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Cervantes y El Quijote: un diálogo de ayer y de siempre

El nacimiento de Miguel de Cervantes y Saavedra ocurrió en la mitad del siglo XVI, en el seno de aquella España que era pieza clave de la escena de una Europa en pleno crecimiento, en pleno cambio. Una Europa inconforme, inquisidora, asediada por persecuciones religiosas y luchas. El hombre occidental pensaba, analizaba, cuestionaba. Renacía.

El hallazgo de tierras al otro lado del mar había estremecido los cimientos del mundo de aquel medio milenio y revelado horizontes no imaginados en ese entonces; otra naturaleza, otras gentes, que algunos sabios antiguos habían vislumbrado, cambiaron el rumbo de la historia. Dieron un nuevo destino a los pueblos. La Tierra finalmente era redonda.

La ciudad natal de Cervantes fue Alcalá de Henares, donde el cardenal Francisco de Cisneros había fundado al comienzo del siglo un centro universitario consagrado al estudio de las lenguas antiguas. Cisneros convocó a sabios judíos y cristianos para hacer la Biblia Políglota. Cervantes no asistió a esta universidad, pues su familia era numerosa y pobre; estudió en colegios de Jesuitas y en Madrid, aprendió el latín, leyó los clásicos y entró en contacto con las grandes obras de su tiempo. Viajó a Italia con el séquito del cardenal Aquaviva y allí vivió el ambiente de la poesía de Dante, Petrarca, Tasso. Se alistó en el gran ejército de Europa y fue a pelear contra los turcos en Lepanto, de donde salió con una mano mutilada. De regreso a España fue capturado por piratas musulmanes y llevado a Argel, donde estuvo preso cinco años, en los cuales experimentó una libertad en medio de la esclavitud; llegó a ser el vocero lider y defensor entre los cautivos, vivencia humana que se reflejará en varias obras, especialmente en el Quijote. Quiso poder llegar a América, a buscar otras aventuras…

Se casa con una joven heredera en Esquivias, tierra de viejos soldados. Su nueva situación, después del cautiverio, le concede una libertad física, pero espiritualmente debía someterse a los deberes de su oficio de proveedor de la armada y cobrador de alcabalas reales. Andaba de pueblo en pueblo, por las ventas y posadas de la Mancha, viviendo pobre y honestamente, a la manera del Caballero de la Triste Figura, bajo la mirada escrutadora de sus superiores. Escribía. Componía sus novelas, obras para el teatro, poesía.

En Esquivias escucha los relatos de guerras y aventuras que contaba Alonso de Quijada, hidalgo romántico y soñador. Allí quizás se gestó la historia del Quijote de la Mancha. El Quijote es en realidad el súmmum de las novelas de caballería; en él convergen los valores, las virtudes, el espíritu del antiguo hidalgo. Pero esta historia se vuelve divertimento bajo la pluma lúdica de un Cervantes irónico, que recoge la esencia de las viejas narraciones de caballería para crear su ingenioso hidalgo, fiel sucesor de los caballeros de la antigüedad.

Se acerca al final de su vida cuando comienza a escribir El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, historia contada con gracia, sin rastro de amargura o de maldad. Cervantes, poeta, soñador, se adentra por diferentes escenarios de la comedia humana. Su caballero andante es, como dice Pedro en el Capítulo XXV,
“…ánimo de los desmayados, arrimo de los que van a caer,
brazo de los caídos, báculo y consuelo de todos los desdichados”.
Va en busca de la verdad. Se trata del relato de las locuras que inventa Don Quijote, matizado con las historias de los personajes que halla en el camino. Es un caleidoscopio de los colores del alma. El destino le mostró a Cervantes las luces y sombras de la condición humana y él con su maestría supo transmutarla en sus personajes con pureza y generosidad. Detrás de la escenografía, la coreografía donde se cruzan los actores, hay un espíritu de bondad, de comprensión. La sabiduría acompañada del humorismo tranquilo del hombre que hizo de ese caballero encantado, su escudero y las demás criaturas, seres de carne y de sangre. Humorismo elegante, adornado con dichos y refranes. Cervantes sonríe, se divierte.

Ahora se cumplen cuatro siglos de haberse publicado el primer Quijote. Ya en su época eran historia los caballeros andantes; la Edad Media se desvanecía. Quizás Cervantes les daba la despedida, allí en la Mancha, honraba la memoria de Amadís de Gaula, el Rey Arturo, Roldán. El homenaje se extiende a los libros de caballería. El suyo es un canto a la libertad; el cura y el canónigo están de acuerdo en que las novelas de caballería dicen muchas mentiras, pero dan campo al autor para que despliegue toda su inventiva. Dice el canónigo de Toledo que esto debe ser “hecho con apacibilidad de estilo y con ingeniosa invención, que tire lo más que fuere posible a la verdad…que consiga el fin mejor que se pretende en los escritos, que es enseñar y deleitar juntamente,…Porque la escritura desatada destos libros da lugar a que el autor pueda mostrarse épico, lírico, trágico, cómico, con todas aquellas partes que encierran en sí las dulcísimas y agradables ciencias de la poesía y la oratoria …”

Conviven en la novela lo verdadero, lo ficticio y lo absurdo. Don Quijote tiene momentos de sensatez, de “entendimiento”, y momentos de fantasía disparatada. Elogia los libros de caballería porque muestran las maravillas del universo de los caballeros andantes, que producen placer y “destierran la melancolía”. Dice que “después que soy caballero andante soy valiente, comedido, liberal, bien criado, generoso, cortés, atrevido, blando, paciente, sufridor de trabajos, de prisiones, de encantos…”

Un acto del destino pone en el camino de Cervantes al final de su vida al Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. A pesar del estilo recargado, su mensaje es claro. Es en verdad el libro de caballería que enseña y deleita. Cervantes eligió a este loco virtuoso para reflexionar acerca de diferentes facetas de la vida del hombre. Los demás personajes entran al diálogo, uno tras otro, en su momento, del amor, los libros, el gobierno, la muerte… Don Quijote no decidió armarse caballero sólo para ser “deshacedor de agravios y enderezador de tuertos.” Su misión aún no termina. En medio de las luchas perennes sigue en la búsqueda de la verdad. Es el caballero de ayer, de hoy y de mañana. Los personajes de su historia se asoman a la vida de todas las épocas. Cervantes ha entregado a la posteridad su acervo de conocimientos para que quienes lo lean se nutran de su experiencia.

Bibliografía

Cervantes Saavedra, Miguel de: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Prólogo
y notas de Salvador de Madariaga. Buenos Aires: Sudamericana, 1962.
Alonso, Martín: Historia de la literatura mundial. 4 vols. Madrid: EDAF, 1986.
Riquer, Martín de y José María Valverde: Historia de la literatura universal. 4 vols.
Barcelona: Planeta, 1979.

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Edición No. 129/130