Vestigios del Tiempo
A modo de introducción
La Revista Aleph, a través de su director, Carlos-Enrique Ruiz, me ha hecho el gran honor de publicar algunos de los poemas de Vestigios del Tiempo, un libro aún inédito. Dicho poemario está dividido en tres partes: la primera, Vástagos del Tiempo, es una narración mítica que escudriña en la historia rara vez esbozada o contada; la historia de los vencidos. Vástagos del Tiempoes una especie de maloca que trata de narrar la enorme hecatombe que representó para millones de seres la llegada de las Tres Carabelas. La segunda parte, Susurros de la Malva Dama, habla de la hoz; esa Dama oscura que durante más de sesenta años ha sido dueña y señora de los campos colombianos. Y por último está Vestigios del Tiempo, también podría llamarse El paisaje fracturado; o sea, lo que nos quedó de la guerra.

1ª parte – Vástagos del Tiempo
Las zanjas del tiempo
Los riscos, espacio cabrío,
plantío de espinas,
cerró caminos
abriga brumas
Las zanjas del tiempo
horadaron la esperanza
el silencio navegó en la cresta del aura
copuló con la soledad
Sus vástagos, engendros desmembrados,
se instalaron en las grietas
que cobijaron dinosaurios
Las zanjas del tiempo sembraron nostalgias
cosecharon desamparo
Los espíritus protectores,
-del bastón de mando de los antiguos-
estremecieron la tierra;
las montañas ulularon
el jaguar subió a la cumbre
se internó en la ruta de la neblina
el mutismo sepultó los poblados
La milpa sirvió de hoguera
atravesó las chagras
El hambre plantó raíces
secó las gargantas
atizó la llama que nace del alba
Una gota profanó el suelo, luego otra y otra,
un torrente tiñó de bermellón
la región más transparente,
sofocó el canto de los pájaros
los peces se equivocaron de rumbo
la serpiente emplumada buscó el camino del cráter
penetró en las profundidades de la tierra
El grito retumbó como un trueno
nació para adentro
2ª parte – Susurros de la Malva Dama
1
Una horda de cuervos
sembró el fandango mortuorio
cruces plantadas hasta el infinito
desierto blanco
amarillo sin verdes
último paisaje de su delirante vuelo
Silenciados los ladridos de los perros
Silenciados los cantos de las lechuzas
2
Un cuervo me sirve de sombrero,
me recuerda a cada instante
la fragilidad de la existencia
Sus patas, garfios afilados,
desgarran mi frente
Su pico, dispuesto a darse un permanente festín,
espera devorar mi tercer ojo,
los otros dos se los engulló hace tiempo
Su aleteo, oda a la muerte,
letanía de responsos,
réquiem que atraviesa centurias,
música de un desafinado órgano,
sus notas caen lentamente
en el jaraíz del tiempo
Su graznido, antesala del penúltimo sueño,
mensajero que vuela de la estación de la aurora
a la estación donde se oculta la luna
-a veces hace una larga escala en la aurora boreal-
3ª parte – Vestigios del Tiempo
La piedra del tiempo
piedra sosegada
paciencia rima con piedra
piedra que crece, se fractura, se rompe, estalla, rueda, construye el espacio
Piedra que abre caminos, los cierra, pasa de un pie al otro
Piedra disfrazada de meteorito en la cauchera de un niño que juega a tumbar pájaros
La piedra, proyectil en las manos adultas del otrora niño, estalla cabezas como si fuesen los balones con los que jugaba ese niño
La piedra hace cantar al viento
se fragmenta en millones de partículas
y viento y piedra arrasan maizales
La piedra navega en el río, inunda campos, ahoga caseríos
hace danzar cabañas y tejas y piedras
entona melodías de Vivaldi
El ojo que envuelve que aspira que expira como viajero sin rumbo sin meta olas juegan con transatlánticos convertidos en barcos de papel un piano en su interior interpreta acordes de Bach rueda de un extremo a otro del salón
Los acordes se apagan
las teclas, átomos volando,
alaridos pétreos mueren en la garganta
Piedra, escultora de palabras, de música
La transparencia del agua
-poesía que frota los párpados-
adopta la postura del viento
Su paso por entre las rocas
música de Vivaldi que hace danzar las hojas
Lluvia ácida
Canto de la puerta, piedra
Fracturas del tiempo y del espacio
Vestigios pétreos congelan el tempo
lo esconden en la bóveda verde
-estética de la desmesura-
el canto de las guacamayas hace revolotear las hojas
Los planetas giran en el ombligo
viajan al centro de petra
Petra, piedra, petra, piedra
petrificada, fosilizada
piedra más antigua que el tiempo
mas antigua que Cronos
Los hombres van a la guerra
las piedras estallan
meteoritos pueblan el horizonte
-necesito tiempo para trazar el horror del mundo-
-no quiero ponerle un rostro al oprobio-
El trovador huye de la plaza de mercado
traza el camino del no retorno
el trovador da malas nuevas
acompaña al cobrador de impuestos
se sienta a orillas del río
su garganta entona un canto antiguo
-palabras olvidadas de una lengua desaparecida-
cada piedra arrojada a sus pies
inicia un recorrido hacia la voz que la llama
termina en el fondo del lecho del río
una a una forman una montaña de piedras
las aguas, otrora tranquilas,
se transforman en furia
en ola gigante
el pueblo que rechazó al trovador
yace en el fondo del río
que ha vuelto a ser tranquilo
No hay silencios perfectos
ni siquiera el que se disfraza en caricia