De María-Mercedes Carranza a Piedad Bonnett

La vida está hecha de palabras, en los conflictos, en los antagonismos insolubles, en las concertaciones. La palabra es medio y motivo. Con ella se expresan los sentidos, las desavenencias, el dramatismo de las realidades, las elaboraciones de pensamiento y creatividad. La poesía está ahí, desde los orígenes del habla, con resonancia multiplicadora en las conversaciones, en los libros, y en general en los textos escritos. ¿Qué es la poesía? Quizá no sea útil definirla, sino identificarla donde se encuentre. Se ha impuesto, de manera ambigua, la clasificación en géneros literarios, pero resulta que en la novela hay poesía, en la historia novela, en la misma poesía hay relatos de singular creación, en el ensayo literario suelen encontrarse veleidades poéticas. Para intentar dilucidar en algo el tema he escogido sendas obras de poetas de relieve: Maríamercedes Carranza (1945-2003; su primer libro “Vainas y otros poemas”, en reedición madrileña de 2015) y Piedad Bonnett (n. 1951; su antología española “Lo demás es silencio”, de 2003). Portadoras de la palabra, con actitudes distintas, conciliables en lo estético y en los dramas del existir.
Maríamercedes nació en ambiente de poesía, hija de Eduardo Carranza, todo un mundo de encantos y vida rimada. Piedad, de ambiente menos encandilado pero cargado de contrastes en la vida cotidiana. Labor temprana en ambas en el ejercicio de la palabra, con los pasos en caminos de encuentros y desencuentros, con lecturas sin tregua y formación constante en la inteligencia y el espíritu. Rebeldía de cada una a su manera. En sus obras están los testimonios autobiográficos, de contextos familiares y de la visión del mundo en su complejidad, con capacidad de librepensamiento. Maríamercedes fue coparticipe de la elaboración de la Constitución de 1991, como integrante de la Constituyente. Participó en importantes medios de comunicación, como por ejemplo al lado de Carlos Lleras-Restrepo en la revista Nueva Frontera, y con Belisario Betancur creó y dirigió la “Casa Silva de Poesía”, con rescate afortunado de la residencia de José-Asunción, donde murió al parecer por acción de su propia mano.
Alude a la paz fingida,/ el sabor dulzarrón del deber cumplido. También expresa no haber inventado ningún vicio, pero sí haber gozado de todas las virtudes. Sentido del humor, del amor y de la angustia, no le faltan. Un día escribiré mis memorias/ ¿quién que se irrespete no lo hace? Ningún aspecto de la cultura le fue ajeno. Recuerda a Turner en la creación de la luz, con el testimonio de la misma en la obra de Monet, y deja constancia de su continuidad al seguir habitando la luz entre nosotros, gracias a Van Gogh.
En una Salmodia expresa no vestirse de crepúsculos para dormir, puesto que solo le basta que el cielo continúe su presencia diaria, sin más perendengues, con la coda del después de todo, malvivo mi vida, como usted. La Carranza muere por su propia decisión en una madrugada de julio del 2003, e impregnó de tristeza el mundo de las letras.
Piedad Bonnett, la otra cara de este artículo, pervive con notoriedad académica, de escritura, de galana multiplicación editorial, con galardones de reconocimiento internacional, como el premio Reina Sofía, que la encaminará al Cervantes, y nada de imposible al Nobel. Voz vibrante, con creciente obra en poesía, novela, teatro, ensayo, columnas de prensa. Una vida de rebeldía y sufrimiento, con testimonios en su obra, en especial el volumen, Lo que no tiene nombre que dedicó a su hijo Daniel, quien viajó a la eternidad por propia mano, especie de consuelo y de bálsamo, con escritura de hondo sentimiento sin dramatismos verbales, muestra palmaria de sobriedad en el espíritu. Ante una acción en cercanía depredadora expresa: Y yo, mujer de paz,/ amo la guerra en ti, tu voz de espadas,/ y conozco de heridas y de muerte,/ derrotas y saqueos.
La violencia tan arraigada en una sociedad como la nuestra, tiene en sus poemas testimonios. Presume que su propia muerte habrá de sorprenderla en plena calle con la sonrisa puesta/ y el libro en el bolsillo. Alude a la frialdad de las estadísticas al recontar una masacre de veintidós víctimas, entre varones, mujeres y niños, con sesenta y tres disparos… y un millar de silencios extendiendo sus vendas sobre el alma mutilada. De manera semejante como Fernando Charry-Lara registró como reposan al lado del camino dos cuerpos jóvenes, de mujer y de hombre, en la llanura de Tuluá, con sensación de amarse, con formas gráciles tendidos en la yerba; al acercarse observa que están muertos, acribillados. El poeta testimonia: Debieron ser esbeltas sus dos sombras/ de languidez/ adorándose en la tarde.
En otro poema Piedad rememora a un hombre muerto en un hangar vacío, en una escuela, con un nombre inservible como un cántaro roto…/… muerto a pesar suyo…/… un hombre sin domingo por la tarde. Muere a una determinada hora, o más tarde, con varias veces registrada su muerte, con declaratoria de muerte natural en esta guerra.
Refiere el dolor al presumir lo que iba a pasar, y pasó, con sensación de soledad. Un dolor que toma la dimensión de su tiempo, incluso la forma de su cuerpo. Cuida de quien va a morir, con el silencio del amor, con la extrañeza de advertir, con la propia respiración y la palpitación de su sangre. En una “Oración” le pide al Señor de los naufragios no agua para la sed, sino la sed misma, tampoco le pide sueños sino ganas de soñar, y para las noches la oscuridad indispensable para ahogar la propia oscuridad.
Dos poetas equidistantes del olvido, con nombre de significación en la historia de las letras hispanoamericanas. Cada una con su fuero de singular personalidad, expresivas en los sentimientos de fortuna y de tragedia, portadoras del signo de los tiempos, sin eludir las situaciones percibidas. Presentes en el amor, la discordia, el compromiso con la vida, en las realidades un tanto insondables. Poesía aquilatada, signos de innovación y belleza.
Autógrafos de PIEDAD BONNETT y MARÍA-MERCEDES CARRANZA:

[Publicado en versión corta en el diario «La Patria», el domingo 14.IX.2025; p. 16]