
Revista Aleph No. 155
(Octubre/Diciembre, 2010 – Año XLIV)
Monográfico sobre la obra de Eduardo Caballero-Calderón
Ilustración: E.C.C, en dibujo de Pilar González-Gómez
Tipacoque existe
Los tipacoques tienen nombre propio: Siervo Joya, la comadre Santos, don Bauta, Angelito Duarte, Resuro Pimiento, Pedro Roa, Soledad, la Redulja, Chepito, Saúl, Simiritana… De manera que Tipacoque no es una invención de Caballero Calderón, como la Mancha de Cervantes, o el pueblo de nombre impronunciable de Faulkner, Comala de Rulfo o Macondo de García Márquez. Todos éstos pueden estar inspirados en lugares y seres reales, pero Tipacoque es el único que aparece en el mapa. Es el último pueblo del norte de Boyacá que linda con Capitanejo, en Santander, en el cañón del río Chicamocha.
Un caballero andante por América
Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que para un joven escritor o intelectual colombiano hoy en día la presencia o ausencia de Eduardo Caballero Calderón (1910-1993) dentro de las letras nacionales, es casi un tema sin importancia; es decir, que fuera de ser un autor que se menciona en los textos escolares, de allí no pasa a más.
España, El Quijote y Azorín viajan con Caballero-Calderón
“La vida urbana no es sino artificio” dice Eduardo Caballero Calderón al iniciar su Diario de Tipacoque (cuadros de costumbres), 1950 y aclara antes: “En la ciudad el hombre se pierde y se desnaturaliza”. Aquí reside la primera paradoja, de las muchas que marcan y a la vez animan su tarea de escritor, pues ¿no es acaso la novela un producto propio de la urbe, de la polis, desde el Satiricón de Petronio hasta La Habana para un infante difunto como nos lo recordó precisamente Guillermo Cabrera Infante? ¿Y Caballero Calderón no se define, por cierto, como novelista, aun cuando haya sido también cuentista, ensayista, memorialista y autor de libros de viajes?
«Ancha es Castilla, guía espiritual de España»: de la mano de Dios y con los ojos del Imperio
Concebido quizás como un libro de viaje, este texto carece de los fundamentos para ajustarse a esta entidad literaria. Y aunque habla del viaje, se ve perfectamente que es un viaje delineado detrás de un escritorio, o alimentado por el conocimiento, más que una experiencia de primera mano. Excesivamente descriptivo, especulativo, hiperbólico, tautológico. Algunas veces paradójico, contradictorio y simplista. Hay en este libro una proyección de un conocimiento libresco y académico de la cultura española combinado con una idea teológica de convento. Caballero, más que mostrarnos una realidad viva, lo que hace es ajustar dicha realidad a su conocimiento de los textos literarios y la teología cristiana.
Americanos y europeos o la angustia del criollo del siglo XX
Eduardo Caballero Calderón es el cuarto escritor colombiano que se celebra dentro del marco de una política cultural concebida por el Área de literatura del Ministerio de Cultura denominada “Recuperación de la memoria literaria en Colombia.” En los tres años de existencia que tiene este programa, Tomás Carraquilla (2008) Candelario Obeso y Jorge Artel (2009) son los antecesores de Eduardo Caballero Calderón.
París espacio (des)humanizante en «El buen salvaje»
Si admitimos que la modernidad en el contexto histórico-social y cultural es una ruptura radical con el pasado, en donde prima el cambio, la transformación y la mutabilidad; el desplazamiento, el viaje, sería una de las prácticas que más se aproxima a esta experiencia. Es sabido que numerosos escritores latinoamericanos del siglo XX en general, y en el caso particular de Eduardo Caballero Calderón, estuvieron expuestos al desplazamiento, a migraciones o exilios, y en consecuencia a desenvolverse en ámbitos cosmopolitas.
El gamonal en la obra de Eduardo Caballero-Calderón
Un concepto síntesis de la formación social colombiana, quizás pueda encontrarse en aquel personaje que pulula en las rígidas estructuras económicas y políticas de nuestra historia local, regional y nacional, sin necesidad de escrutar profundamente las lógicas del poder que se desarrollan en la complejidad variopinta de nuestro país.
Los caminos subterráneos de Eduardo Caballero-Calderón
No deja de ser extraño toparse con el primer libro de un autor que ha tenido una carrera larga y prolífica. Y aún más si ese libro no ha sido reeditado después, que es una manera piadosa de condenar y sumergir en el olvido a aquellos primeros tanteos y búsquedas que, casi siempre sin algún sentido autocrítico, fueron dados a la imprenta. Algo así como esconder en el fondo de un cajón aquellas fotos en blanco y negro donde se adivinan los rasgos del que ahora somos.
«Manuel Pacho» – Reseña
Es un privilegio de pocas personas imaginar historias y contarlas con excepcional talento como lo hace Eduardo Caballero Calderón en “Manuel Pacho”. Relato, o novela “ejemplar”, como él mismo lo llama, narra la historia de un joven de veinte años que decide llevar a cuestas el cadáver de su padre asesinado por bandoleros al pueblo, a tres días de camino. Con holgura y riqueza literarias propias de un purista en el arte de escribir, Eduardo Caballero se inventa una odisea increíble con un héroe muy pintoresco: Manuel Pacho con el cadáver de su padre a cuestas en pleno llano colombiano.
N O T A S
Palabras en el funeral del Académico Prof. Dr. Carlos Patiño-Rosselli (por: Cecilia Balcázar de Bucher, miembro de número de la Academia Colombiana de Lengua; Bogotá, 5 de septiembre de 2010). Familiares, amigos, colegas de Carlos: Me ha concedido la Academia de la Lengua el honor inesperado y excesivo de…
C O N T E N I D O de la edición impresa (Aleph-155, Oct./Dbre. 2010)
E. Caballero-Calderón por Pilar González-Gómez 1. Caín /Manuscrito autógrafo; Madrid, 8 de enero de 1954/ /Eduardo Caballero-Calderón/ 2. Tipacoque existe/Beatriz Caballero/ 3. Un caballero andante/Armando Romero/ 4. España, el Quijote y Azorín viajan con Caballero-Calderón/Juan Gustavo Cobo-Borda/ 5. “Ancha es Castilla, guía…