El gran viraje metodológico hacia el Psicoanálisis – Comentarios a la proposición II, tercera parte de la «Ética» de Spinoza
Página de cuaderno de notas sobre Spiinoza, del Prof. Dr. Guillermo Arcila-Arango
Obsérvese que no trato a Spinoza como a un precursor del Psicoanálisis, sino más bien lo contrario en el orden de acceso al pensamiento humano, al menos en mi caso personal: primero el conocimiento del Psicoanálisis y después el conocimiento de Spinoza.
De las múltiples armonías del pensamiento de Spinoza con el pensamiento psicoanalítico, o viceversa, quiero destacar sólo una en el presente trabajo. Me refiero a lo que se podría llamar el gran viraje metodológico hacia el Psicoanálisis emprendido por Freud en un momento del desarrollo del pensamiento científico. Se podría decir también que se trata de comentarios de un psicoanalista a la proposición II de la tercera parte de la «Ética» incluyendo en ello su Demostración y parte de su Escolio.
Por su contenido es obvio el carácter escandaloso de dicha proposición desde el punto de vista de una concepción materialista de las funciones psíquicas, en el sentido de que el cerebro secreta pensamientos como el hígado bilis. Dicho escándalo disminuirá quizás cuando estemos en condiciones de visualizar
el carácter metodológico científico de la proposición segunda tal como lo demuestra el Psicoanálisis, al lado de su carácter metafísico.
Como aclaración preparatoria hemos de observar dos cosas en la concepción de Spinoza: 1. Que para él los términos Dios – Naturaleza (Sustancia) designan lo mismo. «Deus sive Natura», la famosa expresión spinozista es traductible como «Dios, o dicho de otra manera, la Naturaleza». 2. Que el término pensamiento es equivalente a psiquis, o psiquismo, así: Axioma 2. El hombre piensa; Axioma 3. No hay modo de pensar como el amor, el deseo («cupiditas») o todo lo que puede ser designado como sentimientos del alma («animi») [Segunda parte, «Ética»].
Después de las antedichas aclaraciones sobre la terminología spinozista veamos cómo defiende Freud el derecho del Psicoanálisis a admitir lo psíquico inconsciente y a trabajar científicamente con esta hipótesis. Dice Freud: «Si se tiene en cuenta la existencia de todos nuestros recuerdos latentes se hará inconcebible negar lo inconsciente. Tropezamos entonces con la objeción según la cual estos recuerdos latentes no deberían ser calificados de psíquicos pero correspondían a los restos de procesos somáticos de los cuales los psíquicos podrían surgir». «La convención de asimilar lo psíquico a lo consciente es, como toda convención, irrefutable. Queda, sinembargo, la pregunta de si es suficientemente utilizable para mantenerla… Ella nos obliga a abandonar prematuramente el dominio de la investigación psicológica sin poder aportarnos alguna indemnización sacada de otros dominios».
«Sea como fuere, es claro que la cuestión de saber si se debe concebir los estados latentes de la vida psíquica como estados psíquicos inconscientes o como estados físicos, amenaza terminar en una discusión de palabras… Es pues oportuno poner en evidencia lo que conocemos con certidumbre acerca de la naturaleza de estos estados que constituyen el problema. Pues bien, ellos nos son en el presente completamente inaccesibles por sus caracteres físicos, ninguna representación fisiológica, ningún proceso químico, nos puede dar una idea de su naturaleza. De otra parte, es seguro que ellos mantienen el contacto más íntimo con los procesos psíquicos conscientes. Ellos consiguen, mediante el cumplimiento de un cierto trabajo, ser traspuestos a estos procesos conscientes, ser remplazados por ellos y pueden ser descritos con todas las categorías que aplicamos a los actos psíquicos conscientes, tales como representaciones, tendencias, decisiones y otras cosas del mismo género. No vacilaremos por lo tanto en tratarlos como objetos de la investigación psicológica y a ponerlos en relación muy estrecha con los actos psíquicos conscientes». (Cfr. «Justificación de lo Inconsciente». Metapsicología. S. Freud).
Es decir, en un momento decisivo de su pensamiento científico, Freud usa abandonar las estériles explicaciones físicas de los fenómenos psíquicos conscientes.
Podemos entender muchos procesos psíquicos conscientes por otros procesos psíquicos conscientes y éstos a su vez por otros. Pero cuando nos es imposible explicar los procesos psíquicos conscientes por otros igualmente conscientes, lancémonos al abismo de intentar explicar estos últimos por otros procesos psíquicos que no son conscientes, pero que podemos hipotéticamente describir como lo hacemos con las otras causas conscientes que efectivamente encontramos muchas veces. O, en otros términos, expliquemos lo psíquico consciente, cualquiera que sea, por lo psíquico, ya sea éste consciente o inconsciente.
Volviendo a Spinoza, he aquí la proposición II, tercera parte de la «Ética»: «Ni el cuerpo puede determinar al espíritu a pensar, ni el espíritu puede determinar al cuerpo al movimiento o al reposo, o a alguna manera de ser (si hay alguna otra).»
«Demostración: Todo lo psíquico (modos de pensar) tiene por causa a la naturaleza (Dios) en tanto que es cosa psíquica y no en tanto que se explica
por otro atributo (según la proposición VI, de la parte segunda). Por lo tanto,
aquello que determina el espíritu (alma) a pensar (desear, amar) es un modo de lo psíquico y no de lo extenso (de la extensión), es decir, (según la Definición
1, parte segunda) no es un cuerpo. Este es el primer punto».
«De otra parte el movimiento y el reposo de un cuerpo deben tener su origen en otro cuerpo que ha sido determinado también al movimiento y al reposo por otro y absolutamente hablando todo lo que sobreviene en un cuerpo debe tener su origen en la naturaleza (Dios), en tanto que se le considera como afectado del modo de la extensión y no de un modo de pensar (según la misma proposición 6, parte segunda). Es decir, que esto no puede tener su origen en el espíritu (alma), lo que era el segundo punto. Por lo tanto, ni el cuerpo puede determinar el espíritu, etc., que era lo que se quería demostrar».
Y en el primer párrafo del Escolio que sigue a esta demostración, muestra un nuevo ángulo de su gran pensamiento metafísico (hipótesis):
«Escolio. Esto se comprende más claramente por lo que ha sido dicho en el escolio de la proposición VII, de la segunda parte, que dice que el espíritu y el cuerpo son una misma cosa, concebida, ora bajo el atributo de lo psíquico (del pensamiento), ora bajo el atributo de lo corporal (la extensión). De donde proviene que el orden o, dicho de otra manera, el encadenamiento, sea uno que la naturaleza sea concebida bajo uno u otros de estos atributos. Por consecuencia, que el orden de las acciones y de las pasiones de nuestro cuerpo corresponden por naturaleza al orden de las acciones y de las pasiones del espíritu (lo que es todavía evidente por la proposición XII de la segunda parte).»
Si tenemos adecuadamente en cuenta que para Spinoza la naturaleza es una, ya se considere bajo el atributo del pensamiento, ya bajo el atributo de la extensión, no caeremos en el error de considerar a la naturaleza como sinónimo solo de la extensión, dejando fuera de ella lo psíquico («res cogitans»).
Así también, evitaremos el error opuesto de considerar a Deus («Natura sive Deus») como sinónimo de lo psíquico, dejando fuera de ello lo extenso («res extensa»). Esto último es esencial al pensamiento de Spinoza, quien sin reatos firma de la Sustancia («Deus sive Natura») los atributos del pensamiento y de la extensión. «Por atributo entiendo, dice Spinoza, lo que el entendimiento percibe de la sustancia como constituyendo su esencia».
Este Panteísmo de Spinoza nos recuerda a los psicoanalistas algo por lo que hemos sido peyorativamente motejados: el pansexualismo.
El Psicoanálisis, al adoptar tal actitud metodológica, no abandona en ningún instante la relación de la mente con el cuerpo. Tiene como central en su concepción psicológica que las pulsiones primarias (instintos) son los representantes psíquicos de las necesidades corporales y, como tales representan los comienzos y los cimientos del resto de la actividad psíquica junto a las sensaciones que son los representantes psíquicos de los cambios corporales, en función de la relación de nuestro cuerpo con otros cuerpos externos. Teniendo en cuenta esta relación primaria del alma con el cuerpo, de otro lado busca el Psicoanálisis en las ideas del cuerpo la esencia de la actividad mental.
Para Spinoza «lo que constituye en primer lugar el ser actual del espíritu humano no es nada fuera de la idea de una cosa singular actualmente existente.» (proposición XI, parte II). Y que el objeto de la idea constitutiva del espíritu humano es el cuerpo, o sea, un cierto modo de la extensión existente actualmente y nada más. El espíritu humano no conoce el cuerpo humano mismo y no sabe de su propia existencia, sino por la idea de los cambios que afectan este cuerpo. O en otras palabras, no existe ninguna idea que sea idea del cuerpo originariamente, aunque luego se den ideas de esta idea, e ideas de las ideas de las ideas corporales y así sucesivamente.
Asi pues, no puede existir un alma sin cuerpo, pero estrictamente en el sentido de que para ser idea tiene que ser idea de un cambio corporal. De lo contrario sería idea de nada, no sería idea. Téngase en claro que no se trata de que un cambio corporal produzca o cause una idea como un cambio corporal causa otro cambio corporal, sino de que toda idea es de algo corporal. Mis cambios corporales no producen mis ideas, sino que mis ideas son esencialmente ideas de ellos. Mis cambios corporales solo producen otros cambios corporales. Mis ideas de un cambio corporal producen la idea de otro cambio corporal y mis cambios corporales producen otros cambios corporales.
Mi ser puede ser entendido así como pensamiento y como extensión. Siendo uno el orden del encadenamiento que lo constituye lo capto bajo estos atributos, irreductibles uno al otro, no causados uno por el otro y en los cuales cada modo de un atributo es entendido por otros modos del mismo atributo.
Cuerpo y mente actualmente dados son las formas radicales como capto mi sustancia única. Tal dualismo monista es una de las grandes concepciones de Spinoza y a la vez el sustrato del pensamiento psicoanalítico que, afirmando la unidad profunda de mente y cuerpo, deja a la Psicología la tarea de investigar en lo psíquico la causa de lo psíquico y a la Fisiología la labor de investigar en los cambios del cuerpo la explicación de otros cambios del cuerpo.
Tal es el gran viraje metodológico científico del Psicoanálisis, expresado hace trescientos años en la proposición II, tercera parte, de la «Ética», de Benedictus Spinoza.
A lo anterior debemos agregar que siendo tanto el pensamiento como la extensión, atributos de la naturaleza (Sustancia), la Psicología se convierte en una de las ciencias de la naturaleza al lado de la Física.
En la época de Spinoza las ciencias físicas estaban guiadas ya por el principio de causalidad. Spinoza firmemente extendió este principio también a la Psicología, en consonancia con la idea que el pensamiento es igualmente un atributo de la naturaleza. Así, afirma en la proposición XXVI, parte segunda, de la «Ética»: «Las ideas inadecuadas y confusas se siguen unas de las otras con la misma necesidad que las ideas adecuadas». Y en la proposición XLIII, parte segunda: «No hay en el espíritu ninguna voluntad absoluta o libre, pero el espíritu es determinado a querer esto o aquello por una causa que es también determinada por otra, esta a su vez por otra, y así infinitamente».
Y en el Escolio de proposición II, tercera parte: «La experiencia misma enseña tan claramente como la Razón que los hombres se creen libres por la única causa de que son a la vez conscientes de sus acciones e ignorantes de los motivos por los cuales son determinados. Ella muestra además que los decretos del espíritu no son nada fuera de los apetitos mismos…».
Respecto al determinismo psíquico afirmado y completado por el Psicoanálisis a través de su hipótesis básica de un psiquismo inconsciente, que es un hervidero de pulsiones primarias, observemos que si para Spinoza el deseo no es otra cosa que el apetito con conciencia de sí mismo, ello quiere decir que el apetito no es necesariamente consciente. Esto está expresado en las Definiciones de los Afectos, donde explica Spinoza: «Yo no conozco ninguna diferencia entre el apetito humano y el deseo, pues sea o no consciente el hombre de su apetito, este apetito permanece sinembargo uno y el mismo».