Victoria Camps
Presentación en el auditorio «Ernesto Gutiérrez Arango» de la Universidad de Caldas, Manizales, 1 de septiembre de 2006.
El trabajo del pensar filosóficamente iniciado por los griegos y por ellos llevado a singular esplendor, abrirá después otros nichos en Occidente, de tal manera que, desde el presente y sin mayores consideraciones, se habla de filosofía alemana, filosofía inglesa, filosofía francesa, expresiones que no son del todo inútiles, pues, además de aludir al origen geográfico de los filósofos a los que cobijan, empapados de un cierto estilo de pensamiento, nos recuerdan lo inevitable de la situación desde la que se abordan los problemas filosóficos.
Aunque las circunstancias actuales del mundo han superado hasta volver casi anacrónico el tema de la identidad de las filosofías, conviene recordar que en los años 70 se dio en nuestro ámbito -me refiero a América Latina- un ardoroso debate sobre la identidad de la «filosofía latinoamericana» e incluso se crearon programas de estudio con ese nombre. El problema pasó de moda por dos razones: en primer lugar por la importante interconexión mundial que se dio en los últimos años, por lo que ha dado en llamarse «globalización» y, en segundo lugar, pero más importante aun, por el carácter academicista en el que ha caído la filosofía, que casi se ha convertido en un juego de salón.
Lejos estamos de la advertencia que Berlin hacía en 1958 acerca del peligro de abandonar las ideas. «Cuando las ideas son descuidadas por los que debieran preocuparse de ellas -es decir, por los que han sido educados para pensar críticamente sobre ideas- éstas adquieren a veces un carácter incontrolado y un poder irresistible sobre multitudes de seres humanos que pueden hacerse demasiado violentos para ser afectados por la crítica de la razón».[[BERLIN, Isaiah. Cuatro ensayos sobre la libertad. Madrid: Alianza Editorial, 1993, p. 188.]]
Digo que estamos lejos puesto que hoy nos encontramos en el otro extremo, explicable, que tal vez no tuvo en cuenta Berlin, pero para el que también vale su advertencia: la desconfianza profunda en el valor y fuerza de las ideas para transformar la realidad, como si se tratara de dos mundos inconmensurables, lo que, por supuesto, le viene muy bien al sistema. En un libro reciente, que no trata de filosofía del arte, ni de filosofía de la ciencia, ni de lógica, sino de filosofía política, su autor, John Gray, en un libro por lo demás bello y riquísimo en sugerencias y poder analítico, cuyas líneas principales de pensamiento yo comparto, termina, no obstante, con palabras que, en mi entender, pueden ser consideradas como una especie de harakiri. Allí, en Las dos caras del liberalismo nos dice: «La tarea de la filosofía política no es la de dar un fundamento a la práctica. Nunca ha tenido uno en el pasado y de alguna manera la especie humana ha ido avanzando a tropiezos. El objetivo de la filosofía política es volver a la práctica con menos ilusiones. Para nosotros esto significa abandonar la ilusión de que las teorías de la justicia y de los derechos pueden librarnos de las ironías y las tragedias de la política».[[GRAY, John. Las dos caras del liberalismo. Barcelona: Editorial Paidós, 2001, p. 158.]]
Si esto realmente fuese así, no tendría mayor sentido la presencia hoy entre nosotros de nuestra ilustrísima visitante.
Ubicada en lo que Gerardo Bolado[[Cf. BOLADO, Gerardo. Transición y recepción: La Filosofía española en el último tercio del siglo XX. Santander: Sociedad Menéndez Pelayo, Cantabria, 2001, cap. II, versión digital para Internet: http://www.ensayistas.org a cargo de José Luis Gómez Martínez.]] denomina como «La generación de la ruptura: el grupo de filósofos jóvenes», comparte con ellos varios rasgos característicos que permiten hablar hoy de «filosofía española», ya no solamente de «filosofía en España». Se trata de filósofos nacidos hacia los años cuarenta, a quienes Bolado considera «hijos españoles del 68», con una rigurosa y amplia formación. El rigor les permite sin problemas ser pares de los filósofos de otras latitudes con fuerte tradición filosófica. La amplitud les permite abrirse críticamente a nuevas formas de ver los viejos problemas, así como también a abordar multitud de problemas nuevos planteados por las circunstancias contemporáneas. Se trata de una filosofía fresca, renovada, de la que está ausente el dogmatismo. Pienso que el tesonero trabajo de estos filósofos ha estado presente en todo el ejemplar proceso democrático español y ha contribuido de manera directa en su fortaleza.
Hay otro rasgo que quiero resaltar. Parte de esa «generación de ruptura» está constituida por una pléyade de mujeres filósofas de altísimo nivel, a la que pertenece la profesora Victoria Camps. De entre ellas podemos aunque sea mencionar algunos nombres: Adela Cortina, Esperanza Guisán, Amelia Valcárcel, Cecilia Amorós, Elena Beltrán, María Teresa López de la Vieja, que son los nombres más familiares para nosotros. Pero hay muchísimas más, no solamente en el área de la filosofía moral y política, sino también en otras áreas de la filosofía.
Yo me atrevería a decir, y con mayor sustento en el caso de la profesora Camps, que son todas ellas de la estirpe de esa persona maravillosa y singular que fue doña María Zambrano, la mujer que muy temprano en su juventud se adscribió al «partido del hombre», un referente luminoso no solo para la filosofía española. Yendo más lejos diría que en muchos aspectos son las continuadoras de ese enorme proyecto filosófico que constituye la obra zambraniana
Para María Zambrano, «la esperanza es el fondo último de la vida humana».[[ZAMBRANO, María. Agonía de Europa. Madrid: Editorial Trotta, 2000, p. 63. ]] «Una cultura humana -nos dice- no es sino un sistema de esperanzas y desesperaciones».[[Ibid., p. 67.]] Éste de la esperanza es un tema recurrente en sus libros. Es también tema central en los escritos de la filósofa que nos visita. En un texto de 1986 Ética de esperanza, afirma lo siguiente: «Sin esperanza no hay ética posible si concebimos la ética como un proyecto de vida y sociedad mejores».[[CAMPS, Victoria. Ética de esperanza. Estudios. filosofía-historia-letras. http://biblioteca.itam.mx/estudios/estudio/estudio04/sec_4.html]]
Lo más interesante de esto, sin embargo, no es el que estas mujeres hayan escrito sobre la esperanza, sino que lo hayan incorporado al vivir de su existencia. Como Doña María, quien estuvo profundamente comprometida con el advenimiento de la II República en su España que luego entraría en esa espiral violenta que a todos afectó, Doña Victoria Camps ha estado profundamente comprometida con la construcción, desarrollo y fortalecimiento de la democracia española, no sólo desde la cátedra, que ha ejercido en su Universidad Autónoma de Barcelona y en decenas de otras universidades por el mundo, sino como senadora socialista que fue en el parlamento de su país. Infatigable es su trabajo en comités y fundaciones ocupadas de problemas sobre la educación, la ciudadanía, los medios de comunicación, la mujer, etc., etc. Coincidiendo, también en este aspecto -en mi entender- con los ideales de María Zambrano, para quien «Si hubiera que definir la democracia podría hacerse diciendo que es la sociedad en la cual no sólo es permitido, sino exigido, el ser persona».[[ZAMBRANO, María. Persona y democracia. Barcelona: Ediciones Siruela, 1996, p. 169.]]
De entre sus numerosos libros y escritos, muchos de los cuales es posible encontrar en Internet, sólo quiero mencionar el valiosísimo trabajo en tres volúmenes que realizó en calidad de editora, llamado Historia de la ética,[[CAMPS, Victoria, (ed.). Historia de la ética. Barcelona: Editorial Crítica, 1988, 3 vols.]] que tanto nos ha servido.
Los problemas que ocupan su reflexión, profesora Victoria Camps, son también para nosotros de especial preocupación e importancia. Vivimos en un país que no ha podido salir del «estado de naturaleza», pues, formado en el contexto de la moral católica, no ha podido pasar del nivel uno de la escala del razonamiento moral, de Kohlberg, en la que, «cuando el gato se va, los ratones hacen fiesta». Nuestro país está asediado por «hombres de principios» y, como si eso fuera poco, armados hasta los dientes. El dogmatismo, esa espantosa enfermedad de la razón, no nos ha permitido entrar en el «estado de civilidad». Pero no podemos perder la esperanza.
Al tiempo que saludamos su presencia y le damos una cordial bienvenida a Manizales, queremos expresarle, en nombre de la Universidad de Caldas y su Departamento de Filosofía, nuestro sentimiento de gratitud.