Aquietamiento
Parecerá un poco excesivo, pero es difícil encontrar a alguien en la ciudad que supere los trabajos literarios de Carlos Mendieta; celebro cada novela que publica, cada cuento reseñado en las antologías, cada artículo que escribe para el periódico local. Reconozco que leo con especial interés a Mendieta porque es mi amigo, busco todo el tiempo entre los personajes, pasajes o situaciones que describe, aquellos que pudieron ser inspirados en nuestras conversaciones. Yo le comparto historias y lecturas mientras tomamos café en la tienda de Juancho, siempre espero que alguna de ellas le sirva de inspiración para un nuevo relato. En alguna parte leí que a la gente común y corriente le agrada relatar sus historias íntimas a los narradores porque ellos si las comprenden de verdad:
-Los escritores nos hacen pensar que la vida es la materia prima para el relato – le digo; eso no es del todo cierto, responde siempre.
Lo conocí en la sala de conferencias de la casa de la cultura, en una lectura de escritos cortos de narradores locales; Carlos Mendieta leyó una serie de cuentos de su libro sobre enanos; recuerdo perfectamente los títulos: Cuando los enanos van al cielo, Acondroplasia y El pequeño pitecántropo. Esa tarde también intervinieron Arroyave y el profesor Arango. Arroyave escribe de todo, incluso cuentos sobre la guerra; algunos dicen que lo hace bien escribiendo pero muy mal hablando; el profesor Arango habla mejor, tiene un tono literario que mantiene en las charlas que programa todos los martes la casa de la cultura. Ese día, cuando terminó la lectura, me acerqué a Mendieta y le pedí una dedicatoria: «Para quién recuerda las historias de otra infancia», escribió. Yo no sabía que me conocía.
También le gusta el cine, a veces hace comentarios sobre algunas películas que pasan en la salas del centro comercial Babilonia. Una tarde le escuché hablar sobre Anabel, una película de acción basada en las obsesiones de los amores prohibidos en medio de una atmósfera de guerra y crimen; la verdad sea dicha, siempre he considerado que Anabel recoge elementos claves de las historias guardadas en los secretos de la intimidad.
– Es una película atroz y musical – dijo -. Me gusta cuando los enamorados cantan canciones de Vilma Palma E Vampiros – afirmó -, y se puso a cantar con mala voz:
-…Se inunda mi voz/como algo casual/lejos de su cuerpo que ya no está/presiento un adiós, como una flor/que se seca mal de tanto esperar…
A pesar de su buena memoria, Mendieta no pudo recordar esa tarde el nombre del director de la película.
Ayer terminé de leer su última novela – Aquietamiento -, es una historia de amor en el frente: una pareja de enamorados se entera de que son hermanos en una charla casual en la trinchera y aún así deciden mantener la relación; es una novela de encuentros imposibles que causará polémicas, estimulará la crítica y molestará a los lectores puritanos. Por ninguna parte aparecen alusiones directas o veladas a las historias que le he compartido con tanto interés, ningún personaje se me parece.