La biotecnología en la Universidad Nacional
Moisés Wasserman L.
Intervención al entregar en servicio las plantas piloto de biotecnología y agroindustria en el «Campus-la-Nubia» de la Universidad Nacional – Sede Manizales, el 4 de diciembre de 2007.
Para la Universidad Nacional esta inauguración es un acto que evidencia su compromiso con el desarrollo regional y nacional, y con su inclusión en las tendencias científicas y económicas mundiales. La biotecnología ha sido reiterativamente presentada como una de las más importantes prioridades para el sistema colombiano de Ciencia y Tecnología.
Hay muchas razones para esto: la primera es que Colombia es un país de reconocida vocación agrícola y de una enorme biodiversidad. Pero esta afirmación no tiene el mismo significado que tenía apenas unos pocos años atrás. El producto agrícola tal como se cosecha es una base, pero no representa sino una pequeña fracción de su valor en los mercados internacionales. Incluso aquellos que no tienen una gran elaboración para su venta, llevan un inmenso valor agregado.
Unos productos son elaborados en forma que aumenten su tiempo de uso. Otros son concentrados para disminuir el costo de transporte y de manejo. Otros más se transforman en productos diferentes, más variados y de mejor recibo en ciertos países. Pero se va desarrollando además una tecnología anexa que permite seguimiento, caracterización y control de calidad. Los productos se embalan hoy, o algunos en un futuro muy cercano, con «microchips» en los cuáles está registrada en detalle la genética de la semilla, las características del suelo en el cual crecieron, el régimen de lluvias y de riego, las temperaturas durante su desarrollo, las fechas de cosecha y el tratamiento post cosecha y por supuesto un detalle preciso del recorrido hasta el lugar en el que será consumido. Eso no es simplemente un mejor sistema de control de calidad, es un sistema de información, diría bioinformación que cambia radicalmente el sistema de producción.
Cambia también el producto y le añade valor el sistema de empaque, el diseño de embalajes y medios de protección. Hace poco en una charla de la presidenta de la Comisión de Competitividad americana nos contaba a algunos rectores la siguiente anécdota: una muñeca Barbie cuesta en 20 dólares; es producida íntegramente en China por un costo inferior a 50 centavos de dólar. La pregunta obvia que nos hizo fue ¿quieren ustedes competir por los $0.50 del producto o por los $19.50? En esos $19.50 está todo el resto, el diseño, la logística de producción, la logística de distribución, de promoción y quien sabe que más. Algo parecido sucede en forma creciente con nuestros productos y podríamos hacernos la misma pregunta.
Pero lo que describía hasta hace un momento apenas tangencialmente podría llamarse biotecnología. La realidad es que el producto mismo tiene cada vez valores tecnológicos agregados de gran dimensión. Veamos algunos de los principales desarrollos que no son ciencia ficción sino la realidad de todos los días con la cual tenemos que competir si queremos que nuestra vocación no se pierda y que nuestros productos sean fuente de desarrollo y bienestar, y no de frustración:
Los problemas de ambiente sólo podrán resolverse con más tecnología no con menos. Nuestros clientes están evolucionando y nos pasan cuenta de cobro si no les demostramos que disminuimos los riesgos para su salud y para el ambiente de todos.
A unos pocos kilómetros de esta ciudad está el laboratorio de Cenicafé, donde secuencian los genomas de tres organismos relacionados. El café, la broca y un insecto vector. El conocimiento que obtengan permitirá llegar a nuevas variantes a un ritmo extraordinario. Salirle al paso a plagas viejas y nuevas. Las relaciones entre las características moleculares de esos organismos permitirá un nivel de manipulación biológica no visto.
El desarrollo de la biotecnología en el mundo está lleno de promesas que parecen de ciencia ficción. Nuevas plantas transgénicas que son resistentes a plagas y aumentan su productividad en órdenes de magnitud, al tiempo que disminuyen el uso de sustancias tóxicas para los animales y el medio ambiente. La muy cercana introducción de plantas fijadoras de Nitrógeno que disminuirán el uso de fertilizantes químicos. Productos industriales insospechados. Plásticos biodegradables, nuevos polímeros. Nuestro Instituto de Biotecnología en Bogotá, por ejemplo, ha desarrollado un polímero soluble y biodegradable de origen microbiano que puede ser usado con ventajas en algunos mercados para la preparación de cápsulas para fármacos. Se usan ya hace tiempo bacterias que degradan petróleo y plásticos. Se desarrollan nuevas materias primas, solventes preparados en plantas industriales biológicas, con una enorme disminución de temperatura y presión y por tanto con una reducción en costos de energía y en impacto ambiental considerable.
En el campo de alimentos ya se han introducido productos que permiten prever futuras revoluciones. La soya transgénica enriquecida en proteínas y en aminoácidos esenciales resuelve problemas mundiales de desnutrición, el arroz dorado que produce vitamina A es una solución sencilla, inmediata, para una avitaminosis que produce cerca de 10 millones de ciegos al año.
Es muy posible el desarrollo y distribución amplia de combustibles ecológicos provenientes de fermentaciones y extractos vegetales, y en esta región hay varios proyectos que van en esa dirección. Los precios del petróleo y el hecho de que sea un recurso no renovable, nos llevará, más temprano que tarde, a procesos que transformen a los combustibles biológicos en hidrógeno, tal vez por técnicas derivadas de organismos con hidrogenosomas.
En salud las aplicaciones son vastísimas: nuevos fármacos y fármacos viejos modificados y potenciados por medio de bioprocesos químicos. Síntesis barata de moléculas complejas con eficiencias no soñadas. Nuevos diagnósticos precisos y rápidos con altísima sensibilidad; biosensores capaces de medir parámetros metabólicos en forma permanente y de reparar o remplazar sistema de señalización hormonal deficientes.
Nos espera también la futura nano-biotecnología, procesadores más pequeños y más rápidos basados en macromoléculas orgánicas. Moléculas capaces naturalmente de transmitir electrones y de captar luz y convertirla en impulsos eléctricos al servicio de la electrónica más fina. La bioingeniería que incluirá pronto la construcción de tejidos, incluso la reconstrucción de nervios.
Esperamos también avances con efectos directos en la sociedad y en la organización de poblaciones y servicios sociales a través de la genómica y su impacto en el conocimiento de predisposiciones. Sistemas cada vez más sofisticados de identificación. Una epidemiología molecular de inmenso poder predictivo, que producirá información de poblaciones, con el efecto de permitir el desarrollo de poderosas políticas de Salud Pública.
En fin, los potenciales son absolutamente inmensos. Los peligros también. Hay que trabajar en los dos frentes. Conocer las potencialidades y buscar el desarrollo de aquellas que nos convengan, con un acercamiento ético riguroso que sólo es posible si se entienden bien los problemas.
Hay una conocida anécdota de Richard Feynman (uno de los físicos más notables de la segunda mitad del siglo XX). Contaba que en Hawai un monje budista le había dicho que cada niño nace con la llave del paraíso. El problema es que la misma llave abre la puerta del infierno. La tarea del niño es descubrir con responsabilidad qué puerta quiere abrir. Decía con esto que la ciencia es moralmente neutra, pero que todos los humanos, y los científicos a la cabeza, tienen la obligación de construir una capacidad de análisis ético y de dirigir los avances y los resultados para la producción de bienestar y no para generar daño.
Nuestro país tiene grandes ventajas en el ámbito de la biotecnología porque es un país tropical con una inmensa biodiversidad, y en el país la Universidad Nacional tiene ventajas adicionales. En Manizales hay un excelente grupo de biotecnología industrial, de agroindustria y de biocombustibles. En Palmira uno muy fuerte en mejoramiento genético y en nutrición. En Medellín tenemos Ingeniería Biológica, biotecnología agrícola e industrial y biocombustibles. En Bogotá tenemos genética humana, animal y vegetal, biotecnología microbiana e industrial, transgénesis y biotecnología agrícola y muchos otros campos. Nuestro deber entonces es estar presentes en estos desarrollos y trabajar para el bienestar de nuestro pueblo. Por eso el compromiso de la UN, por eso la definición regional de Caldas basada en esa vocación que debe ser hoy entendida en el sentido más amplio. La UN acompañará a los gobernantes de Caldas y Manizales en esa aventura de progreso.
