José Clemente Orozco-Farías, dibujante y grabador
José-Clemente Orozco, talvez el mejor, por más creativo, de la generación de los muralistas mexicanos, tuvo hijo y nieto con su nombre.
Después de visitar de nuevo sus obras en Ciudad de México y Guadalajara, tuvimos ocasión de sentarnos a conversar con el nieto del gran maestro, en su taller, donde trabaja el dibujo, el grabado y diversas formas del diseño gráfico, su especialidad, además de ejercer la cátedra en diversas universidades. Cercano de los cincuenta años de edad, despoblada su cabeza, tímidamente jovial. Media para la audiencia su discípulo Eme Güitrón-Villaseñor, quien también participa del diálogo.
– Al llevar el nombre del notable muralista que fue su abuelo, ¿no siente un gran peso?
Nunca lo sentí tanto, porque no fui el único nieto; fuimos quince. Mi padre tampoco fue hijo único, tiene dos hermanos, y lleva igual nombre. Aquí en Guadalajara mucha gente reconoce el nombre, pero no siempre lo asocia al muralista, muchos creen que fue escritor.
– En sus propias exposiciones, ¿no lo confunden con el autor de los murales?
No. Somos de generaciones distintas y hasta el momento no me ha ocurrido esa confusión.
– ¿Qué recuerdo tiene de su abuelo?
Nunca lo conocí; él murió en 1949 y yo nací en 1960. A la abuela si la conocí.
– De niño, ¿cómo fue recibiendo esa herencia cultural del abuelo?
Siempre crecí con la obra de él en nuestra casa. Me rodeó su obra. Y por supuesto esa obra fue determinante en mi formación.
– Hemos visto en dos sitios de Guadalajara exposición de obras de Alejandro Colunga, además de su obra pública; ¿qué opinión le merece?

Ese es un buen ejemplo de artista que se ha quedado aquí. Fuera de México se le conoce poco. A los turistas le impresionan las esculturas-silla de la explanada del Hospicio Cabañas, donde se toman fotografías. Fuera de Guadalajara poco se oye hablar de él y de su obra. Me gusta más la escultura de él que su pintura. He oído que se le critica por la tendencia a formar industria con ese tipo de obra escultórica.
– ¿Qué relación ha tenido usted con la crítica?
Muy poca. Cuando estuve en diversas oportunidades en Estados Unidos, observé la buena función de la crítica, por rigurosa y seria. Entre nosotros la crítica deja mucho que desear. En Ciudad de México la situación es mejor.
– ¿Qué aspectos y personalidades destacaría usted en las artes plásticas de Latinoamérica?
En Austin, Estados Unidos, conocí museo que tiene gran colección de arte latinoamericano, con preponderancia de los años sesenta y setenta. Allí conocí obra de Omar Rayo, colombiano, al igual que de venezolanos, de arte cinético. Hay también figuras de importancia en Cuba, Brasil, etc.
– ¿Cuál es su relación con la literatura?
He sido un buen lector de narrativa, en especial de cuento. En Ciudad de México tenemos una editorial, “Taller Ditoria” (en el Parque España), que fundamos en 1994, donde hacemos obras artesanales de poco tiraje, muy bellas. Hemos publicado cerca de 45 libros, con presencia en la feria internacional del libro en Guadalajara. En años recientes se venden en la forma de suscripciones. Acabamos de publicar un libro de poesía de Gabriel Said; publicamos a José Kozer, Adolfo Castañón, Gerardo Deniz, Eduardo Vásquez, Ida Vitale, Juan Gelman, Enrique Fierro, Maria-Teresa Cervantes Cuevas, Elena Poniatowsca, Ulises Carrión, etc. Utilizamos, por ejemplo, caracteres de madera y plomo, y a veces papeles de grabado.
– ¿Qué está leyendo en la actualidad?
Leo “Main Street” de Sinclair Lewis, de los años veinte. Siempre me gustó Juan Rulfo y he leído mucho a Alfonso Reyes, también a sor Juana Inés de la Cruz.
– ¿Qué actitud tiene frente a la situación actual del mundo?
Soy pesimista. La crisis económica actual pudo haberse evitado, con medidas oportunas, pero no hubo voluntad.
– Su experiencia como docente…
Muy provechosa. He tenido alumnos entusiastas.
La conversación termina con recorrido por sus archivos personales en el apartamento-taller donde labora de manera incesante, con repaso generoso de curiosidades en las artes gráficas, verdaderas piezas de museo, con detalles de libros de su colección, lo que permite apreciar el gusto por el oficio que ejerce.
Guadalajara, 21 de octubre de 2008