pública, al considerar esta como un problema agudo enla formación de conciencia crítica, pilar de una democracia auténtica. Recuerda el caso de Pericles, el estadista que condujo la democracia ateniense en la época de esplendor, quien la concibió no tanto como el gobierno del pueblo sino como el “tribunal del pueblo” donde los gobernantes debensometer a juicio sus actos, con la posibilidad de ser relevados en tanto no se ajusten al beneficio delbien común. Con base en su examen, Sierra dice que es indispensable evitar el nepotismo y el caudillismo en los gobiernos, con oportunidad de la capacidad crítica que pueda ejercer la opiniónpública y los organismos representativos.

Recurre a dos novelas de José Saramago: “Ensayo sobre la lucidez” y “Ensayo sobre la ceguera”, queexamina en brevedad destacando sus sentidos en relación con la democracia deseada y la democracia ejercida en forma de “trapacerías políticas” y de “jurisprudencia torticera”. Saramago procura influiren la conciencia de los lectores, no solo para recrearlo, también para que asuma conocimiento delos peligros que vive la democracia, con los detalles que la corroen.

Termina la exposición refiriéndose a dos dificultades en la elaboración de un pensamiento filosóficorelacionado con la crisis. Son ellas, por un lado el temor a la equivocación y la otra laanimadversión con lo provisional del pensamiento. A su vez, considera que actitudes de esta naturaleza pueden ser semillas de dogmas e intolerancia.

Esta conferencia de apertura en simposio aludido al comienzo, es un ensayo de libre examen, con desarrollo de rigor, como es propio en todos los trabajos de Rubén Sierra, con sentido crítico, sin caer en expresiones de panfleto. Serenidad y hondura reflexiva.

República Liberal: sociedad y cultura

Esta versión del seminario “El pensamiento colombiano” recogió las exposiciones en volumen dememorias publicado en el 2009 con esclarecedores ensayos de Tomás Barrero, Rocío Londoño, Fernando Cubides, Sergio Echeverri, Roberto Pineda, Renán Silva, Beatriz González, DaríoAcevedo, David Jiménez, Leonardo Tovar, Iván González, Clara-Helena Sánchez, Jaime-EduardoJaramillo J. y Carlos Murcia. El director del Seminario, Rubén Sierra-Mejía hizo la Presentación y un ensayo de fondo, “Política y cultura durante la República Liberal”.

En la “Presentación”, el profesor Sierra expresa con absoluta claridad, en el primer párrafo, lo siguiente: “Ningún otro período de la historia colombiana del siglo XX muestra el volumen derealizaciones, en todos los campos correspondientes a la acción del Estado, como la llamada República Liberal (1930-1946). Fueron suficientes dieciséis años para dejar una huella profunda en la vida política, social y cultural del país: una reforma constitucional que le permitió a la Carta de 1886 adaptarse a los tiempos modernos; una radical reforma educativa que dio resultado no solo una nueva Universidad, apropiada para el estudio de los problemas nacionales de enseñanza; una concepción global y orgánica de la cultura que permitió a través de las instituciones estatales y sus programas responder a las aspiraciones de las diversas clases sociales colombianas; unos códigosque inauguraron nuevas relaciones entre patrones y trabajadores; unas formas de entendimiento entre la Iglesia católica y el Estado, que buscaban propulsar una sociedad si no radicalmente laica, sí al menos un ciudadano con criterios autónomos y, por lo tanto, de mayor responsabilidad en sus actuaciones.”

Período que contó con oposición del partido conservador, salido de una hegemonía de cincuentaaños, del clero y de un sector displicente del liberalismo. Sus realizaciones efectivas fueron muy a pesar de los efectos de la guerra civil española y de la segunda guerra mundial. El libro de memoriasrecoge ensayos en dos campos valederos de ese importante período histórico: la cultura y losproblemas sociales. Y, por supuesto, está el estudio del pensamiento de Alfonso López-Pumarejo, cuyas ideas dieron nuevo rumbo a la conducción del Estado.

Como en todos los seminarios conducidos por el profesor Sierra, en este de igual modo se contó conparticipación multidisciplinaria, sin propiciar un pensamiento unificado, con respeto en lasdiferencias de enfoques y de pesquisas. De conjunto, lo dice Rubén, se trata de “ofrecer elementos para la formación de la conciencia nacional, a través de la recuperación y el análisis de la obra de los escritores y de los estadistas”, al igual que de los programas políticos y sociales, que han tenidola misión de pensar los problemas y brindar maneras de solución.

De conjunto, se trata de “la apropiación crítica de nuestra tradición en el campo de las ideas… para hacernos a una imagen más exacta del carácter de nuestra nacionalidad y de sus carencias.”

En el estudio de Rubén en este volumen se ocupa, como se dijo antes, de “Política y cultura durante la República Liberal”. Se trató de tiempos muy duros por los acontecimientos mundiales, con fuertes impactos en el país, debidos a la guerra civil en España y a la llamada segunda guerra mundial. Elgobierno y los medios de comunicación estuvieron atentos a todo aquello. Recuenta acontecimientos del movimiento nacionalista y los acontecimientos expansionistas de Hitler y el surgimiento del fascismo, con representaciones en Colombia con asidero en los conservadores y singularidades como las lideradas por Silvio Villegas y Gilberto Alzate-Avendaño, llamado “el neonacionalismo de Manizales” con justa ironía por Alberto Lleras.

En el período entreguerras y el seguido a la segunda, la intelectualidad liberal en Europa estuvobastante activa, y también en Colombia. Sierra destaca la voz pública de escritores como Baldomero Sanín-Cano, Luis López de Mesa, Germán Arciniegas, Jorge Zalamea, Hernando Téllezy Darío Achury-Valenzuela, entre otros, al igual que exiliados europeos. Intelectualidad dedicada aclamar por “la vigencia de la cultura liberal europea, de la democracia como la mejor forma de gobierno hasta ahora conocida y como garantía de las libertades individuales.”

Reseña las encuestas que llevaron a cabo la revista “Estampa” y el periódico “El Espectador” para determinar cuál era la influencia de los totalitarismos en países de Europa en los intelectualescolombianos. Destaca algunas respuestas. La de Eduardo Zalamea-Borda quien alude al escritor y al artista con una posición de liderazgo en la sociedad, con responsabilidad grande e influencia en la sociedad. Rafael Maya, siendo conservador, opinó que la “imaginación creadora y libertad son términos de identidad indiscutible.” Alberto Lleras no respondió las encuestas pero se refirió a ellas en editorial de “El Liberal”, donde expresó: “… el sistema totalitario,… no va solo dirigido contra una arquitectura estatal, sino que pretende, ante todo, alterar la vida humana,…”

Al respecto, Sierra concluye destacando dos aspectos en las respuestas: 1. “La necesidad de que elintelectual goce de una total libertad que le permita expresar sin presiones su pensamiento, sus ideas sobre todos aquellos aspectos de la vida social, política y cultural…”, y 2. “el deber que ese mismointelectual tiene en el mundo moderno de defender los logros culturales como la libertad de expresión, de juzgar el comportamiento de la justicia, de ejercer sin límites la crítica de lasarbitrariedades y desaciertos de los mandatarios.”

Esclarece las diferencias entre una “cultura conservadora” y una “cultura liberal”; en la primera preponderaba el decir al hacer, la palabra en vez de la acción. En las segunda las ideas con las acciones constructivas. Los gobiernos liberales establecieron la cultura y la educación como “unbinomio inseparable”. En interpretación de la cultura como cultivo y difusión de los conocimientos humanos, el Ministerio de Educación en la República Liberal “se propuso que la cultura penetrara y se arraigara en el alma colectiva a modo de permanente incitación al progreso y al perfeccionamiento.”

Sierra resume en tres grandes propósitos promovidos por los gobiernos liberales de aquel período: 1. Investigación y creación de bienes culturales y científicos, 2. Difusión de la cultura nacional y universal, y 3. Educación de la sensibilidad y, en general, de la personalidad (este propósito fue el de mayor calado, de cobertura más amplia en todas las capas sociales). Relieva la creación del “Ateneo de Altos Estudios”, por el Decreto 465 de 1940, con la vocación de dedicarse “únicamente al cultivode la ciencia pura, a la investigación de la verdad por sí misma y al estudio de los grandes temas de la naturaleza y del pensamiento humano.” Y no a la formación de profesionales ni a actividades prácticas inmediatas. El Ateneo se responsabilizaba de asumir tradiciones como la “”Expedición Botánica”, la “Comisión Corográfica”, el “Diccionario de construcción y régimen” de Cuervo, las investigaciones sobre lenguas americanas de Ezequiel Uricoechea, entre otras. Y en los programasde difusión se adelantaron programas en tres campos, sin propósitos utilitarios: literatura, artesplásticas y música.

Destaca, asimismo, la creación en 1936 de la “Revista de las Indias”, liberal en concepción, con vinculación de escritores latinoamericanos y españoles del exilio. Se creó también la “Biblioteca Popular de Cultura Colombiana”, para publicar libros fundamentales de utilidad a los especialistas y a los lectores del común, con temas preponderantes de historia social, política y cultural deColombia, sin discriminación ideológica o partidista en los autores. Se trató de “ediciones decorosas y sencillas, hechas con buen gusto, manuales, ajenas por completo al detestable sello oficial de los libros editados por el Gobierno,… que sean verdaderamente libros y no mamotretos,… que cumplen su mejor destino, el maravilloso destino de los buenos libros: acompañar al hombre por todas partes, sin hacer pesada su presencia, entre las manos o bajo el brazo.” (en nota suscrita por H.T., en “Revista de las Indias” No. 41, mayo de 1942; pp. 404-405)

Se menciona también la creación en 1940 de la “Radiodifusora Nacional”, para la difusión enespecial de la música, para la formación integral del colombiano, con singular efecto pedagógico. También se crearon Escuelas de Música, con masascorales y orfeones, de Dibujo, Artesanías, etc.

El profesor Rubén Sierra remata su valioso estudio sobre la “República Liberal” en sus aportes a la ciencia, la cultura, el humanismo, al subrayar la “sorprendente coherencia que mostraron suspolíticas relacionadas con la educación y la cultura.”

La restauración conservadora (1946-1957)

Esta versión de la “Cátedra de Pensamiento Colombiano” recogió los aportes en un volumen de valiosos académicos, como en las diversas ocasiones, de un singular trabajo gestado y dirigido por Rubén Sierra-Mejía, con el carácter de multidisciplinario, con diversidad de enfoques. En esta ocasión participaron Herbert Braun, Tomás Barrero, Malcolm Deas, Ángela Uribe, Rocío Londoño,Leonardo Tovar, David Jiménez, Myriam Jimeno, Carlos Niño e Iván González. Rubén intervino con su estudio “La lectura conservadora de Simón Bolívar”.

Sierra hace notar en la “Nota preliminar” que el estudio del conjunto estuvo dedicado al período dedoce años correspondiente a los gobiernos conservadores de Mariano Ospina-Pérez, Laureano Gómez y Gustavo Rojas- Pinilla, que incorpora dos momentos singulares: el asesinato de Jorge-Eliécer Gaitán (1948) y el pacto que condujo al “Frente Nacional” (1957). Enmarca ese período enespecial con cita del historiador John D. Martz, quien lo califica de “autoritarismo reaccionario con matices reminiscentes del sistema corporativo italiano de Mussolini, con características que evocanla orientación ideológica de la España franquista.” A pesar de Laureano Gómez haber durado poco tiempo en la presidencia, fue el ideólogo más determinante en ese lapso, con la pretensión del grupo conservador que representaba de establecer un “gobierno totalitario”. Tuvieron el intento demodificar la Constitución de 1986 para suprimir el sufragio universal y darle al Senado un caráctercorporativo y establecer un Estado que anexara las funciones legislativas en el ejecutivo. Intento que,por fortuna, fracasó.

Anota Sierra que a pesar de todo aquello, fue un período con creación de riqueza y modernización, con manifestaciones singulares en las artes y las letras. Se tuvo una bonanza cafetera, con cambios significativos en el urbanismo y la arquitectura.Con un agregado, la televisión, que produjo cambios en la vida familiar, con asomo al mundo. Escritores y artistas visuales dejaron en sus obras testimonios estéticos de ese período de violencia.

En el ensayo de Rubén Sierra, en esta versión de la Cátedra, se ocupó de dilucidar “La lectura conservadora de Simón Bolívar”, con soporte riguroso en documentos de consulta, y mostrar losmodos bolivarianos de afianzamiento de la ideología conservadora. Indica las maneras de actuación de Laureano Gómez desde la presidencia de la República para reorientar la cultura en Colombia, con énfasis en tres criterios: el catolicismo, el hispanismo y el pensamiento bolivariano, con el firme propósito de cambiar radicalmente la orientación que se dio a la educación en la República Liberal. Promovió la difusión de la obra del Libertador y creo la “cátedra bolivariana” obligatoria encolegios y universidades.

Desde los años 30 del siglo pasado los conservadores redoblaron esfuerzos por apuntalar la ideologíaen el pensamiento bolivariano. Señala también Sierra las conferencias y artículos de ÁlvaroGómez-Hurtado en esa línea, por ejemplo con su conferencia de 1957, “Sobre la significaciónhistórica de Bolívar”, con la intención de reforzar la necesidad de nutrir centralmente al partido conservador del ideario bolivariano. Recuerda que en la fundación del partido conservador, en 1849, por Mariano Ospina-Rodríguez y José-Eusebio Caro se objetó cualquier vínculo con el pensamiento de Bolívar. Muy a pesar, los conservadores se apersonaron y adhirieron a las políticas educativas de la Iglesia católica, oponentes del racionalismo ilustrado del siglo XVIII que estimula a pensar porcuenta propia.

Gómez-Hurtado resaltó dos características sustantivas del pensamiento de Bolívar: su enemistad con las abstracciones puras y el apego a tradiciones antirrevolucionarias. Sierra recuerda también el liderazgo de Miguel-Antonio Caro, ideólogo de los conservadores, fogoso adversario delpensamiento ilustrado y del racionalismo. Laureando Gómez y Álvaro Gómez-Hurtado, entre otrosideólogos conservadores aceptan que Bolívar partió del conocimiento real de los países que integraron la Gran Colombia, sin tomar en cuenta modelos de la teoría política y de otros paíseseuropeos y americanos.

Pero, dice Sierra, no es del todo cierto que Bolívar prescindiese de todo lo conocido como Ilustración, lo cual se demuestra por los libros clásicos del siglo XVIII que le acompañaron. Basta recordar que el autor más apreciado, con reverencia, hasta el final de su vida fue Voltaire. También Sierra toma en cuenta que Bolívar expuso ideas liberales en su “Discurso de Angostura” y que su relación con la Iglesia no era la de practicante sino la de político que la utilizaba como instrumento de poder.

Nuestro autor establece la conexión entre las exposiciones de Gómez-Hurtado y las de SergioArboleda en el siglo XIX, al tratar de ver unidad en el pensamiento político de Bolívar. Arboleda resaltó dos principios generales: la unidad de pensamiento y las bases de la República, conestudio de cinco temas: moralidad, presidencia vitalicia, centralismo, rechazo de la monarquía ycarácter democrático del Libertador.

Los conservadores fueron los que rechazaron el sistema federal y acogieron el centralismo en el sistema de la República. También Sierra recuerda que con motivo del centenario de la muerte delLibertador en países europeos se mostró interés por la prestancia ideológica y política de Bolívar, en especial con figuras de la derecha; en Italia, por representantes del fascismo como Mussolini yVolpe, quienes quisieron dar apoyo a sus propósitos de extrema en la concepciones del Libertador. En Francia también se tuvo el caso de Marius André quien pretendió en una obra mostrar queBolívar no tenía ninguna fe por la democracia. Recoge, de igual modo, que por el mismo tiempo hubo en Colombia similitudes con esos intentos, como en los casos de Silvio Villegas y GilbertoAlzate-Avendaño al promover un fascismo colombiano, sin necesidad de apuntalarlo en Mussolinisino en Bolívar.

Rubén Sierra en este ensayo realizó una forma de identificar la personalidad intelectual de Bolívar, con los contrastes de interpretación en diversos autores y con el férreo agarre de los conservadores en esa tutoría ideológica y política que llegó, por ejemplo, en el enunciado por parte del ministro de Gobierno, Lucio Pabón-Nuñez, en tiempos del dictador Gustavo Rojas-Pinilla, a declarar queColombia era una “república católica y bolivariana”. A su vez, el Presidente de facto declaró a laIglesia católica como “manantial inagotable de la verdad que no perece”, y al pensamiento de Bolívar como el “final que no se extingue”. Citasque refiere al término de su jugoso ensayo.

  

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Queda faltando por reseñar el seminario dedicado a “El Frente Nacional”, que el profesor Rubén Sierra entregó en sus memorias para edición, poco antes de su muerte y que está pendiente de salir a la luz.

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Edición No. 197