Experiencia pacifista como apertura de mundos político, erótico y poético
Si se entienden las movilizaciones pacifistas en tanto ampliaciones de los mundos marcados por las violencias, entonces podemos entender a estas últimas como “contracciones” de la vida, marcadas por expresiones de totalitarismo: ocultamientos, homogenizaciones, estigmatizaciones, colonizaciones.
En esta otra perspectiva no se entienden la paz y la violencia como contrarios, sino más bien como continuidades, por lo que no interesa definir una y otra, sino encontrar en sus tensiones, las posibilidades de movilización del mundo, de transformación y acción fundacional de alternativas para habitar sus territorios, haciendo de este habitar un ejercicio de experiencia expandida.
Para este ejercicio se ha recurrido a figuras mitológicas que representan poéticamente tanto las herramientas conceptuales propuestas por J. Galtung (1998), así como las emergencias, los nacimientos en la compresión de estas tensiones.
La primera expansión se encuentra entre la paz negativa y la paz positiva definidas por Galtung, con ella ha sido posible comprender la emergencia de una forma de paz sobre la que se ha construido la idea de una paz política que emerge como posibilidad para entrar en relación con el mundo y fundar nuevas posibilidades. Esta experiencia de la paz política está mediada fundamentalmente por la palabra, la razón, la utilidad al proyectar aquello para lo que se hace y fundamentalmente acontece en el mundo de la polis, de lo público.
La segunda expansión de la experiencia pacifista que se reconoce es aquella que emerge de la relación entre la paz negativa y la paz cultural. Esta relación está determinada por la erótica, en la que el cuerpo (desnudo) dispone la relación con los otros en el campo de la inutilidad, del ocio y del habitar en presente, y acontece en la pasión desatada en el espacio íntimo, del iokos, donde el cuerpo puede aparecer desnudo (sin ocultamientos, sin disfraces) ante los otros.
La tercera emergencia a reconocer es la de la poética, resultante entre la paz cultural y la paz positiva. La poética como ejercicio de la ficción del mundo capaz de poner en relación, la heterotopía como posibilidad, como puente que permite el tránsito entre las pasiones y las razones, entre las políticas y las eróticas, entre la polis y el oikos. En este sentido la paz poética se ubica en el lugar del útopos, del (no)lugar donde la perspectiva es la estética como punto de inflexión del acontecimiento pacifista.
Virtudes: La justicia, la amistad y la pluralidad. Expresiones de la experiencia pacifista
La virtuosidad es la capacidad de hacer comprensiones de la vida haciendo de esta una obra de arte. Las virtudes se han definido en términos de la Justicia y la Amistad.
La primera entendida como equilibrio, armonía y reciprocidad, las cuales describen el carácter y la impronta de las acciones que tienden al fin del horizonte común, al bien común que no está dado más que por la felicidad. Esta forma de justicia valida dos de sus expresiones como posibilidades para alcanzar la felicidad; por un lado el principio del agonismo, como condición propia del universo en tanto todo se crea y recrea en un constante movimiento entre las fuerzas, sin que con ello se pretenda la prevalencia absoluta de una sobre la otra. La otra forma de la justicia para alcanzar la felicidad es el reconocimiento de la igualdad; siguiendo la idea anterior, en la que se reconoce la contradicción como generadora de movimiento, es necesario entonces validar la propuesta de la igualdad en la diferencia. De esta manera lo distinto no aparece como contradicción, sino como complemento obligado.
En este marco, la paz podría ser entendida como la capacidad para acontecer en la felicidad de la comunidad como praxis que se realiza en su propio acontecer y que implica su propia causa, sin que ninguna causa ajena lo impida. Es decir, la paz es causa de sí misma.
La segunda virtud, la amistad, se puede reconocer en tres escenarios: ser amigo de sí mismo, amigo de otros y amigo de los parientes. La primera es la más compleja, pues exige un descentramiento de lo que se cree ser, y se propone como ejercicio de la coherencia entre las razones y las pasiones, las consecuencias para saber y hacer; y finalmente, la soledad como escenario para encontrarse y valorar lo que se es, sin el ruido ensordecedor y abrumador del afuera.
Este ejercicio de la amistad consigo mismo (filautía), permite a la persona un ejercicio de libertad, al alcanzar las capacidad para “ser causa de sí mismo”; es decir, la posibilidad de que el sujeto mismo ponga límites a las acciones; se trata del fundamento de la ética.
Por otro lado, la amistad con los otros se reconoce en: la convivencia, el placer, la utilidad y la bondad. La amistad lograda en la convivencia permite a los seres humanos ser amigo de otros, la amistad por placer y utilidad permiten la construcción de amistades contingentes y efímeras, mientras que la amistad por bondad nos permitirá hablar de una “amistad política” en tanto deseo de vida-buena sobre el otro que garantiza su permanencia y por lo tanto la idea de una comunidad política. La amistad bondadosa se rige por su carácter de reciprocidad necesario en la comunidad política de permanencia.
Erótica como afirmación de la vida
Teniendo en cuenta la idea de Bataille (1971) de que el “erotismo equivale a afirmar la vida incluso hasta la muerte” es necesario comprender que la idea de la vida, aquí será entendida como continuidad del ser, en la que la muerte no es sino una confirmación de la vida, en la que la vida se expande y contrae permanentemente.
La aprobación de la vida, acontece cuando el hombre abre la puerta que posibilita el erotismo, pues este entra en el pasaje de lo desconocido en el que los participantes se la juegan todo. Construyendo, por un instante, un espacio soberano donde el azaroso juego de mantenerse en la obra de la muerte que rompe a cada momento el ser cerrado, significa poner a prueba toda voluntad o fuerza de querer siempre más. (Bataille citado por Pérez, 2015:128)
El evento erótico como afirmación de la vida lleva a lo desconocido, y allí el conocimiento y la razón son desplazados por el gusto y el desborde de la existencia (de lo existente) y lo desconocido se abre a partir del desplazamiento de la seguridad que brinda la razón al hombre.
El erotismo se concibe como la puerta de entrada a lo desconocido, lugar en el cual el hombre se arriesga experimentando eventos accidentales que renuevan la vida misma. (Pérez, 2015:129)
El erotismo al centrarse en el presente y superar el futuro/proyecto, suprime la violencia del deseo que acontece en la necesidad del futuro; su papel es arrojarnos a un deseo del otro, del encuentro y la permanencia en común. En el momento erótico se debate el hombre entre lo habitual y lo desconocido, allí la razón no alcanza a asistir, porque esta está puesta en el mundo por-venir y no en el presente cotidiano.
La búsqueda psicológica que entraña el erotismo es una respuesta que expresa la necesidad profunda de comunicarse con la vida no aislada, no separada. Esto implica un desgarramiento violento de su ser, de sus propios límites enraizados en su individualidad, ponerse fuera de sí en la aventura de amar a otro. Es por eso que el erotismo es la exigencia de la muerte del individuo en la disolución de su ser discontinuo, es necesario que perezca en la experiencia amorosa, para acceder a un sentimiento en la fusión con el otro, participando por breves instantes del todo de la vida. (Pérez, 2015:130-131)
Siendo la erótica la deconstrucción de la humanidad (en el sentido de la labor y el trabajo en la razón arendtiana), es la poética la que pone el horizonte –utópico– para ficcionar el mundo y crear nuevas posibilidades, dispone de los nacimientos de nuevos mundos, de nuevas experiencias que se expanden con esos nuevos mundos.
El abrazo entre dos cuerpos disuelve por un instante la individualidad de los seres y funda, también en un instante, el entre-nos, la emergencia, el nacimiento del sujeto en el que se disuelve el individuo.
Experiencia poética
La imagen poética nos concierne en el sentido de hacerse experiencia poética que atraviesa la conciencia trascendente del individuo. La perspectiva poética genera resonancias en una imagen completa, que ve el todo y no solo las partes, lanzando la complejidad del fenómeno observado, abriendo nuevas posibilidades, significados y sensaciones. Se trata de pasar fonomenológicamente a imágenes no vividas, de vivir lo no vivido y abrirse a una apertura del lenguaje (Bachelard, 1993:18)
La poética trae el pasado y lo relanza al futuro ficcionando tanto lo que fue como lo que puede ser, haciéndolos más amplios, expandidos. En igual ejercicio, la poética encuentra el umbral como horizonte entre la pasión de la erótica y la razón de la política, en una resonancia de lo íntimo y lo privado de la experiencia y más allá de esta.
En este sentido, la imaginación, como una potencia mayor de la naturaleza humana aparece como facultad de producir imágenes. “La imaginación, en sus acciones vivas, nos desprende a la vez del pasado y de la realidad. Se abre al porvenir” (Bachelard, 1993:21) ¿cómo prever sin imaginar?
Con la poesía, la imaginación se sitúa en el margen donde precisamente la función de lo irreal viene a seducir o a inquietar –siempre a despertar– al ser dormido en su automatismo (Bachelard, 1993:21)
El momento estético no “da tiempo” a la reflexión o los juicios de quien está en frente de estos. El cuerpo estético está libre de las trabas de la lógica o la explicación; permitiendo, de esta manera, el desborde de una nueva percepción o visión en una producción orgánica, del todo, más allá de las partes.
El “momento estético” ocurre, tiene un lugar y tiempo con la aparición de la resonancia de la experiencia con la que nos encontramos; resonancia que conecta la inmediatez de la realidad, como lo finito. Lo trascendente con la permanencia de la experiencia, como potencia. El momento estético es la ocurrencia de una imagen que nos deja sin aliento, solo un suspiro por el cual liberamos el ejercicio del acercarnos a la experiencia y que solo se expresa como un leve eco, que retumba en nuestro cuerpo y en nuestro territorio; provocando la disponibilidad para estar, por ejemplo, frente al conflicto, desde un todo orgánico, desde la complejidad de la experiencia y con la apertura al resonar, al eco de esta en el cuerpo y, de este, al territorio habitado.
El recuerdo-imagen nos permite separamos del presente para lanzarnos al pasado en una actualización afectiva de la experiencia, que desemboca en un re-acontecer que es capaz de performar el cuerpo que somos y de esta manera, dar paso a la imaginación estética en la transformación de los conflictos.
La poética emerge al sujeto como posibilidad de re-existencia agotada en la corrupción del escenario y los actores políticos y encerrada en la intimidad del oikos donde se esconde para guardarse del miedo que funda lo corrupto en lo público. Nos lanza a la natalidad desde la apertura de preguntas como ¿qué es lo real y qué es lo especular? Preguntas que hacen eco y resuenan en la conciencia para mover los límites difusos entre lo real y lo especular que precipitan una nueva manera de pensar el habitar poético (Pineda, 2014:62)
La poética no es simple mímesis que representa una realidad, es la condición de posibilidad de ampliar, expandir el mundo representado, utopizar esa realidad, expandiendo el mundo, hacen de la poética una experiencia que configura al sujeto en tanto sus categorías, pero al mismo tiempo desde la posibilidad perceptiva del mundo una “experiencia viva no una imitación” (Pineda, 2014:76). La poética actúa como experiencia creadora que da lugar al nacimiento del mundo vivido, a la potencia del sujeto en el mundo, un sujeto desatado a la creación y no solo a la reproducción del mundo que desea, siente e imagina vivir.
Poéticamente nada le pertenece al hombre, lo que aparecía en el interior del hombre se desliza hacia el afuera de la naturaleza que deviene en un poema (Pineda, 2014:83)
De esta manera, si según Pineda (2014:135) “la guerra aparece allí donde la palabra se torna imposible”, entonces allí donde la palabra poética emerge, la guerra se torna imposible, por eso la paz política se hace obligada en la emergencia del acontecimiento dialógico y relacional con la erótica y se establece como útopos, umbral, entre la polis y el oikos.
Así el útopos es el (no)lugar de la experiencia en tanto escenario de la aparición de la sensación y el saber qué hace al ser, ser. El ser es en la utopía. De esta manera, el ser es experiencia en tanto comprensión que a su vez permite la experiencia.
La poética permite “convivir con el natural miedo de lo oscuro, como aquello que todavía no es apreciable, impidiendo que este se convierta en terror” (Sorrentino, 2009:23) contrario a lo que sucede en el ámbito de la metafísica en el que se espera que todo aparezca. Por ello, la poética nos permite movernos entre la obsesión totalitaria de verlo todo, de iluminar lo oscuro, y el miedo a los monstruos que habitan en la oscuridad, ficcionando en la construcción del horizonte de la apariencia, de la utopía. Si todo fuera público (luz) no habría acción posible, igualmente si no existieran espacios comunes-públicos.
Puntos de arribo
La expansión de la experiencia no se alcanza en la inmediatez de la erótica, ni en la prolongación del futuro en la política, ni olvidando la acción poética que ficciona los mundos posibles; más bien, la expansión de la experiencia se logra en la emergencia de todas estas en un continuum.
El mundo común es el correlato de prácticas (praxis y poiesis) que lo sacan a la luz, que es aquí, el horizonte de la apariencia y se construye como el espacio pre-político en Arendt. (Sorrentino, 2009:21)
Así, la experiencia se comprende como expansión, no solo de lo que se conoce, sino del mundo que se habita. Dicha expansión logra transitar en un movimiento que abre al sujeto a nuevos mundos.
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Erótica |
Deconstruye |
Desfallecer de sí |
Desmesura |
Inmanencia |
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Poética |
Ficciona |
Nacimiento de sí |
Fundación |
Permanencia |
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Política |
Construye |
Permanecer de nos |
Control |
Trascendencia |
Tabla 1: Elaboración propia
Bibliografía
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ARENDT, H. 2012. La condición Humana.: Paidós.
BACHELARD, 1993, La Poética del Espacio. Fondo de Cultura Económica. Colombia.
BATAILLE, G. 1971. Erotismo. Madrid: Taurus
GALTUNG, Johan. 1998. Tras la violencia. 3 R: reconstrucción, reconciliación, resolución. Afrontando los efectos visibles e invisibles de la guerra y la violencia. Bilbao: Bakeaz.
PEREZ, M. 2015. El Sentido del Erotismo. Revista Ciencias y Humanidades, Vol 1, No. 1. Junio – Diciembre. pp: 125-150. Medellín
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