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Ysla de Santa Catalina and Providence Island. Puritanos, esclavos y piratas

Resumen

Durante mucho tiempo las islas de Providencia y Santa Catalina no ofrecieron mayor interés a España, lo que permitió a los puritanos ingleses[1] establecer una colonia en esas tierras hasta que  con sus  actos  de piratería pusieron en peligro las rutas de navegación de los barcos españoles y, por tanto, decidieron expulsarlos. Quedaron registros de estas actividades en el  Archivo General de Indias, por medio de  mapas y documentos. En el caso de la colonia puritana, se sabe que hicieron por lo menos dos mapas que no aparecen hoy en día.

Los mapas son un recurso histórico invaluable, logran mostrar aspectos que un registro escrito no puede.  La mayoría de estos mapas, en colores y acompañados de informes detallados, ponen a la vista un gran conocimiento de la geografía de las islas. Sinembargo, también alteran o cambian  la realidad con imágenes de fortalezas y palacios para impresionar al destinatario. Varios de los planos  exhibidos se presentan por primera vez, destacándose el mapa  enviado por Diego de Mercado al rey Felipe III, en 1617, alertándolo de los peligros de una ocupación inglesa. Es además el primer mapa de las islas de Providencia y Santa Catalina que se encuentra en el Archivo General de Indias[2].



[1]El  rey Carlos I de Inglaterra, el 4 de diciembre de 1630, otorga a la “Company of Adventurers of Westminster for the plantation of the Islands of Providence, Henrietta and adjacent islands lying on the Coast of América”, el permiso con cual se cambiaron los nombres de las islas y se tomó posesión de ellas para Inglaterra.

[2]MP-PANAMA,37

[3]MP-GUATEMALA, 32.

[4]  AGI, INDIFERENTE, 1528, N 19. Fecha de Creación 1620-05-15. Fecha relación hechos 1616.

 

Puritanos, esclavos y piratas

 

Por  el año 1605 navegaba con destino a Sevilla una flota de nueve galeones cargados de cuantiosas riquezas del continente americano. Habían zarpado  de Cartagena y  tras unas semanas, en algún punto del trayecto a Cuba, cuatro de ellos desaparecieron por cuenta  de un huracán. Las cinco naves restantes arribaron al puerto prácticamente destrozadas, y durante los meses siguientes se hicieron en vano todos los esfuerzos posibles por hallar los galeones perdidos. 

 

Diez años después, la investigación sobre su destino señaló  a un piloto de barco, de origen flamenco, llamado Simón Zacarías: él decía haber naufragado en el Caribe y haberse salvado gracias a una isla desconocida en la que encontró los restos de un galeón que encerraba un enorme tesoro. Como no podía llevarlo consigo, lo enterró y zarpó en una balsa con destino a Cuba, pero fue interceptado y tomado preso. 

 

Desde 1617 fueron varias las incursiones que hizo Zacarías bajo custodia española para recuperar el tesoro real, y en el Archivo de Indias se conservan varias declaraciones suyas y al menos dos dibujos sobre la isla misteriosa[3]. El fracaso de las expediciones llevó a la conclusión de que la isla no existía, y Zacarías permaneció preso por años, hasta que Diego de Mercado declaró ante el  rey que la historia era cierta y solicitó su liberación para reemprender la búsqueda en 1620.  El resultado de esa expedición no se conoce, pero se sabe, por otra parte, que Zacarías dio noticia también de la existencia de la isla de Santa Catalina. 

 

Meses más tarde, Diego de Mercado se dirige en otra carta al rey para informarle de la situación de la isla de Santa Catalina en 1616: “Simón Zacarías, piloto flamenco de la mar del norte me dio noticia como unos mercaderes ingleses vecinos de la ciudad de Londres que son los que tienen pobladas la Bermudas, han tratado de poblar la isla de Santa Catalina”.[4] Enseguida explica que los ingleses planean poblarlas organizando la agricultura y llevando animales domésticos, pero también que practican la piratería: “Y se ha dicho en estas tierras y en sus provincias y en la tierra firme que en el mismo paraje han robado enemigos algunas fragatas (…) que hacen viajes a ella a pescar perlas que dicen tienen mucha redondez y netas de buena ley y de camino hacen los robos dichos”. 

 

Además, expone sus ventajas como fortín: “Tiene un puerto a la banda del sur que en la entrada tiene una isleta en medio (…), es fácil de fortificar la entrada y en toda la isla no hay otro puerto ni cala ni otra parte donde puedan surgir (anclar) navíos sino es en el dicho puerto por lo demás los bajos y arrecifes donde es imposible poder surgir”. Y finalmente anuncia la amenaza que la isla supone si se consolida como colonia inglesa: “Sería como segunda Bermuda y se harían inexpugnables porque es de su natural fortísima y con moderada fortificación sería imposible tomarla”[1].

A pesar de las advertencias, la Corona española tiene un territorio demasiado grande por conquistar y controlar, y el proyecto inglés en las islas tomará un rumbo cada vez más firme…

Diego de Mercado, minero de las minas del Real de San Francisco, de la jurisdicción de la ciudad de San Miguel y vecino de esta ciudad, digo que entre otros avisos que envié a su majestad y a su Real Consejo de Indias, di aviso cómo los ingleses han intentado y pretenden poblar una isla nombrada Santa Catalina que está a trece grados poco más o menos y cuarenta o cincuenta leguas de Puerto Belo, de lo cual me dio razón Simón Zacarías, flamenco, piloto de la mar del norte y para que se entienda mejor su altura y disposición hice la relación y demarcación que presento para que por mano de Vuestra señoría pido y suplico haya por presentada la razón y demarcación y mande que el pliego Real que ahora se despacha se precisa su majestad y el Consejo Real de Indias y pido justicia.

Diego de Mercado[2]

El proyecto colonizador inglés, impulsado por  la Providence Island Company  entre 1630-1641[3],  estaba motivado por diversos líderes puritanos, muchos de ellos parlamentarios, que no sólo tenían fuertes tensiones religiosas sino que estaban inconformes con los distintos impuestos de tonelaje y peso  creados por Carlos I. Es así como se comienza el proyecto colonizador de Virginia, Maryland, Massachusets y Saybrook, donde las islas  Bermudas, Barbados y Santa Catalina marcarían eslabones clave de la colonización en el Nuevo Mundo.

En abril de 1628 Sir  Nathaniel Rich, uno de los representantes más influyentes de la Compañía de las islas Somers (Bermudas), recibe del gobernador Philip Bell una extensa carta en la que describe cómo el surgimiento de una nueva isla puede ayudar a los ingleses a minimizar los problemas internos que enfrentaba su compañía.   

Daniel Elfrith, a su vez, ofrece al gobernador Bell la isla descubierta por él y después organizan la expedición a la isla desconocida. La intención principal era fundar una colonia puritana en un lugar que Elfrith tenía ya bien localizado. Llegan primero a San Andrés, donde dejan al capitán Sussex Cammock y a George Needham con treinta hombres sembrando tabaco. Luego visitan Santa Catalina,  y designan  a Samuel Axe como gobernador y encargado. A su regreso a Inglaterra describen las islas como ideales para los propósitos iniciales de la expedición, y el 28 de septiembre de 1629 se publica en Inglaterra la nueva expedición para la ocupación de la isla, la cual define que la colonia debía asentarse en Santa Catalina.

Los primeros colonos, viajando desde Bermudas, llegan a la isla cerca del día de Navidad de 1629. Muy pronto las islas se convertirán en la segunda colonia puritana en América después de la de Massachussets. El Seaflower es el primer barco de la Compañía en arribar a Providencia directamente desde Inglaterra. En el emblemático barco, que zarpa del Támesis en febrero de 1631, viajan Jhon Dyke , propietario parcial del barco, quien hizo los arreglos para el viaje y John Tanner, compañero de Daniel Elfrith en el primer viaje, como capitán. Con ellos vienen noventa hombres, incluidos un barbero cirujano y un director espiritual. Tras una escala en Bermudas para recoger algunos colonos partidarios de Elfrith y a pesar de las precarias condiciones  del viaje (debido a las malas provisiones suministradas por Dyke), el Seaflower llega a Providencia a fines de mayo de 1631, con lo que  se pone en marcha la colonia. Enseguida se dan instrucciones minuciosas sobre los arreglos eclesiásticos de la isla, así como la orden de construir dos casas parroquiales, una cerca del puerto y otra en la playa suroeste.

Los pobladores se dividen en tres clases: los trabajadores o plantadores que debían cultivar la tierra y compartir las ganancias proporcionalmente con la Compañía de la Isla de Providencia; los artesanos, que debían compartir sus ganancias o trabajar para ella con derecho a recibir carne, bebida y cinco libras de salario anual; y los aprendices, sirvientes mayores de catorce años, que entraban en contrato por un número definido de años recibiendo alimento, bebidas y ropa durante su formación. A todos los colonos se les exigía un juramento donde declaraban que los inversionistas eran los verdaderos dueños de las plantaciones. La Compañía instruía a los colonos en el método de cultivo, les suministraba las plantas, semillas y herramientas necesarias, y daba las instrucciones para su uso. El tabaco fue el primer cultivo que se ensayó en la isla, y resultó de muy buena calidad, pero la Compañía lo objetaba como cultivo principal, por razones económicas y también éticas.

El producto más valioso de exportación eran los árboles de tinte (dye-woods), obtenidos de los bosques de la isla, y sobre todo el comercio con los indígenas miskitos. Además se cultivaron dos clases de algodón silvestre y otras variedades traídas de Jamaica. Se creyó que el silk-grass (o lino de Camock, al parecer el mismo henequén o cabuya), podría ser un artículo rentable, dada la demanda de la industria textil inglesa. En cuanto a la alimentación, la batata (wild potatoes) era la base de la dieta de los agricultores; y otros productos como caña de azúcar, yuca, plátano, piña, naranja y banano se daban en abundancia. La pesca era buena, especialmente la de tortugas en los cayos vecinos. En cambio, había dificultades para criar el ganado proveniente de Inglaterra y de la isla de Tortuga, ya que los lotes no estaban cercados. A pesar de la fertilidad de la isla y los esfuerzos de la Compañía, la comercialización de la producción no era tan buena como se esperaba, pues a menudo la falta de cuidado en la preparación y embalaje de los productos impedía obtener un buen precio en Inglaterra.

Ahora bien, ante el temor por un ataque de los españoles, los colonizadores ingleses establecen trece lugares fortificados con cuarenta piezas de artillería. En 1629 Samuel Axe levanta la primera fortaleza, localizada al extremo norte, la que  recibe el nombre de Fuerte Warwick, en honor al jefe de la expedición. Así mismo se construyen otros fuertes con ubicaciones estratégicas: el Fort Henry, para proteger la bahía suroeste de la isla y la entrada del sur del Puerto de Santa Catalina; Darley’s Fort, en la misma península en que se hallaba el Fuerte Warwick pero más hacia el este, de modo que la aproximación del enemigo al puerto pudiera impedirse con más antelación; y el Black Rock Fort, en Black Point. El Mound era la estación de observación, que avistaba los barcos enemigos cuando venían por el frente sur de la isla, y mandaba razón a los fuertes con el fin de que se prepararan para el  ataque y tomaran todas las precauciones del caso.

En 1635 España acomete  varios intentos de atacar a sus rivales, que desde 1625 se habían precipitado sobre las islas todavía no ocupadas de las Antillas, y estaban estrangulando sus rutas de comercio entre las Indias y Europa. El primer ataque, que resultó exitoso, fue a la isla de Tortuga uno de los principales sitios de piratería. Después intentó atacar Providencia, pero la flota al mando del gobernador de Cartagena, Nicolás de Judice, fue divisada cuando se acercaba por el suroeste fondeando en los bancos de arena. Cinco días llevaban las embarcaciones españolas tanteando el camino, sólo para acabar al alcance de la pesada artillería del Fuerte Warwick, ser repelidas y tener que emprender la retirada en medio de la noche. Por el momento Providencia estaba a salvo.

En 1640, Melchor de Aguilar, aprovechando la llegada a Cartagena de refuerzos de Brasil, reemprende la lucha y despacha a su sargento mayor, Antonio de Maldonado, hacia Providencia. Se aproximan a la isla en mayo, pero nuevamente los bancos de arena obstaculizan el ataque y se ven obligados alcanzar la playa en chalupas. Habiendo desembarcado la mayor parte de sus soldados, los españoles asaltan una y otra vez los fuertes, pero al final son vencidos en la dura batalla. El alborozo inglés por el repudio exitoso es grande, y es así como el jueves 11 de junio es proclamado Día de Acción de Gracias. Sin embargo, el gobernador Carter  manchará su victoria  al condenar a muerte  a los españoles  tomados prisioneros, a quienes había prometido respetarles la vida.[4]

Al enterarse de la masacre de los prisioneros y la detención de varios frailes dominicos, los ánimos en Cartagena se caldean. El almirante Francisco Díaz de Pimienta obtiene autorización real para desalojar a los ingleses, y en mayo de 1641 una armada con dos mil hombres llega a la isla y logra penetrar sus arrecifes. Pimienta se toma la casa del gobernador y la iglesia, defendidas sólo por algunos mosqueteros. Ante la numerosa flota los guardias se ven obligados a rendirse; los frailes, que llevaban tres años en cautiverio, son puestos en libertad. Entre tanto, los demás ingleses se han refugiado con las mujeres y los niños en una península al norte, de modo que Pimienta envía allí a uno de los frailes con una bandera de tregua: si se rinden se les respetará la vida. Así es como el gobernador Carter, el sargento mayor Hunt y sus principales oficiales deponen las armas, agradecen personalmente al almirante su clemencia, y entregan los restantes puestos de guarnición.

Esta reconquista de los españoles da como resultado la captura de seiscientos esclavos negros y de un gran botín de oro (más de medio millón de ducados), y de índigo y cochinilla, dos pigmentos muy apreciados en la época.  Aunque Pimienta había recibido previa instrucción de desmantelar los fuertes ingleses y marcharse, la posición estratégica de la isla y sus recursos naturales son tan grandes que el almirante duda en cumplir la orden. Si abandona Santa Catalina se arriesga a que los imperios rivales la ocupen nuevamente; y él sabe ya de los intereses de Holanda, que ha ofrecido a los ingleses seiscientas mil piezas de oro por ella.[5]

A pesar de su fracaso, la Compañía de la Isla de Providencia descubrió la debilidad de España en el Caribe occidental y continuó la tradición isabelina de hostilidad hacia ese país. Además, todo ello preparó el terreno para fundar Honduras Británica y luego ocupar Jamaica en 1655.

En 1648[6], Juan de Somovilla de Tejada, capitán de ingenieros, hizo una inspección a la isla e informó que  era muy valiosa por su clima saludable, su fertilidad y su buena provisión de agua y madera, y recomendó mantener la colonia por razones económicas y estratégicas[7]. Para 1660, el puesto era ya un punto débil en la línea de defensa de España contra sus rivales y las juntas de guerra pidieron mejorar las defensas. Una Real Cédula de 1661 sentenció: “Ha resuelto la Junta de Guerra que la Isla de Santa Catalina se mantenga (…) y que se fortifique de acuerdo al informe y planta que ha dado el ingeniero Juan de Somovilla de Tejada. Se le ordene informe sobre si convendría poblarla con negros que colaboren a su fortificación y defensa, dándoles libertad y tierra”[8].

Otra Cédula del mismo año solicita al presidente de Panamá enviar información de las condiciones en Santa Catalina, particularmente  con respecto a  su población. “Y para hacer menos oposición de los soldados al servicio de la isla se sugirió que 50 o más mujeres que han estado llevando vidas escandalosas en Cartagena y Panamá deberían ser enviadas a Santa Catalina. Este plan debería suplir ese Edén tropical con al menos una proporción de Evas y también podría mejorar el tono moral de las ciudades”[9].

El descuido en el refuerzo de las defensas españolas en la isla fue aprovechado por cinco veleros procedentes de Jamaica, que tomaron a su gobernador por sorpresa el 25 de mayo de 1666. La responsabilidad oficial de este ataque a Santa Catalina fue negada por Inglaterra y se atribuyó a “algunos piratas que navegaban en esos mares y que no estaban sujetos al rey inglés”. Los ingleses afirmaron que los bucaneros no debían atacar Santa Catalina, y que su misión era tomar la isla de Curazao, pues Inglaterra estaba en guerra con los Países Bajos.  El capitán Mansvelt o Mansfield al mando de la expedición, un viejo capitán holandés, oriundo de Curazao,  era considerado el padrino de los piratas por su ambición y capacidad de reclutar hombres. Se cree que vio en el capitán Henry Morgan  sus mismas ambiciones, tanto así que lo nombró vicealmirante en una de sus últimas aventuras. Mansvelt  hizo caso omiso de la encomienda, y tomó rumbo hacia la isla de Santa Catalina con Morgan, para establecer en ella su base de operaciones. La isla estaba  desprotegida, y fue fácil ocuparla dejando a 72 hombres y  a un pirata francés de la isla de Tortuga, llamado Le Sier Simon, como gobernador. Mansvelt siguió su camino con Morgan para atacar a Panamá, pero al enterarse de que allí los esperaban al acecho decidieron volver a Jamaica. A su regreso no fueron bien recibidos; habiendo firmado la paz con Inglaterra, para España la toma de Santa Catalina constituía una nueva afrenta.

Para retomar la isla el gobernador de Panamá, Juan Pérez de Guzmán, despachó una fuerza de 250 hombres en cuatro barcos al mando del capitán José Sánchez Jiménez, alcalde de Portobelo. La flota española llegó a Santa Catalina el 12 de agosto de 1667. Los ingleses se habían retirado a la pequeña isla adyacente, así que Sánchez les envió una demanda de rendición, explicando que había sido instruido para tomar la isla “por orden de ambas coronas”. El comandante inglés rehusó reconocer su autoridad, pues gracias al gobernador de Jamaica sabía ya que había sido declarada la guerra entre las dos coronas. Después de conocer la condición de las defensas inglesas, los españoles prepararon y desplegaron su ataque y los ingleses se rindieron. Se recogió mucha información de la ocupación de la isla en sus documentos y de la voz de los prisioneros españoles tomados; entre otras cosas, se logró confirmar las sospechas de la participación de la colonia británica de Jamaica en la anterior toma.[10]

En 1670 Henry Morgan se hizo famoso por su ataque a Panamá al mando de mil bucaneros, el cual  fue posible por la toma de Santa Catalina. En esta ocasión un tiempo inclemente ayudó a los españoles, que inicialmente lograron defenderse con éxito desde la isla pequeña. Entonces Morgan entabló conversación con el comandante español y lo convenció de rendirse; éste, sin embargo, para salvar su reputación hizo un curioso arreglo con Morgan: los bucaneros pretendían hacer un furioso ataque, de modo que los españoles fingirían resistirlo y sólo luego se rendirían. La farsa, que incluía una supuesta captura del gobernador español, fue llevada a cabo con satisfacción de ambas partes. La isla brindaba grandes ventajas para una base de bucaneros, así que Morgan permaneció allí por un tiempo con parte de sus hombres. Antes de partir para Panamá destruyó todos los fuertes excepto el de Santa Teresa; pues planeaba retornar a la isla después de sus operaciones en el Istmo. Al final, sin embargo, la llegada de un nuevo gobernador británico a Jamaica con órdenes de frenar los ataques de sus corsarios a puestos españoles, hizo el plan insostenible.

España no fue capaz de mantener una fuerte defensa de  Santa Catalina después de 1677 [11] y  esta no permaneció por mucho tiempo en su poder. La última referencia  que contienen los registros españoles del siglo XVII data de 1688, cuando se le ordenó a un destacamento de la Flota Anual cooperar con el Escuadrón de Barlovento para doblegar   Santa Catalina y poblarla si resultaba prudente. Las instrucciones fueron obedecidas, aunque los pilotos que frecuentemente navegaban cerca de  la isla  habían reportado no haber visto a nadie allí durante más de año y medio. Cinco buques al mando de Nicolás de Gregorio y seis buques de la Escuadra de Barlovento zarparon desde Cartagena el 17 de diciembre  de 1688 y llegaron a Santa Catalina dos días después. Avistaron varios barcos a sotavento en el momento del  arribo, pero no establecieron contacto con ellos. Una exploración a fondo de la isla no reveló indicios de ocupación reciente. El comandante de la expedición y el gobernador de Cartagena consideraron que no era aconsejable colonizarla de nuevo, y Santa Catalina quedó sin guarnición, como refugio de buques piratas ocasionales o de esclavos evadidos.  

Santa Catalina no volvió a ocupar un lugar de importancia en los planes españoles después de 1688. Los intentos de construir una colonia permanente en la isla habían fracasado aunque, a pesar de eso, los esfuerzos de España habían sido exitosos para prevenir un gran peligro. Al fin y al cabo, el propósito principal de defenderla era impedir que sus enemigos tuvieran una base para atacar sus ciudades, sus rutas de comercio y construir sus barcos.

Bibliografía

Bonifacio, C. El misterio de la isla misteriosa y su tesoro, La escafandra, 2008, texto publicado en web: http://www.escafandra.org/E08-ISLAMISTERIOSAI.htm

Exquemeling, A.O. De Americaensche Zee-Rovers, Ámsterdam, 1678.

Hussey, R.D. “Spanish Reaction to Foreing Aggretion in the Caribbean about 1680” en: The Hispanic American Historical Review, agosto de 1929.

Kupperman, K.O. Providence Island 1630-1641, Cambridge, 1993.

Newton, A.P. The Colonising Activities of the English Puritans, New Haven, 1914.

Parson, J.J. San Andrés and Providencia, Los Ángeles, 1955.

Rowland, D. “Spanic Occupation of the Island of Old Providence, or Santa Catalina, 1641-1670” en: The Hispanic American Historical Review, agosto de 1935.

 

 



[1]  MP-PANAMÁ,37.

[2]  INDIFERENTE, 1528, N 19-3.

[3]  Los promotores de la Providence Island Company eran un distinguido grupo de hombres de negocios y líderes puritanos. Entre ese grupo estaban John Pym, Earl  de Warwick, y su hermano Lord Holland, Lord Brooke, Sir Gilbert Gerard, Lord Robartes, Sir Benjamín Rudyerds, entre otros; todos ellos estrechamente vinculados en relaciones de comercio y parentesco. La compañía funcionaba como una bolsa de valores donde sus principales representantes invertían diferentes sumas de dinero en los negocios de producción agrícola.

[4]  MP-PANAMÁ, 61.

[5]  MP-PANAMÁ.

[6]  MP-PANAMÁ, 69.

[7]  Informe de Juan Semovilla de Tejada, 1648, 72-3-17 en: D. Rowland, pp. 298-312. En su informe él mencionó haber visitado la isla cuatro veces.

[8]  PANAMÁ, 230.

[9]   Rowland, D. “Spanic Occupation of the Island of Old Providence, or Santa Catalina, 1641-1670” en: The Hispanic American Historical Review, agosto de 1935.

[10] MP-PANAMÁ, 77.

[11] MP-PANAMÁ, 78.

 

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Edición No. 177