NOTAS: Entrevista con Fernando Zalamea. Entre lo humano y lo divino. Catalina Villegas se goza la ciencia, Presentación de diálogo con Gabriela M. Arciniegas. Hemos recibido
Entrevista con Fernando Zalamea sobre Marta Traba (con Andrea Jaramillo; Bogotá, 24.I.2023)
- ¿Cómo fue crecer al lado de Marta Traba?
Fue una experiencia extraordinaria. Recuerdo mi educación como una fiesta constante, mezclándose cariño a
raudales, con una sensibilidad y una inteligencia siempre sorprendentes. Su ejemplo fue vital para mí, y crecí al
amparo de sus cuidados constantes. Marta siempre estuvo pendiente de mi bienestar y de la construcción de un
joven feliz y equilibrado. - ¿Cuál fue la mayor enseñanza que le dejó en cuanto a la vida y el arte?
Fueron muchas enseñanzas, esencialmente ligadas al trabajo y al esfuerzo: capacidad de sacrificio, entrega
permanente, perseverancia y disciplina, elaboración de un pensamiento original, pasión por las ideas. Son
enseñanzas de vida que me han acompañado siempre y he navegado en diálogo continuo con ellas. En cuanto al
arte, fue central entenderlo como expresión revolucionaria, como desafío sensible y apertura inventiva. - ¿Su relación con el arte cómo se vio influenciada por su madre?
Como es de imaginar, dada su enorme personalidad y su fantástico carisma, fui completamente influenciado por
ella. Básicamente he gozado (y luego estudiado) a los mismos pintores y escritores que ella amaba. Con algunas
excepciones, exploré y agoté (siendo yo más sistemático) todas las pistas que ella me ofreció. Tal vez la única
ndependencia artística surgió por el lado de la música, que ella poco conocía, y que debo en cambio a mi padre,
Alberto Zalamea. - ¿Cómo han protegido y preservado su legado?
Mi hermano, Gustavo Zalamea, prematuramente fallecido en 2011, realizó la publicación más importante sobre
Marta (Marta Traba, Planeta, 1984), donde se recopilaron la mayoría de sus textos periodísticos. Luego, con el curso de los años, se han publicado las novelas inéditas que dejó a su muerte, y se han realizado diversas traducciones.
Espero que en este año, conmemorando el centenario de su nacimiento, la Editorial Universidad Nacional publique
su obra literaria completa. El Archivo Marta Traba, que reúne los papeles que dejó a su muerte, fue curado por
Gustavo y luego mantenido por mí; deseo ahora legarlo a la Universidad de los Andes. Mi hermana, Patricia Zalamea, historiadora del arte, hija de Alberto y Cecilia Fajardo, se ha dedicado en los últimos tiempos a trabajar sobre Marta y prepara ediciones de su correspondencia y exposiciones para Francia (2023) y para la Universidad de los Andes (2024). Por otra parte, múltiples estudiosos han realizado monografías sobre su obra, tanto crítica, como literaria. - ¿Qué influencia vio que le quedó a su madre de Argentina? ¿El legado de su madre conserva elementos de su paísde origen?
En general, la influencia es bastante contrastante: por el lado positivo, obtuvo cierto grado de visión europeísta,
propia del Sur, y manejó una magnífica gastronomía por el lado italiano (era una espléndida cocinera); por el lado
negativo, se generaron en ella un fuerte rechazo a la barbarie (desde Perón hasta las dictaduras) y un deseo de
escapar de la mediocridad de la clase media de Buenos Aires. El único legado importante puede haber sido un cierto universalismo, asociado a una sociedad abierta, y opuesto a la clausura colombiana. - ¿Cuál diría que es el mejor recuerdo que tiene de su madre?
Su pasión, su alegría, su generosidad sin fin, su capacidad de siempre ver lo bueno detrás de lo perverso. - ¿Cómo confluían todas las dimensiones de Marta Traba entre arte, docencia, crítica, activismo, entre otras?
Era sin duda uno de sus secretos: supo combinar a la maravilla la inteligencia de la profesora, la sensibilidad de la
crítica, la brillantez del personaje público, la ductilidad de la ama de casa, el cariño como madre. Es un arte difícil de forjar, y tal vez lo consiguió gracias a su gran inteligencia de vida: poner cada cosa en su momento y su lugar, con una altísima capacidad de discernimiento y una enorme libertad ética, allende cualquier tipo de prejuicios. - ¿Qué cree que es lo más valioso del legado de su madre?
Más allá del acompañamiento y la construcción crítica del arte moderno en Colombia, lo más valioso resulte ser
probablemente su dimensión latinoamericanista y su esfuerzo por conectar, muy en lo profundo, las artes y las
escrituras del continente. - ¿Cómo espera que las futuras generaciones la recuerden?
Como una mujer muy valiente, atrevida y casi siempre acertada en sus juicios tajantes, practicante de una mixtura
originalísima (que llamaría yo «ensayo crítico») entre crítica y narrativa, mezclando una acerada disciplina racional y una muy plástica emoción sensible.
Entre lo humano y lo divino (Catalina Villegas-Burgos y su poemario “Membranas”. Por: Javier Zamudio; El Magazin Dominical, “El Espectador”, 26.III.2023). La Real Academia Española (RAE) define las membranas, de acuerdo con sus diferentes acepciones, como “tejidos laminares de consistencia blanda, placas o pieles generalmente flexibles”. Esta definición es acertada para entender el primer libro de poesía de Catalina Villegas Burgos, cuyo título homónimo fue publicado en 2022 por Totuma Libros.
Los poemas, escritos con un tono minimalista, son capas que van cayendo a medida que el lector se enfrenta a sus versos. Leo el poema que abre el libro: “¿Qué lazos invisibles crean / las muñecas olvidadas / al final / de la niña?”. El tiempo es un rastro que se diluye en las formas de la nostalgia.
Catalina nació en Manizales, estudió Ingeniería Física y Periodismo Científico. En 2002 obtuvo el primer puesto, en la categoría juvenil, del Primer Premio de Poesía San Juan de la Cruz, organizado por la Universidad de Salamanca. En 2019, estuvo entre los cinco ganadores del Concurso Nacional de Poesía La palabra, espejo sonoro, convocado por la Casa de Poesía Silva. Recibió mención de honor en la edición 2020 del mismo concurso. Es ilustradora y reside en Canadá desde el 2009.
Membranas se presentó en Bogotá el 27 de diciembre del año pasado, tras de lo cual fragmentos inundaron las redes sociales, destellos luminosos que los lectores no dudaron en compartir. El libro, compuesto por 64 poemas cortos, es un espejo donde el lector contempla la búsqueda del origen y el presentimiento del final.
Le pregunto a Catalina sobre el proceso de escritura de estos poemas, cómo concibe la poesía y la manera en que lo íntimo logra conectarnos con la experiencia cotidiana. Le digo que leer sus poemas es atravesar ese límite entre lo divino y lo humano.
“¿Qué entiendo por poesía? Más bien, yo diría que es justamente lo que no entiendo. Algo que no entiendo y que no tengo a quién preguntárselo. Esa pregunta que no quiere recibir una respuesta explicativa, esa pregunta retórica (no por insinuar una respuesta sino por empeñarse en seguir siendo pregunta); eso tiende a ser poesía. Uso la expresión ‘tiende a’, como en matemáticas, para acercarme asintóticamente a la poesía sin usar el verbo ‘es’, sin usar el signo ‘igual’”, me dice. Su definición me acerca al universo desplegado en el libro, donde la pregunta es la luciérnaga que brilla en el interior de los versos sin que sea necesario, en muchos casos, un signo de interrogación.
“Llevando a mi hijo a la escuela / sentí por la calle / el perfume de mi maestra /por un instante / ambos tuvimos la misma edad”.
Luego de esta definición, Villegas Burgos me habla del modo en que se manifiesta lo poético: “La mayoría de las veces lo divino se me revela sin estar buscándolo. Siempre estuvo ahí, frente a mis ojos. Cuando he tenido la suerte de estar atenta a esa presencia y de intentar trasladarla al lenguaje, ha surgido el poema”.
La realidad surge de lo minúsculo, permitiéndole dar testimonio de este hallazgo. “Sí hay un intento por ser testigo de lo que se forma a pequeña escala. Con observar y ser espectadora puede ser más que suficiente para que algo en mí se mueva y me impulse a escribir. Digo ‘observar’, pero no necesariamente me refiero a la mirada en su sentido convencional, sino a la mirada que tenemos también en la imaginación”.
Hay en esta respuesta no solo una explicación, también puedo vislumbrar los elementos que componen el ejercicio de su oficio poético. Esto me lleva a preguntarle por su rol como científica y su pasión por la filosofía. Veo, además, en cada poema un aleph borgiano por el que el lector se asoma.
“Gracias por el rótulo de científica, pero nunca me presento como tal ante los demás, pues solamente es mi formación. La ciencia, la poesía y la filosofía siempre me han parecido ámbitos interdependientes. Para acercarse a la ciencia es necesaria la curiosidad y ella, a su vez, nos devuelve asombro. Pero ese camino va de ida y vuelta también en el cuestionamiento filosófico. En la metafísica, que es donde la ciencia (sobre todo en Occidente) ha decidido detenerse, la filosofía indaga más allá. En medio de ambas, la poesía es lo que acontece o emerge revelando otra verdad, uniéndolas con un hilo invisible de continuidad”.
Por último, le pregunto si Membranas es una matrioska donde está ella y el mundo que habita. Da la impresión de que leer es quitar pequeñas capas o abrir la muñeca para ir a la siguiente.
“Sí”, me dice, “veo los poemas de Membranas como la última matrioska, la más pequeñita y condensada. Aquella que se desnuda de las capas que le sobran. Me gusta que quienes los lean encuentren mucho aire, mucho silencio, y apenas una pequeña perturbación en el vacío. El guijarro que expande la onda al caer al lago”. Leo el poema número 12:
“Nazco / separo / mis capas / membranas sin peso / que revelan la pequeña matrioska / recuérdame de ese tamaño / antes de cerrar / con cuidado / el nido”.
“Catalina Villegas-Burgos, manizaleña que se goza la ciencia en Canadá” (por Margaret Sánchez; La Patria, Manizales, 17.V.2019). Ingeniera Física de la Universidad Nacional, sede Manizales. Invita a sorprenderse y a divertirse para compartir el conocimiento. “La prueba final del conocimiento es tu capacidad de transmitirlo a otra persona”, Richard P. Feynman. Esta frase la usa la manizaleña Catalina Villegas Burgos para explicar la importancia de divulgar la ciencia, sacarla de los laboratorios y los anaqueles y acercarla a la gente para que tome mejores decisiones./ De pequeña soñaba con ser astronauta y periodista. Ahora, con 33 años es ingeniera física y con un curso en Periodismo Científico. Sus dos pasiones se unen en su trabajo en Canadá, donde desde enero del 2017 es la responsable de la divulgación y de los contenidos del Centro de Ciencias de Montreal, un lugar como Maloka, en Bogotá, o Parque Explora, en Medellín.
“Me encargo de hacer la actualidad científica accesible al público que nos visita física y virtualmente, en el sitio web. Las exposiciones que desarrollamos necesitan carteles de interpretación, con un lenguaje claro y sencillo. También presento datos curiosos o insólitos”, comenta.
A Catalina desde niña siempre le han causado admiración e intriga los misterios del Universo, el Big Bang, la formación de las galaxias y los planetas. “El espacio y el cosmos me interesaban mucho. Sin embargo, nunca dejé de lado otra pasión, el periodismo. Mi papá, Jorge Villegas, influyó mucho. Él estudió física y trabajó en LA PATRIA”.
Se decidió por la Ingeniería Física, la cursó en la Universidad Nacional, sede Manizales. Al graduarse, quiso compartir sus conocimientos, así que trabajó como profesora en el Gimnasio Los Cerezos, donde estudió; el colegio Granadino y la Universidad Autónoma.
En el 2010 se fue a vivir a Montreal (Canadá). Pasaron dos años mientras logró adaptarse como residente y mejoró su francés. “Un día visité el Centro de Ciencias y pensé que sería rico trabajar ahí. Dejé la hoja de vida, pasó un año y me llamaron”.
La manizaleña comenzó como mediadora, su labor era guiar las visitas, explicarle a los niños y liderar recorridos. Cinco años después llegó a su actual cargo como divulgadora científica.
“Me llena de satisfacción cada vez que leo algo que no sabía, me emociono tanto que se lo quiero enviar a todo el mundo, se lo quiero explicar a mi mamá. Para mí es natural. Esa misma sorpresa que siento quiero transmitírsela a los demás”, afirma.
Para ella, escribir de ciencia es una mina inagotable. Expresa que las ideas están en todos lados, desde los hallazgos de la NASA, las investigaciones universitarias, hasta preguntarse por qué los seres humanos se pasan energía entre sí.
“Lo que se necesitan son canales para difundirlas. Por eso me gusta ser un medio para contar con mis propias palabras, mi toque personal, mis chistes y mi enfoque, para que otras personas se interesen. La información queda a su disposición”, narra.
Catalina invita a volver la ciencia divertida y dice que el humor es un gran aliado. Señala que la comparación, la anécdota y la exageración son elementos narrativos, que usados correctamente, ayudan a que la gente comprenda una información fría o técnica. Los engancha y les ayuda a que se les quede grabado, afirma la ingeniera física.
Recuerda el caso del juego de palabras que usó para una exposición sobre el ingenio autóctono. Tenía que hablar sobre los trineos para perros. Catalina no tuvo problema con el resumen de unas 50 palabras, en el que explicó qué hacen y por qué se deslizan en la nieve. El reto llegó al titular el cartel. “Debía buscar algo que enganchara. Me metí a internet y busqué expresiones en francés que utilizaran la palabra perro. En español hay varios dichos, pensé que en ese idioma también”.
En su búsqueda encontró la expresión le traîneau avoir du chien, que en su traducción literal significa los trineos tienen perro, pero en francés quiere decir que algo es bacano, sorprendente. “Ahí tenía el doble sentido, llamaba la atención y destacaba los trineos”.
La manizaleña insiste que cuando se habla de ciencia no hay que olvidar que hay seres humanos detrás: “Que tienen dificultades, que se pasan la noche en vela para encontrar una novedad, un resultado. A veces tienen que rehacerlo todo para lograr su meta. Se nos olvida que la ciencia está construida sobre hombros de gigantes, como lo decía Carl Sagan”.
Por eso invita a difundir sus hallazgos, para que la comunidad conozca en qué se invierten sus impuestos y sepa qué hacen desde la ciencia para avanzar como sociedad. “Lo que se desarrolla tiene implicaciones, tenemos el derecho y el deber de decidir si estamos de acuerdo con las prácticas que se realizan, con la inversión en ciencia, las políticas en educación, medioambiente, salud, para la propia vida y para tener conciencia en la protección del planeta”, apunta.
Catalina anima a sus paisanos a explorar más en la ciencia, pues un gran potencial en la amabilidad y la empatía propia de los caldenses. “Podemos ser esa semilla en el país para generar un cambio colectivo”.
Presentación del diálogo con Gabriela-Mercedes Arciniegas sobre su libro “La armónica de cristal” (por Prune Perromat, periodista francesa). Hola buenas tardes a todos y muchas gracias por venir. Estoy emocionada de estar aquí en la histórica Librería Central [en Bogotá] para conversar con Gabriela-Mercedes Arciniegas sobre su última colección de cuentos: La armónica de Cristal. Y antes de todo me gustaría saludar la memoria de la grande y muy extrañada Lilly de Ungar que tuve la suerte de conocer aquí mismo y que nos dejó hace muy poco.
Gabriela y yo nos conocimos hace unos años por una tía famosa que teníamos en común, la pintora y escritora Emma Reyes. Tía por familia o amistad. Pero nos encontramos también rápidamente otra punto y pasión en común, los libros y la literatura. En la familia Arciniegas, como lo sabemos todos, la literatura y la historia reinan desde décadas, o más bien por lo menos desde un siglo. El gran Germán que mejor que nadie supo dar un sentido a la cruel y maravillosa historia de las Américas, entre tantos otros logros, la difunta Aurora, hermana de Gabriela, una poeta y su hija que lleva también el bello nombre de Gabriela que compone versos, cuentos y novelas desde Chile. La música de las frases, la poesía de las palabras cuando se unen, la búsqueda del sentido de nuestra presencia en esta tierra en la escritura, tantas obsesiones que corren por las venas de esta familia intrínsecamente colombiana.
Pero como lo vamos a descubrir aquí, el camino de Gabriela Mercedes Arciniegas hacia la literatura no fue por lo tanto un camino tranquilo. Fue más bien una adicción que – a lo largo de sus viajes y residencias a través el mundo – nunca la dejo en paz y que nos lleva hoy a descubrir su fascinante colección de cuentos: La armónica de cristal. Fascinante por la extraordinaria variedad de personajes – que sean de otra tierra, animales, manecillas de un reloj, almas pasadas del otro lado de este gran horizonte que llamamos la muerte, o almas invisibles – físicamente o por ser mujeres de siglos pasados cuando todavía no se escuchaba a las que no tomaban las armas para existir afuera de las convenciones o de sus parejas aburridas y asfixiantes.
Que sean unas fábulas para niños que se han vuelto terribles como lo escribe tan agudamente el también extrañado Juan Gustavo Cobo-Borda en su prólogo, o unas historias de amor inéditas e imposibles o de unas reflexiones sobre la amargura de unas vidas incompletas, en este diálogo seguimos las reglas del juego de nuestra autora, las de un mundo mágico en el cual nada es imposible. Como lo vamos a ver, la furia de los dioses que estén, griegos antiguos o bíblicos a la Sodome y Gomorra, se unen a la intensidad quieta y poderosa de una prosa admirativa de las grandes plumas japonesas a la Yasunari Kawabata, o de otros con el pequeño grano de locura y libertad de la ciencia ficción norteamericana.
Pero basta con el análisis, y abramos paso a la literatura. Por favor, aplaudan conmigo como se debe a Gabriela-Mercedes Arciniegas.