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Los 25 años de «Jornadas Juveniles»

Pedro [Zapata], yo lo conocí a usted a finales de los años 90 gracias a mi entrañable amigo Charlyz. Llegamos a la casa en el barrio Belén un miércoles o un viernes a una de las autodenominadas <<reuniones de jornadas>> donde nos encontrábamos <<pelados y peladas>> de numerosos colegios de la ciudad para conversar, reflexionar, filosofar, enamorar, recitar, escribir, y <<crear para la vida>> eventos de ciudad.  

En los <<Parloteos Distrueques de palabras>> escribimos en torno a la noche, el suicidio, zoología, entre otros temas. En el <<Libro de las Preguntas>> concebimos las que creímos esenciales: ¿cuántos dedos tiene la mano de obras?, ¿por qué las guitarras no tienen reversa?, ¿por qué el tiempo corre si no tiene piernas?, ¿existe algún sinónimo de flor? La ciudad fue <<sitiada por las palabras>> y el Bolívar Cóndor atestiguó los pensamientos, las historias, los mantras, las canciones, los hechizos y los poemas que fueron escritos sobre largos rollos de papel desplegado, como decretos aprobados por una consciencia divina, por un entramado de imaginación colectiva e inconsciente. Las tres versiones del <<Laberinto del Tiempo Vivo>> con las diversas muestras artísticas: ensayo, música, pintura, dibujo, técnicas de olvido y enamoramiento, tisanas para el mal de amores, grimorios sobre la parálisis del sueño. Siembra vertical del desasosiego, decoradores de relatos de ficción, interpretadores de sueños, domadores de emociones, fisiólogos del clima, y tantos otros que nos mezclamos bajo la idea de que el tiempo había muerto, pero podía ser resucitado, y una vez resucitado podía mantenerse vivo con las expresiones artísticas de los jóvenes. 

El tiempo revivido y resguardado en el laberinto de sentirse inmortal que otorga ser joven, ese río de ácido hialurónico y colágeno, de arquetipos imperfectos y pluripotencialidad.

Y mientras todo esto ocurría, sin quererlo, tal vez sin haberlo imaginado, se volvió el papá de muchos de nosotros, que por uno u otro motivo no teníamos uno. También fue cómplice, confidente, director técnico, cupido, juglar, profesor de histrionismo, maestro del billar a tres bandas, contador de relatos, romancero, psicólogo, filósofo práctico y vivencial. Potenciador de imaginarios, dinamo de sueños, titiritero, consejero cinematográfico, y con los años amigo entrañable, órgano vital, <<El Cucho>> universal.

Quién iba a imaginar que lo que comenzó una tarde de miércoles o viernes recitando un poema inspirado en los poetas malditos y el simbolismo, mientras usted me decía que tenía pinta de filósofo alemán (y por un instante me sentía superhombre, super-joven o algo así) iba a convertirse en una larga amistad donde tendría la oportunidad hasta de ser uno de sus médicos de cabecera, esperando un evento como este para insinuar que ya terminé la cuenta de mis honorarios pendientes. 

Fueron diversos los personajes que pasaron por <<las jornadas>>. También los saberes, las sensaciones, las emociones, las amistades y las experiencias otorgadas bajo el influjo del delirio y las palabras, como un ciclotrón que acelera el ser, lo limpia y lo encapsula liberándolo para que exista pleno en el mundo de la vida.

El listado podría ser interminable y abarca la música, el cine, la poesía, la filosofía y el teatro: Sabines nos develó que <<los amorosos callan>>; la ceguera blanca y súbita del libro de Saramago y sus reinterpretaciones del mito de <<La Caverna>>; la poética profunda y desgarradora de Iván Cocherín que dejó mi <<Carapintada>> al mostrarme que el humor honesto es vigilado por el dolor visceral e imborrable. El Lunapark entero pidiendo la muerte de Omar Viñole, el artista performer e intelectual que solía pasear por Buenos Aires con una vaca. Las puertas del teatro Los Fundadores derribadas por un público psicótico deseoso de escuchar la cadencia somnífera de Neruda. La historia cuenta que en la zona de tolerancia de la ciudad, el hombre de <<Isla Negra>>, borracho, recitó sus poemas parado sobre bultos de café. Las magníficas historias de <<Ticotico>> y Arenales donde era costumbre comer sancocho a las tres de la madrugada, y que me recuerdan, cucho, sus historias de infancia y los relatos del primer Borges, donde malevos y cuchilleros, activos o retirados, eran personas honorables. El parlamento de Turín reflejado en los zapatos de Gianni Vattimo, la sensación de que cada vez que Hugo Zemmelman hablaba mi cuerpo y mis pensamientos eran embestidos por un toro de una tonelada, el ron remojando las palabras de Carlos Perea y los poemas esquizoafectivos de Mercedes (y el amor de su hija Luna), la oportunidad de recitar poemas creacionistas junto a William Ospina; la poderosa miopía de Fernando Savater, su caminata solitaria y misteriosa por el centro de esta ciudad, sus pabellones auriculares de gran tamaño que me permiten asegurar que ahora mismo nos está escuchando.

Enrique Buenaventura. Matacandelas. Malena, El Cartero y la banda sonora de Luis Bacalov que me produce saudade. Billy Eliot, La Vida Es Bella, Kramer Vs. Kramer, Los Coristas, El Ladrón de Bicicletas, La Lengua de las Mariposas y toda la filmografía de Chaplin, desde la danza de los panes hasta el gran dictador jugando con una pelota inflable que representa al mundo.

La diáfana simpleza de los pensamientos de Guarín y Contreras en la evolución de jornadas en lo que fue <<Pensamiento sin Fronteras>> y después, como diría Charlyz, en pensamiento sin Contreras. Lyotard, Derrida, Delease, Guattari, Baudrillard, de nuevo Vattimo, nos revelaron que la <<condición posmoderna>> critica la racionalidad y la tradición y procura reinterpretar los textos y la historia usando la fenomenología, el existencialismo, el psicoanálisis y la lingüística.

Cucho, pasados los años y analizados en retrospectiva, siento que una de las ideas que más nos repitió y nos sigue repitiendo cada año es que huyamos del <<manizaleñismo>>. Hay que salir a conocer el mundo y me gusta imaginar que la propuesta es: ser contrabandista de opio en Marruecos, monje o traficante de armas en Etiopía como el <<vidente>> de Rimbaud, sadhu en las orillas del Ganges, futbolista en la segunda división de Emiratos Árabes, catador de ajenjo, monstruo en una feria itinerante, limpiador de fuentes de los deseos, trenzador de pelo en Aruba, cantante de Reguetton en Puerto Rico, revolucionario exiliado, reaccionario con las tres comidas diarias, peleador de sumo, Ronin o emprendedor, youtuber sin techo en la China, parlamentario en Italia, taquero en México, o poeta universal de versos eternos.

Aquí sigo cucho, aquí seguimos, porque me enamoré, porque el amor de mi vida es el centro de una esfera que está en todas partes, porque como diría Silvio Rodríguez:<<amo a una mujer clara que amo y me ama sin pedir nada, o casi nada>>. Porque:<<soy un hombre feliz y quiero que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad>>.

Sigo aquí cucho, viendo como los años pasan y el brillo de sus ojos sigue reflejando las primeras líneas que pronunció la primera vez que el telón subió y actuó frente a un público eterno. Citando a Jonuel Brigue:<<en palabras fui engendrado y parido, y con palabras me amamantó mi madre. Nada me dio sin palabras. Cuando yo comencé a preguntar qué es eso, no pedía la ubicación de una percepción en un concepto; pedía la palabra que abrigaba y sostenía aquella cosa, para sacarla de la orfandad, para arrancarla de la precaria existencia suministrada por la palabra cosa, indiferente y perezosa madrastra, y restituirla a su hogar legítimo, su nombre, en el mundo firme de mi lengua>>.                              

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Edición No. 209