Paul Schaufelberger y los científicos europeos en Colombia
La ciencia es vida en la universidad. Y la universidad es vida con la ciencia. Hay que conservar presentes los antecedentes que dan sentido a esto. Desde la Grecia Clásica es vigente la indagación por el conocimiento, por el saber. Profundizar esa línea es tarea de cada día en la educación, al formar desde la infancia por preguntar, por dudar, por buscar el sentido en todo, sin digerir entero lo que se oiga. El diálogo, la lectura, la controversia con respeto y la experimentación en medios materiales, habrá de ser el método para formar el espíritu de manera continua.

Antecedenres de científicos europeos
Al referirnos a nuestra Colombia, también resulta importante aludir a las personalidades europeas que, por ejemplo, vinieron con sentido de investigar su situación natural, en todas sus manifestaciones. En el siglo XIX los científicos que trabajaron en nuestro país dejaron testimonio en obras consagradas y contribuyeron en la preparación de sucesores. Comenzamos con la presencia de Alexander von Humboldt, el sabio alemán que dedicó cinco años (1799-1804) a explorar en continua investigación por América, acompañado del naturalista, botánico y médico francés Aimé Bonpland, y en 1801 se encuentran en la Nueva Granada, con la singularidad de visitar en Bogotá al otro sabio, español, José-Celestino Mutis, director de la Real Expedición Botánica. Esta se cumplió entre 1783 y 1816, con resultados asombrosos en el inventario de la naturaleza (flora y fauna), y la formación de científicos y artistas de estos lugares.
Mutis fue un sabio de conocimientos múltiples desde la medicina, pasando por las matemáticas, la física y con realizaciones en la botánica. Fundador y constructor del primer Observatorio Astronómico, inaugurado en 1801, con la designación de Francisco José de Caldas como su Director. Impartió lecciones universitarias en especial en matemáticas, y en la enseñanza de las teorías de Copérnico y Newton.
Entre 1823 y 1829 estuvo François Désiré-Roulin, médico y naturalista, quien hizo parte de la Misión Boussingault, ocupado de hacer ilustraciones de fauna y flora, con expediciones astronómicas y geográficas por los Llanos Orientales y el río Meta. De 1823 a 1832 tuvimos al químico y geólogo francés, Jean-Baptiste Boussingault, considerado como padre de la “agricultura científica”, con estudio de la composición de los suelos. Fue contratado por Bolívar para crear una escuela de minas, con estudio en especial de yacimientos minerales en Antioquia.
Entre 1850 y 1859 estuvo la Comisión Corográfica dirigida por el ingeniero militar y cartógrafo italiano, Agustín Codazzi, cumpliendo la tarea de elaborar una descripción completa de la Nueva Granada, con levantamiento de mapas de las regiones. Su resultado, el primer mapa científico y unificado de la Nueva Granada, con descripción detallada de la geografía física y humana.
El francés Charles Saffray, médico y humanista, estuvo en 1861 y dejó obra “Viaje a la Nueva Granada”, con acopio de información sobre aspectos de salud, botánicos y etnográficos. El también francés, Edouard André, arquitecto paisajista y botánico, especialista en orquídeas y bromelias, registró el paisaje nacional en grabados y pinturas. Los alemanes Alphons Stüdel y Wilhelm Reiss, geólogos y vulcanólogos, se ocuparon en nuestros territorios de 1868 a 1874 de estudios sobre la cordillera de los Andes, con registro de altitudes, y en especial la actividad volcánica al sur del país.
El historiador Jaime Jaramillo-Uribe consideró que los científicos europeos trajeron las vertientes del empirismo, el utilitarismo y el positivismo, con el consecuente choque cultural con sectores tradicionales y de la Iglesia católica, al considerar que la ciencia natural presentaba una amenaza al dogmatismo imperante.
En 1919 se creó la primera aerolínea, SCADTA (Sociedad Colombo-Alemana de Transporte Aéreo), por técnicos y pilotos alemanes. Por entonces, Colombia fue el segundo país del mundo en poseer una aerolínea. En las primeras décadas del siglo XX tuvimos la Misión Kemmerer, de 1923 a 1930, con la dirección del economista norteamericano Edwin W. Kemmerer, encargada de estructurar la economía nacional, dando origen al Banco de la República.
En esas primeras décadas se institucionalizaron las ciencias naturales, con los primeros herbarios y la clasificación taxonómica generalizada, con la creación de la generación pionera de biólogos. En 1910 se tuvo la Expedición Helvética, con los suizos Otto Fuhrmann (zoólogo) y Eugéne Mayor (micólogo), quienes recolectaron por el país más de 3000 ejemplares de hongos, líquenes y parásitos, con estudio de la biodiversidad en al zona tropical. En la década de 1920 estuvieron las Misiones Alemana y Suiza, contratadas por el gobierno para estructurar la enseñanza de las ciencias aplicadas y la modernización de las fuerzas militares. También en la misma década estuvo la Misión Médica Francesa, dedicada a orientar la salubridad pública y propiciar la formación médica en Colombia.
El Hermano Apolinar María (francés) fundó, en 1904, el Museo de Historia Natural del Instituto La Salle, en Bogotá, con acopio y clasificación de abundante cantidad de insectos, aves y mamíferos; su primera sede formal abrió en 1910. El Hermano Nicéforo María (francés) continuo esa tarea, con aplicaciones en la herpetología y la ornitología, integrando ricas colecciones zoológicas.
En 1926 tuvimos la Expedición Botánica Soviética, con Yuri N. Vóronov, Director, con exploración de la costa Caribe, del río Magdalena y la Amazonia, durante seis meses, con estudio de la biodiversidad, los recursos naturales y recolección de flora y fauna. Las Memorias de esta expedición las recogió Vóronov en crónicas de su libro “Medio año en Colombia”.
[Ref.: Con información básica de la IA]
La Escuela Normal Superior (1936-1951): científicos y humanistas europeos
El aporte más significativo en educación en el s. XX se tuvo con la creación de la Escuela Normal Superior (ENS), en 1936, por el presidente Alfonso López-Pumarejo, que congregó personalidades científicas y humanísticas, del exilio europeo, para formar con rigor licenciados en varias disciplinas, con método científico, incluso con tesis para el grado, sometida a valoración por los especialistas, con sustentación muy exigente. Por ejemplo, Jaime Jaramillo-Uribe (fundador de la “Nueva Historia”) se graduó en 1941, con la tesis “Las ideas de la Ilustración en Colombia”.
Profesores de la ENS: Paul Rivet (francés, etnólogo), Justus Wolfram Avé-Lallemant (alemán, geógrafo), Ernesto Guhl Nimtz (alemán, geógrafo), Mercedes Rodrigo Bellido (española, pedagoga), Rudolf Hommes (alemán, economía, filosofía, historia), Raymond Lelièvre (francés, filólogo), José de Recasens (español, arquitecto, antropólogo), Gerhard Masur (alemán, historiador). Se impartían licenciaturas en Ciencias Sociales (geografía, historia universal, historia de las ideas y economía); Ciencias Pedagógicas (psicología del desarrollo, psicotecnia y método de la Escuela Nueva); Filología e Idiomas (lenguas clásicas y modernas: francés, alemán, inglés); Ciencias Biológicas y Exactas (química, física, ciencias naturales aplicadas).
Su sede principal en Bogotá estuvo en edificio de arquitectura republicana, en la Avenida Caracas con Calle 15 (sector de San Victorino/ Mártires), con excelente dotación de laboratorios de vanguardia. Los estudiantes fueron formados con el rigor científico europeo.
En 1951 el gobierno conservador cierra de manera abrupta la ENS, al identificarla como de librepensamiento, atea, marxista, que amenazaba la tradición religiosa y católica en Colombia. Incluso se consideró que era inmoral, de enorme peligro, tener participación mixta, de mujeres y hombres. Con diseminación, en consecuencia, de biblioteca, profesores, laboratorios. Se perdió una singular y grande oportunidad para perseverar en la formación de científicos, con el modelo europeo de rigor en la educación y en la exigencia de resultados, con licenciaturas homologables, por ejemplo, al doctorado alemán.
Paul Schaufelberger: científico en singularidad
En el marco anterior, es mi deseo hacer memoria y presentar la personalidad de un científico suizo, Paul Schaufelberger (n. Richterswil, Suiza,1894; m. Chinchiná, Colombia, 1976), Licenciado en Química y PhD en Geología, quien arriba a Costa Rica en 1928 para cumplir contratos con el Estado en desempeños docentes y de investigación de campo, hasta 1938 que viene a Colombia contratado por la Federación Nacional de Cafeteros, en especial para el estudio de los suelos. Su actividad fue incesante, con investigaciones de campo y elaboración de artículos con descripciones de rigor de las formaciones rocosas, y la identificación de los diferentes períodos geológicos.

En Costa Rica ejerció la docencia sobre Geología en el Liceo de Costa Rica y en el Colegio Superior de Señoritas, con aplicaciones en investigación en el Instituto Físico Geográfico y en el Museo Nacional. Realizó estudios geológicos e incursionó en estudios sismológicos, con instalación de un sismógrafo que él dispuso en el Centro Nacional de Agricultura, luego Ciudad Universitaria Rodrigo Facio. En 1931 publica sus “Apuntes geológicos”, con cubrimiento de temas desde la mineralogía óptica hasta la tectónica y la paleontología, con el complemento de un trabajo diseñado para la enseñanza: “Tablas mineralógicas y geológicas”. Luego publicó “Una noticia sobre la geología de Costa Rica”, con descripción de rocas ígneas y sedimentarias, con referencias al Cretácico y al Terciario; además se ocupa de la interpretación de un horst en la península de Nicoya y la cordillera, también de una fosa en la costa atlántica, con la ubicación del Valle Central o Meseta, y de otra fosa en la costa del Pacífico; se refiere igualmente a los lagos de Managua y Nicaragua. Al NW, dice Schaufelberger, encontró que en el Escasú se guarda un secreto con vegetación impenetrable, con hallazgo de algunos bloques de profundidad en ríos y campos contiguos. Incorporó mapa: “Esbozo geológico de Costa Rica”. Estudios en los que se ocupó de indagar sobre a totalidad del país, para descubrir fases, etapas, conexiones, sin atenerse solo a la consideración de singularidades puntuales, con registros de rigor en sus publicaciones. Pueden identificarse por lo menos quince documentos reproducidos en revistas y editoriales de ese país.
De esa manera Schaufelberger generó cimiento valedero para el desarrollo de esas disciplinas en el aludido país centroamericano. Especialistas posteriores afinaron sus estudios, incluso con algunas correcciones, en virtud de los avances científicos.
El Dr. Schaufelberger llega a Colombia en 1938, como se dijo antes, contratado por la Federación Nacional de Cafeteros, con aplicación en especial en CENICAFÉ (Centro Nacional de Investigaciones del Café, en Chinchiná), donde asume la dirección en los estudios de Pedología, para el estudio de la formación de los suelos en las zonas cafeteras, con intensas aplicaciones y resultados en publicaciones de valor científico. Fue profesor de Geología y Mineralogía, entre 1949 y 1965, en la sede Manizales de la Universidad Nacional de Colombia. Fui su alumno en el programa de Ingeniería Civil y pude comprender su singular formación en las áreas que impartía, además de amplia formación humanística. Configuró un gabinete con rica colección de rocas y minerales, debidamente clasificados, para ilustrar sus clases. Era atento a las preguntas de los alumnos, con respuestas claras, incluso en temas no propiamente de su especialidad, en campos de las ciencias naturales.
Sus estudios publicados en la Revista de CENICAFÉ, abarcan temas de las cenizas volcánicas, características geológicas, formación de suelos, las lateritas, clasificación en grandes grupos de los suelos, sistema para la clasificación, el humus en los suelos tropicales, mapas climatológicos, la clasificación natural de los climas, petroquímica de rocas ígneas, problemas de los suelos tropicales y su solución, consideraciones sobre el clima y el tiempo de acuerdo con los estudios de Francisco José de Caldas, etc.
Tengo la fortuna de disponer de un ejemplar de su libro “Apuntes geológicos y pedológicos” (Tomo primero; Ed. Imprenta Oficial, Manizales 1944). Tuvo dispuestos otros dos tomos (el 2, sobre la Cordillera Oriental; el 3 sobre las cordilleras Central y Occidental). Al parecer se publicó solo el primero. En ese volumen se hace una presentación general de la historia en el tema, con alusión a los naturalistas que en el siglo XIX visitaron Colombia en misión de estudio; alude a Humboldt, Boussingault, Stuebel, Hettner, Karsten, Sievers y Stille, que en complemento tuvieron exploración general en el país, con resultados publicados. A su vez destaca la Escuela Nacional de Minas, en Medellín, por el interés que despertó por la ciencia de la geología y la mineralogía, con interés especial en la Cordillera Central y en la región de Antioquia, donde se tuvo la Escuela de Agricultura, con Kandidus Stübi dedicado a la geología, con estudios principales en el oriente de ese departamento.
Refiere que en Bogotá estuvo Ricardo Lleras-Codazzi ocupado del estudio sistemático de la geología en Colombia, al cual se le sumaron nombres de integrantes de la Comisión Científica, integrada por el gobierno nacional: Grosse, Hubach, A.E. Scheibe, R. Scheibe y Stutzer, quienes dejaron importante obra científica, publicada de manera parcial en las “Compilaciones de los estudios geológicos oficiales en Colombia, 1917-1933”. Labor que permitió formar geólogos colombianos, sus continuadores, con publicaciones aparecidas en el “Boletín de Petróleo”, la “Revista Minería”, en la Escuela Nacional de Minas, y en la Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. A pesar de las limitaciones para los desplazamientos físicos, Schaufelberger reconoce los empeños en entusiasmo e idealismo de esas primeras generaciones de geólogos y naturalistas.
Schaufelberger dibuja la Estructura Andina de Colombia, con base en la teoría de W. Penk, e identifica la formación de batolitos, la depresión por contracción (depresiones del Pacífico, del Magdalena, de Cesar, de Maracaibo), el eje anticlinal, las dislocaciones, fallas y fracturas. Asimismo se ocupa de la tectónica y el volcanismo, con las debidas descripciones de los procesos. Refiere los diversos volcanes del territorio andino, y en especial nombra el volcán nevado del Ruiz, con mención de las erupciones de 1829, 1831, 1833 y 1845; en esta un gran alud de lodo, con componente de ceniza volcánica, inundó la región de Armero, por esa razón territorio feraz en la agricultura. Ocurrió de nuevo en 1985, con la destrucción de la población de Armero y más de 25.000 muertos.
Relaciona, advirtiendo incompleta la información, sobre los terremotos ocurridos en nuestro territorio entre 1644 y 1938, del orden de veinte. En especial hace referencia del terremoto de 1938 que destruyó sesenta casas en Aguadas, doce en Salamina, en Sonsón destruyó parte del cementerio y en Támesis cayeron las torres de la Iglesia. Se ocupa de la acción del agua en los procesos de meteorización, en combinación con la acción en la variabilidad de la temperatura, la lluvia, el ácido carbónico, el oxígeno. Enfatiza la necesidad de preservar y fomentar las aguas subterráneas, a la manera como ocurre en los bosques y en los cafetales, para luego revertir a la superficie en el alimento de los ríos y para protección de los suelos en temporadas de verano.
Dedica extenso capítulo al estudio de las rocas, con las ígneas, sedimentarias y metamórficas, ocupándose de su ubicación, composición y edad; las intrusiones, los batolitos. Igual, a la estratificación en las diversas regiones de Colombia, incluso llega a referirse a los fósiles (restos de plantas y animales conservados en las rocas), como referencia para conocer de la vida en épocas pasadas, con su debida clasificación y listado de asombro. En el capítulo de La Tectónica, expone los procesos en la estructura del relieve, en función del tiempo, con determinación de su propia naturaleza, con clasificación correspondiente a los Llanos, el Valle del Magdalena, el Valle del Cauca-Patía, el Valle del Atrato-San Juan y la Hoya del Pacífico. Estudia las depresiones: Cesar-Dabeiba-Napipí; Maracaibo-Quibdó; Bogotá-Buenaventura; Caquetá-Putumayo-Patía Bajo.
El libro del Dr. Schaufelberger tiene una cuarta parte, la última y más extensa dedicada al estudio de los suelos, sobre la formación, las propiedades, en especial los suelos en las zonas cafeteras, que es en última el propósito de la obra, caracterizarlos y examinar los orígenes geológicos, la intervención del clima, el tema de la fertilidad, el agotamiento, los análisis pertinentes, con las gráficas y planos apropiados.
El Dr. Paul Schaufelberger subía cada semana de Cenicafé a la Universidad, para dictar su clase de Geología y Mineralogía. Vivía en casa sencilla, en predios de Cenicafé, con humildad, apenas con lo necesario a mano, sin faltarle los libros no solo científicos, también de la literatura, su mesa de trabajo y la habitación del reposo. Era persona solitaria, sin familia y apenas los profesionales que le acompañaban en su trabajo de campo y de laboratorio. En Manizales tenía un amigo que sin falta visitaba, el Sr. Rudolf Lendi, gerente propietario de la pastelería La Suiza, en el centro de la ciudad, con quien conversaba en alemán. Venía siempre con su traje de paño y corbata, sin falta arrugada, su viejo maletín de cuero con sus papeles y modelos para ilustrar la geometría fundamental de rocas y minerales. Ingresaba primero a un salón que tenía dispuesto con rica colección de esos materiales, debidamente clasificados. Pronto accedía al aula de clase y accedía a su intervención, con voz en el dejo del alemán. Dibujaba con tiza en el tablero los elementos de la exposición, acompañando con los modelos. El silencio era rotundo. Pero se acumularon anécdotas sobre distintos aspectos, como por ejemplo cuando un estudiante le preguntó por un nombre extraño, de aparente mineral, de inmediato contestó: “No señor, no invente, la mineralogía tiene muchos nombres suficientes”. De igual modo, otro le interrogó sobre las mariposas, y el profesor atendió el reto y se refirió a ellas con solvencia, en tanto científico naturalista.
Tuvimos la iniciativa de organizar y convocar una primera “Conferencia Regional de Geotecnia”, realizada entre el 14 y el 16 de agosto de 1975, con participación de especialistas nacionales, y designamos al Dr. Schaufelberger como Presidente Honorario. Estuvo en la inauguración y llevó un breve texto para saludar e introducir las sesiones, al igual almorzó en el restaurante de los estudiantes. Al año siguiente muere.
Valoró de manera singular el evento realizado, con las siguientes palabras: “La Conferencia que ustedes han organizado ejerce una función especial, por la importancia en reunir a especialistas de formaciones afines para el intercambio de información y de esa manera aporten al mayor conocimiento del país en todos los órdenes.”
Esa actividad académica la modelamos acogiendo iniciativa de nuestro Decano Magnífico, Alfonso Carvajal-Escobar, de generar ambiente propicio para establecer un Centro de Investigaciones Geológico-Mineras, lo cual se cumplió años después con la creación del programa de Geología en la Universidad de Caldas.
Con motivo de esa convocatoria lo visité en varias oportunidades en su residencia, y con gentileza me invitaba a la cafetería donde pedía para los dos café con una porción de papaya. Lo entrevisté con grabadora en mano y en las Memorias de ese evento se publicaron interesantes apartes de la misma, editadas en su honor en 1976, después de su fallecimiento. Por no tener herederos, sus pocas pertenencias pasaron al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. Acudimos allí, con persistentes gestiones, para rescatar su biblioteca y sus carpetas con originales de trabajos científicos. Pasado el tiempo nos entregaron la biblioteca, de escasos libros de ciencia y humanismo, pero esos archivos personales desaparecieron, quizá por desconocimiento de las personas del ICBF en el valor de esos documentos. Por disposición de la dirección de la Sede UN-Manizales, se destinó espacio con su nombre para albergar la colección de minerales y los libros.
En la entrevista aludida se le preguntó por las dificultades principales en sus investigaciones. Contestó que la principal era la no existencia de mapas geológicos, lo que limitaba incluso la cuantificación de minerales, los que podrían ser económicamente explotados, cuidando los impactos ambientales. Otro factor que anotó para nuestra región es la cobertura de cenizas volcánicas, pero en los cortes de los río se podían observar afloramientos. Alguna vez encontró berilo en el río Chinchiná, con la observación de estar asociado a la presencia de esmeraldas, pero sin saberse dónde.
En Neira encontró por casualidad la cal, necesaria en la agricultura, por la circunstancia de observar que en ciertos potreros el ganado tenía mejor desarrollo que en otros, gracias a esa circunstancia.
De igual modo se refirió a tema polémico, la existencia de la “alofana”, advirtiendo las apreciaciones distintas sobre ella, de si tenía estructura o no, como las arcillas. Mencionó que hay arcillas donde la relación entre sílice y aluminio es de 1:4, 1:3 y 1:2. Y se supuso que también existiría la relación 1:1, pero no la encontraron químicamente. Al estudiarla luego con rayos X, tampoco pudieron confirmar su existencia. La apreciación de los expertos en USA al identificar la supuesta “alofana”, resultó ser en realidad una reacción del ión de aluminio. Concluyó que la “alofana” no existe, porque al descubrir con los rayos X que la arcilla no es amorfa sino que tiene red cristalina, pero aquellos dijeron que la “alofana” es una arcilla amorfa, pero todavía no la han podido encontrar.

Paul Schaufelberger (Foto de CER; 1975)
Valga recordar al Dr. Paul Schaufelberger como uno de los valiosos científicos europeos que contribuyeron al mejor conocimiento del territorio colombiano, en su diversidad y en sus potenciales en los recursos naturales.
[Se publicó una síntesis en “La Patria”, 14.VI.2026; p.24]