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Educación desde la Ciencia. A propósito del libro «La educación en Colombia», de Moisés Wasserman

En tiempos de crisis es necesario propiciar actitudes constructivas, con serenidad de espíritu, argumentación racional y pensamiento crítico, sin tragar entero el cúmulo de informaciones que circulan. Para todo eso se requieren liderazgos intelectuales, académicos, científicos, sociales,… Y esos liderazgos no pululan, no se encuentran volteando la esquina. Pero por fortuna de pronto afloran y se sostienen palpitantes en la opinión pública, sin sesgos políticos ni religiosos. Pensamiento crítico, es decir, actitud de libre examen, se requiere para discernir las cuestiones de manera desapasionada, que permita enunciar los problemas y dar enfoque para de manera colegiada o colectiva se encaminen las soluciones.

Lo anterior lo digo para destacar la personalidad de Moisés Wasserman, científico, académico, humanista, educador, voz pública. Quizá muy pocos no sabrán de quien se trata. Desde su rectorado en la Universidad Nacional de Colombia alcanzó amplia proyección por sus planteamientos, sus estudios, sus ideas. Y como columnista semanal de prensa, se ha ocupado, con grata escritura, de variados temas que maneja con información, inteligencia y soltura. Su liderazgo se ha construido por su calificada voz pública, de pensamiento sosegado y con posiciones esclarecedoras. Ahora ha publicado el libro “La educación en Colombia” (Ed. Debate, Bogotá 2021), con planeamiento y desarrollo de enfoque didáctico, para la lectura de todos, quienes deseen informarse y comprometerse con el proceso más fundamental y crucial en el necesario desarrollo humano, la Educación.

Wasserman nos recuerda los orígenes en las maneras de formar personas, remontándose incluso a los procesos evolutivos hasta configurar la especie que somos, humanos, verdaderamente humanos, en el buen deseo. Con maravillosa capacidad de síntesis recuenta las modalidades en el surgimiento de la educación, de cómo al irse armando las sociedades entre ellas se congregaban propósitos de adquirir conocimientos para la sobrevivencia, incluso con la modelación de artefactos y de procedimientos cada vez más afinados, en una historia de siglos y siglos. Nos recuerda la manera como Sócrates afrontaba los diálogos con interrogantes que encadenados daban lugar a obtener verdades. De este modo asevera Wasserman que esa era la excelencia de Sócrates, maestro: sembrar dudas.

Toma referencia en los animales para mirar de qué manera ellos se comunican y aprenden en los niveles de sus necesidades, un proceso de educación modelado en rutinas e innovaciones. Trae los ejemplos de los primates, los elefantes, los suricatos, las aves, para destacar los juegos que introducen como promotores de conductas y el surgimiento de lenguajes mutuamente comprensivos. Muestra los desarrollos de la memoria que en los humanos ha evolucionado desde pequeños tamaños hasta las condiciones del cerebro que poseemos hoy. E introduce su relación con el lenguaje que de ciertas formas permite memorizar más fácil, es el caso de los ritmos y las rimas.

En las comunidades aborígenes de América también aprecia sus propios destinos en la educación, para las invocaciones, la conservación de tradiciones, los comportamientos necesarios en la vida diaria, en familia y en colectividad, incluso la preparación para la defensa y la guerra. Beligerantes que somos desde siempre. Repasa lo ocurrido en civilizaciones de Egipto, Grecia, Roma,… para desentrañar la configuración de las condiciones de maestro y de alumno. En los hebreos apuntala la tradición de ser el “pueblo del libro” por el soporte y vigencia de la Biblia en su larga tradición.  En esos desarrollos hace notar la conexión de religión y sociedad, hasta pasar por tiempos donde la racionalidad se aclimataba al margen de cualquier fe, para explicar los fenómenos, para encontrar conocimientos nuevos, y para la interrelación. Difícil el proceso histórico, pero con avances que hace notar.

Wasserman se precia de ser optimista, y ejerce. En sus relatos no oculta los pasos en falso que se han dado, pero destaca en prioridad los avances reales, en todos los campos, a partir de señalar la Educación como el potencial humano más determinante para alcanzar logros de beneficio común. Su libro tiene una estructura sistemática y nos va llevando paso a paso por capítulos y apartados de manera progresiva. Expone con brevedad ilustrada el sistema de la educación en Colombia con soportes en la Constitución de 1991, la “Ley General de Educación” (Ley 115 de 1994), con las conquistas de destacar: libertad de enseñanza, aprendizaje y cátedra; investigación científica, cultura y creación artística. La educación como derecho y servicio público. La autonomía escolar. La educación privada. Los objetivos de formar la personalidad, la responsabilidad, el comportamiento ético, participativo y democrático.

Destaca que la “Ley General de Educación” ha tenido efectos en el avance de la educación básica y media en el país, sin desconocer los vacíos que tiene, merecedores de ser enmendados, en procesos participativos que han conseguido otros desarrollos de mejoramiento continuo. Como soporte de la organización de la Educación Superior señala la Ley 30 de 1992, valorando sus alcances y haciendo notar sus limitaciones, como ocurre con la evolución de los presupuestos que han quedado con el soporte de 1993 incrementados a pesos constantes cada año, pero que no se tuvieron en cuenta los desarrollos de las instituciones con ampliación de cobertura, dotaciones de laboratorio y tecnológicas, instalaciones físicas, preparación de docentes en los más altos niveles, atención de los estudiantes de más bajos recursos. Problema que las universidades afrontan cada año, en debates sustentados con los gobiernos. Aún así, las universidades presentan desarrollos notables, que muestra el autor con cifras.

Hay un tema sustantivo que Wasserman ha expuesto en sus columnas, en conferencias y ahora en el libro: la educación para la primera infancia, es decir de cero a cinco años, en responsabilidad del Estado. Asunto que también corresponde a las recomendaciones de la “Misión Internacional de Sabios 2019”, de la cual el autor hizo parte. El argumento fundamental está en los avances de la neurología y la psicología, que señalan a los primeros cinco años como definitivos en el desarrollo neuronal, en la formación intelectual y de la personalidad.

El autor pasa revisión a los tres planes decenales que se han sucedido desde 1996, enumerando sus características de ambición, pero a la vez haciendo notar que se trata en ellos de orientaciones generales, no vinculantes para los gobiernos. Entre los enunciados que destaca están la formación de educadores, fomento de la investigación, construir una sociedad en paz, preocupación por la educación rural,…

En el tema de Universidades muestra la paridad que hay en número de alumnos de las públicas y privadas. Destaca la existencia, desde el 2003, de la “Comisión Nacional para el aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (Conaces)”, con dos misiones específicas: el registro calificado para ofrecer programas, y la acreditación. Pero el Ministerio de Educación Nacional tiene la función suprema de vigilancia, con alcance mayor en los enunciados que en la realidad.

Hay dos capítulos en el libro en los que se dedica a examinar lo alcanzado en educación, con el título “El vaso medio lleno”, y el otro para mostrar las carencias, todo lo que nos falta, correspondiente a “El vaso medio vacío”. Anota en el primero los cambios que ha habido en políticas y en denominaciones. Como logro mayor considera que hoy entendemos mejor los problemas relacionados con lo nacional, lo regional y lo individual, lo que permite afrontarlos de mejor manera. Muestra cifras en lo avanzado en la atención integral de la niñez en la edad temprana, de cero a cinco años, con una cobertura alcanzada en el 2018 del 28%, y hay un plan de llegar en el 2022 al 35%. La población analfabeta era de un 5.2% en el 2018 cuando en 1964 se tenía el 27.1. En años de escolaridad también señala avances: en 1954 el promedio en habitantes de la ciudad era de 4.11 años de educación; en el campo era 2.03, y en el 2017 se llegó a 9.7 en la ciudad y a 6.0 en el campo, pero se debería llegar a 13 años por el estándar internacional. Analiza con cifras la complejidad de la cobertura en la educación básica, para mostrar que en tiempos actuales la cobertura es cercana al 90%. En la educación media los indicadores son menos positivos. En cuanto a universidades, indica que en 1964 la cobertura era apenas del 4%, y hoy es del orden del 53%. Complementa indicando el serio problema que es la deserción de los estudiantes.

Registra que de los 162.200 docentes universitarios, 13.000 tienen formación doctoral, 61.000 con maestría y 47.000 con especialización. En el país se ofrecen del orden de 900 programas de pregrado y 126 de postgrado acreditados. El 18% de las instituciones universitarias disponen de acreditación de alta calidad, y el 61% de las propiamente universidades. En cuanto a la investigación en la universidad anota el buen desarrollo que ha habido, comparativamente con hace cincuenta años, cuando el asunto era incipiente o anecdótico, y hoy se considera como misión fundamental.

Al respecto de lo alcanzado en investigación, aporta cifras importantes: se dispone en Colombia del orden de 3.000 grupos de investigación, de los cuales 2.700 son universitarios. Se cuenta con 6.000 investigadores reconocidos, el 75% profesores universitarios, con más de 3.000 doctores. En la producción bibliográfica se superan los 10.000 artículos por año, en su mayoría originados en las universidades. Señala el avance en contar con las pruebas “Saber-11”, “Saber Pro” y PISA (internacional). Complementa las anotaciones del vaso medio lleno, diciendo que el Ministerio de Educación Nacional dispone de valiosas bases de datos, lo que permite seguimiento a la actividad educativa.

El capítulo dedicado a “El vaso medio vacío” es el recuento de las deficiencias y lo faltante”. Advierte que la cobertura no es uniforme, con resultado de diferencias en grupos sociales e inequidad. Indica problemas serios en calidad, con diferencias apreciables entre la educación pública y la privada en primera infancia, preescolar, básica y media, al igual que entre la urbana y la rural. Observa problemas en la formación de los maestros, también la desigualdad en la oferta de las universidades, con efectos negativos en la equidad y la movilidad. En varios apartados da soporte con razones y datos sobre las situaciones más desfavorables, poniendo de presente que “las carencias más grandes en nuestro sistema son de calidad.”

En el capítulo que dedica a los Maestros, de entrada plantea las dificultades para desarrollar el tema en forma tranquila y desapasionada, puesto que se puede caer en una de tres actitudes: descripción apologética, o hacer una crítica descarnada declarándolos culpables, o asumir una posición aséptica, cautelosa e inane para evitar problemas con colegas o con quienes están en una u otra posición. Realiza la exposición con apego a los datos confiables, y por el respeto profundo que manifiesta por los maestros de educación básica y media asume no ignorar las deficiencias. Ubica el tema dando cifras: en 2019 se tenía un total de 333.129  maestros oficiales, con el 6.25% en cargos directivos y los demás, activos en la docencia. Se contaba con el 64% de mujeres. El 34% aplicados en zonas rurales y el 66% en ciudades.

En cuanto a la capacitación de ellos, dice: el 6% son profesionales de educación superior en programas diferentes a Educación. El 92% con estudios universitarios, y aproximadamente la mitad de ellos con un postgrado. Solo el 6% son normalistas. Lo cual lleva a Wasserman a plantear que es un nivel muy bueno que debería conllevar calidad de la docencia, con innovación y empleo de estrategias y medios. Anota que en el campo la mayoría de los maestros son normalistas y en la zona urbana los profesionales. Expresa en una primera conclusión que esa distribución desigual ocasiona resultados desiguales en la calidad.

El aumento significativo de maestros con posgrado no ha repercutido en los resultados de las pruebas Saber y en las PISA de los estudiantes. Y no hay estudio, en “profundidad y sinceridad”, que pueda mostrar el impacto de los maestros con posgrado en la calidad de la educación. Pone de presente que es legítimo considerar que al aumentar el nivel de escolaridad de los maestros, los resultados de los alumnos deben ser mejores.

Considera que con el funcionamiento por varios años del “Proyecto Todos a Aprender (PTA)” hay resultados favorables en la formación de los maestros. Analiza la complejidad en la existencia de dos estatutos diferentes y con vigencia (de 1979 y de 2002), con consecuencias como los amparados por el segundo tienen mejores salarios que los del primero. En estudio de Fedesarrollo sobre la primera evaluación hecha a los maestros en los primeros 10 años de vigencia del estatuto del 2002 se recomienda impulsar y hacer más eficaz la evaluación del docente, con introducción de elementos en la evaluación de los estudiantes. Wasserman dice que a pesar de las dificultades no debe excluirse el objetivo último de la enseñanza: el buen aprendizaje.

Las evaluaciones a los maestros realizadas del 2010 al 2015 no arrojaron buenos resultados; entre el 74 y el 81% de ellos no las aprobaron. En concertación con Fecode se estableció un nuevo método para las evaluaciones [“Evaluación de Carácter Diagnóstico Formativa (ECDF)”] que se aplican a partir del 2015, y los resultados obtenidos han sido diferentes, con aprobación del 70 y del 50%, en virtud de la naturaleza distinta de esas pruebas.

Wasserman cita de libro de Francisco Cajiao (2019), lo siguiente que reproduzco en un aparte: “… Los grandes cambios que se requieren implican modificaciones serias que seguramente afectan zonas de confort consideradas como grandes logros laborales. Lo malo es que mientras en la educación privada el cambio es reconocido como un reto, o un desafío, en algunos sectores sindicales es concebido como un retroceso y una pérdida de privilegios.”  A lo cual Wasserman agrega: “Sería muy infortunado que, precisamente desde el sector de lo público, se generaran condiciones que mantuvieran las brechas existentes. La tarea es enorme y merece esfuerzos, e incluso sacrificios, de todos los sectores.”

En las investigaciones de opinión referidas, la preocupación por saber si el estudiante aprendió tuvieron respuestas de contraste, pero número significativo anotó que cuando sabe cuestionar lo aprendido, y la gran mayoría dijo que cuando sabe usar lo aprendido. Pero Wasserman se formula varias pregunta con la inquietud de cómo sabe el maestro que el alumno sabe usar lo aprendido, o si más bien esa capacidad de aplicación está relacionada con la fase posterior a la terminación de los estudios formales, y también debería estar el asunto relacionado con la integración de distintas disciplinas y niveles.

En cuanto a la formación de maestros el autor alude a los procesos que se dieron en el 2019 al abrirse una serie de “Conversaciones Nacionales” como respuesta del gobierno a la movilización social que se dio, y la integración de la “Misión Internacional de Sabios”, con aportes coincidentes en ambos espacios. La Misión formuló dos propuestas: la creación de un “Instituto Superior de Investigación en Educación y Alta Formación de Maestros”, con desarrollo de investigación, mirada crítica y seguimiento prospectivo sobre la educación en el país. La otra se refiere a la renovación de los maestros por medio de las redes subregionales de Centros de Innovación en Educación, para compartir experiencias y aprendizajes en coordinación con el Instituto enunciado antes, y ejercer a la manera de sistemas locales en la gestión del conocimiento. De igual modo se formularon propuestas complementarias como facilitar el mayor ingreso de profesionales diversos a la docencia y disponer de un año de servicio social en los pregrados, con orientación de maestros locales.

En el libro se aborda con cierta amplitud el tema la Universidad con recuento de su origen y misión. La apuntala en los tiempos de Platón con la creación de la “Academia” (387 a.C.), con duración del orden de 300 años, ejercida por filósofos notables; refundada en el siglo V d.C con cierre definitivo cien años después. Aristóteles, discípulo de Platón, creó el “Liceo” (escuela peripatética). Y complementa ese origen con escuelas creadas en China, India, Jerusalén y en el mundo musulmán. Pero la primera con el nombre de “Universidad” fue la de Bolonia (1088). Expone los tipos de universidades que fueron surgiendo: Universidad de la Sorbona, Universidad de Oxford, Universidad de Salamanca,… Universidad Napoleónica, Universidad humboldtiana (Berlín),… con sus respectivos antecedentes y sus fueros académicos. En esas historias se configura la importancia de la investigación como proceso mismo en la formación del estudiante, activo en la generación de conocimiento, con la guía de profesores expertos. Llega a referir el importante proceso de creación de universidades en Estados Unidos, con acento en la ley que promulgó el presidente Abraham Lincoln asignando 10.700 hectáreas de terreno para establecer veintiuna universidades, número que se amplió. De este modo se desarrolló en USA la mayor red de universidades públicas del mundo, con el carácter moderno en investigación.

Además de las universidades centradas en la investigación, de igual modo se han desarrollado otras profesionalizantes de alto nivel. Con la convicción plena del notable avance de las universidades en el mundo, pilares de todas las formas del desarrollo, con sentido de progreso humano.

El libro trata de manera singular la presencia y evolución de la universidad en América Latina y en especial en Colombia. Recoge datos dicientes: en 1970 se tenían 1.9 millones de estudiantes universitarios en Latinoamérica, y en el 2016 ya eran 30 millones. Durante la Colonia se fundaron 23 universidades o colegios superiores, instituciones que surgieron del modelo de la Universidad de Salamanca. En Colombia se fundaron la de Santo Tomás (1580), la hoy Javeriana (1621; cerrada en 1767 y refundada en 1930) y la reconocida como Universidad del Rosario (1653). Destaca la creación por Francisco de Paula Santander de la primera universidad republicana en la Gran Colombia, la Universidad Central, con sedes en Caracas, Quito y Bogotá, con el carácter estatal, no confesional, moderna y con libertad de cátedra. Subsisten con el nombre en Quito y Caracas. En Colombia existió hasta 1850, pero fue la que se refundó en 1867 como “Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia” (hoy nuestra Universidad Nacional de Colombia), estatal, gratuita, de filosofía democrática y libre. Luego el presidente Alfonso López-Pumarejo ingenió el campus central en Bogotá; se agruparon facultades dispersas y creó la “Escuela Normal Superior”, para la formación de educadores, en ciencias sociales y en ciencias básicas.

Señala como importante el crecimiento de la Educación Superior en Colombia, en el medio siglo reciente. Se dispone en la actualidad de 300 instituciones de educación superior, 11.000 programas de pregrado y posgrado y más de 150 mil docentes (incluida la educación técnica profesional y tecnológica). El 80% de los estudiantes pertenecen a familias con ingresos hasta de tres salarios mínimos. La cobertura también tuvo despliegue: se pasó en cincuenta años del 4% al 53% en la actualidad, como se anotó antes.

Indica como preocupante que siendo Colombia un país con vocación agraria, apenas el 2% de los jóvenes escogen carreras agrarias, y otro 2% ingresa a estudios de Ciencias Naturales y Matemáticas. Pero, insiste, en lo que esta pandemia del Covid-19 ha hecho notar, la importancia de la investigación y la ciencia para afrontar la solución de los problemas que padecemos y los que asoman. Y a pesar de la creencia generalizada, prácticamente la mitad de los estudiantes universitarios cursan carreras sociales y humanas (incluidas la economía y la administración). En Colombia, caso singular en Latinoamérica, los estudiantes universitarios tienen aproximadamente la misma participación en las privadas y en las públicas, 50% en cada una.

Discute con acierto el tema de las becas creadas en el 2015 por el gobierno con el nombre “Ser Pilo Paga”, con el beneficio al orden de 40.000 estudiantes de bajos recursos que accedieron por ese programa a universidades públicas y privadas. Pero le anota tres debilidades: 1. No se construyó en debida forma el soporte financiero; 2. Fue un programa incluyente, pero no lo suficiente, y 3. La beca se asignaba como préstamo condonable, pero los estudiantes que por diversas razones desertaron quedaron con deudas impagables.

A pesar de los valiosos esfuerzos que han hecho algunas universidades para desarrollar programas en el sector rural, todavía falta mucho para cerrar la brecha entre la ciudad y el campo. Destaca labores rurales que han cumplido la Universidad del Minuto de Dios, la Antonio Nariño y la Cooperativa, también las universidades de Antioquia y del Valle con creación de seccionales en regiones. Y la Universidad Nacional de Colombia con sus sedes de frontera y con el programa PEAMA (Programa de Admisión Especial y Movilidad), también la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD) que con medios virtuales tiene creciente cobertura.

El libro dispone de singular capítulo dedicado a exponer los “Casos de éxito” en educación.  Relata con justicia los avances notables del modelo de “Escuela Nueva”, introducido en Latinoamérica por Colombia (*) por el eminente académico y pedagogo Don Agustín Nieto-Caballero (1889-1975), Ministro de Educación y Rector de la Universidad Nacional de Colombia (1938-1941) , quien se nutrió de los modelos de escuela activa en Europa. En Colombia ese método pedagógico ha sido desplegado por la “Fundación Escuela Nueva”, creada y orientada por Vicky Colbert en 1987, como institución privada, capacitadora de los docentes y productora de las cartillas de trabajo, con irrigación en el sector rural. El modelo cuenta con adaptación en 30.000 escuelas, en cobertura llega a más de 810.000 estudiantes por el año 2010. En el 2001 crearon los “Círculos de Aprendizaje”, para acoger a jóvenes desescolarizados y desplazados.

Su éxito ha permitido llevarlo a Brasil, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Perú, República Dominicana, también a la India, Timor Oriental, Zambia y Vietnam. La líder de esos programas, Vicky Colbert, ha sido reconocida con múltiples premios en los niveles nacional e internacional.

Otra experiencia exitosa que relaciona es la “Utopía”, un programa de la Universidad de la Salle (de los Hermanos Cristianos) para formar Ingenieros Agrónomos en el campo, en un campus rural cerca de Yopal (Casanare), con el principio pedagógico fundamental: “aprender haciendo y enseñar demostrando”. Se sustenta con donaciones, y congregan alumnos bachilleres de zonas rurales afectadas por la violencia. Para el grado deben elaborar un proyecto productivo para el campo. Llevan diez años con el programa y de gran impacto. El 93% de sus egresados labora en el sector agropecuario y el 100% manifiesta estar muy satisfecho con la formación obtenida en el programa.

Wasserman expone otras experiencias igualmente exitosas: El “PEAMA” de la Universidad Nacional. Se trata de atraer a estudiantes de regiones que se incorporan a una de las cuatro sedes de frontera para cursar dos años básicos, luego se trasladan a una de las cuatro sedes del interior para cursar el programa seleccionado y para graduarse el estudiante regresa a su sede de origen para elaborar trabajo de provecho en su región. Ha sido benéfico como oportunidades que se abren para jóvenes de escasos recursos residentes en zonas alejadas del centro del país.

Otras experiencias son: La expansión de universidades regionales en sus respectivas regiones; el programa “La Universidad en tu Colegio”, creada con el liderazgo de la Universidad Autónoma de Manizales y cuenta con el apoyo del “Sistema Universitario de Manizales, SUMA (Universidad Nacional, Universidad de Manizales, Universidad Autónoma de Manizales, Universidad Luis Amigó  y Universidad Católica de Manizales)”, también de la Fundación Lúker, entre otras instituciones del sector privado.

 Se relaciona de igual manera el programa “La etnoeducación” de la Universidad Bolivariana de Medellín, con una licenciatura que lleva 50 años, de enfoque interdisciplinario (Lingüística, Antropología, Pedagogía y Ciencias Sociales), con sedes en Toribío, Puerto Asís, Valle de Sibundoy y Medellín. Han contado con la participación en el programa de más de 48 etnias. En la actualidad tienen alrededor de 1.400 estudiantes. Combinan el trabajo presencial en las comunidades y a distancia, con tutoría. Los trabajos de grado están referidos a problemáticas de las comunidades. Sus egresados son activos difusores de las culturas y de sus tradiciones.

Singular mención le merece al autor el tema de la “Orquesta Filarmónica de Bogotá”, que además de sus conciertos asumió la tarea de educación musical a niños de los colegios oficiales de la capital, en programa “Vamos a la Filarmónica”. Al cabo de siete años ha llegado a 23.000 niños entre 7 y 17 años, de 33 colegios distritales, con 17 centros filarmónicos creados por la misma Orquesta y 8 centros hospitalarios. Cumplen al principio con iniciación musical y rítmica corporal, para luego conformar bandas, orquestas, ensambles de cuerdas y coros. Como resultado palpable, se han mejorado las condiciones de vida de miles de niños. Esta experiencia la ilumina Wasserman al expresar: “quien hace música mejora sus capacidades de abstracción y, además, los niños músicos gozan de gran respeto entre sus compañeros, adquieren seguridad en sí mismos y generan un ambiente amable a su alrededor.”

Termina el capítulo de programas exitosos exponiendo los casos de “MALOKA” (Bogotá) y el “Parque Explora” (Medellín). Maloka fue creada en 1998 por la “Asociación colombiana para el avance de la ciencia, ACAC (hoy AvanCiencia)”. Dispone de un centro interactivo de 17.000 metros cuadrados, con salas temáticas y disciplinares. Cuenta con instructores y con facilidades para teatro y cine. Realiza con frecuencia exposiciones y conversatorios con personalidades del mundo de la ciencia. Con sus actividades ha llegado a 20 millones de personas; más de 30.000 niños y jóvenes han estado vinculados a sus clubes de ciencia y 20.000 docentes se han formado en discusiones, reflexiones y diálogos con temas de la innovación en el aula.

El “Parque Explora” de Medellín tiene igual experiencia reciente, que viene desde 2004. Dispone de 22 mil metros cuadrados en instalaciones, es un centro interactivo para la divulgación de la ciencia y la tecnología. Realiza exposiciones y otras actividades culturales, con salas infantil, de música y de la mente humana. Tiene planetario y un acuario precioso de agua dulce. Ha tenido del orden de 5 millones de visitantes. Ocupa el puesto 22 del ranquin mundial de museos. Ha sido un esclarecido centro para motivar en la formación científica entre niños, jóvenes y adultos.

El libro concluye con capítulo dedicado a “Lo que nos espera”, con desarrollos en apartados “Resolver tareas pendientes”, “Pedagogías que cambian”, “Educación para los trabajos del futuro”, “¿Podemos profetizar? e “Innovar para educar, y educar a mejores innovadores”. Se trata de un capítulo enjundioso, donde el autor se la juega toda para esclarecer lo que se tiene pendiente en educación y los compromisos inteligentes y reales de ir adelante, poniendo en claro problemas, unos de más fácil acceso en soluciones y otros de gran dificultad, pero de no eludir. Comienza por destacar los diez desafíos estratégicos enunciados en el “Plan Decenal de Educación 2016-2026”:  1. Regular y precisar el alcance del derecho a la educación; 2. Construcción de sistema educativo articulado, participativo, descentralizado y con mecanismos eficaces de concertación; 3. Establecimiento de lineamientos curriculares generales y flexibles; 4. Construcción de una política pública para la formación de educadores; 5. Impulsar una educación que transforme el paradigma que ha dominado la educación hasta el momento; 6. Impulsar el uso pertinente, pedagógico y generalizado de las nuevas y diversas tecnologías para apoyar la enseñanza, la construcción de conocimiento, el aprendizaje, la investigación y la innovación, fortaleciendo el desarrollo para la vida; 7. Construir una sociedad en paz sobre una base de equidad, inclusión, respeto a la ética y equidad de género; 8. Dar prioridad al desarrollo de la población rural a partir de la educación; 9. La importancia otorgada por el Estado a la educación se medirá por la participación del gasto educativo en el PIB y el gasto del Gobierno en todos sus niveles administrativos, y 10. Fomentar la investigación que lleve a la generación de conocimiento en todos los niveles de educación.

El autor destaca en ellos aspectos como consolidar las comunidades educativas; alcanzar lineamientos con metas comunes y esenciales para niños, jóvenes y adultos; fortalecer las Normales y la Universidad Pedagógica Nacional; promover cambio pedagógico profundo, con impulso a la creatividad; inclusión de todos los grupos humanos; creación de observatorio que vigile el cumplimiento de los compromisos financieros; fortalecimiento de los programas de doctorado y de los grupos de investigación, con ampliación en ofertas de becas y aumentar las plantas docentes de tiempo completo en las universidades.

Asimismo, enuncia y comenta los diez pasos del mismo Plan Decenal para hacer de Colombia la más educada. Apunta que de conjunto es necesario enfocar de nuevo la política educativa con acento en la calidad más que en la cobertura. Acude a las propuestas de la “Misión Internacional de Sabios 2019” para hacer notar la importancia de conseguir que la ciencia y el conocimiento puedan ser el fundamento del desarrollo social, económico y cultural. Y destaca también de ellas los tres grandes propósitos para que el país progrese en la ruta del conocimiento: 1. Desarrollo de una bioeconomía sostenible, 2. La ciencia y la tecnología como fuente del progreso social y económico, y 3. La educación como motor central de la equidad y la movilidad social.

En cuanto a las pedagogías, Wasserman dice que no deben tomarse como dogmas las diversas teorías, aún hayan sido promovidas por sabios maestros; hay que experimentar con cautela, en diálogos de la teoría y la práctica. En relación con las ideas de formar para el trabajo, estima que “la educación debe servir para formar al individuo,  al buen ciudadano, al ser humano feliz.” Consideración que él mismo califica de “algo romántica”. Asevera que en últimas toda persona que adquiere educación termina aplicada a trabajos de algún orden, en este sentido se estudia para sobrevivir con dignidad en labores. Discute sobre la relación con los empresarios en la educación, sin caer en los modelos neoliberales del interés mercantil y por el dinero. Pero observa, incluso a nivel internacional, la preponderancia de quejas de los empresarios por la educación al no capacitar en las destrezas que necesitan, y a su vez muchas personas que laboran en las empresas reclaman por estar subutilizadas en virtud de la alta formación que tienen.

Se formula la inquietud de la educación del futuro, con la observación que ella debería ser la de hoy, puesto que quienes la atienden les corresponderá actuar en ese futuro. Indaga por cómo formar en profesiones y trabajos que todavía no existen, cómo alcanzar que la persona pasado un tiempo no vea obsoleto o innecesario lo aprendido, cómo formar personas integrales y satisfechas con lo que hacen. En el conjunto de interrogantes que se plantea llega a considerar que quizá habrá un retorno a lo fundamental, a lo que forma la capacidad de comprender y adaptarse al mundo cambiante, con disposición de pensamiento para el libre examen, para el trabajo en equipo, para el estudio permanente. Reclama la necesidad de una formación matemática mínima para contribuir en la comprensión del mundo y sus fenómenos. Y concluye con esta consideración: “Sobre una buena base general se podrán después construir especialidades cambiantes, nuevos conocimientos y habilidades novedosas; será una educación de bases sólidas para sostener estructuras flexibles y dinámicas.”

En el apartado de si podemos profetizar, manifiesta la imposibilidad de vaticinar el futuro, pero observa tendencias que marcan unos desenvolvimientos esperables. La globalización es un hecho, con implicaciones en el mercadeo y en la economía, el afloramiento de economías como China e India, poderes reales, que abren expectativas en la confrontación mundial. La interactuación virtual con ofertas progresivas transnacionales en educación. La preocupación por el medio natural. La necesidad de educación continua. El desarrollo esperado de la democracia, ojalá alcanzando a ser más democracia. Envejecimiento de la población y disminución de poblaciones jóvenes. Cita reporte de la Unesco con miras al 2030, con pronóstico de influencia creciente de las universidades, en especie de “grandes jugadores globales”. El crecimiento asombroso del número de estudiantes en el mundo, con la expectativa de llegar a más de 262 millones en el 2025, con impactos grandes de la revolución digital. Las universidades también pasarán a ser globales. Cita el surgimiento de movimiento internacional por una “reforma educativa global”.

De lo que parece estar más seguro el profesor Wasserman es de la capacidad de adaptación de los humanos a los nuevos entornos tecnológicos, quizá con pérdida de algunas habilidades por no resultar ya útiles, pero con ganancia de otras nuevas.

La gran conclusión la expresa el autor al final del “Epílogo”: “… el hecho frío es que hay un rezago educativo serio, y hay ampliación de brechas y retroceso en muchos de los indicadores logrados. Uno de ellos, el de la deserción, se prevé alto e impactará los datos de cobertura ya logrados. / A la salida de la pandemia será necesario montar estrategias de reparación,…”

El libro “La educación en Colombia” es una muy importante obra que debería ser un manual de orientación en el Ministerio de Educación Nacional, de igual modo para rectores y docentes de todos los niveles. Es de confiar que sus análisis, consideraciones y propuestas aglutinadas con diversas procedencias, sean aporte sustantivo, de no pasar por alto. Su autor, personalidad singular, de muy alto vuelo que podría ser orientador efectivo de los ministerios de Educación, Ciencia y Cultura, con capacidad integradora y visión estratégica y prospectiva.

 

 

En Aleph, abril del 2021. (se publica fragmento en mi columna «Desde Aleph»; «La Patria», 11.IV.2021;  p. 19)

 

(*)   “Es también justo recordar que la escuela nueva nació en América del generoso entusiasmo de Nieto Caballero,…”: Daniel Samper-Ortega (En “Prólogo”. Agustín Nieto-Caballero. Sobre el problema de la Educación Nacional. Selección Samper-Ortega de Literatura Colombiana, Sección 5ª. Ciencias y Educación, No. 50. Editorial Minerva S.A., Bogotá 1937;  p. XI). Agustín Nieto-Caballero fue Ministro de Educación (1932) y Rector de la Universidad Nacional de Colombia (1938-1941), en cuya posesión expresó: “Nuestra aspiración sería ver convertida la universidad en la casa del espíritu colombiano, en el hogar de cultura, patria, en la escuela de la ciudadanía. Quisiéramos que la universidad no fuera solamente la fábrica de profesionales más o menos expertos, sino también un laboratorio de investigación… Una universidad que sea enciclopedia viva de conocimientos, y síntesis de los anhelos espirituales de la nación,…” Ref.:  https://gimnasiomoderno.edu.co/gimnasio/historia/biografia-don-agustin-nieto-caballero/

 

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