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Poesía real, abstracta y metafórica en la obra de Carlos-Enrique Ruiz


Reflexiones anticipadas – Poesía y Siglo XX


La poesía de los siglos XX y XXI ha realizado muchos cambios, ha roto muchas tradiciones, ha explorado campos desconocidos, experimentado procedimientos y se ha desprendido de casi toda atadura con el pasado. A pesar de lo dicho queremos anticipar que hay principios del hacer poético a los cuales no podemos renunciar sin poner en grave riesgo la estructura y con ella la comprensión. Tales son el ritmo, el sentido, la coherencia, la imagen paralela, el final o desenlace, todos ellos incorporados a la forma. El ritmo es lo que Carlyle, Verlaine y  Paul Valéry han asociado como la música de la poesía.

En efecto: excluido el ritmo desaparece la poesía.  Quien escribe un poema sabe bien que determinados pasajes no podrán reunir a la vez todos los elementos que  lo integran. En esos casos toca dar prelación a uno solo de ellos. La elección es fácil y casi sin alternativa.  A todo hay que renunciar a favor del ritmo. Dentro de esos límites, sentido, ritmo y coherencia deben marchar unidos, para integrarse como una totalidad.

Si el interlocutor tiene instalados en su mente  esquemas de asimilación apropiados, la percepción se torna más intelectual y alcanzará el goce pleno del ARTE.

Es bajo estos puntos de vista que he querido analizar algunos aspectos en la poesía de Carlos-Enrique Ruiz.  

Discurrir en el espacio y la soledad


Lucubraciones, reflexiones, meditaciones más allá de la estratosfera. ¿Presencia? Alguna estrella, pensamiento abstracto, infinito. Ni principio ni fin. ¿Plenitud? Rebasamiento del objeto y del sujeto. La imaginación deambula libremente y se condensa en la palabra escrita. No hay tiempo ni lugar. Gran parte de su producción poética está más allá de todo límite. Desarraigo, renunciamiento y un aparente desapego del humano sentir, son constantes en el libro que entramos a analizar y están presentes en buena parte de la obra poética del autor que analizamos.

 

Media hora de lluvia en el jardín


Relaciones en extremo abstractas, subjetivadas a través del objeto, marcan el carácter de este libro.

En él no hay angustia,  hay muerte, no hay desolación ni sollozo. Todas esas categorías, ya de sí románticas,  desaparecen para que el dolor trashumante pueda ser aprehendido por los objetos.

El despertar, casi sonambulismo y las meditaciones que le siguen, crean con nostalgia el amanecer en el jardín.

El poeta está en un plano más que reflexivo. Toma contacto con su entorno y  lo relaciona consigo mismo. Solitario, desesperanzado, aterriza frente a un abismo. Aprisionado en el trasunto de su interior, no da una sola queja del hecho concreto que alcanzamos a intuir. Un  subtítulo precede a cada poema y nos orienta en su lectura secuencial.

 

Inducción  a la metáfora


Ocultamiento

Desde lejos

                           desde la sombra

desde el ocultamiento

yo observo el transcurrir de las distancias

con la fría sonrisa de gavilanes

                            detenidos en el aire


El sujeto está ausente  en la casi totalidad de los poemas que integran este libro. Hay dos excepciones: una de ellas es este poema. El sujeto del poema aparece en un sobresalto, a la espera del zarpazo definitivo que cae sobre la presa indefensa.

 

Alondra

Resquicio en las palabras por donde desliza

                                    el silencio


Tiene este libro una enorme recurrencia a la palabra, pero ésta va casi siempre difusa en el silencio. Al final, el pensamiento encuentra para sí refugio en un verso de construcción metafórica:

sonrisa de luz y  pétalos

 

Promesas

el silencio murmura ausencia

y cuenta leyendas de lejanía

El silencio parece encontrar en la ausencia

el recurso para multiplicarse por sí mismo.  

 

Despertar

Otros aires anunciarán el paso

                                    de constelaciones

o de cometas

                                    cual ráfagas

promesas en desventura


Poema recurrente en la desesperanza. El poeta no nombra la esperanza, la evoca como promesa en desventura. Sin esfuerzo aparente, huye del objeto real y se traslada al infinito, constelaciones, cometas. 

¿Doloroso? 

Sí, para todo aquél que alcance a desentrañarlo.

 

Poema con el extraño resquicio de la felicidad:

 

Distancias

Los viajes presuponen el silencio

                                    la nostalgia

el arrobo de mares y de muros

 

el desgonce de palabras al irse tras el tiempo

                                    inasible

 

Viajar supone el despojo  de algo que huye

                                    de nosotros

con el recuerdo hosco de lo transitado

 

 

Caminos o pisadas acumulan distancias

de un mirar en el padecer cambios

                                    y circunstancias

 

Sinembargo la felicidad también es compañía

fiel en lo fugaz

Cada viaje es la hazaña del reencuentro

con el punto de partida

 

 

La redondez del alba           El Subtítulo – La forma


En esta obra está suprimido el subtítulo que, según la tradición,  precede al poema. El hecho no puede pasar desapercibido. A manera de subtítulos  encontramos al final del libro un  índice con cabeza de página que nos remite al número de orden. La lectura sin el tropiezo de los subtítulos da un  sentido de continuidad e imprime solidez a la forma.

 

Inducción  a la metáfora


Imagen paralela en el verbo adjetivado y el verbo sustantivado:

risueñas miradas

 

En el verbo sustantivado, la acción subjetiva es asumida por el objeto:


el solariego parpadeo

                                    de libros

 

Acción subjetiva asumida por el objeto:


el tiempo rememora distancias

 

Huellas de un olvido seguramente enmarcado en la injusticia y confundido en la historia: 


Rocas en fulgor izan banderas de lucha

en las plazas de socavones

al oído de combatientes caídos

                                    en todas las batallas

para hacer sentir el valor del olvido

 

Acción verbal asumida por una especie no hablante: 


el decir de las mariposas

 

Sensación característica de los seres vivos, transmutada al objeto:


las nieblas

cansadas de vagar por las calles

 

Acción y sensación subjetiva transmutada al objeto:

La noche recupera el sabor

                                    de los recuerdos

 

Abstracciones que rebasan  los umbrales de percepción:

.
..ritmo sostenido

                        en volteretas

de cara al infinito/    hecho realidad

en la proclama de los asteroides

 

La metáfora como autenticación  de la verdad


Introduzcamos algunas reflexiones más, relacionadas con la psicología de la  percepción.

Percibimos la realidad exterior a través de los órganos de los sentidos que reciben los estímulos y los trasladan a los analizadores del cerebro, a través de impulsos eléctricos. Como seres pensantes que somos, analizamos la realidad y la remontamos al pensamiento abstracto.  Si queremos ascender a la esfera poética, debemos penetrar al plano de las emociones y de los sentimientos. En ese complejo panorama de síntesis podemos entender el arte como la refiguración de la realidad exterior, transmutada a través de los sentimientos, en un proceso de exaltación sensible, con posibilidades de infinitud.

Desentrañada esta trama, podemos comprender todo ese trasegar del sujeto al objeto. En su forma apariencial el objeto padece. Pero, padecer es función del sujeto. Cuando decimos que el objeto padece, pasamos a la imagen paralela que ofrece la metáfora. Griego: meta, más allá; fora, llevar. El sentido se traslada quedando en el mismo sitio. Por esta razón hablamos de imágenes paralelas, campo de la poesía y de las artes todas en su proceso perceptivo, meditativo y creativo. Mediante la metáfora, el poeta dota al objeto de acción volitiva y le confiere el poder de sentir, de evocar su padecimiento. El resultado no es como suele decirse, una mentira. Muy por el contrario. Mediante la metáfora el poeta autentica la verdad y le imprime con ella la energía de la conmoción, con la cual la verdad se magnifica y produce una modificación psíquica en el sujeto perceptivo.  Aristóteles la denomina catarsis

 

Poesía real, abstracta y metafórica


Están presentes  en este libro poema, el objeto, el sujeto, el tiempo y el espacio. Aunque hay en él, rebasamiento de los umbrales de percepción, es posible comprenderlo. Hay lugar para la acción y la comprensión. La forma es en él unitaria en sí misma,  un enlace indisoluble de las partes al todo.   El poema es el libro y el libro es el poema. El verso libre cobra en él autonomía a la vez que se yuxtapone, con lo cual hace posible organizar la estructura. Todo da la impresión de un solo y único poema, en el cual la subdivisión en poemas subyacentes se torna innecesaria.

Poema-libro, dijimos,  totalidad dividida en páginas sin subtítulos, sin puntos separatorios ni conclusivos, sin puntuación alguna; más cadencia que ritmo, más canto que métrica rigurosamente buscada; poesía recóndita en sí misma, a la cual no hay que llegarle con esquemas de fórmula ni hermenéuticas preconcebidas; la letra inicial  mayúscula y la autonomía del verso nos orientan en el laberinto de metáforas, cambio de escenarios y eternidades; y a la vuelta, en un recodo, José Saramago. ¡Sorpresivo y triunfal! Sin prisa ni argumento, impone su lugar en el paraninfo de los elegidos y ocupa su lugar en la tierra.  Atraviesa el túnel, ángulo agudo, más agudo, oscuridad, ochenta y siete, y  se sienta a esperar al otro lado de la vida. Junio 18 – 2010.

Remembranza y nostalgia. Carlos-Enrique Ruiz, poeta, coloca el énfasis en el lugar justo, el instante ya de sí conmovedor:

 

Piedras del camino indagan por la vida

con el mismo propósito que las flores

                        al preguntar por lo inerte


Las flores han sido siempre un bello subterfugio  para ocultar lo que no podemos llamar por su nombre.

En La redondez del alba están presentes el objeto, el sujeto, un flujo de eternidad  y espacio infinito. Y sinembargo,  aunque fugaces, la acción, la esperanza y la desesperanza, ésta sí duradera.

 

Decadencia de los sauces al someter a prueba

                                 su capacidad de llanto


Al abrir el libro en el lugar de este verso, la  página 149,  encontré como separador un papel con una breve anotación de mi puño y letra:

Poesía real, concreta y metafórica.

Carlos-Enrique Ruiz, académico, humanista, hombre de letras  y grande amigo, -me dije- debe recibir este homenaje. Están en esa nota reunidas las razones de ser de este escrito.

                       


Manizales, Marzo 12 – 2013

 

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Edición No. 165