Alborada de la ciencia en la Nueva Granada
En el año 1760 llega a la Nueva Granada, procedente de España, el ilustrado José Celestino Mutis (1732-1808). La calificación de ilustrado proviene de la Ilustración, un movimiento intelectual y cultural que con las luces de la razón y el conocimiento enfrentó la superstición, la ignorancia y el oscurantismo. Señalaba la importancia de la observación, la experimentación y la medición. Ocurrió en los siglos XVII y XVIII en Europa, y con las limitaciones impuestas por una fuerte tradición escolástica llegó a España y fue adoptada por la monarquía de los Borbones. En ese ambiente se forma Mutis. Ver una imagen con su retrato en la figura 1.
En el contexto atrasado y precientífico de ese virreinato, don José Celestino introduce un cambio cultural, centrado en la cultura científica. Establece formalmente una educación basada en las matemáticas y la física newtoniana, educación que solo llega a una élite. Y de mucho interés es saber que la Real Expedición Botánica, dirigida por este mismo ilustrado, permite realizar una práctica que afirma y complementa la mencionada educación científica.
Se enuncian a continuación varios acontecimientos relacionados con Mutis que sustentan ese cambio cultural y que más adelante se discutirán con algún detalle: inauguración de una cátedra de matemáticas con un discurso de excepcional vigencia (1762); publicación en 2009 de un manuscrito inédito de Mutis en favor de Newton y contra los escolásticos (1764); traducción parcial al español de la obra fundamental de Newton (c. 1770); terminación de la construcción de un observatorio astronómico en Santafé de Bogotá (2003); y en una importante publicación internacional, Mutis es considerado como el primero de los botánicos de la América tropical, y el primer entomólogo del Nuevo Mundo por su estudio sobre las hormigas, con lo cual la publicación concluye que su presencia en la Nueva Granada significa el comienzo de la historia natural en el Nuevo Mundo.
Sobre ese cambio cultural, es pertinente una cita que advierte una salvedad:
A pesar de lo poco que sabemos hoy en día sobre las formas y modalidades de la cultura intelectual de la sociedad colonial, sobre todo en relación con sus dos primeros siglos, se puede decir, sin demasiada posibilidad de error, que los enunciados y las formas de enunciación que entran a circular con los discursos de José Celestino Mutis significaban localmente una novedad radical, que aún estamos lejos de evaluar con alguna precisión. (Silva, 2005, p. 70).
Inauguración de una cátedra de Matemáticas
En su discurso de 1762, Mutis establece en firme la necesidad de estudiar las matemáticas, en razón de su estrecho lazo con las demás artes y ciencias, su importancia al acompañar los descubrimientos de la física moderna, su utilidad que justifica el estudio por todos y el error al considerar que ellas son difíciles de aprender. Una argumentación que conserva su vigencia.
Conviene considerar la siguiente cita:
¿Y quién dudará que todo el aumento de la Física experimental le ha venido por las observaciones, experimentos y la justa aplicación de las matemáticas? Los matemáticos más insignes del pasado y presente siglo han ilustrado la Física con las demostraciones y varios cómputos analíticos propios a descubrir muchas verdades, que se hallaron después acordes con las experiencias. (Universidad Nacional de Colombia, 2010, p. 29).
Aquí Mutis muestra su cabal conocimiento de la obra de Newton, al describir atributos característicos del método científico: observación, experimentación, medición, comprobación; y la base teórica que a la física proporcionan las matemáticas, lo que significa la interacción entre teoría y práctica. Se trata, en resumen, de una visión anticipatoria de lo que hoy se conoce como la física matemática. También señala que, quien desee formar sólidamente su juicio, debe ejercitarse en las demostraciones de las matemáticas…
Y a continuación otro pasaje notable:
En ninguna parte de las matemáticas se observa mejor este ajustado método de proceder el entendimiento humano como la geometría. En unas verdades tan sencillas y desnudas, que algunos las tienen por ridículas, están fundadas las demostraciones de infinitas proposiciones, en que se contienen unas verdades tan misteriosas, que sería casi imposible percibirlas sensiblemente por otros medios. Un riguroso geómetra que entra al examen de las verdades humanas no está expuesto a caer en los errores de entendimiento en que frecuentemente incurren los demás hombres, poco o nada acostumbrados a seguir tenazmente la serie de todas las ideas que deben preceder para llegar al conocimiento de aquella última verdad que se busca. (Universidad Nacional de Colombia, 2010, p. 27).
Se encuentra aquí una cabal comprensión del vigente significado que se debe a los libros de Euclides. Es paradigmática la forma de proceder el geómetra griego, pues sigue el método propio de las matemáticas en cualquier tiempo: enunciado de axiomas o postulados, seguido de definiciones y reglas de demostración para deducir las proposiciones válidas, conocidas como teoremas. Así procedió también Peano a partir de sus axiomas para desarrollar la teoría de los números enteros positivos. Es una lástima que en la actualidad la geometría plana y del espacio esté desapareciendo de los currículos, pues muchos profesores y estudiantes consideran que su estudio contribuye en forma decisiva a intensificar el pensamiento lógico, la fuerza de la deducción y la capacidad analítica. Y no sobra agregar que las aplicaciones de la geometría son útiles en muchos campos, incluso en la vida diaria.
Se publica en 2009 manuscrito inédito de Mutis (1764)
Pero para empezar por fin, ilustrísimos oyentes, sería conveniente que recordéis que la finalidad de la Filosofía natural no es otra que conocer, en la medida en que pueden hacerlo los filósofos, las series de todos los fenómenos y de los efectos naturales, describiendo las relaciones, investigando la naturaleza de todos los cuerpos, la figura, el funcionamiento, las causas, los movimientos, todos los efectos y, en fin, indagando la constitución de todo el universo. (Ortiz-Valdivieso, et al., 2009, p. 94).
Con claridad meridiana, después de aspectos protocolarios y advertencias consignados en el manuscrito, se ocupa Mutis del gran cambio que propone al virreinato, mediante la definición de unos conceptos básicos que resumen todo lo característico de una actividad científica.
El manuscrito autógrafo fue descubierto por los autores del libro Filosofía natural mutisiana (Ortiz-Valdivieso, et al., 2009). Se encontraba en el Fondo Camilo Torres y Tenorio del archivo histórico de la Pontificia Universidad Javeriana y los análisis no dejan duda sobre la autoría de Mutis. Se trata de un valiente ataque a la filosofía medieval, conocida como la de los escolásticos o peripatéticos, que daban predominio a la fe sobre la razón, y otorgaban gran importancia al argumento de autoridad en contra de la ciencia. Son famosas algunas de las inútiles discusiones de aquellos tiempos. La figura 2 muestra la primera página del manuscrito en latín.
El autor del escrito considera que el ejemplo de los peripatéticos perjudica la educación de los jóvenes, al tiempo que manifiesta su extrañeza por sofismas y juegos de palabras a los cuales se les da más importancia que a un experimento sólido y constante. Esta última afirmación muestra una comprensión del método científico, pues se sabe que la validez de un experimento depende de que sea posible replicarlo por personas ajenas al primer experimentador y que sigan el protocolo indicado por este.
De otro momento de la exposición, puede extraerse lo siguiente:
A vosotros os consta claramente cuáles hayan sido las causas de tanta variedad de sectas y de tal variedad de opiniones, desde los tiempos más remotos hasta nuestra edad. Considerad, entonces, ahora qué reformas haya que hacer para educar a la juventud. Pienso que lo primero que hay que hacer es disertar acerca de la nobilísima condición de la Filosofía natural; luego de la inutilidad de las disputas de las Escuelas y finalmente acerca de Newton, Príncipe de los Filósofos. (Ortiz-Valdivieso, et al., 2009, p. 98)
Aquella defensa de Newton debió causar fuerte impresión en los oyentes y con seguridad rechazos, pues el reconocimiento de la obra del gran científico implicaba la aceptación del heliocentrismo. Más tarde, Mutis defendería abiertamente el sistema planetario de Copérnico, con lo cual se vería implicado en una querella con padres dominicos de Santafé, quienes sin éxito lo acusaron ante la Inquisición. Vale la pena reiterar el arrojo de Mutis al expresar sus invectivas contra los escolásticos, como él mismo las llama, porque sus palabras son pronunciadas ante altas autoridades encabezadas por el virrey. En el escrito se concluye que es imprescindible estudiar en estos tiempos la filosofía natural de Newton y que los escolásticos deben aprender que la filosofía natural se fundamenta en las observaciones y los experimentos.
Como el discurso en cuestión se está refiriendo a la obra fundamental de Newton Principios matemáticos de la filosofía natural, es bueno anotar que Newton habla de filosofía natural, en realidad una ciencia, para establecer una clara diferencia con la filosofía tradicional de su tiempo.
Traducción parcial al español de la obra fundametal de Newton (c. 1770)
En un artículo de Luis Carlos Arboleda, citado en las referencias, se encuentra un estudio muy completo de un manuscrito de Mutis que traduce al castellano apartes de la gran obra de Newton titulada Philosophiæ naturalis principia mathematica. En ese artículo aparecen los siguientes detalles del manuscrito: el Libro I fue traducido a partir de una versión de la tercera edición latina de 1726, revisada y actualizada por Newton; el libro III proviene de alguna versión (probablemente ella misma fragmentaria) de la primera edición latina de 1687; no existe traducción del Libro II y tal vez nunca fue realizada; el manuscrito está muy bien conservado como documento, consta de alrededor de 300 folios, escritos por ambas caras, con unas 160 mil palabras y tamaño de 21 x 30 cm; y con excepción de una pequeña parte, tiene la caligrafía de Mutis. Los interesados pueden buscar en internet el importante artículo de Arboleda.
La obra fundamental de Newton está dividida en tres libros. Se indicó que Mutis solo tradujo los libros primero y tercero, muy importantes porque en ellos aparecen los principales resultados del trabajo de Newton. En efecto, en el primer libro, titulado Axiomas y leyes del movimiento, se discuten las tres leyes del movimiento. Y en el tercero, titulado Sobre el sistema del mundo, se encuentra la ley de la gravitación universal, y en él se deduce que las órbitas de los planetas alrededor del sol son elipses, en uno de cuyos focos se encuentra el sol. En este último libro, Newton hace una gran unificación de la física: la ley de la gravitación rige tanto en los cielos como en la Tierra.
Para terminar este apartado, se destaca un comentario del artículo tantas veces mencionado:
Así pues, Humboldt aparece en estas citaciones como uno de los viajeros europeos más autorizados, que supo valorar desde bien temprano el mérito histórico que le cupo a Mutis en la delicada empresa de casi medio siglo tendiente a aclimatar la racionalidad científica newtoniana en la Nueva Granada. A partir de entonces hasta nuestros días, este álgido capítulo de nuestra historia cultural ha quedado reducido a un «hecho», y la conflictiva actividad social de su principal protagonista apenas se evidencia en la biografía civil del precursor. Sin embargo, ocurre a veces que nuevos eventos insospechadamente arrojan luz sobre el pasado, restituyendo otros que habían permanecido olvidados a lo largo del tiempo. (Arboleda, 1987, p. 121).
Observatorio Astronómico de Santafé de Bogotá
José Celestino Mutis fue designado Primer Astrónomo Real de Santa Fe de Bogotá, un título bien merecido ya que ordenó la construcción de un observatorio astronómico en la capital de la Nueva Granada, terminada en 1803. Francisco José de Caldas fue encargado de su dirección y desde las nuevas instalaciones realizó numerosas observaciones astronómicas, así como rigurosas mediciones climáticas. Esa construcción pone de presente la importancia que don José Celestino otorgó a la astronomía como parte de la Real Expedición Botánica. En la figura 3 se muestra una imagen de las actuales instalaciones.
Mucho se ha escrito para señalar que el mencionado observatorio construido por iniciativa de Mutis fue el primero de las Américas.
Se sabe que existió un observatorio a partir de 1780, situado en Río de Janeiro e impulsado por los astrónomos portugueses Sanches d’Orta y Oliveira Barbosa. Ese observatorio cerró sus puertas en 1808 y su equipo fue entregado a la Academia Real Militar. Otros observatorios de corta duración y poca trascendencia, como el mencionado, ocurrieron en varias partes del continente americano, incluso antes de 1780, así: en 1730, uno instalado por jesuitas en Brasil; otro privado inaugurado en 1769 en el estado de Pensilvania, Estados Unidos; y un tercero en el College of William and Mary, en el estado de Virginia, Estados Unidos, contemporáneo del anterior, también de corta vida y del cual se sabe que en 1789 permitió observar un eclipse lunar y el tránsito de Mercurio.
Observatorios como los cuatro mencionados pueden considerarse como antecedentes históricos, a veces llamados proto-observatorios, pero no suelen compararse con aquellos con una construcción formal, así como de mayor tradición y permanencia. Especial atención han merecido aquellos antiguos que todavía subsisten, tal el caso del observatorio de Santafé de Bogotá terminado en 1803 y que hoy hace parte de la Universidad Nacional de Colombia.
Algunas fuentes corroboran la anterior prioridad:
Una cronología de observatorios astronómicos que aparece en Wikipedia, en la cual se señala que el observatorio de Santafé de Bogotá es el primero de las Américas; es de interés observar que en este artículo la enciclopedia mundial no exige revisión o eliminación de ambigüedades; y ninguno de los cuatro observatorios citados antes aparece en la lista. El actual Observatorio Astronómico Nacional de Colombia señala en su sitio de internet que es el primero de América. Y un artículo de la Red Cultural del Banco de la República ratifica esa primacía del observatorio de Santafé de Bogotá, en atención a su construcción permanente y a que otros más antiguos tuvieron carácter provisional.
Pero Unesco ha puesto punto final a la discusión al afirmar, en su “Portal to the Heritage of Astronomy” que “Santa Fé de Bogotá Observatory is the first astronomical observatory that was built on the American continent”. Ver en internet:
Mutis: primer botánico de la América Tropical
Se muestra en la figura 3 la portada de un libro de 2010 publicado por la editorial de la Universidad Johns Hopkins y cuyo titulo traducido al español es José Celestino Mutis y la alborada de la historia natural en el Nuevo Mundo. Los autores son Edward O. Wilson y José- María Gómez-Durán. Wilson es uno de los principales científicos del mundo en la actualidad, tratadista de la evolución, iniciador de la llamada sociobiología (estudio de los fundamentos biológicos del comportamiento social), promotor de la consiliencia y la unidad del conocimiento y el mayor experto mundial en hormigas. Y Gómez-Durán es miembro fundador de la Asociación Ibérica de Mirmecología. Este último término es el nombre que se da al estudio del comportamiento de las hormigas.
El libro sustenta que Mutis, en razón de la amplitud de sus logros científicos y educativos, puede considerarse como el más importante de los pioneros que sentaron las bases de la botánica de América tropical. Es un significativo reconocimiento internacional a los logros del director de la Real Expedición Botánica (1783-1816).
Mutis: primer entomólogo del Nuevo Mundo, por su estudio sobre las hormigas
El mencionado libro de Wilson y Gómez-Durán revela y detalla por primera vez otra gran pasión de Mutis: el estudio del comportamiento y la clasificación de las hormigas, una disciplina conocida hoy con la palabra mirmecología y de la cual él fue pionero. Poco después de llegar a la Nueva Granada en 1760, Mutis recibió una carta de Linneo, el célebre fundador del sistema empleado universalmente para clasificar plantas y animales, en la cual el célebre naturalista sueco le pedía que le enviara plantas del Nuevo Mundo y que realizara una memoria sobre las hormigas americanas.
Una vez remontado el río Magdalena, don José Celestino llegó a Mariquita y luego se internó en el bosque seco tropical, e inició un amplio programa científico, nunca antes intentado, para estudiar esos insectos. Dice el libro que los relatos de Mutis resisten el escrutinio actual, tan objetiva y perspicaz fue su capacidad de observación de las hormigas y las termitas.
De la nada, Mutis se inventó una clasificación que muestra 12 especies, cuyos nombres a veces eran los empleados por los lugareños: arriera sabanera, arriera de la montaña, colorada, cazadora grande y cazadora pequeña, flechera.
Se sabe que don José Celestino escribió dos libros sobre sus observaciones, los cuales se perdieron en alta mar. Pero el destacado historiador colombiano Guillermo Hernández de Alba identificó y organizó los diarios completos de Mutis y los publicó. Como entre las 1.200 páginas de esta colección más de 100 incluyen los hallazgos de Mutis al respecto, fue posible que Wilson y Gómez-Durán pudieran reconstruir en algún grado los textos perdidos.
Wilson y Gómez-Durán estuvieron en Colombia en 2007 y en las vecindades de Mariquita recorrieron caminos tal vez seguidos por Mutis en búsqueda de las hormigas. El libro de esos dos autores es muy bello y relata con detalle la seriedad del trabajo de Mutis al respecto.
Puede observarse en la figura 5 una página del libro en cuestión, con la clasificación de las hormigas en la parte izquierda, la cual muestra una copia de la caligrafía del propio Mutis, y al frente se encuentra la versión al inglés de dicha clasificación.
Así termina el libro que se ha venido comentando:
En lo más profundo de la historia, las hormigas arriera y pataloa han estado presentes allí por más de 20 millones de años, con un trabajo que con constante precisión impacta el ambiente. Si la humanidad no destruye todo el planeta, ellas estarán allí millones de años más en el futuro. Mutis, el primero en sondear sus misterios, será recordado por aquella presencia durante mucho tiempo venidero. (Wilson y Gómez-Durán, 2010, p. 97).
Referencias
Arboleda, Luis C. (1987). Sobre una traducción inédita de los Principia al castellano hecha por Mutis en la Nueva Granada circa1770. Revista Quipu, Vol. 4, No. 2, pp. 119-142.
Blom, Philipp. (2007). Encyclopédie. El triunfo de la razón en tiempos irracionales. Anagrama, Barcelona.
Hernández de Alba, Guillermo. (1957-1958). Diario de observaciones de José Celestino Mutis (1760-1790). Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, Editorial Minerva, Bogotá.
Ortiz-Valdivieso, Pedro, Bernal-Villegas, Jaime y Gómez-Gutiérrez, Alberto. (2009). Filosofía Natural Mutisiana. Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá.
Silva, Renán. (2005). La Ilustración en el virreinato de la Nueva Granada. La Carreta Editores E. U., Medellín.
Soto-Arango, Diana. (2005). Mutis. Educador de la élite neogranadina. Rudecolombia, Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, Tunja.
Universidad Nacional de Colombia. (2010). Los Ilustrados. Facultad de Ciencias Humanas, Bogotá.
Wilson, Edward O. y Gómez-Durán, José M. (2010). José Celestino Mutis and the Dawn of Natural History in the New World. The Johns Hopkins University Press, Baltimore.