N O T A S
La lección viviente de Rafael Marulanda-Villegas. A propósito de la “Medalla al Mérito” que le fue impuesta el 21 de julio de 2010 al Dr. Rafael Marulanda-Villegas, ex Rector de la Universidad de Caldas, fundador de la Escuela de Filosofía de la misma, su hija, la escritora Valentina Marulanda, escribió el siguiente texto:
“Cómo me hubiera gustado asistir a este reconocimiento que recibe hoy nuestro padre de parte del Consejo Superior Universitario. Lamento mucho más aún no poder estar presente por tratarse de la entrañable Universidad de Caldas, en donde nos formamos todos los miembros del clan, sus hijos, y hasta ahora dos de sus nietas, una universidad a la que tanto debemos y a la que tanto queremos. Agradecemos infinitamente este gesto lleno de sentido tanto para él como para su familia.
“Mal podría referirme yo a sus méritos académicos como docente y rector que lo hacen digno de esta medalla, ni tampoco a su largo ejercicio como médico entregado siempre y desinteresadamente al servicio de los más necesitados, primero en su pueblo natal y luego en Manizales. Pero sí podría agregar algo sobre su talante humano. Como lo señalé años atrás, con ocasión de una celebración familiar, uno de los atributos más relevantes de Rafael Marulanda es el de la tolerancia. Hoy, sinembargo, en estas brevísimas palabras, que hago llegar, a instancias de mis hermanos, quisiera destacar la que ha sido otra de sus virtudes admirables: la alegría, de todos los días y todos los instantes; su jovialidad, su capacidad inusitada para gozar con lo grande y lo pequeño, lo ordinario y lo extraordinario, lo sencillo y lo refinado, tal como se le va presentando. Esto va ligado a su generosidad y su desapego de los bienes materiales. Nada tan ajeno a él como la ambición y la emulación, sobrevalorados y estimulados en los tiempos actuales
“Siempre he dicho que Rafael Marulanda ha sido durante su larga vida un gozón, la persona más fácil de complacer. Pero su manera de vivir en la dicha es discreta, callada, en la mansedumbre de las pasiones, como quería Epicuro: “sin dolor en el cuerpo ni turbación en el alma”. En francés hay una expresión perfecta para definir a Rafael Marulanda: bon vivant, que no es otra cosa que la condición de aquél que practica el buen vivir. Y si se supone, como prescribe la Ética —aunque la mísera suerte de millones de hombres y mujeres en el mundo lo impugne a diario— que nuestra misión sobre la tierra es vivir bien, o sea, ser felices, Rafael Marulanda ha llevado una existencia ejemplar.
“Nació y creció en la pobreza, tuvo una infancia de trabajo y privaciones, una juventud de esfuerzo y renuncias. Sinembargo, nunca ha evocado estos episodios que, en más de una ocasión nos han conmovido hasta las lágrimas, con amargura o frustración, sino más bien con una serena placidez. Una cierta vocación natural —con esto quiero decir, no aprendida ni inducida—, sumada a su apuesta a favor de la dicha, han hecho de él un príncipe nacido mendigo, un hedonista que disfruta con el mismo entusiasmo, un tinto en un café de Salamina que una cena gourmet bien servida; una canción del Dueto de Antaño que un concierto de Mozart. No ha necesitado del dinero, de grandes viajes, ni propiedades para ser feliz.
“Recientemente lo vimos taciturno, por primera y única vez, cuando, a los 92 años, se rompió una pierna y conoció en calidad de paciente un quirófano, una clínica y luego una larga convalecencia. De resto, cuando la realidad lo ha enfrentado a duras pruebas, que las ha tenido, su respuesta ha sido una dulce saudade; jamás el abatimiento. Tampoco lo hemos conocido bravo ni resentido.
“Dijo el pensador Pascal que, a fuerza de pasarnos la vida esperando la felicidad —para mañana, para el otro año, para la otra vida— estamos condenados a no ser nunca felices. El verdadero sabio, consciente de su finitud, no espera nada y por eso tampoco somete la dicha a dilación. No espera nada porque es feliz, se contenta con lo que tiene y con disfrutar de lo que le tocó en suerte. El único contenido efectivo de la felicidad, esa palabra tan larga y tan inasible, es la alegría. Alegría aquí y ahora, impostergable, alegría por la sola razón de estar vivos se me antoja la mejor lección humana de Rafael Marulanda. Parece sencillo, pero sabemos que no lo es. De nuevo, muchas gracias.” (Caracas, julio de 2010)
A propósito del debate acerca de la donación de la biblioteca de Bernardo Mendel – 1 (en NTC-Tertulia White, julio 2010 – Por: Carlos Vidales, desde Estocolmo). Estimado Héctor Abad-Faciolince: Muchas gracias por su comedido mensaje. No conozco, ni he citado ninguna “ley de la república” que prohibiera recibir donaciones de libros extranjeros, o de extranjeros. Como usted sabe, las instituciones como bibliotecas, museos, hospitales, cárceles, oficinas públicas, no solamente tienen leyes de la república que rigen su funcionamiento; también tienen normas y reglas, reglamentos establecidos, muchas veces, por el ministerio a que pertenecen o por la misma dirección institucional. Siempre he entendido, porque así ha sido conversado en mi casa desde mi niñez, que la Biblioteca Nacional era restrictiva en cuanto a las condiciones de las donaciones hechas por particulares. En principio, se aceptaban las donaciones; pero como ha sido costumbre que los donantes podían ser nombrados curadores de la colección donada, la Biblioteca Nacional no aceptaba esta condición, y por tanto tampoco la donación, cuando el donante era extranjero.
Así pues, lo que yo he sostenido no es que hubiera una “ley de la república”, sino que la Biblioteca tenía por norma no aceptar donaciones que implicaran la condición de nombrar curadores extranjeros. En el artículo de la Revista Interamericana de Bibliotecología, cuyo enlace incluí en mis apuntes, dice textualmente:
“Sinembargo y a pesar del reconocimiento público del valor patrimonial de su colección privada, cuando Mendel quiso donarla a la Biblioteca Nacional, el gobierno, quien debía decidir, dio un no como respuesta. El periodista y bibliófilo Mauricio Pombo cuenta que los gobiernos entre 1941 y 1948, entre los cuales figuró como Ministro de Educación Germán Arciniegas y como director de la Biblioteca Nacional a Enrique Uribe White, no recibieron la donación de la biblioteca Mendel, por considerar inaceptables las condiciones puestas por el donante: «(…) que el fondo llevara su nombre y que se le permitiera ser curador ad honorem de la colección».
Condiciones apenas lógicas para una donación de este tipo. Pombo nos comenta que la decisión tenía como sustrato el hecho que no sería bien visto que un Fondo de la Biblioteca Nacional tuviera el nombre de un extranjero.” (La nota 26 dice: 26. POMBO, Mauricio. La biblioteca de Bernardo Mendel: Agua pasó por aquí… La Tadeo, 2001, no. 65, pp. 97 – 98.)
Ahora bien. Si vamos al artículo de Pombo citado, encontramos (p. 97-98) que “los gobiernos de entonces (1941-1948), entre los que figuró como ministro de educación Germán Arciniegas, y que tuvieron como director de la Biblioteca Nacional a Enrique Uribe White, no se la quisieron conceder. Y no lo hicieron, porque consideraron inaceptables las dos condiciones mínimas que ponía el donante Bernardo Mendel: que el fondo llevara su nombre, y que se le permitiera ser curador ad honorem de la colección”.
Y continúa de inmediato Pombo: “Nuestros sabios burócratas de la cultura de entonces, como en nuestros días, no podían tolerar lo foráneo, y menos aun, que un fondo de la Biblioteca Nacional de Colombia llevara el nombre de un extranjero o aparecido, como seguramente dirían.” Este último comentario de lo que “seguramente dirían” sobra, y Pombo debería saberlo, porque una investigación científica se cae cuando se agregan a ella suposiciones puramente personales e imposibles de comprobar. En nuestro país es muy común adjudicar intenciones a los demás, muchas veces solo por arbitrariedad retórica. Eso genera odios y, con trágica frecuencia, se cobra en vidas humanas. Es una de las fuentes de nuestra violencia nacional.
Sea como fuere, lo que yo he dicho, y me mantengo en ello, es que Pombo nunca dijo, ni siquiera insinuó, que se tratara de un caso de antijudaísmo. En consecuencia, he dicho que Héctor Abad ha cometido una ligereza al sugerir que así fue. Ahora usted me cuenta que Pombo también piensa lo mismo y esto me obliga a pensar que también Pombo comete una ligereza.
Una investigación seria sobre la conducta y las ideas políticas y sociales de Uribe White y de Arciniegas muestra que no solamente no eran antijudíos, sino que además ayudaron efectivamente a los judíos perseguidos durante la Segunda Guerra Mundial. En lo que respecta a Arciniegas, yo soy un testimonio viviente de ello. Me consta que formó parte del grupo de liberales que prestaron solidaridad a los judíos inmigrantes en Colombia, legales e ilegales. La propia comunidad judía lo sabe y en Jerusalén se le tiene una estimación especial.
Que la Biblioteca Nacional de Colombia tiene miedo de los extranjeros y, peor aun, de los idiomas extranjeros, es algo bastante conocido. Un amigo y colega, historiador colombiano que vive en los Estados Unidos, me escribe a propósito de este pequeño debate:
Cuando en 1991 quise donar a la Biblioteca Nacional cerca de 2.500 libros de historia recolectados por mí en Estados Unidos, aun sin solicitar que la colección llevara mi nombre, lo que no era mi deseo, la biblioteca no lo acepto por estar escritos en ingles. Ahí tienes. un abrazo, JS
Por supuesto, no hay una “ley de la república” que diga que no se deben recibir libros en inglés. Lo que seguramente hay, y usted lo podrá averiguar mejor que yo porque usted vive en Colombia y yo no, es una “ley de la república” que deja a la Biblioteca Nacional la potestad de recibir o no recibir donaciones según el criterio del bibliotecario. Lo cual es una estupidez.
Le ruego que me perdone la extensión de mi respuesta y la letra tan grande. Lo de la letra se debe a una grave afección a la vista que me aqueja. Lo de la extensión se explica porque, sinceramente, no deseo entrar en discusiones de leguleyos, sobre leyes y normas y reglamentos. Rechazar la donación del señor Mendel fue una soberana estupidez, como lo ha sido durante todos estos años no investigar si el señor Mendel sacó del país su colección de manera legal o ilegal (aquí sí que hay leyes precisas que citar). Como lo ha sido, también, aceptar que uno de los tomos de la colección de “Los Comuneros” (documentos originales de la insurrección de 1781) haya sido robado por persona identificada y se encuentre ahora en una universidad norteamericana, que lo conserva entre sus bienes más preciados.
Reciba mi saludo cordial y mis mejores sentimientos de admiración. Carlos Vidales
Ref.: http://enriqueuribewhite.blogspot.com/ [Debate propiciado por Gabriel Ruiz-Arbeláez, en sus páginas virtuales NTC: http://ntcblog.blogspot.com/]
La donación de la biblioteca de Bernardo Mendel – 2 (Por: Carlos Vidales. Estocolmo, 18 de julio de 2010. Para: Tertulia White y NTC … . CC: Gabriela Santa y Héctor Abad.). Durante los últimos días he estado pensando que el debate suscitado por un artículo de Héctor Abad sobre la maravillosa colección de libros del Sr. Bernardo Mendel se ha enfocado fuera del centro del asunto: un riquísimo patrimonio cultural que fue a parar a manos de una universidad extranjera por culpa de la negativa de la Biblioteca Nacional de Colombia a aceptarlo como donación de un extranjero.
En efecto, dos afirmaciones al pasar de Héctor Abad fueron los elementos detonantes del debate: la primera, que Germán Arciniegas y Enrique Uribe White fueron, o son, dos escritores “mediocres”; la segunda, que fueron ellos los responsables, posiblemente por antijudíos, del estúpido rechazo, y no los ministros de educación y directores de la Biblioteca conservadores, que ocuparon sus cargos desde 1946 hasta 1950 (y fueron muchos, varios de ellos de reconocida militancia fascista). Héctor Abad se retractó de la primera de esas afirmaciones; la de menor importancia, sin duda, porque el calificativo de “mediocre” asignado a un escritor es una opinión, un juicio de valor, y cada cual puede tener la opinión que le plazca sobre el asunto. Que exista la obligación ética de fundamentarla es otra cosa, pero habiendo retirado Héctor Abad ese concepto, nada más hay que agregar aquí.
En cuanto al presunto carácter de antisemitas, o antijudíos, de Germán Arciniegas y Enrique Uribe White, Abad prefirió dejar en suspenso su retractación hasta averiguar, por sí mismo, qué había de fundamento en tal insinuación. Yo guardé silencio entonces, aunque me pareció extraño que tal cosa se haya expresado sin tener en la mano pruebas para sustentarla. Pensé entonces, como ya he dicho, que el centro y lo fundamental de todo el contexto era la inmensa pérdida que había sufrido Colombia con la salida de tan valioso tesoro cultural, salida que, por lo demás, se produjo durante el siniestro gobierno fascista de Laureano Gómez, con violación flagrante de las leyes de la república sobre el extrañamiento de bienes culturales.
Sinembargo, a medida que han pasado los días me he dado cuenta de que lo verdaderamente importante, en realidad, es el tema que ha ocupado todo el debate sobre el artículo de Abad: ¿Fueron Germán Arciniegas y Enrique Uribe White antijudíos? ¿Hay pruebas de ello? Y si no las hay ¿cómo es posible que un escritor difunda esta especie y, luego, se reserve el derecho de retractarse solamente después de averiguar si lo que dijo era cierto o no?
Y este es el tema central, sencillamente porque se encuentra en el centro de la trama de degradación que vive la sociedad colombiana. Se dicen cosas sobre honras ajenas con la soltura y la ligereza que una impunidad generalizada garantiza a quien las dice, sea un simple lector de periódico o un connotado columnista. Si el 98 por ciento de los asesinatos que se cometen en nuestro país quedan sin que jamás se castigue a los culpables, nada menos que el 100 por ciento de las afirmaciones injustas y lesivas al honor de las personas quedan en la impunidad absoluta, relegadas al espacio siempre pantanoso y laberíntico de los “debates”.
Es aquí donde lo que Aníbal Ponce llamaba “la inteligencia” tiene un papel fundamental que cumplir. La inteligencia debe ser guardiana de una ética de procedimientos: averiguar y verificar los hechos antes de lanzar juicios que afectan el honor de terceros, retractarse prontamente y sin condiciones cuando se lanzaron juicios no fundamentados y mantener el equilibrio y la mesura cuando la pasión invita a adjudicar intenciones o motivos.
Toda la obra de Germán Arciniegas está llena de expresiones de reconocimiento y simpatía hacia el pueblo judío y su cultura. Bastaría recordar que durante décadas fue, de todos los ensayistas colombianos, el más entusiasta propagador de la idea de que América (y en ella, Colombia), se formaron étnica y culturalmente con el concurso de judíos que arribaron al Nuevo Mundo ya en el primer viaje de Colón; que propuso con vigor la hipótesis de que el propio Colón era judío converso; que en su magistral ensayo histórico sobre Jiménez de Quesada defendió el carácter de judío converso del fundador de Bogotá y de muchos de los hombres de su hueste; que escribió innumerables artículos en el país y en el extranjero, sobre la contribución de los judíos a la formación de las culturas hispanoamericanas; que fue embajador en Israel, no por casualidad, y que allí dejó amigos, lectores y admiradores que lo recuerdan con afecto.
En cuanto a Uribe White, su nombre está registrado en la Historia del Partido Comunista de Colombia como miembro activo, desde las filas liberales, de las asociaciones antifascistas y de solidaridad con los judíos, ya desde la década de 1930; firmó, con centenares de intelectuales, el manifiesto a favor de la República Española y en contra del alzamiento falangista, en 1936; y mantuvo, en la vida pública y privada, relaciones de entrañable amistad con muchos de los judíos refugiados en Colombia.
No hay, pues, ni la sombra de un indicio de antijudaísmo en las vidas de Germán Arciniegas y de Enrique Uribe White y, por el contrario, hay pruebas contundentes e irrefutables de sus actividades antifascistas y de solidaridad con el pueblo judío. Podría incluir aquí recuerdos personales, de mi infancia, porque mi padre fue muy activo también en esas luchas; pero quiero ceñirme a los hechos fácilmente comprobables por cualquier lector que desee investigarlos por sí mismo.
Lo que queda en pie, y este es el centro de la cuestión, es que en Colombia se sigue matando, sea con la motosierra o la pistola, sea con el teclado del computador. Que veinte mil libros valiosos, o cien mil, hayan salido del país para quedar en manos de una institución extranjera, es muy doloroso, pero es mucho menos doloroso y mucho menos trágico que nuestro hábito inveterado de matar al prójimo, de hecho o de palabra. Mientras continuemos con estas prácticas y estas conductas, seguiremos estando donde estamos: en la violencia.
Entretanto, los documentos que NTC está reuniendo con el concurso de varios compatriotas, servirán para iluminar y esclarecer episodios muy importantes de nuestra historia reciente. El lector atento podrá encontrar en ellos las claves de las luchas de ideas y de principios que se libraron durante el siglo pasado, y qué grupos y personas se alinearon en una o en otra trinchera y, lo que es más importante, encontrará en ellos los fundamentos para formarse su propio criterio.
Yo espero sinceramente que Héctor Abad se retracte sin reservas de su insinuación de antijudaísmo con respecto a Germán Arciniegas y Enrique Uribe White, y que lo haga no solamente por la honra de estos dos compatriotas, sino también (y tal vez principalmente) como una contribución al empeño que la inteligencia colombiana debe hacer para erradicar métodos y estilos que perpetúan nuestras actitudes de confrontación, negación del otro y destrucción de la integridad ajena.
http://hem.bredband.net/rivvid/ , http://luisvidales.blogspot.com/ , http://losimportunos.wordpress.com/
P.S.: Efectivamente, Héctor Abad se retractó y yo cometí una injusticia al no reconocerlo. Pido disculpas. Se me enredaron las anotaciones que tenía desde mi correspondencia inicial con Abad y ahora se ha sumado a esto la imposibilidad técnica de comunicarme con él y con NTC a través de mi correo habitual. Mi operador de correos tiene problemas con los servidores./ Ya ven, uno puede cometer graves injusticias incluso cuando está rompiendo lanzas por la justicia./ Solamente queda pedir a NTC que retransmita esto a Héctor Abad, porque, como he dicho, tengo mi cuenta de correo prácticamente en estado de desgracia./ Mis opiniones sobre la degradación de la sociedad colombiana siguen en pie. Y sigue en pie mi crítica al hecho de lanzar una insinuación y luego decir que va a averiguar si hay fundamento o no para tal insinuación. Y sigue en pie mi convicción de que esto no vale solamente para Héctor Abad sino para todos. Es un problema de la sociedad colombiana, no es un problema de una persona./ Carlos Vidales (Estocolmo, 19 de julio de 2010)
La donación de la biblioteca de Bernardo Mendel – 3 (por: Halim Badawi; Bogotá, 19 de julio de 2010). Soy el autor del artículo que han citado relativo a las bibliotecas de Bernardo Mendel y Nicolás Gómez-Dávila (publicado por la Revista Interamericana de Bibliotecología, vol.30 no.1 Medellín Jan./June 2007, «Apuntes para una biblioteca imaginaria: valor patrimonial y situación legal de las bibliotecas de Bernardo Mendel y Nicolás Gómez Dávila» ).
Me había mantenido al margen de la discusión detonada por Héctor Abad Faciolince sobre la biblioteca de Bernardo Mendel. Siempre me ha parecido que lo más importante de esta historia es la lección para Colombia que, infortunadamente, aún no ha sido aprendida, más que si (por este hecho puntual) «fueron» o «no fueron» mediocres dos personas, una discusión que cae en generalizaciones y juicios morales no pertinentes. En este marco, primero que todo habría que definir la mediocridad, asunto en el cual prefiero no introducirme.
Voy a referirme puntualmente al asunto de la biblioteca de Bernardo Mendel y el proceso de escritura del artículo relativo, ya que creo, podría brindar luces para aclarar esta discusión. Aprovecho la oportunidad para contar lo siguiente:
– Mi artículo fue escrito entre los años 2004 y 2006, por lo que he omití nuevos descubrimientos relacionados con la biblioteca de Bernardo Mendel. De la misma forma, mi postura ha variado un poco: en el artículo recuesto la carga de responsabilidad de la exportación de la biblioteca sobre Bernardo Mendel. Ahora, aunque no desconozco la responsabilidad de Mendel, tiendo a ser más crítico con el Estado. No con Germán Arciniegas o con Enrique Uribe-White, sino con el Estado, con sus políticas culturales y la efectividad de las mismas.
– En el proceso de construcción del artículo, escribí a Mauricio Pombo en dos oportunidades con el ánimo de hacerle unas preguntas. Encontré una dirección de correo Internet, pero posiblemente estaba inactiva, ya que Pombo no contestó mis mensajes. Mi intención era hablar con Pombo para que me contara sus fuentes para escribir el artículo sobre Mendel publicado por la revista «La Tadeo». El episodio del rechazo de Germán Arciniegas y Uribe-White a la donación de Mendel no lo he encontrado documentado en revistas de la época, en el Ministerio de Cultura, en el Archivo General de la Nación o en el archivo de Germán Arciniegas conservado por la Biblioteca Nacional de Colombia. Es más, ni siquiera conozco la fecha exacta del rechazo de la donación. Por ello, creí que Pombo podría facilitarme las fuentes primarias o secundarias, o remitirme a algún archivo familiar (el de Uribe White por ejemplo) o público (BLAA, Biblioteca Nacional, etc.).
Por lo anterior, no sé a ciencia cierta si la historia del rechazo es tradición oral recogida por Pombo, o construida a partir de fuentes escritas. Me parece que este tema debe superar el carácter de corrillo que tiene en la opinión pública y de acusación (sobre Arciniegas y Uribe-White) que tiene en los medios.
– He escuchado en círculos intelectuales bogotanos, desde hace años, el carácter presuntamente antisemita del rechazo a la donación. Sin embargo, nunca he encontrado fuentes escritas que permitan hacer tal afirmación. Ni siquiera la mención hecha por Pombo refiere a antisemitismo.
– Por lo tanto, lo que pruebo en mi artículo a partir de fuentes bibliográficas y documentales fiables son dos hechos concretos: la conformación de la colección por Bernardo Mendel en Colombia, y, su salida del país y adquisición por The Lilly Library (en el proceso de edición del artículo por la Revista, decidieron omitir una nota al pie en donde yo reconocía que, a pesar de haber revisado varios archivos públicos, nunca había encontrado, salvo la cita de Pombo, documentación sobre este hecho).
– Nunca encontré pruebas fehacientes de una relación tirante o complicada entre Uribe-White y Mendel. Incluso participaron juntos en la Exposición del Libro de 1942 (en la Biblioteca Nacional), ambos como bibliófilos. También Uribe-White prologó una edición facsimilar de las «Cartas de Vespucio» de 1507, un libro prestado para tal fin por Bernardo Mendel. Curiosamente, la edición fue hecha por la Biblioteca Nacional de Colombia. Además, si mi memoria no me falla, encontré hace poco una breve mención hecha por Uribe-White sobre Mendel, en donde Uribe-White reconoce la importancia de la biblioteca de Mendel, menciona su compra por una «universidad extranjera», y no reprocha, juzga, menciona o reconoce su propio papel en esta decisión.
– En medio de la extensa discusión reciente, me pareció leer un comentario de Abad Faciolince en donde afirma que la denuncia original sobre la biblioteca Mendel era de Pombo. Creo que el asunto es más complejo: Existen dos denuncias diferentes, no una denuncia primera y otra secundaria, sólo diferentes. Es decir, una denuncia es la de Pombo, quien cuenta el caso y llama a la opinión pública. Yo, por mi parte, denuncio concretamente la necesidad del Estado de estudiar la posibilidad de pedir internacionalmente, a través de los mecanismos necesarios, la devolución parcial de la biblioteca Mendel. Mi denuncia intenta impulsar acciones en el territorio de lo jurídico. De la misma forma, intento construir el itinerario de la biblioteca Mendel, por primera vez, a partir de fuentes primarias y secundarias (explícitas a lo largo de mi ensayo), ya que en ese momento consideré que toda denuncia debe partir de una revisión de los hechos concretos (pensé que mi artículo podría ayudar a construir esa revisión).
– Más allá de lo anterior, mi intención con el artículo era despertar una discusión sobre el papel del Estado colombiano en la construcción del patrimonio documental y bibliográfico nacional. En este momento, debo hacer mención a cuatro asuntos pivotes:
1) Reclamación internacional: No son nuevas en el mundo las reclamaciones patrimoniales: Grecia reclamando los mármoles del Partenón, las reclamaciones por el tesoro del Troya, la demanda del estado de Israel por la propiedad del archivo de Franz Kafka, etc. Creo que no sería impertinente (al menos jurídicamente) pensar en la posibilidad concreta de que Colombia reclame tres grandes acervos puntuales: las láminas de la Expedición Botánica, el Tesoro de los Quimbayas y la biblioteca de Bernardo Mendel.
2) Responsabilidad patrimonial de los entes municipales: En Bogotá, la responsabilidad de conservación del patrimonio bibliográfico no la está cumpliendo Biblored, ya que esta entidad no recibe en donación o compra bibliotecas con caracter patrimonial. No hay un sólo espacio en los cuatro grandes edificios de Biblored que albergue este tipo de patrimonio. Estas bibliotecas sólo reciben material nuevo, «actual» (concepto discutible en las ciencias humanas y en las artes) e impoluto. Biblored ha huido de su responsabilidad con el patrimonio bibliográfico de Bogotá, y ha delegado tácitamente esta responsabilidad a la Biblioteca Luis Ángel Arango, a la Biblioteca Nacional de Colombia y a algunas bibliotecas universitarias (Nacional, Andes, Javeriana, …). En este sentido, hace unos meses ofrecí, como intermediario, una donación de 5 mil libros de una valiosa colección privada al nuevo y flamante Centro Cultural Biblioteca Pública Julio Mario Santo Domingo (en Suba) y recibí un rechazo fehaciente basado en las «políticas de la entidad» (no recibir libros antiguos).
3) Monopolio en la adquisición del patrimonio bibliográfico y documental: La única institución pública del país que compra de manera sistemática, financiada y responsable patrimonio documental y bibliográfico es la Biblioteca Luis Ángel Arango. Instituciones como la Biblioteca Nacional de Colombia viven del depósito legal y de las donaciones, ya que las compras representan un porcentaje mínimo de las adquisiciones. Un caso similar ocurre con el Archivo General de la Nación. Esto lleva a una situación de monopsolio del Banco de la República, por lo que esta institución termina estableciendo un espectro de precios en el mercado de libros y documentos de segunda mano. Esta situación se corregiría con un presupuesto para adquisiciones (con tablas de precios más flexibles y programas de adquisiciones), autónomos para cada entidad, en otras instituciones públicas y privadas del país.
4) Prohibición de exportación – Expropiación – Incautación: Pondré un ejemplo relacionado con el patrimonio arqueológico. Durante estos años, la propiedad de todos los bienes arqueológicos se transfirió al Estado (aunque los particulares pueden conservarlos como «tenedores»). Creo que esta legislación es un arma de doble filo, ya que, más allá de sus beneficios, ha llevado a tres situaciones concretas: (i) una expropiación disfrazada (por parte del Estado) de los bienes arqueológicos, constituyendo una limitación a la propiedad privada (si yo, en una cueva de mi finca encuentro un precolombino, ¿es mío o del Estado?, o si yo, en mi finca conservo con mi dinero y mi espacio precolombinos encontrados en mi finca hace cien años ¿son míos o del Estado?); (ii) la ausencia de un mercado arqueológico nacional, ya que estos bienes no pueden venderse dentro del país, lo que desestimula el coleccionismo privado (que tradicionalmente se constituye en la fuente de museos y colecciones públicas), así como el coleccionismo público, ya que los museos no pueden comprar; (iii) la estimulación tácita del tráfico ilícito de bienes arqueológicos, ya que los precios que no se pagan en Colombia, sí los paga el mercado internacional (y con creces).
Conozco una importante colección de precolombinos perdida en baúles, ya que sus dueños creen que no vale nada (uno de los efectos de esta legislación).
Pongo el ejemplo del patrimonio arqueológico porque creo que, algunos administradores de archivos públicos, desearían la anterior situación para todos los objetos culturales posibles (arte, antigüedades, archivos, bibliotecas, etc.), situación que terminaría por tener un efecto contrario al deseado. A pesar que no existe una legislación similar para archivos, sí es cierto que algunos archivistas, incluso, han intimidado a comerciantes de documentos antiguos, llevando a un miedo generalizado en algunos sectores del mercado, ya que se cree, de forma errónea, que los documentos antiguos en el mercado provienen, en su mayoría, del robo a archivos públicos, una gran falacia que repiten una y otra vez, generalizando y sin pruebas, algunos archivistas de instituciones estatales o distritales.
Ref. (partes 1, 2 y 3, anteriores, del debate sobre la donación de la biblioteca de Bernardo Mendel: http://enriqueuribewhite.blogspot.com/ [Debate propiciado por Gabriel Ruiz-Arbeláez, en sus páginas virtuales NTC: http://ntcblog.blogspot.com/]
Homenajeando a Álvaro Rodríguez-Torres (Escribe: Álvaro Castillo-Granada). Siempre es un momento de alegría cuando se reconoce y homenajea a un amigo. El reconocimiento generalmente es esquivo y muchas veces no se posa donde debe. Y si, en este caso, se trata de un poeta al que hemos leído y seguido pacientemente desde hace más de veinte años, el orgullo se multiplica.
La poesía de Álvaro Rodríguez Torres es, para mí, una de las más claras, sugerentes, expresivas y auténticas que se escriben en nuestro país. Es una poesía cuya razón íntima radica, por un lado, en la observación paciente y constante del paisaje sabanero a través de la ventana de un autobús en movimiento. El paisaje que se ha transformado a lo largo de casi cuarenta años entre Bogotá y Zipaquirá. El poeta posa y fija su atención en las sutiles imágenes que su mirada atrapa y su memoria guarda. Por otro lado, su poesía se nutre también de otras fuentes. El cine, la música, la pintura y la lectura le dan motivos a su mirada, a su pensamiento, para, como dice su admirado Andrei Tarkovski, “esculpir en el tiempo”. Eso es lo que hace Álvaro Rodríguez Torres en su poesía. “Esculpir en el tiempo”, pieza a pieza, verso a verso, como si se tratara de un montaje, imágenes y sensaciones en movimiento que condensan y potencian lo que ha sentido y reflexionado a través de su transcurrir. Obra breve e intensa, profunda, honesta, nos recuerda siempre que La luna cambia/ sólo para decir todavía
Poesía que asombra y descubre: revela cómo las sensaciones se transforman en poemas a través de una infinita paciencia trabajada en nuestro interior. Poesía que observa y nos observa. José Emilio Pacheco nos dice: “No me preguntes cómo pasa el tiempo”. Álvaro Rodríguez Torres nos responde: hay algo en mí que así lo siente, lo prefiere,/ como una verdad que sólo buscara apoyo/ en lo sediento, en lo imaginario.”
Y sí, además, ese poeta reconocido y homenajeado es por sobre todas las cosas, como decía don Antonio Machado, “un hombre bueno”, no tenemos más que decir: “Gracias Álvaro, amigo”. Tu obra nos acompaña y nos descubre que más acá y más allá de todo estamos los seres humanos que contemplamos cómo la luz cambia. Lo que siempre y nunca es igual.

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