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El gamonal en la obra de Eduardo Caballero-Calderón

Un concepto síntesis de la formación social colombiana, quizás pueda encontrarse en aquel personaje que pulula en las rígidas estructuras económicas y políticas de nuestra historia local, regional y nacional, sin necesidad de escrutar profundamente las lógicas del poder que se desarrollan en la complejidad variopinta de nuestro país.

Un halo de oscuridad se cierne sobre su testa, causando para muchos un respeto irracional por el ambiente que se genera a su alrededor y gracias a la sacralidad que inspira su figura en todos aquellos que padecen o se benefician de sus actuaciones, lo cual genera, además, un ritmo de comportamientos sociales que rigen los destinos de las personas sobre las que influye.

El gamonal pervive a pesar del paso del tiempo, no obstante los progresos de la ciencia, la técnica y la tecnología, en un mundo de avances vertiginosos que también, parecieran, traer consigo, una transformación de los modos que permiten la movilidad del poder. Pero, entonces, podríamos preguntarnos, ¿por qué aún existen figuras tan particulares como los gamonales?

Su personalidad es una construcción que se configura dinámicamente, bebiendo de las instituciones sociales que determinan su vida y de un desarrollo interno del mundo psíquico, los cuales moldean al individuo como heredero de un pasado que lo dirige en su marcha por la existencia y que proyecta un futuro que puede cambiar también. El psicoanálisis se convierte, así, en alternativa de comprensión de este personaje central de nuestra formación social.

Una aproximación a la respuesta formulada anteriormente, podría encontrarse en la literatura colombiana. En ésta, y muy especialmente en Eduardo Caballero Calderón, es posible escudriñar los rasgos de personalidad del gamonal, debido a la naturaleza vivencial de las situaciones sociales que expresan las posibilidades narrativas de la novela. Las creaciones de algunos prosistas, que han traducido a través del lenguaje poético las condiciones de la realidad nacional, retratan la forma de ser de la cultura; poniendo personajes en situación, en un entramado argumentativo capaz de mostrar los hilos que se manejan en la política y en la economía, conducen a entablar una mirada sobre dicha realidad, que genera en los lectores una comprensión de la realidad cotidiana, en la que los tentáculos de estos personajes extienden su poder, una de las causas, tal vez, de la conflagración permanente en la que se ha trenzado el país durante todo su proceso de conformación.

Dos novelas del escritor y periodista bogotano Eduardo Caballero Calderón (1910-1993) se convierten en un manifiesto de crítica social ante las condiciones de existencia de los colombianos, radicados en las gargantas de nuestra irregular geografía, como seres que aún permanecen atados a la tierra y al margen del cambio: hablamos de El Cristo de Espaldas (1952) y Siervo sin Tierra (1954). ¿Qué rasgos, entonces, definen la personalidad de un gamonal colombiano, según estas obras? Esta es la pregunta que intentaremos responder, entretejiendo la presentación de Eduardo Caballero con algunos conceptos establecidos por las teorías de Freud y Eric Fromm.

La configuración social que sirve de fuente para la elaboración novelística de Caballero Calderón está delimitada espacio-temporalmente en la década del 50 del siglo XX.

Los conceptos propuestos, que aquí se desarrollan brevemente y se aplican al tipo de personaje, son inspirados en los planteamientos fundadores; ellos son: Narcisismo destructor, desplegado por Freud y que tiene el sentido de encerramiento del individuo en sus propios límites, sin ofrecer flujos de accesos a fuerzas exteriores que pudieran considerarse para una edificación solidaria de una sociedad distinta; Filiación tanatómica, que describe los fuertes deseos de apoderarse de la vida del otro para dominarlo, por la coacción física y espiritual, invisibilizándolo, asesinándolo en presencia o ausencia de su humanidad; incesto primigenio, como proyección del apego materno y paterno a personas o instituciones, que vienen a sustituirlos, y en los que se reproducen las pasiones irracionales que condicionan el comportamiento posterior del Yo; el super-yo desbalanceado, que asume el predominio en el direccionamiento de la personalidad individual procurándole autoridades exteriores y desequilibrando al hombre en sus posibilidades de convertirse en ser humano libre; frustración desiderativa, causante de los celos y la envidia manifiesta en todas las relaciones sociales de los colombianos, como consecuencia de las continuadas creencias de los recursos vitales a lo largo de toda la historia nacional.

Si bien, el énfasis de comprensión, inclina su mirada hacia el personaje individualmente concebido, la configuración de su personalidad, es un constructo de componentes con profundas influencias sociales, que se generan en el contexto en el que aquel estructura su vida. Veamos.

1. Rasgos psicológicos

Narcisismo destructor. El seguimiento de la doctrina religiosa con su cuerpo de principios morales, no orienta las acciones cotidianas; el narcisismo de los gamonales es una vía de escape que permite combatir sus pulsiones destructivas. Dios es una barrera que frena a los hombres a través de la proyección del temor que sienten hacia los seres divinos. Su vestuario ostentoso en reuniones públicas, conjuntamente con la dramatización del poder, infunden respeto, temor y la demarcación de los límites en términos de la dominación económica. Esa es la constante práctica de Don Ramírez, el gamonal de “Siervo sin tierra”, la novela de Eduardo Caballero calderón: “Todos se visten de paño, en reuniones públicas en donde ostentan y definen la política del pueblo” (Caballero, 1975: 92). Esa es la costumbre de las figuras de autoridad que definen la política en un cenáculo cerrado sin posibilidades de participación popular.

El gamonal se siente solo, por eso recurre a Dios; él es su guía en medio de su profundo dolor. Se encuentra en el fondo de la figura un intenso desgarramiento interior, una afectación por su no pertenencia. Su encerramiento ha hecho de su Yo la imposibilidad de dirigir sus energías a una entidad distinta a él mismo. Sólo su obsesión por el partido político que defiende, o sus convicciones cerradas en colaboración no solidaria, tienen toda su atención como empresa. En él, coexisten fuerzas de intensidad incontrolable: ira, miedo, dolor, depresión que instigan el desarrollo de defensas agresivas (Fromm, 1991: 84).

La intimidación y la generación de miedo son respuestas que el Yo despliega en su lucha para no caer presa de sus propias fuerzas interiores. Recordemos la intransigencia de Don Roque Piragua, el gamonal conservador de la novela El Cristo de Espaldas “…Se había casado ya muy maduro, y más por interés que por otra cosa con la hermana de Don Pio Quinto flechas, a quien por ser el gamonal de un pueblo donde todo el mundo le temía, no había quien osara contrariarlo” (Caballero, 1981: 50). Pero la intimidación cobra otros matices cuando la ilusión creada en el mundo psíquico, por acción de la fuerte opresión infundida por el superyo sobre el Yo, se hace insoportable como una autoimagen narcisista y requiere una corroboración en la realidad mediante el exterminio físico del otro. La violencia física y la violencia simbólica son la objetivación de ese narcisismo elevado a un nivel incontrolable (Fromm, 1991: 91).

Filiación tanatómica. La frustración de la vida se configura como una de las principales causas de los deseos de venganza. El resentimiento se acumula a lo largo del tiempo y en algún momento se objetiva en muerte. En “Siervo sin tierra”, los forajidos que salen de la cárcel, se encumbran por los despeñaderos de la geografía boyacense. Todo en ella es miseria, angustia, por no conocer exactamente el motivo principal de su sufrimiento. Alguien mata a otro por venganza por el robo de una camisa. La ignorancia, confundida en Siervo Joya con la ingenuidad y con el candor, se vuelve asesinato. A él lo juzgan por matar sin motivo, porque el motivo es el partido conservador. No se odia a nadie, pero se odia a todo el conjunto conservador

Incesto primigenio. Las órdenes del gamonal son las órdenes del partido. La carencia de protección es el polo opuesto del miedo. Pero a éste sólo le interesa acumular prestigio para abastecer su necesidad de narcisismo. A sus decisiones se acogen todos aquellos hombres humildes que no son libres. Por eso la libertad es la negación del gamonal, el siervo Siervo, no protesta porque Don Floro lo sabe todo. La muerte de Don Roque, el gamonal conservador del Cristo de espaldas, infunde terror con sus amenazas constantes. Después de muerto seguía suscitando la admiración del pueblo, ya era un héroe, una leyenda capaz de desafiar el paso del tiempo.

Superyo en desbalance. Cualquier conformación social, su modo de estructuración y su funcionamiento, necesariamente se inscribirán como huellas indelebles en los marcos que envuelven la personalidad psíquica del hombre. “La represión social externa es concomitante con la represión interna de los impulsos”. (Adorno, 1965: 708). Los distintos estratos de ella se irán acumulando como las diferentes capas que moldean la tierra y cuya superficie apenas alcanzamos a observar en los residuos de la conciencia. Cuando la personalidad individual del hombre se configura, desplegando el sadismo o el masoquismo en diferentes niveles, según las influencias de las personas con las que se identifique el infante, un excesivo superyo se vuelve torturador del Yo, lo torna inseguro; y una deficitaria influencia produce un desborde psíquico por la falta de diques contenedores de las pasiones internas.

La inseguridad del Yo refuerza sus dudas porque teme ser débil y promueve constantemente su sentimiento de culpa. El resultado será una tendencia sadomasoquista permanente. Los individuos devienen sádicos o masoquistas debido a que tienen necesidad de defender al Yo de un monto excesivo de ansiedad. Dicha inseguridad crea un estado de alerta, de disposición para la agresión contra el otro, al que ve como un potencial enemigo; asimismo, se establece un temor a la pérdida de algo; esas dudas que lo invaden hacen del individuo un caminante sin rumbo, al tanto de lo que podría suceder, más que de aquello presente. Es un coloquio permanente con la incertidumbre, un irse enajenando y remontando a un lugar de la fantasía; es un abandono de la realidad que lo lleva a inventar otra, en la que los demás sólo existen como atacantes, y donde, para mantener vida propia, es preciso dominar la jungla en la que coexiste con ellos.

Surge el deseo de convertirse en un líder fuerte que supedita el Estado a sus prerrogativas, al conformismo ilimitado, al convencionalismo y a su dominio de la realidad. Corre el riesgo de generar un ambiente propicio para su propia incapacidad y de dar forma a la autoridad interior de la conciencia o de dar salida a sentimientos ambivalentes: impulsos hostiles y rebeldes reprimidos por el temor, que llevan a exagerar el respeto, la obediencia y la gratitud. El líder fuerte se convierte en autoritario porque está gobernado por un superyo que lidia con las tendencias del ello y es impulsado por el temor a ser débil.

Ahora bien, ¿Qué rasgos de la personalidad individual constituyen al individuo autoritario? una resolución inadecuada del Complejo de Edipo puede causar una represión en el Yo, con un super-yo irracional y en un estado de represión externa concomitante con la represión interna. El resultado extremo sería la obediencia y la sumisión como rasgos sobresalientes del carácter individual, si hablamos en términos frommianos, y de personalidad, en términos de Adorno.

En “El Cristo de espaldas”, don Roque Piragua, el dirigente conservador que embauca a las mujeres para luego embarazarlas, que desconoce sus hijos y luego se burla de sus responsabilidades, utiliza la fuerza física y simbólica para conservar el poder que tiene sobre las personas a las que domina ilimitadamente. Despojar a los campesinos de sus posesiones es una forma de martirizarlos; con el cobro de sus cuotas y las boletas amenazantes, se recrea un clima de tensión que se eleva a violencia simbólica, con latencia, que incuba agresiones físicas. Su similitud es apenas comparable con “La mala hora”, la novela de García Márquez. Las cosas se avecinan, son inminentes, la muerte es una realidad esperada.
Frustración desiderativa. La acumulación desbordada es una compensación para dar salida al desbalance creado por la frustración. La carencia de amor es carencia de condiciones dignas para la vida material y espiritual, es decir, para la vida. Don Roque, el gamonal conservador de El Cristo de Espaldas es un hombre rico que compra lo que quiere porque lo puede todo. Su poder es divino, por lo que la frustración es atributo negativo, negación para los otros, exterioridad. Las falencias infantiles se enmascaran con las posibilidades presentes. La ostentación compensa, mientras que la expropiación margina y crea placer. El principio de la realidad queda de alguna manera desvirtuado por la satisfacción del placer. Se aferra a lo que tiene y quiere reproducirlo, aumentarlo. “Pio Quinto, hombre muy rico que por toda suerte de artimañas fabricó una respetable fortuna, acogotando los vecinos del pueblo a quienes les daba en préstamo dinero sobre hipotecas, y corriendo las cercas de alambre de sus tierras de las de los aldeanos. Tenía fincas en toda la región, desde el pueblo de abajo, a la orilla del río hasta el pueblo de arriba en pleno páramo”. (Caballero, 1975:110)

2. Configuración del gamonal colombiano

Se ha dicho que el narcisismo destructor es una propensión individual por la construcción de un mundo propio, dentro del cual las influencias exteriores operan como transmisores de información que incrementan el retraimiento. En esas condiciones, se busca una salida para el temor manifiesto a la muerte propia, que necesariamente deviene en agresividad a los otros, a los que se agrede física y simbólicamente. El mundo imaginario requiere confirmaciones fácticas, de modo tal, que, al otro, se le humilla, se le maltrata, se le desaparece, con el fin exclusivo de obtener todo aquello que satisfaga los deseos individualistas. Ese narcisismo desbordado se convierte en filia tanatómica, por la que se ataca al otro, se le inflige venganza y se le considera un medio para el logro de fines narcisistas. Uno de los factores centrales de ese temor que infunde una inclinación narcisista es la necesidad de las figuras de autoridad, internalizadas en la infancia y resueltas de una u otra manera en el Complejo de Edipo. Los impulsos sadomasoquistas obran en el individuo descompasadamente martirizando al Yo. Esa descompensación busca salidas a través de realidades exteriores que puedan suplir las carencias o las urgencias de esas figuras infantiles que permanecen latentes en el interior del mundo anímico. En esas condiciones la necesidad del padre permanece, y son instituciones como la Iglesia, el Estado, la familia, quienes darían salida a los desórdenes psíquicos. El Padre sigue operando en el exterior; las figuras de autoridad asumirían el cuidado del sujeto, moldean sus rasgos definitivos en su personalidad, determinan el comportamiento posterior y asumen responsabilidades que competirían al individuo exclusivamente. Ese ambiente desalentador, obtiene su poder de las carencias de todo tipo, propiciadas perversamente por las condiciones del medio en el que se desarrolle la vida del sujeto. La frustración de deseos, así, se constituye en la fuente central de configuraciones autoritarias, si bien no exclusivamente, sí obtiene ribetes de máxima influencia sobre la conformación de una personalidad de este tipo.

Los personajes de Eduardo Caballero Calderón muestran las carencias que sustentan todo su universo vital. Su humildad se contrasta con la opulencia de los gamonales, que, a través del ejercicio de una violencia sistemática, dominan el acceso a los recursos mínimos para una existencia digna de todos los habitantes sobre los que tienen influencia. La frustración desiderativa, como una no presencia estatal, suplida por los personajes autoritarios de tipo gamonalístico, se han convertido durante toda nuestra historia en un impulso permanente en la proliferación de una filiación tanatómica, que se objetiva en el exterminio del otro como limitación que inhibe el profundo narcisismo de quien desea controlarlo todo, en detrimento de seres despojados de los más elementales medios de vida. La conciencia moral, como interiorización de los límites externos, presiona de manera hostil sobre las posibilidades emancipadoras de un Yo libre, que encuentre en los otros una liberación de potencias y no un obstáculo para la vida.

Ese rico simbolismo de las novelas mencionadas, toman cuerpo en cada uno de los personajes que se entrelazan complejamente, para mostrar en cada lugar geográfico, o en los nombres o las posesiones de los individuos, las actitudes más características de nuestro país, como un prototipo que se reproduce constantemente para conformar un cuerpo de principios identitarios que toman fuerza creadora en las vivencias focalizadas de cada situación particular.

El gamonal colombiano, descrito magistralmente en las novelas anteriormente analizadas, desarrolla rasgos de personalidad de características similares entre distintos individuos, pero con matices que se configuran enfáticamente desiguales. Dichos rasgos, no se construyen necesariamente de la misma manera, ni se presentan en su totalidad, pero sí proliferan más o menos recurrentemente en aquella figura autoritaria que abunda en nuestra configuración social.

BIBLIOGRAFIA

CABALLERO, C (1975) “El Cristo de Espaldas”. Colombia: Bedout
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ADORNO, T, FRENSKEL-BRUNSWICK E, LEVINSON E Y SANFORD R (1965) “La personalidad autoritaria”. Argentina: Editorial proyección

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Edición No. 155