Una propuesta… al aire
A nadie se le escapa la tremenda encrucijada que padece Colombia. Desde todos los ángulos avanzan elementos de discordia y deterioro. Y las grandes soluciones no aparecen, de manera concertada. Grupúsculos bombardean desde sus posiciones limitadas de poder, sin consideración a la necesidad de coexistencia con equidad en la sociedad. La fragmentación se presenta en todos los órdenes. Y somos un punto preocupante en la mira de observadores en el mundo.
Sugiero que se constituya una comisión de cerebros, con personalidades caracterizadas por su realización de vida, sin sectarismos ni participación banderiza alguna, para que examinen a profundidad la naturaleza de la situación del país, y propongan, con sentido de urgencia, alternativas viables de solución, con las cuales se enriquezca el debate nacional, hacia una pronta salida. Comisión similar a la de los “diez sabios”, de la “Misión de ciencia, educación y desarrollo”, cuyos resultados trascendentales los gobiernos desconocieron olímpicamente.
Me atrevo a dar nombres para esa eventual comisión: Rodolfo Llinás, Nelson Vallejo-Gómez, William Ospina, Juan-Manuel Roca, Lucía Atehortúa, Guillermo Páramo-Rocha, Martha Elena Bravo de Hermelin, José-Félix Patiño, Fernando Botero, Antanas Mockus, Teresita Morales de Gómez, José-Fernando Isaza D., Gabriel Cadena-Gómez, Piedad Bonnett, Humberto Mora-Osejo, Moisés Wasserman L., Fernando Hinestrosa-Forero, Jorge Arias de Greiff, Juan Gossain, Guillermo Hoyos V. Y dos colombianistas consagrados: Malcolm Deas, Georges Lomné.
Comisión que puede ser producto de una concertación nacional, en cabeza de voceros autorizados de partidos, grupos, universidades, organizaciones sociales y de producción, o por decisión del gobierno central, o del Congreso de la República, investida con facultades para ejercer a plenitud su capacidad de pensamiento y examen libre, bajo el compromiso de producir informaciones públicas sólo cuando en su interior haya consensos. Llegado el caso, el gobierno y los medios de comunicación deben comprometerse a proteger su fuero, sin demandar noticias de ella en forma inoportuna.
Los resultados de un proceder de esta naturaleza podrán abrirle esperanza a la nación. (C.E.R., en Aleph, a 1 de junio del 2005)
A nadie se le escapa la tremenda encrucijada que padece Colombia. Desde todos los ángulos avanzan elementos de discordia y deterioro. Y las grandes soluciones no aparecen, de manera concertada. Grupúsculos bombardean desde sus posiciones limitadas de poder, sin consideración a la necesidad de coexistencia con equidad en la sociedad. La fragmentación se presenta en todos los órdenes. Y somos un punto preocupante en la mira de observadores en el mundo.
Sugiero que se constituya una comisión de cerebros, con personalidades caracterizadas por su realización de vida, sin sectarismos ni participación banderiza alguna, para que examinen a profundidad la naturaleza de la situación del país, y propongan, con sentido de urgencia, alternativas viables de solución, con las cuales se enriquezca el debate nacional, hacia una pronta salida. Comisión similar a la de los “diez sabios”, de la “Misión de ciencia, educación y desarrollo”, cuyos resultados trascendentales los gobiernos desconocieron olímpicamente.
Me atrevo a dar nombres para esa eventual comisión: Rodolfo Llinás, Nelson Vallejo-Gómez, William Ospina, Juan-Manuel Roca, Lucía Atehortúa, Guillermo Páramo-Rocha, Martha Elena Bravo de Hermelin, José-Félix Patiño, Fernando Botero, Antanas Mockus, Teresita Morales de Gómez, José-Fernando Isaza D., Gabriel Cadena-Gómez, Piedad Bonnett, Humberto Mora-Osejo, Moisés Wasserman L., Fernando Hinestrosa-Forero, Jorge Arias de Greiff, Juan Gossain, Guillermo Hoyos V. Y dos colombianistas consagrados: Malcolm Deas, Georges Lomné.
Comisión que puede ser producto de una concertación nacional, en cabeza de voceros autorizados de partidos, grupos, universidades, organizaciones sociales y de producción, o por decisión del gobierno central, o del Congreso de la República, investida con facultades para ejercer a plenitud su capacidad de pensamiento y examen libre, bajo el compromiso de producir informaciones públicas sólo cuando en su interior haya consensos. Llegado el caso, el gobierno y los medios de comunicación deben comprometerse a proteger su fuero, sin demandar noticias de ella en forma inoportuna.
Los resultados de un proceder de esta naturaleza podrán abrirle esperanza a la nación. (C.E.R., en Aleph, a 1 de junio del 2005)