Tras las huellas de Agripina Restrepo de Norris
Agripina Restrepo de Norris fue una autora adelantada a su tiempo. Nació en Donmatías, Antioquia, el 20 de junio de 1899, en el hogar de Sotero Restrepo Restrepo y Clara Rosa Pemberthy Correa. A los pocos años de nacida, luego de la Guerra de los Mil Días, su familia, incluyendo a sus seis hermanos vivos, se trasladó para Manizales, y años después se radicaron en Calarcá.
En 1932 Agripina Restrepo de Norris fundó la Revista Numen, que circuló durante muchos años y se convirtió en el espacio de publicación de varios autores regionales, incluida la propia Agripina, quien escribió crónicas, cuentos, poemas y artículos de opinión, en los que se destaca su interés por reclamar los derechos para las mujeres y por describir las costumbres y el paisaje del Quindío. “La molienda”, “La quema”, “La mujer y el deporte”, “Las pantuflas”, “Mary Luz”, “El valle del Tesoro”, “Oración por los niños”, “Caricias” y “El lirio” son los títulos de algunos de sus textos.
Pese a ser una editora pionera en la región, su obra ha sido muy poco estudiada y esto puede obedecer a dos factores: por un lado, sus textos se encuentran dispersos en periódicos y revistas y no han sido compilados en un volumen único, lo cual dificulta su consulta, y por otro lado ella sólo tuvo una hija, Adelina, con síndrome de down, y entonces quedó sin herederos directos que se encargaran de cuidar y divulgar su legado.
Para subsanar este vacío, sobre todo de datos biográficos, se presenta a continuación una entrevista[1] con Inés Restrepo Ospina, sobrina y ahijada de Agripina Restrepo de Norris, quien compartió con ella y con su hija largas temporadas. Inés tiene hoy 93 años, goza de una memoria prodigiosa y en compañía de su hermana Martha y de algunos de sus hijos y sobrinos se mostró feliz de poder exhibir los recortes de prensa y fotos que conserva de su tía en su casa en el barrio Chipre, y de poder traer al presente esos recuerdos gratos.
– Empecemos por el principio: ¿Cómo estaba conformada la familia de Agripina Restrepo?
El abuelo materno fue Isaac Pemberthy, de origen inglés, de Liverpool. Él llegó a Donmatías, se dedicó a la minería y allá se casó con Encarnación Correa, con quien tuvo nueve hijos, entre ellos Clara Rosa Pemberthy Correa, la mamá de Agripina. Por el otro lado, su papá fue Sotero Restrepo Restrepo, hijo de Sotero Restrepo y Rosa Restrepo.
Agripina tuvo otras dos hermanas: Maruja y Ana Rosa, y las tres fueron maestras. Trabajaron toda la vida como profesoras y fueron muy instruidas.
– ¿Cuándo salió Agripina de Donmatías?
No sé exactamente el año, pero estaban todos muy chiquitos. Supongo que fue por la violencia que tuvieron que abandonar las minas de Donmatías. El caso es que llegaron primero a Manizales, todos juntos: Agripina con sus papás, sus dos hermanas y sus hermanos: Baudilio, Sotero, Guillermo y Genaro, que era mi papá. Tuvieron otro hermano que se llamó Ricardo, mellizo, pero él murió estando pequeñito.
Acá en Manizales ellos vivían en una casa por Hoyo Frío, que era el mejor sector de Manizales antes de los incendios. Años después yo conocí esa casa: era grande, roja, y quedaba para abajo de donde hoy está el Banco de la República. Agripina y sus hermanas estudiaron en la Normal de Señoritas que quedaba en el barrio San José, antes de que se pasara a la sede de la Avenida Santander, que decíamos que era la sede de El Carretero. Estudiando allá Agripina fue incluso reina de la Normal. Era una mujer bonita y siguió siéndolo: ella siempre fue pinchada, vanidosa, se vestía muy bien, cuidaba mucho la etiqueta, los accesorios… se maquillaba… la recuerdo siempre, hasta ya muy mayor, como una mujer muy elegante.
– Vivieron unos años acá en Manizales y ¿cuándo se radicaron en Calarcá?
Agripina tendría más o menos 15 o 16 años. Se fueron todos juntos, con los papás y los hermanos para Calarcá. Allá vivían en el campo y en general les iba bien. Ella empezó a trabajar como profesora, a viajar y a tener actividad social y política, y a veces nos visitaba en Rionegro.
– Agripina funda la Revista Numen en 1932. ¿Estamos hablando ya de esa época?
Yo nací en diciembre de 1929. Fuimos siete hijos y vivimos en Rionegro con mis papás, Genaro Restrepo (el hermano de Agripina) y mi mamá, Emilia Ospina, hasta 1942. Estando allá en Rionegro Agripina iba a visitarnos. Ya se había casado con Ramón Norris, que era el alcalde de Calarcá, y ya había tenido a Adelina, a la que siempre le decíamos Adita, que nació con Síndrome de Down.
Desde que Adita nació Agripina siempre viajaba con ella para todas partes. Siempre tuvo también alguien que le ayudara a cuidarla, a atenderla. La crio como a una reina y económicamente ella tenía manera de hacerlo. Nosotros en cambio éramos pobres. Mi papá tuvo un negocio de cacharros en Rionegro y se quebró, así que salimos todos de Rionegro en 1942.
– ¿Salen para Manizales?
De Rionegro a Manizales uno podía viajar por La Pintada o por Aguadas. Por Aguadas eran unos tramos a pie y otros en carro. Era un viaje mucho más difícil y más largo, pero mi mamá dijo que quería venirse por esa ruta porque su mamá, o sea mi abuela, vivía en Aguadas. Mi papá decidió entonces hacer ese sacrificio de venirnos por esa vía, con tan mala fortuna que había una epidemia de tifo negro: mi papá se enfermó en la travesía y se murió en cuestión de 20 días. Mi mamá llegó a Manizales sin dinero, viuda a los 39 años y con siete hijos, la menor de 3 años. A los 15 días de morir mi papá falleció en Calarcá mi abuela Clara Rosa Pemberthy, la mamá de Agripina y de mi papá. Ella vivía con Agripina porque desde hacía un tiempo padecía de Alzheimer. En ese tiempo dijeron que era demencia senil. A partir de entonces Agripina nos adoptó a nosotros.
– ¿En qué consistió esa adopción?
Agripina fue como una segunda mamá para mí, por decirlo de alguna forma, porque fue la que nos ayudó a educar y a salir adelante. Cuando llegamos acá a Manizales en esa situación tan horrible, sin saber ni dónde vivir, mi mamá fue a hablar en el Hogar de San Vicente y allá nos consiguieron una casa. Entonces Agripina nos empezó a ayudar y a estar muy pendiente, porque nosotros éramos prácticamente los únicos pobres de la familia. Además yo era contemporánea de Adita, ella me llevaba apenas un año, y a Agripina le gustaba que nos fuéramos en vacaciones para Calarcá y que viajáramos con ella porque la acompañábamos y le ayudábamos. Adita fue la prima más cercana de nosotros. Cuando estábamos con Agripina ella nos educaba, nos enseñaba etiqueta y modales. Nos decía: “coma así”, “siéntese así”, “salude así”. Eso era muy importante para ella.
– ¿Cómo era la relación entre Agripina y Adita?
Adita fue la adoración de Agripina pero también su preocupación. Lo que ella más pedía era que Adita se muriera primero que ella, porque temía que si ella se moría primero quién iba a cuidar de su hija. También le daba miedo de alguna violación, algún abuso. Agripina tuvo mucho tiempo un hogar para más de 30 niños desamparados, 30 muchachos, y era una obra que ella amaba, pero todo el tiempo que estaba allá tenía a Adita al lado y prácticamente ni le quitaba los ojos de encima. Le daba temor. En una época Adita fue al colegio, pero como la molestaban porque le decían que era boba, mongólica, entonces Agripina decidió retirarla y educarla en la casa con muy buenos profesores: allá iba el maestro de dibujo, el de canto que era Anacleto Gallego, de Armenia, allá le daban clases de flauta, de danza y aprendió a bailar ballet tan bonito que llegó a presentarse en el Teatro Colón y en el Olympia de Manizales, cuando era lo mejor que había.
– ¿En esa época Agripina todavía estaba casada con Ramón Norris?
Ramón era hijo de Guillermo Norris, un inglés que había llegado a las minas de oro de Marmato. Luego, tanto Ramón como su hermano Eduardo, que era poeta, y el resto de la familia, se asentaron en Calarcá. Ramón era un hombre muy buen mozo, de ojos verdes, y además una persona reconocida, que llegó a ser alcalde de Calarcá. pero más o menos hacia 1940, estando de alcalde, se separaron. La historia es que Agripina y Ramón se casaron, tuvieron a Adita, estuvieron un tiempo juntos y luego pelearon. Agripina era de un carácter fuerte y muy independiente. Entonces un día él se enojó y se fue para un hotel en Armenia, mientras se componía la situación en la casa. El hotel lo atendía una señora casada, muy hermosa, joven, con hijos, pero Ramón empezó una relación con ella. Agripina estaba separada de Ramón pero no sabía nada de esta nueva historia. Armó un viaje a Barranquilla para celebrar el cumpleaños de Adita, que tenía ya más o menos 12 años. Se fueron hasta Puerto Berrío y allá tomaron un vapor por el Río Magdalena. Estando en el barco ella vio a un señor muy mayor que se veía muy solitario y muy triste. Como Agripina era muy dicharachera, conversadora, entradora, como somos las restrepo, entonces se fue a donde el señor y le preguntó que qué le pasaba. Él era extranjero, de apellido Trosky o Trusky o Trisky, algo así. Le contó que venía de Armenia y que estaba triste porque su esposa tenía una relación con otra persona. Agripina le dijo que tranquilo, que la vida seguía para adelante, como dándole ánimo… pero luego el señor le dijo que la otra persona era el alcalde de Calarcá. Ahí en ese barco Agripina se dio cuenta de la infidelidad de su marido y decidió divorciarse. Estuvo en Barranquilla con la hija, siguió con los planes, y cuando regresó a Calarcá hizo la separación de bienes. Eso fue más o menos hacia 1940. En poco tiempo Ramón Norris dilapidó todo el dinero que tenía y con lo último que le quedaba compró un Saurer, un camión de mucha potencia, y quedó tan mal económicamente que terminó conduciéndolo él mismo. Después de haber sido alcalde terminó de chofer. Él siguió viviendo con la nueva señora e incluso tuvo un hijo con ella, pero económicamente nunca se recuperó.
– ¿Y cómo fue la relación posterior de Ramón con Agripina y con Adita?
Con Adita bien. Él siempre fue buen papá y mantuvo contacto. Ramón visitaba a Adita y cuando la situación se puso mal para él le decía “Adita, hoy no te pude traer nada. Estoy mal, estoy sufriendo”. Entonces Adita le decía a Agripina: “Ramoncito no tiene plata. Yo le quiero dar platica”, y a Agripina se le partía el corazón y le firmaba algún cheque para que Adita se lo diera a Ramón. Eso hizo muchas veces con él. Como separaron los bienes pero él no se casó con la otra señora, Agripina sentía que de todas maneras tenía cierta obligación, y además tenía la manera económica de ayudarlo. Bueno, y así pasaron los años, hasta que una vez la señora de Ramón, por allá en el año 48 más o menos, llamó a Agripina y le dijo que él estaba muy mal, que estaba con tuberculosis. Agripina se fue con Adita para Armenia a la casa de ellos, y lo besaron y lo abrazaron, aunque la enfermedad era muy contagiosa. Luego Agripina le dejó una plata a la señora para que lo cuidara. Después Ramón se agravó y lo llevaron a la casa de Adelina, su mamá, que vivía en Calarcá. Entonces Agripina iba a visitarlo y a cuidarlo con Adita. Y así hasta que un día llamaron a Agripina y le dijeron que Ramón había muerto. Pensaron que ella le iba a hacer un entierro fastuoso, con carruaje tirado por caballos, como el que le hizo a su mamá, pero el padre Chica le contó a Agripina que él le había dicho a Ramón antes fallecer que debía definir en brazos que quién quería morir, porque Agripina era su esposa legítima y si estaba con la otra se iba a condenar. Pero él eligió a la otra y entonces Agripina le dijo a Adita que se despidieran de él en el velorio, ahí en la casa de la mamá de Ramón, y así lo hicieron. Luego ella tomó un avión y se fue con Adita para Bogotá y no estuvieron en el entierro.
– ¿Ella por qué tenía plata? ¿La Revista Numen le daba dinero?
Numen sí tenía publicidad, pero Agripina no vivía de eso. La sacaba porque eso era lo que le gustaba. Ella tenía dinero primero que todo por herencia. Ella y sus hermanos en general recibieron herencia porque Sotero Restrepo tenía plata y las minas de Tierradentro, en Donmatías eran muy buenas. Cuando se vinieron a Calarcá ellos compraron una tierra muy buena con lo que quedó de las minas. Y luego Agripina se casó con Ramón y vivían en otra finca que se llamaba La Pradera, que era una finca de frutales y maíz con una casa de dos pisos. Ahí fuimos muchas veces. Cuando se separó y dividió todos los bienes ella fue muy organizada con sus cosas: prestaba plata sobre hipotecas y como tenía tan buenas relaciones sociales era muy activa con esos negocios. Además trabajaba como profesora. Por todo eso fue que pudo ser tan independiente y darse la vida que se dio: viajaba mucho, tenía actividades sociales, siempre tuvo alguna empleada del servicio que cocinara y se encargara del oficio, y también alguien que le ayudara con Adita
– ¿Ustedes conocieron la Revista Numen? ¿Vieron cómo la hacía Agripina?
Sí claro. Agripina se pasaba el tiempo leyendo, escribiendo, y en sus actividades sociales o hablando por teléfono con los escritores y los políticos. Ella vivía en una casa en la Calle Real, en la plaza de Calarcá, y ahí tenía su salón de estudio con su biblioteca y muchos libros de historia y de muchas cosas, pero uno ni los tocaba porque éramos unas niñas muy respetuosas y no éramos igualadas: la veíamos a ella como una persona muy superior en todo.
La rutina en su casa consistía en ir a misa todos los días a las 6:00 a.m. y por las noches rezar el rosario. El resto del tiempo Agripina lo dedicaba a leer, escribir, a la revista, a las clases y a las conferencias que dictaba Escribía en una máquina Remington y en la revista salían más que todo reinas, las personas principales y toda la actividad social, pero también publicaban la literatura de los escritores, los versos, y mucha propaganda.
Paralelo a eso ella tenía una actividad política y social muy intensa: fue conservadora, muy cercana al presidente Mariano Ospina Pérez y a Bertha Hernández; viajó varias veces a Bogotá y a Medellín y cuando ellos venían por acá ella hacía las correrías acompañándolos. Antes del Bogotazo, por ahí en 1946, yo me fui en avión a Bogotá a acompañarla a ella y a Adita, porque la habían invitado a un almuerzo en la casa de Marzia de Lusignan, una escritora muy connotada de esa época. Una casa preciosa. Luego del Bogotazo se dedicó a gestionar para regalarle casas a las viudas de la violencia, y llegó a entregar más o menos 15. Hacía muchas reuniones políticas y sociales en su casa, y también asistía a otras casas. Fue incluso fue concejal en Calarcá y luego candidata al Congreso, pero no quedó y después de esa derrota electoral ya no volvió a hacer política y se dedicó a lo social.
En lo personal ella era muy alegre y dicharachera: era de cuentos, de chistes, cantaba… tenía mucha chispa. Le gustaba ir al club a almorzar, a comer… salir a cabalgatas, paseos, reinados. Sólo la vi cocinar una vez, cuando ya tenía el hogar para niños huérfanos. Un domingo no llegó la del servicio porque se enfermó y entonces se puso a hacer un sancocho en unas ollas grandísimas. La vi pelar y picar plátanos, yuca… todo para alimentar a esos muchachos, pero esa fue la única vez que yo la vi en ese tipo de oficios.
– ¿En qué consistía el hogar para los niños huérfanos?
Ella fue de la Sociedad de Mejoras Públicas y fundó la Legión Femenina del Alfabeto, pero a lo que más empeño le puso fue al orfelinato. Se llamaba Albergue Infantil Juan XXIII. Cuando vivía en la casa de la calle real se puso a construir otra, de dos pisos, como a media cuadra de la plaza y ahí se fue a vivir con Adita: en el segundo piso estaban ellas, y en el primer piso estaban los niños huérfanos. Eran solo varones, porque en esa época se cuidaba mucho a las niñas, no se juntaban con los niños, y si se hubiera puesto a recibir niñas tendría que haber hecho otra sede aparte. Como la cocina de la casa quedaba abajo en el hogar de niños, entonces ella y Adita pasaban mucho tiempo ahí. Luego el albergue creció, fueron ya más de 30 niños, y entonces se pasaron a un sitio en la vía de Armenia a Calarcá, antecitos de llegar a Calarcá a mano derecha. Una sede campestre, grande, con kioskos. Tenían una cría de conejos. Era como una granja y a los niños les enseñaban también cosas del campo. De allá salieron chicos que luego fueron sacerdotes, abogados… muchachos muy bien formados. Al final Agripina le entregó eso a la Iglesia, confiando en que si ella se moría el padre Chica iba a cuidar de Adita. Después ese hogar pasó a manos de Bienestar Familiar.
– ¿Cómo fueron los últimos años de Agripina?
Ella sostuvo la revista hasta donde pudo, pero la mamá había muerto de Alzheimer y esa ha sido una enfermedad de nuestra familia. Entonces ella empezó a buscar qué hacer con Adita, donde estar, y fue cuando soltó el hogar de niños, dejó la revista… y se fue aislando y encerrando. El Alzheimer aisla mucho a la gente. Nosotros no sabíamos que estaba enferma y simplemente pensamos que ella de pronto estaba molesta y nos fuimos alejando también. Nos dejamos de comunicar, y en esos años ya solo íbamos a Calarcá en vacaciones. Un día Carola Restrepo Piedrahíta, una prima de nosotros que vivía en Quindío, fue a visitarla y se encontró un panorama espantoso. Agripina no la reconoció; fue Adita la que la saludó, y cuando entró a la casa vio todo muy descuidado, muy deteriorado y sucio y Agripina no era así. Tenían un perro y usted se imaginará cómo estaba la casa. Entonces Carola decidió internarla en un asilo en Pereira, porque ni Adita ni Agripina se podían cuidar solas. Agripina pasó sus últimos cinco o seis años con Adita en ese asilo, y ya cuando se iba a morir la llevaron a un asilo en Calarcá, donde falleció el 6 de febrero de 1983. Adita quedó en el asilo de Pereira. Nosotros fuimos a visitarla y estaba en una silla de ruedas pequeñita. Murió más o menos dos años después de su mamá.
– ¿Alguien más escribe en la familia?
Baudilio, hermano de Agripina y papá de Carlos y Carola Restrepo Piedrahíta, se fue al Huila a trabajar a una mina de oro cerca de Neiva, y a veces venía de visita a Calarcá. Recuerdo que una vez le puso a una vaca el nombre de “La matrona” y cuando preguntamos que ese nombre por qué nos dijeron que porque así se titulaba uno de sus cuentos. Yo sí recuerdo haberlo visto escribiendo a mano, pero creo que nunca publicó. Además, hay otros que también escriben: Carmencita tiene un libro sobre su experiencia con el Parkinson, una sobrina mía escribió otro libro sobre su padre… son ediciones caseras, pequeñas, pero sí hay varios con interés por la escritura, aunque ninguno con la figuración de Agripina. Ella era única.
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[1] Entrevista realizada el 16 de marzo de 2023 en la casa de Inés Restrepo-Ospina, en el barrio Chipre, de Manizales.