Lo esencial en la poesía y la palabra, en Fernando Charry-Lara. / Reportajes de Aleph
En literatura, como en todo, no hay última palabra. Los autores se suceden por doquier y las editoriales promueven las obras vendibles, con esquemas de comercio. Y el tiempo se encarga de marcar aquellas obras y aquellos autores que quedan, con independencia del ajetreo mercantil. Dígalo si no Don Quijote de Cervantes, y tantas otras en las diversas culturas y lenguas. Pero nada fácil discernir en lo contemporáneo sobre la calidad, con cabeza fría y rigor en las consideraciones y análisis. Los críticos de la literatura también se suceden y en su mayoría con prontitud quedan al margen de los caminos. Sinembargo, hoy uno puede mencionar algunos nombres con obra sobresaliente por el rigor; es el caso indiscutido de Harold Bloom, con obra mayúscula y sorprendente capacidad de juzgar obras y autores. También, guardadas las justas proporciones, vale nombrar a Alberto Manguel, a Antonio Muñoz-Molina, a Fernando Savater… En Colombia asimismo hemos tenido críticos en la literatura que pueden nombrarse con apego a las consideraciones anteriores: Javier Arango-Ferrer (de capacidad sorprendente en la síntesis de valoración), Hernando Téllez, Jorge Zalamea, Hernando Valencia-Goelkel, William Ospina, Consuelo Gaitán, Orlando Mejía-Rivera, entre muy pocos otros.

El caso de Fernando Charry-Lara (1920-2004) es una clara excepción en las letras hispanoamericanas, en especial en Colombia. Poeta, ensayista, profesor, divulgador, con hondura en la palabra y exposición sobria, esencial. Su obra poética ha sido publicada principalmente en Colombia y en España, Hizo parte del histórico grupo de la “Revista Mito”, que abrió a la modernidad la escritura literaria, con asomo a la obra de autores internacionales y con sello ideológico de la más auténtica filosofía liberal. Charry-Lara fue discreto en su vida personal y en su presencia intelectual. Su poesía que con dificultad supera los 40 poemas, fue recogida por él mismo en la obra completa, “Llama de amor viva”, con título acogido de verso de San Juan de la Cruz, con estudio prologal del erudito y exigente analista Rafael Gutiérrez-Girardot y las “Palabras de Vicente Aleixandre” (Premio Nobel de Literatura 1977) que le escribió al conocer en 1948 el original de su primer poemario: “Nocturnos y otros sueños”.
En “Llama de amor viva” se reúnen sus poemarios: “Nocturnos y otros sueños” (1949), “Los adioses” (1963) y “Pensamientos del amante” (1981).
Gutiérrez-Girardot, por ejemplo, dice: “…, el lenguaje poético de Fernando Charry-Lara evita toda solemnidad y todo brillo externo. Y despierta la impresión de un lenguaje con la conciencia del tesoro que va desenterrando, pero que esquiva proclamarlo. Es un lenguaje que parece modesto y que lo es si por modestia se entiende depuración, silencio elegido, ‘ansia de perfección’, serenidad aún en medio de la pasión, en suma: elegancia espiritual. Esta modestia encubre el fuego del Eros poético, es su elegante expresión.”
En 1948, desde “Miraflores de la Sierra”, Aleixandre le escribió: “… desde esta distancia es justo y alegre saludar el nacimiento completo de un poeta que, con perspectiva, contra el cielo de nuestra lengua se dibuja con su creciente, con su nítida personalidad.”
En la ensayística, Charry-Lara tuvo de igual modo sindéresis y precisión en los análisis, con estudio cuidadoso. Notables sus trabajos sobre las obras de Hernando Domínguez-Camargo, Sor Juana Inés de la Cruz, San Juan de la Cruz, Bécquer, García-Lorca, López-Velarde, Cernuda, Salinas, Jorge Guillén, Borges, Octavio Paz, Lezama-Lima, César Vallejo, Silva, Barba-Jacob, Eduardo Castillo, León de Greiff, Aurelio Arturo, Eduardo Carranza, Jorge Gaitán-Durán, Álvaro Mutis, Giovanni Quessep, Jaime García-Mafla,… que han sido reunidos en el volumen “Lector de poesía y otros ensayos inéditos” (2005), con el antecedente de “Lector de poesía” (1975). En el primero los editores destacan como “Dos ensayos ejemplares” el titulado “Vanguardismo: sus antecedentes modernistas” y, el otro, “Nocturnos hispanoamericanos”, no incorporados en la edición original.
Charry-Lara tuvo por la poesía de Cernuda especial gusto. En su ensayo de 1961, dedicado a su amigo filósofo y coetáneo, Danilo Cruz-Vélez, manifiesta la admiración por aquella poesía, con la advertencia de percibir en ella el descubrimiento de un mundo, debido a la imaginación del poeta. Al revisar la evolución de su obra capta el crecimiento en profundidad, contenida en “La realidad y el deseo”, volumen que se fue enriqueciendo con nuevos poemarios que incorporaba. Al repasar su lectura, se compenetra tanto que siente que lee a un contemporáneo, con reflejo del ambiente y los sentimientos manifiestos de una época. Señala la preponderancia de la expresividad sin alardes. También indica los visos de melancolía y aún de ira, conducidas en la palabra justa sin acudir a exacerbaciones. Charry dice: “El verso de Cernuda, de rostro contenido, arrastra, en su profundo oleaje, un mar tumultuoso que golpea en agonía el pecho. Al surgir de lo remoto, en lentitud, muestra su pasión amargamente lúcida.” En la comprensión del título de la poesía reunida de Cernuda, Charry interpreta que su problema lírico es una lucha constante entre la realidad y el deseo, al tratarse en lo fundamental de una poesía de soledad.
En estudio de esa obra, Charry llega a concebir que “la palabra del poeta debería interesarnos exclusivamente por su capacidad de revelación y de comunicación.” Además, le sorprende como la poesía es una manera de conocer el ser y al mundo, con capacidad de desentrañar sentidos. Relieva en un poema de Cernuda la necesidad de amar algo mientras la vida dura, a sabiendas que todo huye, como la tierra que ha perdido por la dureza del exilio del que fue víctima. Pero a la vez identifica en él a un poeta trágico que enfrenta poderes en su honda soledad. Lo invade la angustia, el desespero y el pesimismo, con la clara convicción de las limitaciones de la persona. Charry redondea esta situación al expresar que Cernuda es uno de los pocos poetas fatales con una obra muy original, con expresiones de avidez y somnolencia, en temas palpitantes que trajina: “el amor, la hermosura, el tiempo, la destrucción, la soledad.”
Otro ensayo al que deseo aludir es el dedicado a Jorge-Luis Borges, por tratarse de uno de los autores de mi predilección. Se intitula “Borges en su poética”, fechado en 1970 y 1972. Comienza por destacar en su obra “la originalidad, la lucidez, la perfección, la transparencia y la imaginación”, con elementos de la metafísica y de ese sorprendente instinto para intuir y encontrar caminos de expresión. Lo interpreta en su sabiduría como un escéptico en la admirable lucidez. Lo considera un continuador de los modernistas Darío y López-Velarde, con fortaleza en la meditación y en el enriquecimiento de significados, sin desperdiciar el lenguaje común, pero de enorme fortaleza en la conquista de sabias metáforas, en tono sugerente, adverso a la oscuridad en ellas. Cita a Borges cuando se refirió a la misión del poeta, quien no debe dedicarse a persuadir sino a conmover, sin ocuparse de los asombros, más bien de decir cosas que los lectores puedan aceptar como verdaderas.
De conjunto aprecia la poesía de Borges al ser expresada con destreza y perfección en lo que quiere decir, con esplendor moderado y sin evadir la ternura, lo confidencial y lo familiar en los tonos. Ese estudio lo aprovecha Charry-Lara para meditar por el papel de la poesía que debe ser siempre sensible, con equilibrio en los conceptos como ocurre en lo mejor de la obra de Borges.
Otro ensayo de considerar es el dedicado a establecer de manera documentada los antecedentes modernistas del vanguardismo, contenido en la Antología referida de 2005. Considera como aventura cada una de las dos tendencias. En primera instancia de esos antecedentes alude a las “Gotas amargas” de José-Asunción Silva, poemas en los cuales el autor señala su inconformidad con la idea de la vida esgrimida por sus contemporáneos nacionales y extranjeros, en la naciente burguesía interesada por la riqueza material, lo que mostraba el predominio del interés privado con sentido utilitario.
En Rubén Darío también encuentra poemas despojados de preciosismo, con incorporación de elementos coloquiales, el humor, la ironía, lo prosaico, en signos anticipatorios del vanguardismo. Asimismo, estudia el caso de Leopoldo Lugones en Argentina, con el contraste que tuvo sobre su obra Jorge-Luis Borges, quien en un comienzo de ultraísta se fue contra él, tachándolo de “tétrico enlutado”, cuyas imágenes –decía- no ayudaban al pensar. Pero luego Borges admiró profundamente a Lugones como uno de los más notables en las letras hispanoamericanas. Incluso Borges a la muerte de aquel señaló: “Todos nosotros tuvimos alguna parte en el suicidio de Lugones…. Y fuimos injustos para él… Si Lugones existe en alguna parte, está mucho más allá de estas pequeñas mezquindades de la nombradía, de la gloria, de la justicia póstuma.”
Otro caso que refiere en ese escudriñar de antecedentes está el de Julio Herrera y Reissig, que murió temprano sin publicar libro alguno, pero los vanguardistas del Continente lo admiraron como creador genial. Charry señala la influencia que su obra tuvo en poetas como Luis-Carlos López, Ramón López-Velarde, Vicente Huidobro y César Vallejo, a partir de antología ordenada por él y publicada poco después de morir, “Los peregrinos de piedra” (1910). Esa influencia de amplitud y variedad la explica Charry por haber sido quizá el poeta en lengua española que más leyeron los vanguardistas que le siguieron.
Como antecesores modernistas del vanguardismo, Charry también menciona la obra de José-María Eguren y de José-Juan Tablada. Para avanzar determinando que aquel conjunto de poetas referidos no solo debe considerárseles en el amplio y variado espectro del modernismo, sino como en realidad los que comenzaron el vanguardismo hispanoamericano.
El segundo ensayo nuevo incorporado en la Antología ensayística de Charry-Lara, del 2005, está dedicado al estudio de los Nocturnos hispanoamericanos, en obras ofrendadas a la contemplación de la noche, con antecedentes incluso en culturas anteriores, como en el caso del orfismo en la poesía griega que estimó la noche como la madre de los dioses. Hace alusión al romanticismo alemán que tuvo continuadores en Gérard de Nerval y Gustavo-Adolfo Bécquer, con vínculos a la noche y al sueño.
Recorre claridades sobre lo parnasiano, entretenido en formalidades bellas y expresividad directa, y el simbolismo, con repliegue al mundo interior, expresiones indirectas con uso, como el nombre lo indica, de los símbolos en campos de misterio. Acude de nuevo a José-Asunción Silva para señalar en sus mejores poemas el simbolismo pionero en Hispanoamerica. Incorpora referencias a Mallarmé, a Baudelaire, a Edgar Allan Poe que emparentó magia y poesía. En Silva enfatiza la recurrencia a la noche como escenario de la intimidad más profunda, que consolida en la magia de su nocturno “Una noche…” Al respecto cita a Juan-Ramón Jiménez quien aludió a ese nocturno como el poema “más representativo del último romanticismo, el primer modernismo que se escribió en América española.” Analiza los nexos poéticos de Silva y Darío y luego acude a León de Greiff en sus expresiones de vanguardia, con eco en la intrepidez de un Rimbaud, por el despliegue de invención y fantasía. Y concluye el ensayo con una valiosa aproximación a la poesía de Xavier Villaurrutia, al destacar en su obra la noche, el sueño y la muerte, en versos intensos y categóricos.
Tuve la fortuna de disponer de su amistad, por años. Incluso los dos, junto con Rafael Humberto Moreno-Durán, estuvimos en congreso internacional invitados a la Universidad de Bonn (1986), ocasión de privilegio que me permitió ahondar más en su conocimiento, caminando con estaciones en lugares de diálogo, incluso en España. Su conocimiento de la poesía hispanoamericana no tenía igual. Tuvo un programa semanal en la Radiodifusora Nacional de Colombia, en esa línea, e igual llevó por años la cátedra de poesía hispanoamericana en el Instituto Caro y Cuervo. Textos por rescatar para varios volúmenes. Su biblioteca personal tenía esa singularidad, y a su muerte intentamos que quedara reunida en una Institución para salvaguardarla y ser lugar de consulta de investigadores, pero dolorosamente ninguna entidad se apersonó de ella, y fue a parar a una “librería de viejo” para su venta en unidades… Por supuesto, no se trataba de un autor de mercadeo en las editoriales, sino que su obra circulaba entre personas con avidez por la sindéresis en la palabra, y lo exquisito en lo esencial de la escritura.
Lo traje a Manizales en varias oportunidades, tanto a la Universidad Nacional como a la Universidad de Caldas. Y de manera muy especial en ocasión lo tuvimos en compañía de Carlos Martín (1914-2008), poeta y ensayista de la generación de “Piedra y Cielo”, para conferencias y lecturas de cada uno en el “Centro Cultural del Café”, dirigido por aquel entonces por Norma Velásquez-Garcés, cuya obra de investigación y difusión es de rescatar.
Los textos que aquí recojo corresponden a diálogos, a la manera de preguntas y respuestas, que estaban ahí a la espera, en ocasiones con la participación de otras personas.
– ¿Cómo aprecias la poesía española, en especial de la generación del 27, y su impacto en la lengua española?
En la generación del 27, comienzo por decir que no es propiamente una generación; hay dos grupos: el grupo de García-Lorca, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, que son poetas mayores. Y el otro, más bien un subgrupo de gente más joven, integrado especialmente por Cernuda, Vicente Aleixandre, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre; estos son bastante diferentes a los anteriores, porque ellos estuvieron muy relacionados con el surrealismo francés, tanto Cernuda como Aleixandre, y Prados en especial. Había otro poeta intermedio, Juan Larrea, que sí estuvo también vinculado con el surrealismo francés, y mucho también con esa teoría creacionista que expuso en la segunda década del siglo XX el gran poeta chileno Vicente Huidobro. Entonces, este subgrupo que menciono no gozó de tanta popularidad como el grupo primero; por el motivo del surrealismo, y por otras razones más íntimas Cernuda fue exiliado en su propio país y en su propia poesía española durante algunos años.
– ¿De qué manera fue el desarrollo de la obra de Luis Cernuda?
Como expresé antes, Luis Cernuda (1904-1963) tuvo su primer exilio en España, su propio país. Luego vino el exilio político por el triunfo de los militares con Franco a la cabeza. Salió de España primero a Gran Bretaña y luego a los Estados Unidos, y finalmente a México. Alcanzó a publicar antes de la guerra civil española una primera edición de su libro “La realidad y el deseo” con su poesía. Ese libro está compuesto de varias partes, lo fue aumentando hasta sus últimos años; esa primera edición de “La realidad y el deseo” (1936), nunca he sabido si llegó a Colombia; por entonces yo no compraba libros porque era un estudiante de bachillerato. Después vino en 1941 una segunda edición que hizo José Bergamín, y esa fue la primera vez que vino a circular en nuestro país y en Hispanoamérica la poesía de Cernuda. Después hubo una versión argentina de un libro que tituló “Como quien espera el alba”, eran los años de la segunda guerra mundial, y a eso se debe ese título, un poema que escribió en Gran Bretaña en plena guerra. Luego escribió otras secciones de ese libro, en realidad cada una es un libro, uno que se llamaba “Vivir sin estar viviendo”, otro “Con las horas contadas”, y el último se llamaba “Desolación de la quimera”; todos estos libros los reunieron con el título “La realidad y el deseo”, y él, unos cuatro o cinco años antes de morir alcanzó a hacer una edición corregida en 1958. Es lo que se conoce de su poesía.
Después se han hecho ediciones españolas, sin la censura que tuvo del General Franco. Hay ediciones muy bonitas como la de la Real Academia Española (RAE), que hicieron Luis Maristany, filólogo de la Universidad de Barcelona, y un profesor inglés, Derek Harris, hispanista de la Universidad de Londres, especializado en Cernuda. Más reciente se hizo un tomo de la poesía y otro tomo de ensayos muy importantes, muy críticos, con una visión muy diferente de la poesía española, a la que hasta entonces había venido imperando. Su obra se sigue editando como en esas ediciones bellas de Siruela. Ya hay un mejor conocimiento de su obra, porque en vida fue un poeta algo marginal, cuando era más reconocida esa poesía neo-popularista de García-Lorca y de Rafael Alberti, y tenían más audiencia la poesía de Jorge Guillén y de Pedro Salinas. De manera que en estos últimos años ha tenido una difusión más amplia la poesía y la prosa de este notabilísimo escritor.
– Maestro Fernando, ¿por qué no has hecho mención a “Ocnos”, esa bella obra de Cernuda?
“Ocnos” fue un libro que escribió Cernuda en el primer exilio que tuvo cuando salió de España para Francia, en plena guerra, donde estuvo muy poco. Un amigo inglés de él consiguió que fuera a dictar unas conferencias en Gran Bretaña, con el pretexto de sacarlo de España; era una época muy difícil, pero Cernuda consiguió difícilmente un puesto en algunos de esos College o universidades, y en la Universidad de Glasgow, en Escocia, ciudad que no le gustó nada y duró cuatro años. Estando en Gran Bretaña él escribió en realidad unos poemas en prosa muy bellos, que testimonian mucho el sentimiento y el pensamiento poético de Cernuda; se refieren más que todo a su vida de infancia y adolescencia. Él era sevillano sin nada de andaluz. Ese libro es muy bello, lo amplió después con otras referencias a su propia vida. La poesía de Cernuda es muy referida a su vida, relacionándola con ciertos fenómenos propios de lo espiritual y también de lo corporal, porque fue un poeta muy amoroso; una poesía muy intensa.
– ¿Cómo puede interpretarse la influencia del Surrealismo en esos poetas del 27, incluso en los casos de García-Lorca y de Pablo Neruda?
Esos primeros poetas que he mencionado son muy notables, como Guillén. El caso de Lorca es aparte, porque García-Lorca sí tuvo un contacto con el surrealismo, él no sabía francés, pero es indudable que debió leer poemas surrealistas que se escribieron en español, por ejemplo, los poemas de “Residencia en la tierra” de Pablo Neruda, que comenzaron a circular muy pronto, y en los que es advertible cierto aire surrealista, aunque esos poemas propiamente, en mi apreciación, no pertenecen a una escritura surrealista, sino más bien a la tentativa surgida en Alemania y Austria que se llamó el expresionismo. Son a la manera de una poesía deductiva, muy salida del interior, en imágenes que quieren reflejar la concepción un poco distorsionada de lo que el poeta siente ante la realidad. Pero tiene el expresionismo cierta similitud con la escritura surrealista, y eso lo reconoce toda la crítica. García-Lorca ya había escrito sus primeros poemas; “Romancero Gitano” que fue el que le dio una gran popularidad. Fue como estudiante a la Universidad de Columbia en Nueva York, y ahí al verse en ese mundo tan raro que es Nueva York, reinó con el título de “Poeta en Nueva York”. Entonces fue el único de esos poetas del grupo anterior, cronológicamente anterior, que tuvo un grupo de surrealismo, porque Guillén era muy tradicional, siendo ambos extraordinarios poetas, entonces ellos no tuvieron ese toque demasiado rebelde, mágico que fue el del surrealismo francés, el cual si lo tuvo Cernuda, también Aleixandre, Prado, menos Altolaguirre, quien era el más joven de todos. De manera que sí puede decirse que el grupo de la poesía surrealista fue algo que determinó una expresión, una tendencia excelente, esa tendencia del 27, y hay unos de atrás que no tuvieron el surrealismo y otros que sí lo tuvieron.
Cernuda no tuvo el influjo del surrealismo, quien comenzó haciendo una poesía con mucha influencia clásica especialmente de esa poesía muy hermética, muy difícil de interpretar. El primer libro de Cernuda, cuando estaba muy joven, lo llamó “Perfil del aire”, pero después le quitó el título para llamarlo “Primeras poesías”. Es un poeta de mucho asidero espiritual, de mucha concentración de la palabra. Luego hizo algunos poemas con mucho influjo incluso de poetas como Garcilaso. Después cambia y comienza bajo el influjo del surrealismo; escribe un libro que se llama “Un río, un amor” y otras dos colecciones más: “Donde habite el olvido” y “Los fantasmas del deseo”. Hasta ahí hay cierto influjo del surrealismo, de una forma muy particular porque no es exactamente el mismo surrealismo francés. Los surrealistas franceses aspiraban a una poesía germinada totalmente en el subconsciente. Esta poesía de Cernuda tiene muchos elementos del surrealismo, pero es una poesía determinada por los sueños, como la querían los surrealistas, pero es también una poesía de la lujuria, con mucho control, con mucha deslumbrancia de lo que se estima.
– Cernuda también fue influido por los románticos ingleses…
Cernuda estuvo al margen de toda esa poesía política que se escribía, por ejemplo, se escribió una poesía muy influida por el socialismo, una poseía que se escribía para ayudar a la reconstrucción de los países, a difundir la alegría del pueblo, una poesía muy realista y popularista; eso estaba completamente aparte del pensamiento poético de Cernuda. Cernuda después en Gran Bretaña le tomó un gran aprecio a la poesía británica, de los románticos ingleses, como a John Keats, William Wordsworth, William Blake, y al mismo Lord Byron lo leyó, pero creo que no era muy afecto a la poesía de él. Esos poetas fueron lectura predilecta de Cernuda, junto con algunos de los románticos alemanes menos conocidos. Leyó asimismo a los poetas franceses. Su mundo poético era bastante complejo.
– ¿Y el caso de Neruda?
Neruda es un caso aparte. Se inicia muy joven como poeta, a los diecinueve años publica ese primer libro que se llama “Crepusculario”, en donde había poemas que comenzaron a circular en toda Hispanoamérica, como “Los marineros besan y se van”; a los veinte años Neruda publica un libro que le dio una celebridad tremenda en Hispanoamérica que se llamó “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”. Por primera vez en América la poesía erótica la escribía un hombre, porque ese era un patrimonio exclusivo de unas poetisas, como la principal de ellas, la uruguaya Delmira Agustini (1886-1914), con sus poemas bajo el influjo del novelismo; la asesinó el esposo a los veintiocho años.
Vino entonces Neruda con esos poemas de los veinte años, de celebridad en Hispanoamérica, y en España también, pero sobretodo en Hispanoamérica. Se han hecho muchos estudios sobre cómo pudo tener tanta fuerza ese libro del muchacho que era Neruda. Los críticos marxistas dicen que ese libro representó el amor de la clase media que por entonces estaba emergiendo en la vida social y política hispanoamericana. Neruda cambiaba mucho de escritura. Su juventud fue muy heroica, muy entregada a la poesía, con grandes dificultades económicas, de amor y de soledad. Llegó a ser un embajador lleno de honores y un hombre muy reverenciado en todo el mundo. Después de esos bellos poemas escribe un libro bajo el influjo del surrealismo, porque comenzó en 1974 cuando se publica en el país el “Manifiesto surrealista” de André Breton, que en parte es traducido y difundido en Chile; Neruda lo lee y hace un libro llamado “Tentativa del hombre infinito”. Todo el mundo esperaba que con el éxito de los “Veinte poemas de amor” siguiera escribiendo poesía amorosa, pero cambió completamente, y ahí mismo comienza a escribir unos poemas muy herméticos, muy difíciles, que son los que van a formar los dos libros que se llaman “Residencia en la tierra”.
Por fin logra Neruda que lo nombren cónsul honorario en Ceylán, en unas condiciones muy malas, no tenía sueldo, apenas comisiones sobre lo que facturara en la prestación del servicio. En el oriente es cuando escribe esa obra mencionada, en dos tomos,“Residencia en la tierra”, unos poemas muy expresivos, muy herméticos, muy románticos y bajo el influjo, se me ocurre, de la poesía expresionista, esa poseía que quiere reflejar una visión deformada de la realidad. Escribe esos poemas que son considerados en general surrealistas; para mí no son surrealistas, sino más del expresionismo. Después de estar en el oriente, regresa a Chile y logra que lo vuelvan a incorporar al servicio consular, pero en España. Desde el oriente él mandaba esos poemas a algunos poetas amigos, entre otros a Rafael Alberti, poeta español, el cual divulgó mucho esos poemas tan herméticos, muy difíciles, que en España causaron una gran sensación en el círculo de los poetas de la generación del 27. Primero fue cónsul en Barcelona y luego lo trasladan a Madrid. Los poetas españoles lo rodearon con una gran admiración, tanto que solían publicar una revista de poesía, con el nombre “Caballo verde para la poesía” y lo asignan como director de ella.
El caso de Neruda fue muy singular en la poesía de idioma español. Duró dos años y medio en Madrid hasta que estalla la guerra civil española. Neruda se había casado primero con una holandesa, María-Antonieta Hagenaar, después quiso casarse con la muchacha que lo inspiró a escribir los “Veinte poemas”, quien prefirió seguir su carrera de pedagogía, y no se casó con él.
Neruda siempre se enamoraba de mujeres mayores. En Madrid encuentra a Delia del Carril, hermana de la esposa de ese gran escritor Ricardo Güiraldes, el autor de la novela “Don segundo sombra”. Delia a pesar de ser de la aristocracia, era muy avanzada en materia política, comunista por demás, y dicen aquellos que conocieron esa intimidad, que ella fue quien hizo comunista a Neruda. Cuando estalla la guerra civil española entonces, todas las simpatías de Neruda eran por la República española, contra la insurrección de los militares, que finalmente triunfó con Franco a la cabeza. Neruda escribe un largo poema que se llamó “España en el corazón”, y como consecuencia el gobierno chileno lo retiró del servicio consular por su intervención política en otro país. De esa manera comenzó su poesía política, que duró mucho tiempo con ella, abandonado el camino de “Residencia en la tierra”.
La relación de Neruda con los poetas de la generación del 27 ocurrió por esa permanencia suya en Madrid. De recordar sería la polémica muy sonada que tuvo con el viejo poeta Juan-Ramón Jiménez.
– ¿Y qué puede decirse de influencias de unos en otros de esos poetas del 27?
Todos ellos siguieron con su propio camino. Jorge Guillén fue un inmenso poeta, lo es también Salinas; Lorca es un poeta muy grande, muy importante, así yo guste poco de ese neo-popularismo de él, pero en todo caso es un poeta muy importante, y el teatro de García-Lorca es de una gran belleza, tal el caso de “Bodas de sangre”. Neruda siguió su camino aparte. No se puede hablar de la influencia de uno sobre el otro; cada uno tenía su camino.
– ¿Qué otros poetas latinoamericanos y colombianos tienes presentes, por sus lineamientos estéticos?
Todos tienen su línea, desarrollan su propio pensamiento poético. Está Vicente Huidobro con su teoría del creacionismo, que dice que el arte es una invención que no tiene que ver nada con el mundo de la realidad. Borges con esa poesía llena de motivos metafísicos, Neruda con todo esto que he mencionado de las diferentes fases de su mundo poético. En Colombia León de Greiff es también un vanguardista; es un poeta surgido dentro del modernismo, pero también se impregna del mundo de las vanguardias; en 1915 comienza a escribir en Medellín una poesía vanguardista. De manera que todos estos poetas, cada uno tiene su propia actitud y pensamiento; es muy importante la poesía latinoamericana, poetas tan notables como César Vallejo, y algunos otros son poetas brillantes, y cada uno tiene su mundo poético.
– Hay un tema ineludible, el de la relación entre la poesía y la política, pensando por ejemplo en caso de Neruda, quizá un poco en César Vallejo…
Neruda tiene poemas políticos muy malos, pero tiene también poemas políticos muy buenos. Neruda fue un grande en todo. Otros han caído, dijéramos, en el no significante espiritual poético; el caso más notorio es el de César Vallejo, quien escribió poemas en París que en el fondo si tienen significado político; decía que la misión del poeta era cuidar esas nebulosas políticas, la formación de una nueva concepción del mundo del hombre, pero tratando el asunto de una forma exclusivamente poética y artística, no haciendo jamás propaganda de ideas políticas.
Vallejo fue un inmenso poeta aunque se comprometió con el comunismo; cuando llega de treinta años a Francia, en 1923, se afilia a una asociación que se llamaba “Amigos de la Rusia Soviética”; y después en 1931 cuando va a España se afilia al partido comunista, y sinembargo Vallejo nunca escribió como él decía, poesía creadora de neurosis política. Nunca escribió poesía partidaria, de publicidad o promoción política. Vivía muy preocupado como ciudadano del mundo de la situación política, pero su poesía es un mundo exclusivamente suyo, muy interior.
– ¿Tiene la tradición en la poesía un especial valor?
Si en la poesía no hay tradición, no hay nada. Todo se lo debemos a la tradición, eso es indiscutible. La poesía barroca por ejemplo española es una cosa extraordinaria. En la poesía española hay una gran tradición. Todo poeta se forma con la tradición de la poesía de su lengua.
– Para terminar, un joven estudiante le pregunta: ¿Cómo fueron sus comienzos en la poesía?
Por ahí desde los catorce años; no fui demasiado precoz tampoco. Me inspiraba en la vida cotidiana. Los aspectos misteriosos de la vida humana han sido también una preocupación constante en todo poeta. Esa es la poesía, una referencia a esos aspectos misteriosos de la existencia que también se muestran mucho en la vida cotidiana; y desde luego los temas eternos, el amor, la muerte, el sueño, la mujer, entre otros.
En esta breve respuesta se demuestra la extrema discreción de Charry-Lara, sin expandirse en detalles de sus inicios en la poesía. Al respecto, conviene acudir a esa memoria que escribió al final de su poesía total “Llama de amor viva”, bajo el título “Sobre mis primeros poemas”. Alude a las lecturas influidas por su padre y sus hermanos mayores, relacionadas con relatos novelescos. Recuerda de niño haber hojeado un número de la revista “Universidad” que estaba dedicado a José-Asunción Silva, con retrato en su lecho de muerte y un manuscrito de sus nocturnos, que le impresionaron, y sin vacilación sigue afirmando que Silva es el más entrañable de la poesía colombiana. También cuenta haber tenido en casa las “Rimas” de Bécquer. En esos recuerdos refiere haber conocido a José-Eustasio Rivera, cuando de siete años acompañaba por la calle a su padre, quien al encontrarlo le habló largamente, y un año después tiene también ocasión de verlo muerto, cuando el féretro se expuso en el Capitolio Nacional, una vez repatriado Rivera de sus tristes días finales en Nueva York. De ese impacto aunado al conocimiento posterior de su obra viene el bello poema “Rivera vuelve a Bogotá”, escrito varias décadas después: “…/ un niño que no ha visto un muerto/ y lo ve en un salón entre voces y lámparas/ Un niño que contempla turbado/ borrosas nubes/ eternamente solas por aquella frente/ es el extraño que ahora/ cuando han pasado tantos años/ trae efímeras al recuerdo estas cosas.”
En los años finales de su bachillerato frecuentaba por las tardes la Biblioteca Nacional de Colombia, por entonces ubicada en el que hoy es “Museo Colonial”, con dedicación a la lectura de viejos suplementos de los periódicos publicados en Bogotá, de contenidos con gran calidad literaria. En la misma Biblioteca accedió al conocimiento de obras de los poetas del 27 español, con fascinación por el “tono de libertad y rebeldía”, con especial atracción por Luis Cernuda y Vicente Aleixandre.
Como estudiante de Derecho en la Universidad Nacional de Colombia acentuó las lecturas, los diálogos y las caminatas nocturnas, repasando en la memoria los versos de Antonio Machado, León de Greiff, Xavier Villaurrutia, Aurelio Arturo,… Y fue asiduo oyente de la música clásica en radioemisora de calidad, con deleite por las obras de Mozart, Schubert, Brahms, Schumann, Grieg,… sin ocuparse de la influencia de la música en poesía, más bien concibió sus formas y expresiones como diferentes. Pero sí concibió el sonido en la poesía que influye en los sentidos, con preponderancia del significado que el entendimiento discierne. Y concibió desde esos tiempos la emoción como fundamental en la poesía, en especial en su forma lírica. Se preocupó más por lo expresivo del verso que por su arquitectura formal.
Charry-Lara se desempeñó como director de Extensión Cultural (1947/48) en la Universidad Nacional de Colombia, en el rectorado inolvidable de Gerardo Molina, donde gestó la venida de Pedro Salinas, con quien compartió diálogos en varias semanas, obteniendo por él admiración y afecto. Por igual tiempo compartió en Bogotá con Luis Cardoza y Aragón, así como tuvo especial recepción de Vicente Aleixandre de su primer libro, “Nocturnos y otros sueños”. Asimismo tuvo correspondencia con Luis Cernuda. De ahí su apego y conocimiento a esas grandes figuras de la poesía en el mundo hispánico.
La poesía de Charry-Lara es para leer en voz baja, para la intimidad, quizá acompañada de un sonido lejano de violonchelo. Es melodiosa, delicadamente sensual, amorosa, atrapa los sentimientos profundos y juega con la creatividad insondable en el misterio de la palabra. Su poema “Lobreguecer” es de mi mayor cercanía: “Si un instante incendiados tus hombros/ bajo la llamarada impalpable de una mano/ mano de llaga y de lluvia y de llanto/…”, que lo dispongo en su manuscrito autógrafo. Y hay un estremecedor poema, testimonial de la horrorosa violencia que hemos padecido, intitulado “Llanura de Tuluá”, donde se refiere a una pareja avistada a la orilla de la carretera, tendida en el suelo, que parece disfrutar del amor, pero ya en cercanía se trata de una pareja asesinada, con la expresión del poeta: “Debieron ser esbeltas sus dos sombras/ de languidez/ adorándose en la tarde.”
Charry-Lara sostuvo correspondencia con destacadas personalidades de las letras, en especial cruzó comunicaciones, entre 1947 y 1977, con Luis Cernuda, Vicente Aleixandre y Pedro Salinas, que no han sido rescatadas en su totalidad. Apenas cinco de Cernuda se publicaron en la revista “Gaceta” de Colcultura (No. 34, Bogotá, junio de 1996), y otras muy pocas de los tres referidos se incluyeron al final del volumen “Antología poética” de F.Ch.L., publicado con la guía de Juan Gustavo Cobo-Borda en Ediciones Igitur (España. 1997), colección dirigida por Ricardo Cano-Gaviria y Rosa Lentini.
En carta de Cernuda del 1 de julio de 1948, fechada en “Mount Holyoke College South Hadley Mass.”, se ocupa de comentarle el ensayo que recibió de Charry acerca de la poesía de Aleixandre, donde el autor considera a ambos como poetas románticos o neo-románticos. Cernuda discrepa de esa consideración en su caso, y le dice: “¿Pudiera decirse ahora que la calificación de romántico le va justa? A Alexandre sí, a mí no –aparte de que mi simpatía por el romanticismo sea en extremo limitada.”
Vicente Aleixandre a su vez le escribe el 15 de junio de 1947, desde Madrid, valorando el ensayo que Charry publicó sobre su poesía, y se refiere a él en los siguientes términos: “He leído despacio, bien a gusto, su estudio sobre mi poesía que me parece penetrante, certero, lleno de sugestiones y para mí interesantes puntos de vista. Es conmovedor ver el adentramiento que hace usted en mi poesía… Ha hecho usted un estudio breve, pero enjundioso, apretado, intencionado, lleno de inteligencia y de amor que a mí me ha satisfecho mucho y en donde yo (aparte de sus amables frases) me he reconocido en muchas de sus sugestiones.”
Aleixandre desde Madrid, le escribe el 1 de marzo de 1962, donde le expresa: “Le he visto a vd. escribir, con talento y verdad, crecer y formarse… El ensayo sobre Cernuda es importante: una admirable pieza crítica, porque es honda, reveladora y concebida y expuesta desde muy personales perspectivas.”
El mismo Aleixandre en carta del 26 de noviembre de 1963, desde Madrid, le comenta el libro “Los adioses” de Charry, con el trato de ser “una cosa hermosa, atravesada de esa ley de destino que hay en su poesía. Aquí, para mi gusto, culminante, pues lo creo hasta ahora lo mejor suyo, trasminando pesadumbre y amor en los términos más intensos de su poesía. Sin duda a usted le proporcionará vivas satisfacciones, muy legítimas, y espero que a la poesía colombiana el gozo de reconocerse en usted como una de sus voces definitorias.”
Pedro Salinas también alude en términos encomiables a la poesía de Charry. En carta del 2 de mayo de 1949, le dice: “Tiene vd. lo principal en un poeta: una dirección visionaria, un modo de acercamiento a las cosas, suyo. Eso da a sus poemas una tonalidad de atmósfera, en la cual queda el lector inmerso, poseído, que es lo importante. Su poesía es arriesgada: tanto mejor…. Y sabe vd. mantenerse en delicado equilibrio entre esa imprecisión tonal, la atmósfera de su poesía, y esa realidad de contenido de cada poema.//… Me gusta mucho su voz: la encuentro en la tradición de Bécquer, de Silva, de Aleixandre, de Cernuda, magnífico linaje al cual añade vd. una sensibilidad muy personal y delicada.”
Interesante recordar que cuando Charry-Lara publicó su primer poemario, “Nocturnos y otros sueños”, al poco tiempo conoció en Bogotá al muy joven Fernando Botero que contaba con diecinueve años de edad, ya en actividades de dibujo y pintura; le regala un ejemplar del libro y pasada una semana Botero se lo regresa con preciosos dibujos en cada página de los poemas. Ejemplar maravilloso conservado por el poeta y que fue rescatado para muy bella edición en 1991 por “El Áncora Editores”, en formato de 25×34 cms., en pasta dura, de colección.
En 1985 se publicaron dos volúmenes, por parte de la “Nueva Biblioteca Colombiana de Cultura – Procultura – Presidencia de la República”, con el inteligente y laborioso protagonismo intelectual y de escritor de Fernando Charry-Lara: “Poesía y poetas colombianos” y “José-Asunción Silva, vida y creación”. En el primero se ocupa de estudiar a 24 poetas, agrupados en “Modernistas” (Tradición de Silva, Guillermo Valencia, Porfirio Barba-Jacob, José-Eustasio Rivera, Eduardo Castillo); “Los Nuevos” (León de Greiff, Rafael Maya, José Umaña-Bernal, Jorge Zalamea, Luis Vidales, Germán Pardo-García, Juan Lozano y Lozano, Alberto Ángel-Montoya); “Piedra y Cielo” (Aurelio Arturo, Arturo Camacho-Ramírez, Jorge Rojas, Gerardo Valencia, Eduardo Carranza, Carlos Martín), y los de la revista“Mito” (Héctor Rojas-Herazo, Álvaro Mutis, Fernando Arbeláez, Rogelio Echavarría, Eduardo Cote-Lamus) , con una advertencia previa por considerar poetas con vigencia en las primeras seis décadas del siglo XX, sin presumir de ser una antología de la poesía colombiana, con la selección personal complementaria de la poesía de los estudiados.
También antecede el capítulo de los “Modernistas” con un breve ensayo sobre José-Asunción Silva, en cuanto a su tradición. A Silva lo comprende poseedor de un mundo de sensaciones, con casi ausencia del mundo exterior y portador del escepticismo. Recuerda como Don Miguel de Unamuno se refiere a la poesía de aquel como de impacto en la poesía española, por ciertos “aires” y ciertos “tonos”. Califica Charry su obra de original, poblada de sombras y de sueños, consagrada al mundo de su intimidad, con apego a lo misterioso, pero a la vez destaca en ella la hondura y el rigor en la expresión.
A pesar de lo equilibrado de los análisis, no escapa la preferencia por alguno de los poetas. Descubre en León de Greiff las influencias de François Villon, de Manrique, Góngora y Quevedo, al igual que poetas clásicos antiguos, los románticos ingleses y alemanes, italianos, rusos y orientales, al señalar lo amplio de sus fervores en autores cuyas obras frecuentaba, pero exento de imitación. Considera que la frecuente alusión cultural e histórica en sus poemas llega a causar fatiga. Resalta que De Greiff creó extraños mundos y fue renovador en la versificación, con la constante del amor. Subraya la “predominante emoción mental, sus alusiones a la intimidad de su propia vida, su riqueza de lenguaje y de ritmos, su perseguida estructura musical, su funámbula pirueta sonora,…” Y Charry señala preferencia por “Variaciones alrededor de nada” (1936).
A Aurelio Arturo lo evoca con el entusiasmo que despertó desde un principio su poesía, con reminiscencias de los paisajes y aires del sur, territorio de su origen y, ante todo, por esa “rara combinación que logra del misterioso ensueño y melodía secreta.” Encuentra en su poesía una renovación de lo lírico, y expresa lo maravilloso de ella en gravedad, embeleso, transparencia.
A Jorge Gaitán, su colega y fundador de la revista “Mito”, lo exalta por su tenaz condición personal, recio en el carácter, dado al rigor con los demás y en lo personal, y de entrada anota una de las cualidades permanentes en su obra: “la hermosura de la palabra”. Repasa su obra en ensayo y poesía, para ponderar las características de aguda sensibilidad creadora. En el poema “Asombro” rebela su encanto con el misterioso poder del sexo. En otro poema “El libertino” encuentra “hermosura delirante”, en un vagar sonámbulo de la sed y la nostalgia del deseo. Refiere los poemas de los “Amantes” como el poeta refiere con belleza al erotismo como especie de “resplandor culminante de toda vida y de toda naturaleza.” Asimismo encuentra la fatalidad del destino como otro elemento obstinado en la poesía de Gaitán-Durán. Llega el momento en el desarrollo de su obra que la poesía se complementa con la prosa como ocurre en su último libro “Si mañana despierto”, y vuelve a los paisajes en la tierra de la infancia, con retención en la memoria íntima. Lo erótico, con galana belleza, campea en sus poemas, pero a la vez le asalta el tema de la muerte. Charry resalta como con el tiempo esa poesía ha ganado en comprensión de rigor y hondura, con los motivos propios de la lírica en contextos amplios.
La amistad de ambos lleva a Charry-Lara a comprender tantos momentos en la vida de Gaitán-Durán, ligados a la pulcritud intelectual y a sus compromisos éticos/morales con la sociedad. Y discernir con maestría sobre su bella y conmocionada obra poética. Cuando muere Gaitán-Durán en accidente de avión (21 de junio de 1962, en Pointe-à-Pitre), Charry le dedica una sensible y emocionante elegía: “A Jorge Gaitán-Durán”, donde expresa: “Ahora eres/ un puñado de estrellas y madrugadas”.
Más interesante aún la manera como aborda la poesía de Guillermo Valencia, cuya obra ha tenido connotaciones de grandilocuencia, con menosprecio de la intelectualidad. Comienza por señalar su obra de juventud que fue opacada por la vocación política y sus desempeños públicos. A los 25 años de edad recogió su obra poética, primero con el título “Poesías” y al año siguiente con el de “Ritos”. En 1914 en nueva edición agregó pocos poemas. También destacó en traducciones abundantes, de poetas chinos (del francés), de Goethe, de Keats, de Wilde (la célebre “Balada de la cárcel de Reading”) y algo de Víctor Hugo. Lo considera como un poeta modernista del siglo XIX que no alcanzó a influir con su obra en el XX. Resalta en su poesía la perfección formal, la sabiduría del lenguaje, la “acertada y deslumbrante adjetivación” y la manera como auna en el verso sentimiento y pensamiento. También Charry menciona que la poesía de Valencia no explora en la intimidad de su vida, ni en sus afectos, está referida a otros contextos históricos adquiridos de sus lecturas clásicas, con resultados admirables en la perfección formal de los versos, manifiestas las influencias recibidas de los románticos, parnasianos y simbolistas franceses. Concluye su estudio al decir: “Su ejemplo de rigor artístico, así su verso nos parezca hoy más sonoro que poético, se colocó entre los más altos que ha conocido la historia de la poesía hispanoamericana.”
El otro volumen aludido, de 1985, es una compilación de 44 ensayos sobre la vida y la obra de José-Asunción Silva, con rescate de estudios y artículos significativos, de personalidades como Sanín-Cano, Unamuno, Juan-Ramón Jiménez, Jorge Zalamea, Rafael Gutiérrez-Girardot, Alfredo A. Roggiano, Andrés Holguín, etc. E incluye, como es natural, ensayo suyo: “Divagación sobre Silva”, publicado antes en “Lector de poesía” (1975). Es de los más bellos escritos, con discernimiento atinado y mirada de época, al tratar de descifrar esa personalidad compleja y misteriosa, que califica como “uno de los poetas más colombianos que puedan pensarse.” Además, refiere que los románticos se ocuparon solo de manifestar sentimientos, mientras que Silva, ya simbolista, se ocupa de la complejidad de los estímulos sensoriales. Lo ubica como propietario de un temperamento introspectivo y analítico, y considera que Silva fue pionero en la poesía hispanoamericana en enfrentar , “con decisión y arrojo”, los problemas del lenguaje. Y evoca el “hechizo contagioso” del “Nocturno” (“Una noche, una noche toda llena de perfumes…”).
Personalidad grande y luminosa este Fernando Charry-Lara, singular en la historia de la literatura hispanoamericana, con todos los honores académicos, ajeno a los bastiones de la publicidad y a la subordinación en ventas de las editoriales. Su obra me acompaña en la mayor cercanía.
Anexo
Participación de Fernando Charry-Lara en la Revista Aleph
CHARRY-LARA, Fernando. Lobreguecer –poema (manuscrito autógrafo). Aleph 49, abril/junio 1984, p. 2.
CHARRY-LARA, Fernando. “Aulaga de la maralta”. Aleph 50, julio/septiembre 1984, pp. 19-21.
CHARRY-LARA, Fernando. Porfirio Barba Jacob. Aleph 56, enero/marzo 1986, pp. 20-24.
CHARRY-LARA, Fernando. Carta (manuscrito autógrafo). Aleph 57, abril/junio 1986, p. 71
CHARRY-LARA, Fernando. Blanca taciturna. Aleph 58, julio/septiembre 1986, p. 53.
CHARRY-LARA, Fernando. Constancia poética. Aleph 69, abril/junio 1989, pp. 5-6.
CHARRY-LARA, Fernando. Aire sobre el aire. Aleph 78, julio/septiembre, 1991, pp. 11-13.
CHARRY-LARA, Fernando. Una poesía insobornable y solitaria. Aleph 93, abril/junio, 1995, pp. 11-18.
CHARRY-LARA, Fernando. Decir la vida. Aleph 96, enero/marzo, 1996, pp. 10-11.
CHARRY-LARA, Fernando. Jardín nocturno (manuscrito autógrafo). Aleph 100, enero/marzo, 1997, p. 136.
CHARRY-LARA, Fernando. De la épica al modernismo en la poesía colombiana. Aleph 100, enero/marzo, 1997, pp. 137-142.
CHARRY-LARA, Fernando. Federico García-Lorca. Aleph 113, abril/junio, 2000, pp. 79-85.
CHARRY-LARA, Fernando. Meira Delmar: gracia y tersura. Aleph 114, julio/septiembre, 2000, pp. 2-6.
CHARRY-LARA, Fernando. Ostracismo e insensibilidad. Aleph 115, octubre/ diciembre, 2000, pp. 21-23.
CHARRY-LARA, Fernando. Luis Cernuda: la poesía como destino. Aleph 123, octubre/diciembre, 2002, pp. 7-17.
CHARRY-LARA, Fernando. Te hubiera amado. Aleph 131, octubre/diciembre, 2004, p. 3.
CHARRY-LARA, Fernando. Bécquer, umbral del Simbolismo. Aleph 135, octubre/diciembre, 2005, pp. 27-32.
CHARRY-LARA, Fernando. Carta a Pedro Lastra, del 4 de enero de 1993. Manuscrito autógrafo. Aleph 146, julio/septiembre 2008; p. 1
CHARRY-LARA, Fernando. Carta en manuscrito autógrafo dirigida a Armando Romero el 11 de marzo de 1982. Aleph 160, enero/marzo 2012; p. 34