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N O T A S

Del 20 de julio al 23 de junio: nuestro largo siglo xix (por: Carlos-Eduardo Rojas R.). Si admitimos la relatividad del tiempo con respecto a los fenómenos estudiados bien podemos reconocer su sucesión, la simultaneidad de diferentes temporalidades o, también, distintos ritmos en la ocurrencia de hechos de las mismas características.
Tenemos tiempos geológicos (como los volcanes) o tiempos fugaces (como las mariposas), entre otros.
Los hechos sociales tienen diferentes ritmos según sean las situaciones de los grupos humanos. En el caso de los colombianos: el punto de inflexión que representó el 20 de julio de 1810 en nuestro proceso de construcción de Estado-nación encuentra su complemento en el 23 de junio de 2016: el primer hito representó nuestra independización de los poderes coloniales externos, el segundo, de nuestras propias fuerzas centrífugas que hemos conocido con distintos nombres: patria boba, guerra de los supremos, violencia liberal conservadora, conflicto armado interno.

 

La superación de esta guerra civil con sus distintos nombres la expresó claramente el presidente Santos: se trata de que no sigamos matándonos los hijos de una misma nación. Y la forma jurídica de dicho nuevo orden social la expresó el ciudadano Timoleón Jiménez: se trata de reconocer en el Estado el monopolio legítimo de la fuerza, las armas y la tributación para de esta manera garantizar los derechos de todos los ciudadanos. Las dos partes también reconocieron el monopolio de la justicia: será la Corte Constitucional la que decida las características del mecanismo de refrendación de los acuerdos de La Habana.

 

El punto de inflexión que representa el 23 de junio pretende ser retrotraído por quienes quieren mantenernos en el siglo XIX, algunos otros (el Procurador General, la senadora Paloma Valencia) pretenden que viajemos aún más atrás: añoran con regresarnos al siglo XVI, ese que terminó en 1810 y que significó la indeferenciación del Estado y la Religión Católica, el exterminio de nuestros ancestros originarios de estas tierras.

 

Nunca pensé que en mi vida podría ver tan claramente encarnados los conceptos sociológicos: el pacto hobbesiano que nos permitirá salir del Estado de Naturaleza (en el que el derecho de cada quien está en la medida de su fuerza) para ingresar al Estado Civil, en el que serán las leyes las que garanticen los derechos y regulen la convivencia social.

 

También encarnó el concepto weberiano: el Estado es el instituto que monopoliza el uso de la fuerza legítima para garantizar el orden social; bien es cierto que el concepto se actualizó con el monopolio de la tributación y de la justicia.

 

Requerimos que el acuerdo logrado, este nuevo punto de inflexión, se constituya en mito fundacional de nuestro ingreso al Siglo XXI (no necesitamos pasar por el siglo XX, ya bastantes dolores llevamos con nosotros), tendremos que imaginar y poner en práctica ritos con los que actualizar y proyectar permanentemente este mito.

 

Todo lo que vendrá sólo será sólo posible, como este proceso de lo ha mostrado, con el recurso de la acción comunicativa.

 

Carta a la sociedad civil (por: Luis-Alberto Tenorio; testigo de la guerra en Colombia). ¿Qué le diría yo a la sociedad civil? Les contaría quien fui y quien estoy intentando ser. Que me vean. Que me puedan reconocer y no sentir miedo a sus miradas de juicio. Desde niño fui un diablillo, como mi hijo que ahora que tiene 4 años;  me decían el diablillo en el caserío, topaba con todo el mundo en el pueblo donde nací. Tenia mucha rabia con los padres que no conocía y un sentimiento de gratitud con la abuela que se hizo cargo de mi hasta los 10 años. En el pueblo se corrige con pescozones y a mi me tocaron muchos. Yo mismo me los ganaba. Yo era muy cansón y quería hacerme respetar. Después quise vengarme.

 

Cuando yo pienso en darle la cara a la sociedad civil, pienso usar mi voz para pedir perdón y pedirles algo más, les pediría que trabajáramos juntos en el pueblo donde yo nací. Que en vez de que  los niños cojan un arma, puedan coger  un lápiz y un cuaderno, ésa fue la causa por la que muchos en ese pueblito, donde yo vivía, se fueron para los grupos, porque no tenían otra opción, no teníamos salida.  Todos sabemos que la escuela es una salida y en mi pueblo no se podía ir a la escuela.   Yo me siento responsable de haber cumplido órdenes, aquí en la civil también tengo que cumplir órdenes, todos cumplimos órdenes. Entiendo que las órdenes que cumplía en el grupo hicieron daños irreparables y por eso siento remordimiento. Pero, espero que puedan ver que he cambiado, así me dice mi cuñado, “usted ha cambiado mucho.” 

 

Yo llegué aquí porque hubo un combate y tres personas quedamos vivas, en ese momento me capturaron, yo tenía 13 años. Yo tenia mucho miedo de llegar a la civil. De cómo me mirarían.

 

 Si mi hijo me preguntara ¿quién he sido yo?, ¿quién es su padre?, yo le diría: yo fui una persona que estuvo en la guerra y que gracias a mi suerte salí de allá para contarle a él lo que realmente fui y lo que ahora estoy intentando Ser. Cambiar todo, ayudar, creo que él me entendería.

 

Si mi hijo quisiera irse para la guerra, yo no podría hacer mucho. Él está muy lejos,  pero le diría que yo puedo ver el futuro que le espera; que allá, en la guerra,  tarde o temprano alguien cae, que muchos cayeron a mi lado, le diría que yo conté con suerte para decirle a él y al mundo lo que yo viví allá. Intentaría salvar a mi hijo de que caiga en esta guerra.

 

Yo no puedo hacer nada más, espero poderle dar un ejemplo, alguna orientación, eso hacen los padres, ¿no?  Yo era muy desorientado, muy cansón, me he ido formando solo y ahora puedo decir que defiendo el honor de estar en la civil de forma honrada. Porque me he formado solo. 

 

Yo he visto cómo acá en la sociedad civil hay gente que me mira como si yo les fuera a robar. Pero no me conocen, si me conocieran no tendrían miedo. 

 

Tengo el derecho a tener el mismo trato que los demás, yo ahora soy de la civil. Me afecta lo que los otros piensan de mí; que me miren mal, me da rabia. Pero, también sé que ellos a mí no me conocen y entiendo que puedan equivocarse al mirarme, pediría que me juzguen por lo que intento ser ahora,  intento reparar lo que fui y por eso envío esta carta. Tal vez, les ayude a entender un poco más la guerra que muchos vivimos y que otros ven por televisión.

 

Respuesta  a la carta de Luis-Alberto Tenorio (por: Solís Sandoval) ¿Qué le respondería “yo” a Luis como civil? Le diría, que todos cruzamos por diferentes etapas en nuestra  infancia y cada una de ellas está llena de cosas maravillosas pero también difíciles, ya sea por enfermedades, caprichos, obstáculos en la familia o cambios en el medio que habitamos, etc. Pero más que resaltar las cualidades de aquellos momentos en los que esperamos un guía en la familia que nos enseñe lo que es el mundo, quiero llegar a tal punto donde encuentro una conexión profunda con Luis,  cuando se refiere a su infancia como el diablillo, porque en mi infancia también estuve rodeado de amigos a los que les encantaba descargar sus energías compitiendo con los otros a los que les llamaban “pesadillas” o “diablos”; inclusive, en el medio en el que me crié la palabra “pesadilla” también era relacionada con inteligencia, ya que los chicos que intentaban llamar la atención siempre planeaban y estaban pensando cómo hacerlo. A continuación quiero decirle a Luis que recordar ese niño que aun lleva dentro  pasó de ser un reto a ser un sinónimo de grandeza y mucha fortaleza, pues no todos tenemos la facultad de recordar con mucha claridad nuestra infancia y mucho menos compartir lo malo que fuimos, siendo esto sinónimo de un niño alentado y con muchas energías en el marco de la mayoría de pueblos colombianos.

 

Volviendo al tema,  quiero decirle a Luis que la sociedad siempre estará dispuesta a recibirlo con las manos abiertas, de lo que no podemos escapar es de los perjuicios que históricamente se han construido discursivamente y se dirigen siempre a determinados sectores de la sociedad  como a los Gay, Lesbianas, Homosexuales, Gordos, Negros, Indígenas, Chinos, Árabes, etc. Por los diferentes perjuicios que están enmarcados en el subconsciente de la sociedad, sufrimos de los diferentes estereotipos antes mencionados y digo, sufrimos, porque quien les escribe pertenece a la comunidad Afro (NEGRO) en Colombia y me ha tocado luchar en incontables situaciones con algunas de  las “ofensas” que mencionaba Luis cuando se refería a la mirada despectiva de la sociedad,  esa mirada que nos pone a pensar que somos todo lo malo que le pasa al país y todo lo que sale en las noticias cada día; pero los que reaccionan despectivamente en medio de la sociedad civil son unos pocos y es por eso que como Afrocolombiano aprendí a identificarlo y fue cuando comprendí que ese 10% de la sociedad no podía ser más fuerte que ese 90% que me brindaba su cariño, apoyo  y comprensión. Por último quiero decirle a Luis  que es de enorme gratitud el perdón que hoy ha ofrecido a la sociedad civil, y  el mismo ha sido recibido y asimilado, (directamente, Luis) estoy seguro de que, así como “yo”, también cada uno de los que reciban tu petición lo harán de la mejor manera porque en tus palabras hay certeza y humildad, (…) además un gran amor por la familia, por construir una nueva sociedad donde reine el amor y la paz; también se percibe la perseverancia en querer hacer de tu vida y la de tu familia una nueva historia con un final feliz, y empezaste con el mejor de los pasos que es el reconocimiento del daño causado y de seguro toda la sociedad sabrá que lo haces de corazón.   

 

¡¡¡ Bienvenido a la sociedad civil!!!

 

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Edición No. 178