Cargando sitio

Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, de Octavio Paz, a la luz de los nuevos espacios críticos transdisciplinarios

Escasas han sido las monjas y pocas las mujeres que hayan despertado tanto interés ni suscitado tanta polémica como sor Juana Inés de la Cruz.

Sinembargo, hasta hace veintisiete años, o sea en 1982, cuando Octavio Paz publica Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe1 , su extenso estudio sobre esta figura medular de las letras iberoamericanas, los datos que se tenían sobre esta monja mexicana eran incompletos y contradictorios. En lo referente a su biografía, la mayoría de los críticos parecían recurrir casi exclusivamente a la información que había circulado desde que el jesuita Diego Callejas publicara, en 1700, la “narración edificante” que precede al último tomo de sus obras –Fama y obras póstumas del Fénix de México, Décima Musa, etc.-, y a la que consignara el también jesuita Juan de Oviedo en su testimonio de 1702 sobre las conflictivas relaciones de sor Juana con su confesor Antonio Núñez de Miranda, S.J.2  Asimismo, en lo pertinente a los trabajos críticos sobre su obra, si bien a partir de los inicios del siglo XX, gracias al impulso que cobra el movimiento modernista en Hispanoamérica, y durante el auge de las vanguardias la mirada de poetas y artistas de nuestra región se vuelve hacia el siglo XVII y toma como modelo algunos de los múltiples aciertos y lenguajes del Barroco, resulta evidente que los académicos, al analizar los escritos de sor Juana y de sus contemporáneos, mantienen una separación disciplinar incapaz de ofrecer una visión múltiple en torno a la monumental contribución de ellos a la culturas panhispánicas. O sea, que pese a que el eco de Góngora y Quevedo, Sigüenza y sor Juana, Alarcón y Juan de Guevara, y los “conceptistas” Bonilla, Ledesma y Juan de Salinas resucita en los temas, métricas y mitologías, en la sintaxis, y los valores semánticos esenciales del lenguaje de los ultraístas (en Argentina), los estridentistas y los contemporáneos (en México), los neo-gongoristas (en España), y los creacionistas y superrealistas (en Chile), las aproximaciones de los académicos se limitan a visiones fragmentarias sobre la vida y obra de aquellos protagonistas intelectuales del siglo XVII. No sorprende, por eso, que cuando comienzan a multiplicarse los ensayos sobre la vida, personalidad y obra de sor Juana –más de un millar entre 1900 y 1975-, éstos encierren sus visiones y saberes dentro de una tradición disciplinar estructurada: la historiografía literaria española e hispanoamericana, las diversas teorías de la expresión poética, el psicoanálisis, la sociología, la psicología, la política, la métrica española, la filosofía, la historia, la tradición hermética, el Barroco, el Gongorismo, el Conceptismo, el feminismo incipiente y la numerología. Para constatar lo dicho, basta con revisar la bibliografía que se publica en estos años, en la que sobresalen los estudios que llevan a cabo Amado Nervo3, Alfonso Reyes4, Pedro Henríque Ureña,5  Alfonso Méndez Plancarte6, Ermilo Abréu Gómez7 , Ludwig Pfandal8 , Karl Vóssler9, Tomás Navarro Tomás10, Gerardo Diego11, Dorothy Schons12  y Anita Arroyo13, entre muchos.

Ahora bien, como es del conocimiento de los académicos contemporáneos, a partir de la década del setenta del siglo pasado el panorama se altera considerablemente: surgen nuevas propuestas y cambian los paradigmas del pensamiento teórico, sobre todo dentro de las humanidades que cuestionan las estructuras del aparato conceptual vigente, y recuperan los espacios de la metafísica, la estética, la política, la historia y la lingüística con el propósito de reflexionar sobre los transformaciones que se han dado en el ordenamiento social, artístico y geográfico, y de replantearse los procesos de producción de conocimiento. En ese momento se da el debate de la postmodernidad, éste abre paso al de la postcolonialidad, se trazan las epistemologías coloniales, el proyecto teórico de los estudios culturales y de los “subalternos”, se platean nuevos discursos de crítica cultural, y se configura un corpus filosófico para pensar el tema de las identidades, de la otredad, de la diferencia y de la nacionalidad. Y como es natural, es en ese entonces cuando estos programas se acogen a aquellos saberes “pluri”,  “inter”14 , y transdisciplinarios que permiten una visión abierta y dialogante de las humanidades y las distintas ciencias sociales.  Por eso, cuando en 1982 Octavio Paz –el incansable investigador de la vida y obra de la excepcional monja mexicana, el reconocido académico y poeta versado en las propuestas artísticas de las vanguardias y posvanguardias europeas, norteamericanas y latinoamericanas15 -, publica su estudio monumental Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, a nadie sorprende que para efectuar este trabajo él se haya apropiado de las teorías y metodologías de las distintas ciencias sociales y ramas de las humanidades –la historia, la sociología, la psicología, la literatura y la biografía- no tanto para validar una teoría o interpretar datos16 , sino más bien para “buscar un espacio de convergencias, un espacio diferente al de las disciplinas interdisciplinarias”17 . Habría que recordar que la visión transdisciplinaria era posterior a las pluri e interdisciplinarias y que Jean Piaget la había planteado originalmente en 1970 en el Congreso de Locarno, durante el coloquio “De la pluridisciplinarité a la transdisciplinarité”18 . Y habría que tener también en cuenta que, a partir de aquel momento, la noción de transdisciplinariedad había cobrado su propio espacio como medio para deshacerse de la solidaridad de las antiguas disciplinas en provecho de un objeto y un lenguaje nuevo.19 

No es de sorprender, por eso, que el mundo académico de Iberoamérica celebre con entusiasmo la aparición de este estudio “admirable” del intelectual y poeta mexicano distinguido por su erudición enciclopédica, sus firmes compromisos políticos, su independencia de criterio, su incuestionable posicionamiento social, y su lucidez analítica. Es más, no creo equivocarme si sostengo que con esta obra, Octavio Paz se adelanta a los teóricos latinoamericanos que, de unos años acá, plantean la importancia, la necesidad de dar con categorizaciones críticas que sean transdisciplinarias, tengan su locus en América Latina y, sobre todo, que no se sirvan exclusivamente de las cartografías ideológicas y metodológicas europeas y norteamericanas. Paz mismo, al referirse en 1982 a las coordenadas y el propósito de esta obra capital afirmó:

…la comprensión de sor Juana incluye necesariamente la de su vida y su mundo. En este sentido mi ensayo es una tentativa de restitución; pretendo restituir a su mundo, la Nueva España del siglo XVII, la sociedad de la Nueva España del siglo XVII, la vida y la obra de sor Juana. A su vez, la vida y la obra de sor Juana nos restituye a nosotros, sus lectores del siglo XX, la sociedad de la Nueva España en el siglo XVII. Restitución: sor Juana en su mundo y nosotros en su mundo. Ensayo: esta restitución es histórica, relativa, parcial. Un mexicano del siglo XX lee la obra de una monja de la Nueva España del siglo XVII.20  (El subrayado es nuestro).

A través de estas palabras que cierran el prólogo del libro, resulta indudable que el escritor mexicano estuvo consciente, desde un primer momento, de que existía una discordancia, un desfase, entre la orientación y la visión de los creadores y las estructuras del aparato conceptual de los críticos de las primeras siete décadas del siglo XX.  Asimismo, él estuvo al tanto de que la única manera de resolver esta escisión era por medio del diálogo, de una negociación entre las voces creativas y las analíticas con el fin de crear un espacio nuevo que estuviera más allá del ímpetu creativo y de las rígidas disciplinas académicas que habían engendrando las graves divisiones existentes entre los campos de creación y del conocimiento. En pocas palabras, todo apunta al hecho de que Octavio Paz nunca dudó desde qué perspectiva tenía que abordar a esta religiosa-cortesana de la Nueva España del siglo XVIII, y cuál sería la vía para descifrar lo que él llamó “los muchos enigmas de sor Juana.” El proyecto tenía un único camino: el transdisciplinario. Y para establecer ese espacio nuevo que buscaba, él sabía  también que el recorrido habría de ser largo, empinado y exigente: volver sobre los archivos del virreinato y de la Iglesia, leyéndolos cuidadosamente y entre líneas, no tanto con las herramientas de la retórica notarial y tópica, como apunta Carmen Millán de Benavides en su ensayo “La literatura de nuevo al centro: abrir el archivo”- sino como el explorador de espacios de convergencia disciplinaria; analizar el papel que jugó el Santo Oficio y la influencia que tuvo la Compañía de Jesús en la Iglesia y la sociedad mexicana durante la Colonia; conocer la estructura y la división existente entre hijos naturales y legítimos, entre españoles, criollos, mestizos e indios en la sociedad novohispana del siglo XVII; rebatir la interpretación de biógrafos y críticos como Alfonso Méndez Plancarte, Karl Vóssler, Ludwig Pfandal y Abréo Gómez que definían a la poeta, intelectual y religiosa, ya como una mística, ya como una neurótica, ya como un ser poco menos que anormal por no ajustarse al prototipo de la mujer ideal -“rubia, pícnica aria, redonda y maternal-21 , tan estimado, sobre todo en Alemania, durante primera mitad del siglo XX; reposicionar las valiosas investigaciones de Dorothy Schons para descifrar los tres misterios principales de la vida sor Juana: ¿por qué tomó el velo?, ¿cómo se llamaba realmente: Juana Ramírez o Juana de Asbaje?; y ¿por qué en plena madurez intelectual y rodeada de fama, renunció a las letras?22 . Igualmente está claro que Paz estuvo al tanto de que debía analizar bajo múltiples aspectos la extensa obra literaria de la autora –sobre todo el Primero sueño- sin olvidar las correspondencias de este poema con lo expuesto en la Carta Atenagórica y sobre todo con lo afirmado por ella en la Respuesta a sor Filotea de la Cruz, tomando muy en cuenta también las diversas marcas del Barroco, las características de lo que fue, para algunos como Menéndez y Pelayo, una literatura transplantada, el declarado tono feminista de la autora y, desde luego, la labor de síntesis que realizó la escritora mexicana quien, al decir de Paz, le dio nuevos impulsos a esa poesía que en España se recogía crepuscularmente. También es evidente que el autor de Las trampas de la fe reconoció la importancia de desvelar –o sea, poner de manifiesto y sin prejuicios- la relación íntima, los “religiosos incendios,” que hubo entre Juana y la virreina y condesa María Luisa, “Lysi”, de Paredes. Más aún y dentro de esta línea de pensamiento, era preciso releer estos amores “platónicos”, según la definición de Marcilio Ficino23 , así como también en términos de la literatura erótica y cortés que, según algunos, procede del platonismo, según otros –la mayoría- al emerger en los regios aposentos de los sultanes árabes de Andalucía, inaugura nuevos lenguajes, se sensualiza, luego se re-codifica en las voces de los trovadores que alternan con las damas de las cortes de amor de Guillaume XVIII d’Aquitaine (1071-1126) y de su nieta Eleonor (1122-1204),24  se extiende por toda Europa, atraviesa el dolce stil novo de los italianos Guinizelli y Cavalcanti, se consagra en la Comedia de Dante y en los sonetos de amor de Petrarca, y llega a los recintos virreinales de la Nueva España, propiamente a una celda del convento de las jerónimas en México, donde la criolla, Juana Ramírez o Juana de Asbaje, sor Juana Inés de la Cruz -¿literata o religiosa?- le imprime un sello indiscutible y magistral en los romances, endechas, redondillas, en las décimas  liras y sonetos  que escribe y dedica, ya sea a sus primeros protectores, los virreyes Leonor Carreto y Antonio Sebastián de Toledo, marqueses de Mancera, ya a los cortesanos y amigos que la frecuentan en el locutorio, y más tarde y de manera apasionante, a María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, marquesa de la Laguna y condesa de Paredes. Por último, el polígrafo mexicano –conocedor como pocos de los ritos políticos, de las celadas propias de ese reino de los signos que dejó tal impronta en las costumbres mexicanas de los siglos XVI y XVII-supo que tenía que acabar, una vez por todas, con los infundios que la Iglesia y las burocracias ortodoxas habían propagado durante tres siglos sobre la renuncia de sor Juana a su don más sagrado: la palabra; y sobre la humillación que sufrió su inteligencia a raíz de la entrega, a su persecutor, de su amada biblioteca y de aquellos instrumentos de estudio y de trabajo que había ido coleccionando con esmero. Es evidente que Paz se fijó como imperativo desmentir las falsificaciones de la historia, dar a conocer las intrigas eclesiásticas y palaciegas, las tragedias y comedias de máscaras que movieron los hilos de la sociedad de la Nueva España del siglo XVII, y revelar la verdadera causa de la mal llamada “conversión” de sor Juana, de su total derrumbe social, intelectual y físico, y de su lamentable fin -¿su suicidio?-, acaecido el 17 de abril de 1695.(25)
Este es, sin duda, el punto culminante de la extraordinario obra Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. La defensa que Octavio Paz lleva a cabo de la excepcional Jerónima en la última, la sexta parte del libro es, en efecto, un ensayo de restitución, como él lo denomina; y es también y principalmente un ejercicio puntual de cómo investigar y escribir dentro del marco normativo de la transdisciplinariedad; de cómo ver, prever e interpretar las conexiones potenciales que tienen los saberes, incluso los marginados, entre sí con el fin de crear nuevos espacios interpretativos. En las más de seiscientas páginas que Paz dedica al drama personal e intelectual de quien fuera una de las figuras centrales de la cultura y de la lengua española, el autor da constancia del espíritu abierto y renacentista que lo caracterizó, en el cual la complejidad, la heterogeneidad, la no-linealidad y el diálogo entre lo local-regional-y-global, fueron unas de las características esenciales de su metodología transdisciplinaria de trabajo.

NOTAS
1 Octavio Paz. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. Barcelona: Seix Barral, 1982.

2 Juan de Oviedo. Vida ejemplar, heroicas virtudes y apostólico ministerio del venerable padre Antonio Núñez de Miranda, de la Compañía de Jesús. México: Herederos de la Viuda de Francisco Rodríguez Lupercio, 1702.

3 Amado Nervo. Juana de Asbaje. Conferencia leída el 28 de abril de 1910 en la Unión Iberoamericana de Madrid. Publicada en 0bras completas de Amado Nervo, Vol. VIII. Madrid: Biblioteca Nueva, 1920.

4 Alfonso Reyes. “Virreinato de filigrana (XVII-XVIII”, en Letras de la Nueva España, Obras Completas, Tomo III. México: Fondo de Cultura Económica, 1948, páginas 87-118.

5 Pedro Henríquez Ureña, “Biografía de sor Juana Inés de la Cruz”, Revue Hispanique, XI, 1927, 161-214.

6 Sor Juana Inés de la Cruz. Obras Completas, ed. Alfonso Méndez Plancarte, 4 tomos (I. Lírica personal. II. Villancicos y letras sacras. III. Autos y loas IV. Comedias, sainetes y prosa; este tomo IV se debe a Alberto G. Salceda. México: Fondo de Cultura Económica, 1951-1957.

7 Ermilo Abréo Gómez. “Sor Juana y la crítica”, en Revista de la Universidad de México, núm. 9, México, 1934, pp. 198-212. “Sor Juana Inés de la Cruz. Bibliografía y Biblioteca” México: Secretaría de Relaciones Exteriores, 1934. “Iconografía de Sor Juana Inés de la Cruz”, en Anales del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, núm. 1, México, 1945, pp. 169-88. “Tribulaciones de un sorjuanista”, en Letras de México, núm. 5, México, pp. 1-114.

8 Ludwig Pfandal. Sor Juana Inés de la Cruz: La décima musa de México. Primera edición en español. Edición y prólogo, Francisco de la Maza. Traducción de Juan Antonio Ortega y Medina. México: Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM, 1963. La primera edición alemana Die Zehnte Muse von Mexico Juana Inés de la Cruz. Ihr Leben, Ihre Dichtung, Ihre Psyque, se publica en Múnich   en 1946.

9 Karl Vóssler. “La décima musa de México: sor Juana Inés de la Cruz”, en Escritores y poetas de España (Colección Austral, tomo 771). Buenos Aires: Espasa-Calpe, 1947.

10 Navarro Tomás, Tomás. Métrica Española. Nueva York: Las Américas Publishing Company, 1956 y “Los versos de sor Juana”, Romance Philology, VII, 1953, pp. 44-40.

11 Gerardo Diego. Segundo sueño (Homenaje a Sor Juan Inés de la Cruz), Santander, Col. Tito Hombre, 1953 (Xilografías de Joaquín de la Fuente).

12 Dorothy Schons. “Some Obscure Points in the Life of Sor Juana Inés de la Cruz”. Modern Philology, vol. 24, 1926 y “Some Bibliographical notes on Sor Juana Inés de la Cruz. Boletín de la Universidad de Texas, N° 2526 del 8 de julio de 1926, Austin, Texas. 

13 Anita Royo. Razón y Pasión de Sor Juana. México: Editorial Porrúa, S. A., 1951, 1971, 1992.

14 Alberto G. Flórez Malagón. “Disciplinas transdiciplinarias y el dilema holístico: una reflexión desde Latinoamérica” en Desafíos de la transdisciplinariedad. Bogotá: Instituto PENSAR, Pontificia Universidad Javeriana, 2002, pág. 135-140. Según Flórez, “… en la pluridisciplinariedad varias disciplinas se asocian para estudiar un objeto común donde ninguna puede observar todos los aspectos sólo con las técnicas de las que dispones, así que se manifiesta la necesidad de establecer una cooperación entre disciplinas autónomas para alargar la comprensión de un dominio particular o de alcanzar un objetivo común. La pluridisciplinariedad, a su  vez, atiende un objetivo común entre varias disciplinas. Las interdisciplinariedad atiende un objeto común entre varias disciplinas, como validar una teoría, o interpretar datos, para lo cual unas disciplinas son llamadas a colaborar.”

15 Octavio Paz, “Homenaje a sor Juana Inés de la Cruz en su tercer centenario (1651-1695).” Sur, 206 (Diciembre de 1951): 29-40; “Sor Juana Inés de la Cruz: su vida y su obra”, conferencias dictadas en el Colegio Nacional de México, 1973 y 1974;  “Juana Ramírez”, Vuelta 2, no. 16 (Marzo de 1978): 17-23; “Juana Ramírez (II) “Sílabas las Estrellas compongan.” Vuelta 2, no. 18 (Mayo de 1978): 13-18; “Juana Ramírez, III (Última parte).” Vuelta 2, no. 19 (Junio de 1978): 14-25; “Juana Ramírez”, Signs 5, no. 1 (Autumn 1979): 80-97; “Óyeme con los ojos: la poesía amorosa de Sor Juana Inés de la Cruz.”; “La diosa Isis y la madre Juana.” Vuelta 3, no. 36 (Noviembre de 1979): 8-18;  Revista de Occidente, no. 15-16 (Agosto-Septiembre de 1982): 44-64.

16 Paz. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe.

17 Flórez Malagón, Op. Cit. pag. 135.

18 André Bourguignon. “De la pluridisciplinarité a la transdisciplinarité ”. Congrès de Locarno. Centre International de Rècherches et Études “Transdisciplinaires”, 1997. 

19 Flórez Malagón. Op.cit.

20 Paz. Op. cit.,. pág. 18

21 Ibid.,, pág. 93

22 Ibid., pág. 91

23 Paul Oskar Kristelle. The Philosophy of Marsilio Ficino. New York: Columbia University Press, 1964.

24 María Rosa Menocal. “Love and its songs”. The Ornament of the World.  New York: Little Brown and Co., 2002, pág. 126.

25 Sor Juana, según O. Paz (Op.cit, p. 535), habló siempre en plural y llamó a sus críticos “sus impugnadores, calumniadores y perseguidores”. Lo cierto es que las mentiras y deseos de ocultamiento de las verdaderas causas de la persecución que se desatan contra la Jerónima llegan al siglo XX, cuando el reverendo doctor, Alfonso Méndez Plancarte publica y edita las Obras Completas de sor Juana, entre 1951 y 1955, fecha de su fallecimiento.

Compartir:
 
Edición No. 148