Noticia del extranjero
(Nota de Fernando Charry-Lara, leída en su programa semanal de la Radiodifusora Nacional de Colombia, el 26 de diciembre de 1992, en el programa que regentó por años bajo el nombre: “Poesía hispanoamericana”). Son en verdad mínimas las referencias que tenemos acerca de la vida del poeta Pedro Lastra, nacido en Chillán, República de Chile, en 1932. Sabemos que fue asesor de la Editorial Universitaria de Chile de 1966 a 1973, cuando ocurrió en su país un tristemente recordado golpe militar de graves consecuencias para el normal desarrollo de la vida cultural chilena. En dicha empresa editorial debió acompañar a Eduardo Castro, de quien, de paso por Colombia, conocimos su entusiasta tarea de difusión, en el extranjero, de la literatura del país austral. Entre las labores que realizó Pedro Lastra entonces se menciona especialmente la relativa a la colección de importantes obras que se llamó “Letras de América”, fundada y dirigida por él. Posteriormente viajó a los Estados Unidos y allí se desempeña, desde hace años, como profesor de literatura hispanoamericana en la Universidad del Estado de Nueva York, en Stony Brook.
Son varios los conjuntos de poemas dados a conocer por Pedro Lastra. El primero de ellos, “La sangre en alto”, se publicó en Santiago en 1954. Vino luego, en la misma ciudad y en 1959, el que se llamó “Traslado a la mañana”. El poeta ecuatoriano César Dávila Andrade escribió sobre aquella primera poesía suya: “Entre el ser y el pensamiento; entre el cuerpo y el mundo, se extiende y circula por todas partes, sin ser visto, un foso de agua viva y muda que refleja los paisajes y los escombros de la tierra. En esta superficie nítida e inasequible, están –acaso- escritos estos poemas de Pedro Lastra.” Más tarde, en las ediciones “La Rama Dorada”, que dirigía en Lima Javier Sologuren, apareció su cuaderno “Y éramos inmortales”, del que se hizo en Chile edición aumentada en 1974. Vino luego en México, en 1979, la primera salida de un libro que ha tenido dos reimpresiones, en 1982 también en México y en 1992 en Chile: “Noticias del extranjero”. En 1984 vio igualmente la luz, en Chile, una colección de poemas que tuvo por nombre “Cuaderno de la doble vida”.
El trabajo poético lo comparte Pedro Lastra con el de excelente investigador y crítico literario. Son numerosos sus ensayos y diversos los temas de que, en libros y artículos, se ha ocupado: el cuento hispanoamericano del siglo XIX; aspectos de “La hojarasca” de Gabriel García Márquez y de “La ciudad y los perros” de Mario Vargas Llosa; el teatro de Carlos Fuentes, y estudios diversos sobre poetas de la lengua española. Del mayor interés es su volumen “Conversaciones con Enrique Lihn, de 1980, en el que los dos notables poetas chilenos discuten acerca de la poesía y la teoría de la poesía. En 1982 la extinguida revista “Eco”, de Bogotá, publicó sus “Notas de lectura sobre Juan Rodríguez Freyle”. A su tarea de escritor ha añadido Pedro Lastra la de catedrático en universidades de su país y de los Estados Unidos. En la Universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook dirigió hace unos años la tesis doctoral del distinguido narrador y crítico colombiano Álvaro Pineda Botero.
El tomo al que ahora nos referimos, “Noticias del extranjero”, corresponde a la atrás mencionada tercera presentación del mismo, hecha en 1992 por la Editorial Universitaria de Chile. Se trata de una bellísima y sobria edición que recoge los poemas anteriormente publicados por Pedro Lastra con el mismo título. ¿Qué decir de esos poemas? Es imprescindible aludir inicialmente a la conjunción en ellos de dos virtudes que raramente se muestran aliadas: la levedad y la intensidad. El verso aparece las más de las veces como apenas roce al oído, nada altisonante ni rotundo, fluyente entre su casi silenciosa melodía interior. Pero aquello que asordinadamente dice recrea de inmediato, concentrada, una como sucesión de intuiciones y de afectos. Ligada entrañablemente a cosas que forman parte de la realidad, vivida o vislumbrada, de todos los días. Es poesía, por eso, simultáneamente pensadora y soñadora. Minuciosa de la eficacia y validez de cada vocablo. Sin sombra de sentimentalismos ni de fáciles gestos similares. Discreta hasta temer asomo de arrogancias verbales. Que excita tanto la nostalgia de la vida como la pura emoción intelectual. Reveladora de una intimidad ensimismada pero a la vez ávida del mundo.
¿Y qué buscan esas palabras? Constatando su existencia, buscan la otra vida, la otra parte del ser escindido, esa porción secreta de la propia presencia. Y buscan también, entre mágicas realidades, la realidad del amor, la realidad de aquella silueta que, en ausencia, pasa sigilosamente al lado “cuando el viento derrama/ tu cabellera sobre mi memoria”.
[A continuación, el maestro Charry-Lara leyó textos alusivos de Carlos Germán Belli y de Enrique Lihn, además de algunos poemas del libro comentado]
(Nota de Fernando Charry-Lara, leída en su programa semanal de la Radiodifusora Nacional de Colombia, el 26 de diciembre de 1992, en el programa que regentó por años bajo el nombre: “Poesía hispanoamericana”). Son en verdad mínimas las referencias que tenemos acerca de la vida del poeta Pedro Lastra, nacido en Chillán, República de Chile, en 1932. Sabemos que fue asesor de la Editorial Universitaria de Chile de 1966 a 1973, cuando ocurrió en su país un tristemente recordado golpe militar de graves consecuencias para el normal desarrollo de la vida cultural chilena. En dicha empresa editorial debió acompañar a Eduardo Castro, de quien, de paso por Colombia, conocimos su entusiasta tarea de difusión, en el extranjero, de la literatura del país austral. Entre las labores que realizó Pedro Lastra entonces se menciona especialmente la relativa a la colección de importantes obras que se llamó “Letras de América”, fundada y dirigida por él. Posteriormente viajó a los Estados Unidos y allí se desempeña, desde hace años, como profesor de literatura hispanoamericana en la Universidad del Estado de Nueva York, en Stony Brook.
Son varios los conjuntos de poemas dados a conocer por Pedro Lastra. El primero de ellos, “La sangre en alto”, se publicó en Santiago en 1954. Vino luego, en la misma ciudad y en 1959, el que se llamó “Traslado a la mañana”. El poeta ecuatoriano César Dávila Andrade escribió sobre aquella primera poesía suya: “Entre el ser y el pensamiento; entre el cuerpo y el mundo, se extiende y circula por todas partes, sin ser visto, un foso de agua viva y muda que refleja los paisajes y los escombros de la tierra. En esta superficie nítida e inasequible, están –acaso- escritos estos poemas de Pedro Lastra.” Más tarde, en las ediciones “La Rama Dorada”, que dirigía en Lima Javier Sologuren, apareció su cuaderno “Y éramos inmortales”, del que se hizo en Chile edición aumentada en 1974. Vino luego en México, en 1979, la primera salida de un libro que ha tenido dos reimpresiones, en 1982 también en México y en 1992 en Chile: “Noticias del extranjero”. En 1984 vio igualmente la luz, en Chile, una colección de poemas que tuvo por nombre “Cuaderno de la doble vida”.
El trabajo poético lo comparte Pedro Lastra con el de excelente investigador y crítico literario. Son numerosos sus ensayos y diversos los temas de que, en libros y artículos, se ha ocupado: el cuento hispanoamericano del siglo XIX; aspectos de “La hojarasca” de Gabriel García Márquez y de “La ciudad y los perros” de Mario Vargas Llosa; el teatro de Carlos Fuentes, y estudios diversos sobre poetas de la lengua española. Del mayor interés es su volumen “Conversaciones con Enrique Lihn, de 1980, en el que los dos notables poetas chilenos discuten acerca de la poesía y la teoría de la poesía. En 1982 la extinguida revista “Eco”, de Bogotá, publicó sus “Notas de lectura sobre Juan Rodríguez Freyle”. A su tarea de escritor ha añadido Pedro Lastra la de catedrático en universidades de su país y de los Estados Unidos. En la Universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook dirigió hace unos años la tesis doctoral del distinguido narrador y crítico colombiano Álvaro Pineda Botero.
El tomo al que ahora nos referimos, “Noticias del extranjero”, corresponde a la atrás mencionada tercera presentación del mismo, hecha en 1992 por la Editorial Universitaria de Chile. Se trata de una bellísima y sobria edición que recoge los poemas anteriormente publicados por Pedro Lastra con el mismo título. ¿Qué decir de esos poemas? Es imprescindible aludir inicialmente a la conjunción en ellos de dos virtudes que raramente se muestran aliadas: la levedad y la intensidad. El verso aparece las más de las veces como apenas roce al oído, nada altisonante ni rotundo, fluyente entre su casi silenciosa melodía interior. Pero aquello que asordinadamente dice recrea de inmediato, concentrada, una como sucesión de intuiciones y de afectos. Ligada entrañablemente a cosas que forman parte de la realidad, vivida o vislumbrada, de todos los días. Es poesía, por eso, simultáneamente pensadora y soñadora. Minuciosa de la eficacia y validez de cada vocablo. Sin sombra de sentimentalismos ni de fáciles gestos similares. Discreta hasta temer asomo de arrogancias verbales. Que excita tanto la nostalgia de la vida como la pura emoción intelectual. Reveladora de una intimidad ensimismada pero a la vez ávida del mundo.
¿Y qué buscan esas palabras? Constatando su existencia, buscan la otra vida, la otra parte del ser escindido, esa porción secreta de la propia presencia. Y buscan también, entre mágicas realidades, la realidad del amor, la realidad de aquella silueta que, en ausencia, pasa sigilosamente al lado “cuando el viento derrama/ tu cabellera sobre mi memoria”.
[A continuación, el maestro Charry-Lara leyó textos alusivos de Carlos Germán Belli y de Enrique Lihn, además de algunos poemas del libro comentado]