Mario Calderón-Rivera: el humanista y el pensador
Conocí al doctor Mario Calderón en 1979 cuando se desempeñaba como Gerente General del Banco Central Hipotecario y tuve la oportunidad, desde ese momento, de asistir a numerosas conferencias y foros sobre la región y el país y leer sus juiciosos artículos y ensayos que abarcaban un amplio espectro de temas: la dimensión económica y social del ecosistema cafetero, compromiso con la guadua y el arboloco, interrelación de la región cafetera con el país y el mundo, necesidad de repensar los modelos productivos, el pensamiento ambientalista, los retos de la región y del país, y el porvenir de la humanidad.
Digo lo anterior para afirmar que cuando me propuse rastrear la vida y obra del doctor Mario Calderón ya conocía una pequeña parte de su producción académica e intelectual, sobre todo lo que tenía que ver con la región caldense. Lo más difícil fue hacer el seguimiento a su vida profesional y su transformación en humanista y pensador.
Estaba recién graduado de abogado-economista de la Pontificia Universidad Javeriana cuando fue nombrado Secretario del Consejo de Ministros, durante el gobierno de Alberto Lleras Camargo, primer presidente de Frente Nacional. Por estos días contrajo matrimonio con la dama bogotana Edna Luz Acebedo López, quien había estudiado periodismo y literatura.
El 1959 el gobernador de Caldas, Gilberto Arango Londoño, lo vinculó como Secretario de Hacienda, se relacionó con el diario La Patria y empezó a familiarizar a los caldenses con sus proyectos de desarrollo para la región; en este punto publicó su primer libro Caldas, diez años después del informe Currie.
Desde 1960 participó en el proceso de industrialización de Manizales. Por invitación de los hermanos Gómez Arrubla inició el montaje de la “Industria Colombo-Alemana de Machetes”, como gerente; luego llegó por primera vez a la Presidencia de la Cámara de Comercio de Manizales y, cuando el gobernador José Retrepo Restrepo creó la Corporación Financiera de Caldas, se involucró de lleno en esta etapa de la primera industrialización.
En este momento ya era una de las personalidades más visibles del departamento. Después fue asesor de varios organismos internacionales y embajador temporal de Colombia ante la Asamblea de Naciones Unidas, en Nueva York. Estos cargos y asesorías le permitieron conocer diferentes culturas y aprender varios idiomas. Había estudiado latín y griego en el colegio y hablaba bien inglés, francés y portugués
En 1979 llegó a la Gerencia del Banco Central Hipotecario y se le recuerda, especialmente, por tres programas a los que dedicó mucho esfuerzo y entusiasmo: la reconstrucción de Popayán por el terremoto de marzo de 1983, la aplicación de la energía solar para el calentamiento de agua en vivienda social y los proyectos de renovación urbana en varias ciudades. Por estos programas tuvo reconocimiento nacional: el diario La Patria lo exaltó como Caldense del año 1980; la Sociedad Colombiana de Arquitectos lo declaró Arquitecto Honorario en 1988; y la Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales lo condecoró con la Medalla al Mérito Cívico 1991; se tuvo en cuenta su visión de futuro y el liderazgo regional y nacional.
Durante el gobierno de César Gaviria fue nombrado Embajador en Grecia, dignidad que desempeñó durante dos años. Asumió el cargo con tanta responsabilidad y fue tan visible la gestión, que el gobierno griego lo exaltó con la máxima distinción que le otorga a extranjero alguno, la Gran Cruz de la Orden Fénix, primer latinoamericano en recibirla hasta ese momento.
A mediados de los años 90 el doctor Mario Calderón era miembro del grupo técnico asesor de la Comisión Latinoamericana y el Caribe, BID-PNUD, sobre los asentamientos humanos, para elaborar el documento La ciudad para todos. Por esta época era consultor de la cooperación de Canadá en Colombia, para la revisión del informe final del proyecto sobre la cuenca del río Risaralda y en este ambiente académico se dedicó a estudiar el ecosistema cafetero, tema sobre el cual ofreció numerosas conferencias y logró impactar la sociedad civil, desde la tribuna de la Sociedad de Mejoras Públicas y en el medio universitario, pues se trataba de la reinterpretación de nuestro sistema cafetero. Como consecuencia contribuyó a que se realizaran investigaciones sobre la guadua, el arboloco, el yarumo y acerca de las bondades de la finca autosuficiente de los campesinos tradicionales.
Para esta época era Miembro del Club de Roma, hacía parte del Consejo Directivo de la Fundación Santillana para Iberoamérica y consultor del PNUD, Miembro del Consejo Superior de la Universidad Autónoma de Manizales y Presidente Ejecutivo de la Cámara de Comercio de Manizales. Desde esta tribuna organizó en la ciudad el V Congreso Mundial Zeri y fue el gestor y promotor del proyecto Pabellón de Guadua del Recinto del Pensamiento, con el arquitecto Simón Vélez y con Gunter Pauli, para lograr su presencia en la Feria de Hannover 2000, como pabellón Zeri.
Ya se había convertido en líder y en destacado intelectual y era respetado en el país y reconocido internacionalmente. En este punto, el 31 de mayo de 2001, el Consejo Superior de la Universidad Autónoma de Manizales le otorgó el título de Doctorado Honoris Causa en Ciencias Sociales, teniendo en cuenta la formación, vida académica y profesional, su pensamiento universal y visión de largo alcance, atributos que lo convirtieron en soñador, en pensador y en hombre de acción. Su brillante pluma como autor de juiciosos estudios sobre temas regionales, nacionales y del mundo, publicados en periódicos, revistas y libros, lo mostraban como un destacado pensador. Pero la universidad tuvo en cuenta, además, al humanista que trazó caminos que conducen a un desarrollo sostenible, ayudando a encontrar en nuestro rico ecosistema las mejores opciones de trabajo y calidad de vida y reales alternativas para alcanzar la seguridad alimentaria.
En la medida en que el doctor Mario Calderón Rivera maduraba en su vida profesional, se sumergía en las lecturas de pensadores de la dimensión de Theilard de Chardin, Edward O. Wilson, Pauli Gunter, Karl Popper, Edgar Morin y Arne A. Wyller; al mismo tiempo se vinculó a instituciones de educación superior, como la Universidad de Caldas, el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario y la Universidad Autónoma de Manizales, pero nunca abandonó la publicación de artículos en periódicos de circulación regional o nacional, como El Siglo, La Patria, El Tiempo, La República y Portafolio.
Desde 1980 emergió el humanista y el pensador, fueron apareciendo sus hipótesis y teorías sobre el futuro de la región, del país y del mundo. Escribió numerosos artículos y ensayos y ofreció centenares de conferencias sobre temas de vital importancia: crisis estructural de la caficultura colombiana; la finca autosuficiente de la cultura cafetera; el capital natural del ecosistema andino; el capital social legado por el proceso de colonización antioqueña; el café como cultivo de sotobosque; la colonización antioqueña y la autosuficiencia alimentaria; la “revolución verde” del café, contra la finca autárquica; el desabastecimiento alimentario de la región cafetera; la ecorregión estratégica del Eje Cafetero; los Distritos Agroindustriales de Caldas; la reforestación de las microcuencas; sobre las diversidades biológicas del Eje Cafetero… y numerosas propuestas sobre los retos del departamento, de la región (Caldas, Risaralda y Quindío), del país y sobre el porvenir de la humanidad.
Finalmente, quiero agregar que en la medida en que hacía el rastreo documental para escribir este esbozo biográfico, encontré suficiente material producido por su brillante e incansable pluma para pensar en la creación de la “Cátedra Mario Calderón Rivera”. La publicación de la presente obra, por parte del diario La Patria y de la Universidad Autónoma de Manizales, así como los numerosos artículos que se han escrito sobre este humanista y pensador, son pasos importantes en esta dirección.