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Poemas y ficciones

El amigo

Las cartas espaciadas traen noticias

mas no el rostro difuso del amigo

En seis años su alma es un cartílago

que huye de ciudad en ciudad

como la sombra de una denegada felicidad

Alcanzo a imaginar  su espectro entre las calles

de aquel París que fue nuestro

cuando el enviado de Dios

ungió en el metro Jourdain nuestras tonsuras

¡Oh amigo que el tiempo dispersa

en parcas zonas desérticas !

¿Dónde está el transatlántico del muelle ?

allí viajarás algún día al paraíso

en el desierto imagino tu viaje

de retorno a los lares de Eneas

 

                                           A Miguel de Francisco

             En el teatro griego de Siracusa

 

Un largo silencio o un viento desolado

inunda el vacío que dejan los encuentros

en el teatro griego de Siracusa.

 

Allí, un joven sabio descubre a una bella

que sonríe cuando llegan barcos destartalados

al viejo muelle de carcomidas maderas.

 

Admira su boca mojada, desea su cuerpo,

celebra sus largas piernas de aceite,

pero alguien envía emisarios

para que no pueda rozarla con sus manos temblorosas.

 

Viejas sombras recorren el escenario

y tras el mármol una actriz gorda llora

y bebe una copa cargada de amores imposibles.

 

En las gradas, el silencioso joven

saborea el instante y deja que el deseo

lo invada con su húmeda caricia impalpable.

 

            Ciudad sexual

 

Calles al mediodía untadas de aceite se difuminan

mientras un tren lleno de amantes

fluye sobre rieles abandonados

En el parque las palomas atacan algodones de azúcar

provocando un griterío de huérfanos

Una alondra no hace verano en las estepas

pero aquí en la ciudad del desierto

las humaredas de las refinerías

anuncia lengüetas de fuego y ajetreo de turbinas

Con una botella de whisky a medioterminar

una joven deja a su paso las arañas de la suerte

que la persiguen como si fueran muchachos avorazados

Su sombra de jeans y cabellos despeinados

mira hacia los bares vacíos donde viejos con resaca

cuentan monedas oxidadas

Su cuerpo ha sido poseído todos estos días :

manos, bocas y piernas de muchachos no han fatigado

sus músculos

Los perros vagabundos duermen junto a la carnicería cerrada

mientras ella silenciosa y bella y aún sin bañar

deja que el olor de la noche pasada la arrulle sobre el prado

Alguien ha mordido sus muslos y desenredado sus greñas

en un baño turco con las puertas lacradas como carta de reyes

Su cuerpo trae el sonido de las tuberías calientes

toda ella cubierta por el vapor

mientras dragones alados saciaban su cuerpo de lirio

Abandonada momentáneamente a su soledad

podrá ahora al fin palpar las toallas recién desinfectadas

mientras en la otra cara del barrio ancianos reales

se dejan lamer por su terrible enfermedad de costumbre.

 

            Mantra del mar

 

Cubierta de sargazos una mujer flota sobre arenas de fuego

con sus ojos cerrados y la cabellera en llamas

mientras una brisa metálica golpea acantilados

y hace vibrar marismas

Una sirena en lo alto se besa con el pastor de la gaita

y pequeños cangrejos se esconden sin dejar huellas

El silencio de los peces alados

llega de súbito para rozar la piel de la ahogada

y ahora ella está allí desnuda con su sexo abierto y florecido

mientras un adolescente la posee rápidamente

Los viejos neptunos adocenados y las gordas hetairas

reposan junto a sus hijas recién desfloradas

El mar y su oleaje de cobalto

los gigantes caracoles rosados

los futbolistas bronceados a los lejos

En la colina los oidores de mantras

fuman yerba y recuerdan en hamacas

la ya lejana urbe que destroza los nervios

Una diosa amarilla de largas piernas canela

acaricia y muerde  a un poeta en crepúsculo

y luego agoniza entre un olor de sudores cruzados

La noche de mariposas y luciérnagas

el reflector que dispara haces planetarios

las olas que no duermen y una tranquilidad de vagabundos

Tiempo de cangrejos

El tiempo fue invención de cangrejos rara epifanía de lirones 

                                                                                     alados :

sobre los siglos campea un eterno presente de animales

                                                                         antediluvianos

como si una espesa capa de helechos trabara para siempre el

                                                                              mecanismo

Huye al fin de las horas e intérnate en la memoria

de quienes una vez te poseyeron

Todo fue sólo el animal que nos une el mordisco el rasguño

de la infecciosa muerte :

En tus lágrimas en mi oscuro deseo en las sábanas heridas

se veían las uñas de un Zepelín recién derrumbado

o la telaraña de un reloj con ojos y con venas

Huye sin mirar atrás y no invoques la usura

no llores en ciudades extrañas en escaleras desvencijadas :

en un extraño planeta se apeñuscan las voces de los amantes

y los radios baratos que expelían melodías pasadas de moda

Uno a uno los colchones fueron vendidos en depósitos

y nuestra inquietud de secretos amantes fue cambiada por

                                                                                        saliva

Todas las avenidas llenas de aceite y de plomo 

                                                                  han visto estos días

cruzar la marcha fúnebre de los fulminados a destiempo

En todos los cementerios las tumbas no dan abasto a los

                                                                              apresurados

Que nos vieron correr de la mano por una sucia callejuela

Aquí las mariposas han cambiado su rumbo hacia 

                                                                             despeñaderos

y el polvo se levanta de las colinas donde jugamos

entre azaleas y crisantemos de fuego

En las estaciones de autobuses o en los aeropuertos a donde

                                                                                llegues

acaricia paredes recién pulidas por egipcios

y escucha el golpeteo de los sellos sobre vías inútiles

En estas calles algo como un olor tuyo suele inquietar

a los trabajadores de las panader

 

 

Fuego de Amazonas

 

Una serpiente cruza la manigua

y vapores de tarde humedecen las pieles

de quienes huyen entre el verde follaje

cargados de alacranes sin ojos y con venas

 

Una mulata boga hacia la ciénaga

donde moran las iguanas de su inútil deseo:

enormes y fugaces reptiles averiados

que chillan en almohadas

 

En el catre marcado por los cuerpos

hallará la paz de las espinas

y un mordisco en la nuca hará brillar sus ojos

de loca en el sanguíneo crepúsculo

 

¿Cuantas manos recorrieron sus muslos

donde perdidas bocas signaron su derrota

ávidas de un placer que nadie anota

en la vieja bitácora del uso?

 

Las boas a lo lejos atisbantes se yerguen

cascabeles resuenan en la negra hondonada

donde las aves muerden sus pescuezos

y perecen ahogadas en estanques

 

Ningún amor se escribe con palabras

cuando el loro repite maldiciones

de marineros lúbricos tras negras

entre insaciables cánticos de insectos

 

 

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Edición No. 173