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Sus años en Madrid

Antonio Lago-Carballo

Rafael Gutiérrez-Girardot llegó a Madrid en el mes de noviembre de 1950, como becario de la dirección de Relaciones Culturales y, más tarde, del Instituto de Cultura Hispánica, al mismo tiempo que lo hacían otros dos compatriotas suyos: Eduardo Cote-Lemus y Hernando Valencia-Goelkel. Los tres habían sido animados a solicitar la beca por el secretario de la Embajada española en Bogotá, Julián Ayesta, quien a su condición de diplomático sumaría la de ser un excelente escritor como demostró en su relato Helena y el mar del verano.

También los tres ingresaron, como residentes, en el Colegio Mayor Hispanoamericano “Nuestra Señora de Guadalupe”, donde convivirían con universitarios que, pocos años, después alcanzarían nombradía. Así los filósofos españoles Emilio Lledó y Tomás Ducay (quien fue profesor en universidades colombianas), el argentino Arturo Estrada, el uruguayo Alberto del Campo; los poetas españoles José-Angel Valente, José Caballero-Bonald y José-Agustín Goytisolo, los nicaragüenses Ernesto Cardenal, Carlos Martínez-Rivas y Ernesto Mejía-Sánchez; el dominicano Antonio Fernández-Spencer; el chileno Hugo Montes. También conocieron en el Colegio Mayor a pintores como su compatriota Darío Tobón-Calles, el salvadoreño Gonzalo Cañas y los españoles Antonio Valdivieso y José María Labra; o a significados maestros del derecho y de las ciencias sociales como los españoles Aurelio Menéndez-Menéndez y Rodrigo Fernéndez-Carvajal, el boliviano Jorge Siles-Salinas, los peruanos Vicente Ugarte del Pino y Carlos García-Bedoya, los argentinos Ernesto Garzón- Valdés, Juan-Carlos Agulla y Carlos Florit… por sólo ceñir la nómina al ámbito de las humanidades.

Gutiérrez-Girardot en sus cuatro años en Madrid -de 1950 a 1954- como becario primero de Relaciones Culturales y luego, del Instituto de Cultura Hispánica, siguió las enseñanzas del filósofo Xavier Zubiri y del sociólogo Gómez-Arboleya, y en el Colegio Mayor “Guadalupe” participó muy activamente en los seminarios sobre literatura española e hispanoamericana, que dirigía el poeta Luis Rosales, con la colaboración de Luis-Felipe Vivanco, José-María Valverde y Leopoldo Panero, y en el que, alguna vez participó Eduardo Carranza, así como en el Aula de Medianoche animada por José-Luis Aranguren y en la que se estudió el concepto de verdad en Santo Tomás de Aquino y Das Wesen der Wahrheit, de Martín Heiddeger, cuyas lecciones siguió Rafael después en Alemania.

En 1952 Gutiérrez-Girardot ganó el Premio Cuadernos Hispanoamericanos, convocado por el Colegio Mayor, con su ensayo El pensamiento de Andrés Bello. El mismo año Eduardo Cote-Lemus fue ganador del Premio Internacional de Literatura, convocado por el editor catalán José Janés, con su libro Salvación del recuerdo.

Debo añadir como testigo privilegiado que entre todos estos jóvenes universitarios se estableció un clima de convivencia y amistad que no se limitaba al ámbito personal sino que contribuía a un mejor entendimiento de la realidad de los países de origen. Sin faltar a la verdad, se puede afirmar que no se pretendía tanto conocer a España como a Hispanoamérica, gracias a un intercambio de noticias y saberes.

Rafael también asistió varios veranos a los cursos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Santander, donde fue un alumno muy activo pues participó en sendos seminarios acerca de la situación universitaria en Iberoamérica y de la realidad política en los países de la región. En Santander conoció a un joven y emprendedor librero, Francisco Pancho Pérez-González, con quien fundó la Editorial Taurus, como se recuerda en el libro Taurus, cincuenta años de una editorial (1954-2004), que vio la luz el pasado año.

Desde 1954 Gutiérrez-Girardot amplió sus estudios en Alemania y ejerció la docencia en Bonn, pero mantuvo siempre las mejores relaciones con los medios universitarios españoles en cuyas cátedras dictó cursos y conferencias. Uno de sus primeros libros –Poesía y prosa en Antonio Machado- fue publicado en Madrid, y su firma fue frecuente en las revistas culturales españolas.

Cuando en vísperas de su jubilación académica le fue ofrecido un libro-homenaje, en él colaboramos algunos de sus amigos españoles: José- María Valverde, Pedro Cerezo-Galán, Juan Goytisolo, Carmen Riera, Luis Saínz de Medrano, Gonzalo Sobejano, Faustino Tomás, Sonia Mattalia…

En estos días de duelo y esperanza cuantos conocimos y apreciamos la calidad humana e intelectual de Rafael, nos unimos con afecto al sentimiento de su esposa Marliese y de sus hijas Martella y Bettina.

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Edición No. 134