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NOTAS: Crónica viajera, Educación hoy, Mensaje, Membranas, Hemos recibido

Crónica viajera… (por Gonzalo Cataño).  Estaba exhausto y me di un viaje en automóvil –enero 10-15, 2023– por varios pueblos y ciudades atravesando no pocos Departamentos. Rionegro, Puerto Salgar y La Dorada con dormida en Honda. Visité Cambao y Ambalema. Después me fui a Manizales, ciudad que no frecuentaba desde hacía 35 años.

Honda, de veinticuatro mil habitantes, es una ciudad llena de secretos. He pasado por allí más de treinta veces y jamás me había detenido a observar su estructura urbana. En el centro y río arriba se encuentra la parte antigua y más sugestiva. Casas, calles y senderos del siglo XIX. Allí se observan las residencias de los Samper Agudelo, de los López y de los comerciantes del XIX y de la primera mitad del XX. Las más bellas y reconstruidas se han convertido en hostales, restaurantes y amplias y confortables viviendas de clase alta de Bogotá. Sus paredes, techos y solares recuerdan la España colonial de Mompós y Cartagena. Hay un pequeño hotel manejado por una polaca y otros dos en manos de ingleses y franceses. Este recorrido fue posible por la hospitalidad de la familia Pérez-Palacios que posee una casa en los altos de la ciudad. Mauricio Pérez, que se ha leído todos los libros importantes desde Homero hasta la última salida del New York Times nos agasajó con su erudición. Es un hombre observador, ecuánime y lleno de sabiduría. Considera que todos tenemos la razón desde nuestro punto de vista. No ha pisado callos y carece de enemigos; jamás ha rivalizado con hombre o mujer alguna. La festiva Laura Palacios, su esposa, que ve el pasado como un logro y el futuro como un mundo por conquistar, nutrió nuestro paladar con platos de tierra cliente amenizados con copas de vino blanco. Es inteligente, práctica, trabajadora, de conversación rica y de una particular habilidad para el manejo del hogar. Es optimista sin perder el sentido de realidad. Las utopías desbocadas y sin control no tienen lugar en su mente.

Con ellos nos fuimos –vía Cambao– a Ambalema, la tierra del tabaco, el monocultivo colombiano del xix. La carretera está perdiendo su antiguo asfalto y los autos apenas avanzan mientras esquivan huecos, pantanos y hondonadas. El pueblo se está derrumbando. Sus casas de fines del xix y comienzos del xx, de tapia y aleros sobre la acera sostenidos por atractivas vigas de madera, muestran techos desvencijados, muros rotos y puertas que aúllan al abrir. Es decadencia, descuido y pobreza. Sus edificios emblemáticos, como la casa inglesa, son un desastre. Su antiguo jardín y patio interno se los tomó la maleza y los techos se desploman. Todo parece derruido o en proceso de estarlo. Algunas residencias, no muchas, han sido compradas y restauradas por gente adinerada conservando la agraciada arquitectura del pasado. Su parte más dinámica es el parque y la calle de entrada donde se ven tiendas, almacenes y sitios de comida. Tiene un hotel moderno, el San Gabriel, que agita el pueblo los fines de semana. En él se puede comer un pescado decente. El calor es infernal. Al costado oriental se observa la majestad del río Magdalena que avanza airoso, ancho y displicente hacia Honda. No hay puente, solo se lo pude atravesar en frágiles canoas.

Por la tarde regresamos a Honda y visitamos el antiguo emplazamiento de Caracolí, el puerto donde descansaban los champanes y los barcos que venían de la Costa Atlántica con viajeros y mercancías para Bogotá, Manizales y el sur del país. Los rápidos de Honda les impedía seguir su curso hacia Girardot. En la actualidad esta rodeado de un barrio popular y de un desvencijado bar frecuentado por parejas que toman cerveza y escuchan música de letra agónica y sonido envilecido que hacen de la conversación una cadena de aullidos.

Al día siguiente tomamos el camino para Manizales. Pasamos por Mariquita y emprendimos el ascenso a Fresno y Padua en busca del páramo de Letras. La vía es estrecha, abrupta y pavimentada. Es un impetuoso ascenso por la ruda cordillera central. Se lleva tres horas y todo conductor debe estar atento al descenso de los camiones de dos y tres ejes que se toman las curvas para evitar que los furgones traseros se atasquen en las cunetas y pongan en peligro el equilibrio del automotor. Al llegar a Letras comienza el descenso a Manizales. Entretanto se ha pasado de severas temperaturas de tierra caliente a las de tierra fría.

Llegamos a Manizales pasado el mediodía y nos instalamos en el confortable Hotel Estelar El Cable. Me impresionaron los cambios de la ciudad: sus calles, sus universidades, sus cafeterías, su modernidad. Menos de medio millón de habitantes en un filo 2.200 metros sobre el nivel del mar. Es fría y falduda, con un cable aéreo que la conecta con la vecina Villamaría. No es fea pero tampoco bella. Caminé el barrio Chipre, uno de los más antiguos y más encumbrados de la ciudad, el Parque Caldas y el Centro alrededor de la Basílica. Bajando hacia la alcaldía, despacio, observando despreocupadamente a los transeúntes y edificios del entorno, me descuidé en la acera y me fui de bruces. Fue una sensación extraña. Al dar el paso en falso me di cuenta de que me iba a caer y me fui doblando en cámara lenta hasta depositar mi humanidad en el asfalto. Me magullé las vértebras del lado izquierdo, todavía me duelen, y me hice un feo raspón en la rodilla. Los que pasaban por la calle se asombraron al ver mis 1,86 de estatura y mis 93 kilos obstruyendo la vía. ¡Qué cuadro! Yo vi la situación de abajo hacia arriba y los que estaban de pie la percibían de arriba para abajo. A poco me levantaron asombrados. ¡Qué oso!  Somos viejos, no lo dudo. Asustado comencé a caminar de nuevo y en una librería de viejo, la Diana, me compré un volumen empastado del siglo xix –un grueso tomo que contiene varias entregas de la Biblioteca Popular de Jorge Roa de 1895 y 1896– y otro, Revelaciones de un juez: delincuencia infantil de 1938, de interés para los estudiosos de la de sociología criminal, del abogado José Antonio León Rey hoy bastante olvidado.

En Manizales me entrevisté con un sociólogo con el deseo de recabar datos sobre la enseñanza de la sociología en la ciudad. Me di cuenta de que la ciencia de Comte no pasa por sus mejores días en la capital del Departamento de Caldas (quizá nunca los tuvo). Después atendí una invitación del amable educador, ingeniero, poeta y ensayista Carlos-Enrique Ruiz, fundador y director de la revista Aleph, una publicación periódica de más de medio siglo. Nos señoreamos un té con su esposa, nos tomamos fotos, firmé el libro de visitas de Aleph (en este magazín he publicado dos o tres trabajos), observé su biblioteca de doce mil volúmenes, y merodeé los cuadros que engalanan las paredes de su residencia de tres descansadas plantas.

Después de dos animados días manizalitas regresé a casa por La Pintada, Bolombolo, Caldas y el Escobero, la espinosa loma de Envigado, abigarrada cuesta que no pienso volver a tomar. Quería llegar a Llanogrande lo más pronto posible. Pero el retorno fue más tormentoso de lo previsto. Cuatro horas de camino Manizales-Rionegro, se convirtieron en ocho. Los pare y siga entre La Felisa y la Pintada son tediosos y se toman varias horas. Están ampliando la carretera y su asiento tiene dos persistentes y obstinados enemigos: el impetuoso río Cauca a la derecha que se come la bancada en varios trechos y la montaña a la izquierda que se derrumba con frecuencia en el período invernal.

¡Pero llegué! Al arribar bajé las cosas del auto, que no eran muchas. Me di un baño con agua caliente, me serví un escocés, me metí en la cama y repasé el mapa de mi aventura de seis días. Pensé: el país está cambiando, hay más gente, más adelantos, más declives y GC bordea la senectud sin mayor conciencia de lo que sucede a su alrededor. ¡Qué desidia!
 

¿Qué educación es pertinente hoy? (por Nelson Vallejo-Gómez). La educación es un campo de tensión y de combate filosófico, socioeconómico y político, cultural, ficticio y natural.

Urge por tanto tener muy claro, en ese combate, lo que se entienda por libertad educativa, marco jurídico, aporte científico experimental y comparaciones internacionales de buenas prácticas.

El 1er desafío, para construir colectivo, tejido nacional, Bien Común y Poética de Civilidad en una Política de Estado, relativa a la Educación, reside en la capacitación del magisterio desde el aporte de ciencias cognitivas; aporte basado en pruebas experimentales, corroboradas y evaluadas científicamente.

Tal aporte apunta a mejorar la metodología y los instrumentos híbridos pedagógicos para la enseñanza de la comprensión lectora y matemática, para las competencias psicosociales en el nivel básico de un sistema escolar integral; pues en la educación básica se cristalizan las desigualdades socioeconómicas y cognitivas entre infantes de clases y orígenes diversos.

Así pues, enseñar a leer, escribir, contar y respetarse mutuamente, a todas las niñas y los niños de una comunidad, una región, un país, es un desafío de política pública de educación, que va más allá de intuiciones y tradiciones familiares, creencias, mitos y leyendas, propias a tal o tal grupo étnico.

   – ¿Y, la etnoeducación?

   – Para entender y regular las ventajas y las desventajas de la etnoeducación (otro campo de combate), urge tener muy clara la Carta Magna de la República, los planes de estudio rectores de la Ley General de Educación, las derrogaciones territoriales con calidad y sin corrupción, los aportes culturales reales de los chamanes y los mayores; urge, en definitiva, tener claro el bucle histórico y retroactivo entre cosmogonía, poesía, religión, educación, ciencia, técnica y tecnología, entre, individuo, sociedad y naturaleza.  Ad Augusta per Angusta

Mensaje al nieto, Emiliano (por Pedro Zapata). A veces, el tiempo parece un viejo cansado de ser tiempo. A veces los niños y las niñas, abren sus ojos, poblando de luz los senderos del tedio y la incertidumbre. A veces el Colibrí toma distancia para contemplar su particular forma de acunarse en el vientre de las flores. A veces son los vientos los que anuncian al mundo los nuevos nacimientos. A veces logramos comprender el sentido de nuestras búsquedas, contemplando en detalle los juegos sagrados de las chicas y chicos del barrio popular. Solo una vez la dignidad abre sus puertas y ventanas, en este país del luto milenario, convocando la fiesta del vivir, por entre calles y traviesas travesías. Emiliano, entrañable nieto del alma mía, todos los caminos y paisajes humanos para tus pasos, tus preguntas, tus silencios, tus invenciones de la extensa noche, sin miedo, bajo la Luna y las estrellas. Invítame a acompañarte apaciblemente, en el amoroso y humano ritual-tejido de la esperanza simple y necesaria…….  [02.I.2023]

“Membranas”  (poemario de Catalina Villegas-Burgos; Ed. Totuma Libros, Bogotá 2023. Reseña de Christian Peña).  El límite que existe entre la palabra y el silencio que la rodea es también una membrana que separa el medio extracelular del intracelular, haciendo del poema un organismo capaz de contraerse y expandirse en cada anécdota o invención. A decir de Wallace Stevens, “en poesía uno siempre escribe sobre dos cosas al mismo tiempo, y esto es justamente lo que produce la tensión característica de la poesía. Uno es el tema de la poesía y el otro es la poesía del tema.

Así, Catalina Villegas nos ofrece un libro lleno de tensión que indaga desde el espacio donde podría extraviarse la infancia en el vaivén de un columpio, hasta la luz que no sabemos si le duele al Sol cuando se filtra entre las hojas de los árboles.

Del verso libre al haikú, los poemas de Membranas se articulan breves y con un amplio dominio de la observación poética. La autora analiza metódicamente células en su microscopio (preguntándose cuántas de ellas serán las últimas en enterarse de que hemos muerto), al tiempo que registra en su bitácora hallazgos, revelaciones y testimonios a los que se enfrenta quien decide pararse en la línea que atraviesa la voz cuando despierta, siempre abierta a recibir el pasmo.

Hemos recibido… De Catalina Villegas-Burgos, ingeniera física con maestría en periodismo científico, funcionaria del Museo de la Ciencia en Montreal, su poemario “Membranas” (Ed. Totuma Libros, Bogotá 2022), con sugestivos textos e ilustraciones de la autora. Poemas breves y de contenido entre metafísico y realista. Por ejemplo, dice: “no impido el deseo/ entre el sol y las mitocondrias// entre el color de una pluma/ y los conos de una retina// entre los virus y su necrofilia/ por lo vivo// entre el poema y la pregunta/ y viceversa”. 

De Gonzalo Cataño, científico social, de amplia obra de investigación en diversos campos, en especial la sociología y la historia, su libro: “El historiador Joaquín Tamayo” (Ed. Universidad Externado de Colombia, Bogotá 2021), detallada investigación para semblanza de personaje importante en la historia de Colombia, poco frecuentado en los tiempos que corren, nacido en 1901 y muerto temprano en 1941, pero dejó valiosa obra publicada, del cual dice el autor: “ … fue un historiador de transición entre la historia política de carácter narrativo y la historia social de fondo analítico. Fue un precursor de la ‘Nueva Historia’, muy sensible a los fundamentos sociales y económicos del pasado nacional. Murió tempranamente y no logró culminar su proyecto intelectual, programa que solo llevó a feliz término la generación siguiente representada por Luis E. Nieto-Arteta, Indalecio Liévano-Aguirre y Luis Ospina-Vásquez.”

La Alcaldía de Pereira y su Biblioteca Pública Municipal han venido publicando unas buenas ediciones de autores regionales, con narrativa, crónica y poesía que para la más reciente producción incluyen las siguientes obras (formato 14x21cms.): Indecible, de Lina-María Benjumea; La luz de la angustia, de Cristian Cárdenas; La estación de las cebras, de Mauricio Peñaranda; Sortilegio, de Julián-Andrés Gómez P.; Si he visto vida fue por darte a ti la vida (La balada entre besos y voces), de Edison Marulanda-Peña. Y en la colección literaria “La chambrana” (formato 10×15 cms.), estas: Antología poética, de Giovanny Gómez; Narrativas desafiantes (Cuentos fantásticos), de Jaime-Andrés Ballesteros A.; Narrativas afropereiranas, de Dora-Inés Maturana M.; A mano alzada (Historietas pereiranas), de Ricardo Rodríguez (compilador); Mujeres en la dramaturgia (narradas por hombres), de Maryury Ruiz-López (compiladora); Símbolos y rosas fugitivas (Narrativa erótica), de Diego Firmiano (compilador).

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Edición No. 204